La guerra en Medio Oriente está teniendo un impacto directo y rápido sobre la industria de los hidrocarburos, con varios de los principales países productores de petróleo involucrados en el conflicto. El Estrecho de Ormuz aparece como uno de los puntos más sensibles de la disputa, en medio de amenazas de paralización de actividades, posibles cortes de suministros y todo tipo de especulaciones.
Mientras el precio del crudo pegó un salto desde el fin de semana y oscila en torno a los 80 dólares, del otro lado el gas sigue siendo una incógnita. El mercado del petróleo tiene un horizonte relativamente claro: si el barril sube, Neuquén tendrá mejores dividendos y Argentina más ingresos. Las grandes incógnitas pasan lejos de la Patagonia y están relacionadas con un posible caos en el tránsito marítimo del Golfo Pérsico. Mientras Vaca Muerta refuerza su posición, resta saber qué pasará con las cuencas de Estados Unidos.
En 2025 el valor del barril de crudo cayó un 20%. El Brent pasó de los 80 dólares de principios de año al piso de los 58 en abril, para luego estabilizarse en los últimos meses del año en torno a los 65 dólares. Los analistas anticipaban un 2026 con valores en caída, incluso por debajo de los 50 dólares. Sin embargo, la realidad empezó a mostrar otra cosa.
El precio subió cerca de un 20% en los primeros dos meses del año y el nuevo conflicto bélico en Medio Oriente lo hizo saltar otra vez. Ahora las previsiones hablan incluso de valores superiores a los 100 dólares.
Qué pasa con el gas
El petróleo es un commodity que se comercializa por volumen o peso con precios de mercado. El gas tiene otra dinámica: se vende por unidades de energía y enfrenta mayores dificultades de transporte, lo que hace que los precios se definan a escala local o regional.
Hay además una variable clave para el análisis: la extensión del conflicto. Los escenarios de corto plazo distan mucho de los de largo plazo. En los primeros, la variación de precios podría ser más bien estacional. En los segundos, en cambio, podrían aparecer modificaciones profundas en el mapa geopolítico de la energía.
Argentina produjo en julio de 2025 más de 160 millones de metros cúbicos de gas por día, la marca más alta de su historia, una señal del potencial del país, impulsado principalmente por Vaca Muerta, que aportó cerca del 70% del total. Con el proyecto Argentina GNL en el horizonte de 2027, el fluido tiene todavía un largo recorrido por delante. La gran incógnita está en las oportunidades que pueda abrir el escenario internacional para la producción local.
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Gonzalo Echegaray, economista y CEO de EF Inversiones, explicó a VacaMuerta.ar que las posibilidades para Argentina existen, aunque principalmente en el largo plazo. “Esto tiene que ver con la geopolítica y con la mirada estratégica de contar con proveedores fuera de Medio Oriente”, explicó, y remarcó que en el corto plazo no se esperan grandes modificaciones.
En particular en materia de gas, el país todavía no tiene capacidad de exportación significativa hasta que comience la producción de GNL. Eso ocurrirá a partir de 2027, con el primer buque que se instalará en el Golfo San Matías: el Hilli Episeyo. “Lo que sí puede avanzar más rápido de lo esperado son los contratos firmes de venta de GNL o la aparición de nuevos interesados”, señaló el economista. Otra fuente del sector coincidió con ese diagnóstico, aunque advirtió que el contexto actual es de alta volatilidad y pocas certezas, lo que puede demorar algunas decisiones de inversión.
Argentina dio esta semana un primer paso con la firma de un contrato por ocho años entre la empresa estatal alemana Securing Energy for Europe (SEFE) y Southern Energy (SESA), integrada por Pan American Energy (30%), YPF (25%), Pampa Energía (20%), Harbour Energy (15%) y la noruega Golar LNG (10%).
El acuerdo, firmado en Berlín, contempla la venta de 12 millones de toneladas anuales (MTPA), equivalentes a unos 9 millones de metros cúbicos diarios, lo que representa el 80% de la capacidad del Hilli Episeyo. El proyecto contempla además la llegada de un segundo buque, el MKII, que permitiría alcanzar una producción total de 12 millones de toneladas anuales de GNL. Para ese desarrollo ya se firmaron alianzas con la italiana ENI y la árabe Adnoc.
“En poco más de tres meses pasamos de un acuerdo marco al contrato definitivo. Este avance demuestra que SESA es el socio adecuado para ampliar nuestro portafolio en América del Sur y fortalecer la seguridad energética de Europa”, señaló Frédéric Barnaud, CCO de SEFE, tras la firma del contrato.
Argentina podría comenzar a colocar el gas de Vaca Muerta en el mercado mundial a partir de 2027 con dos buques en Río Negro. Para eso será necesario construir nuevos gasoductos, cuya licitación ya está en marcha. Los caños fueron adjudicados a una empresa de India en medio de una polémica con Techint. Las obras recién estarían terminadas en 2028, por lo que de manera transitoria se podría utilizar el gasoducto San Martín, que actualmente tiene capacidad ociosa.
El precio del millón de BTU en boca de pozo se define por la oferta y la demanda. El Plan Gas.Ar lo fijó en 3,5 dólares, aunque en algunos momentos ese valor puede quedar por debajo del mercado. La provincia de Neuquén evalúa establecer un precio de referencia para calcular las regalías y liberar el resto del valor del gas, con el objetivo de asegurar ingresos sin afectar la producción.
Desde la aprobación de la Ley Bases, los contratos de licitación ya no están atados al 12% de regalías, sino que pueden ser superiores. De hecho, las últimas licitaciones ya superan ese nivel y alcanzan hasta el 18%. Si Argentina logra insertarse en el mercado global del GNL y Neuquén fija un precio del gas más alto, los ingresos podrían ser superlativos. El escenario mundial actual podría empezar a dar algunas respuestas en el largo plazo.
Actualmente los principales productores de GNL son Estados Unidos (24% de la oferta mundial), Qatar (19%), Australia (18%), Rusia (7%), Malasia (7%), Indonesia (4%), Nigeria (4%), Omán (3%), Argelia (2%) y Papúa Nueva Guinea (2%). Del lado de la demanda, los mayores compradores son China (16%), Japón (16%), Corea del Sur (6%), India (5,9%), Taiwán (5,6%), Francia (4%), Países Bajos (3,9%), España (3,6%), Italia (3,5%) y Gran Bretaña (3%).
La guerra en Medio Oriente podría modificar este escenario y la gran pregunta es qué lugar podría ocupar Argentina.
El factor ruso
Otra oportunidad se abre en la siempre compleja relación entre Rusia y Europa. Desde hace décadas la situación oscila entre cooperación y tensión.
En los años ’80 el gasoducto entre la Unión Soviética y Europa occidental ingresó incluso en la agenda geopolítica de la Guerra de Malvinas. En los ’90 aparecieron nuevos episodios tras la caída del bloque soviético. A principios de siglo comenzaron los conflictos con Ucrania por el transporte y el precio del gas, y en 2022 la guerra entre ambos países volvió a sacudir el tablero energético.
La relación se mantiene, pero el presidente ruso Vladimir Putin volvió a amenazar con interrumpir el suministro de gas a los países de la Unión Europea como represalia por nuevas restricciones a la energía rusa. El bloque europeo dispuso una prohibición total al GNL ruso a partir de enero de 2027 y otra a las importaciones de gas por gasoducto desde el otoño de ese mismo año.
Si Argentina puede convertirse en una opción para abastecer de GNL a Europa es una pregunta todavía abierta y probablemente demasiado ambiciosa en el corto plazo. Pero con varios focos de conflicto en regiones productoras, el largo plazo podría abrir oportunidades inesperadas.
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