El gobernador Rolando Figueroa encabezó este lunes en Añelo los actos oficiales por un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo, acompañado por el intendente local, Fernando Banderet. Durante la celebración, las autoridades resaltaron el rol estratégico de la ciudad para el país e inauguraron obras.
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En su discurso, Figueroa destacó los avances de Añelo en materia de infraestructura y su importancia para Neuquén. Aseguró que “hoy Neuquén es la provincia más independiente del país a partir del trabajo de su gente», y agregó que «esta independencia económica también nos da autodeterminación energética, nos da una nueva forma de soberanía». También valoró el esfuerzo de la comunidad y sostuvo que cada vez que se enciende la luz o un hogar se calefacciona en la Argentina, existe el trabajo de los habitantes de Añelo.
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El gobernador enfatizó que “la soberanía energética, la autodeterminación energética y ahora la seguridad energética la brinda ahora una provincia humilde de Patagonia que está dispuesta a trabajar solidariamente con el país, pero que quiere conservar su identidad y esa identidad es la que no debemos perder nunca”.
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Buscan que Añelo sea de primera categoría
Por su parte, el jefe comunal aprovechó la ocasión para anunciar que presentará en la Legislatura provincial un anteproyecto de ley para lograr la recategorización de la localidad como municipio de primera. «Añelo ya cumple con todos los requisitos que establece la ley por crecimiento poblacional, por desarrollo económico, por infraestructura, por capacidad administrativa y por el rol estratégico que hoy ocupa en la provincia y en la Argentina», detalló.
Durante su discurso, Banderet aseguró que “gracias al desarrollo de Vaca Muerta, Añelo se ha convertido en el gran faro energético del país en el motor de desarrollo de la producción y de las oportunidades”.
Como parte de las actividades, se llevó adelante la inauguración de un nuevo monumento en homenaje a los caídos en Malvinas, donde hubo un reconocimiento a quienes defendieron a la patria; también pusieron en funcionamiento las recientemente pavimentadas calles 1 y 2, que suman más de 2.200 metros lineales de asfalto al plan de movilidad urbana de la ciudad para mejorar el tránsito y la calidad de vida.
Las actividades fueron acompañadas por la comunidad, también participó la senadora nacional Julieta Corroza, los ministros de Economía, Producción e Industria, Guillermo Koenig; Infraestructura, Tanya Bertoldi; Salud, Martín Regueiro; el delegado de la Región Vaca Muerta, Milton Morales; funcionarios locales y concejales.
Los más ricos ahumados de ciervo, trucha y jabalí, quesos de la cordillera, fiambres artesanales de Tandil, las más complejas especias, tés, aceites, azafrán; exquisitos alfajores y chocolates del sur neuquino. Vinos, cerveza artesanal, gin y vermut elaborados en la Patagonia.
Todo esto y mucho más se presentará y se podrá degustar en el festival turístico gastronómico “Fuego, humo y sabores” de la mano de sus propios hacedores.
La cuarta edición de este evento clásico de San Martín de los Andes se llevará a cabo los próximos sábado 13 y domingo 14 de junio, de 19 a 23 horas, en Rincón de los Andes.
Se realiza en un fin de semana largo y se hará, como ya es habitual en “Fuego, humo y sabores”, el brindis por la temporada de invierno que estará próxima a comenzar. Se trata de un evento imperdible que tendrá también catas guiadas, degustaciones y clases de cocina en vivo para disfrutar, descubrir y aprender.
Las entradas, que ya pueden adquirirse en el Full del Automóvil Club Argentino (ACA), sobre Av. Koessler, o vía mensaje privado al Instagram @fuegohumoysabores, incluyen la copa del evento, un sándwich gourmet, el brindis de apertura de la temporada de nieve y la participación en todas las actividades, charlas y degustaciones. El valor de la entrada por día es de $40.000 y los cupos son limitados.
El evento es organizado por Identidad Sur, con el acompañamiento del Municipio de San Martín de los Andes, desde el área de Producción y Turismo, por NeuquénTur, el ACA, Katava – Royal Prestige, Cagnoli y Transportes Imaz.
El Club Atlético Plaza Huincul celebra 106 años de historia
Refugio social, semillero deportivo y símbolo de pertenencia para generaciones enteras de la comarca petrolera.
A un costado del histórico Campamento Central Nº1, entre las huellas de la naciente industria petrolera y el viento áspero de la estepa neuquina, un grupo de trabajadores y vecinos decidió fundar algo más que un club. El 25 de mayo de 1920 nacía Club Atlético Plaza Huincul, una institución que terminaría convirtiéndose en refugio social, semillero deportivo y símbolo de pertenencia para generaciones enteras de la comarca petrolera.
Pasaron 106 años desde aquella reunión inicial encabezada por Carlos Vianna como presidente y José Ravenna como secretario. Junto a ellos aparecían apellidos que todavía resuenan en la memoria colectiva de Plaza Huincul: Paganini, Sayago, Guarrochena, Bustos, García o Puppi. Hombres ligados al nacimiento mismo de una comunidad que crecía alrededor de los pozos petroleros y de la presencia decisiva de YPF.
Como ocurrió con muchas instituciones patagónicas del siglo XX, el club fue también una extensión del entramado social construido alrededor de la empresa estatal. Allí convivieron el deporte, los bailes populares, las reuniones vecinales y hasta las celebraciones patrias. En tiempos donde el Estado y YPF moldeaban buena parte de la vida cotidiana, el club funcionó como un espacio de integración en medio de una ciudad todavía en formación.
El crecimiento institucional tuvo uno de sus hitos el 25 de mayo de 1956, cuando bajo la presidencia de José Roque Ariza quedó inaugurada la nueva sede ubicada en Atahualpa Yupanqui y avenida Pedro Rotter. El edificio representó mucho más que una obra material: simbolizaba la consolidación de una institución que ya formaba parte de la identidad huinculense.
Sin embargo, la historia del club también quedó atravesada por las transformaciones económicas y políticas que marcaron a la región. En 1997, en pleno proceso de privatizaciones y reconfiguración de la estructura petrolera argentina, YPF vendió el terreno y las instalaciones al club. Pero la regularización definitiva de la propiedad demoraría más de dos décadas: recién en 2019 se concretó la escrituración.
Detrás de esa demora administrativa se escondía, en realidad, una postal frecuente de muchas instituciones patagónicas nacidas bajo el paraguas de YPF: espacios que sobrevivieron al retiro de la empresa estatal gracias al esfuerzo de dirigentes, socios y vecinos que evitaron que esos edificios quedaran vacíos o desaparecieran.
La Personería Jurídica llegó oficialmente el 30 de octubre de 1961 mediante el Decreto Nº 02617/61. Pero para entonces el club ya era parte del ADN social de la comarca.
Hoy, a 106 años de su fundación, Club Atlético Plaza Huincul continúa representando algo más profundo que una institución deportiva. Su historia resume, en buena medida, la propia historia de la ciudad: el petróleo, la inmigración interna, el sentido comunitario y la persistencia de quienes eligieron construir identidad en medio de la Patagonia.
Era el último, el único que todavía preparaba cremas de jarilla y azufre en Copahue con el mismo método que le enseñaron su abuela y su madre. Sin balanza, sin conservantes, sin colorantes. Pedro Guillermo Rodríguez, más conocido como «Don Pedro» falleció a los 81 años y era muy conocido en el ambiente de Copahue y el turismo.
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Matías Ramos, presidente del Ente de Termas de Neuquén, fue uno de los primeros en despedirlo públicamente. “Hasta la próxima querido Don Pedro. Nuestro querido último Jarillero partió al mundo espiritual, los mejores recuerdos, las mejores cremas que hemos probado. Gracias por su infinita presencia”, escribió en sus redes.
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Su nombre circulaba de boca en boca entre quienes viajaban cada verano a las termas neuquinas. Los preparados que elaboraba con cera de abeja, llantén, jarilla y agua del volcán Copahue se llevaban a Buenos Aires, a otras provincias y al exterior. Nunca quiso revelar su fórmula.
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Nacido en La Pampa, pasó por las afueras de Bahía Blanca antes de asentarse definitivamente en la Patagonia. Desde hace cuatro décadas producía sus preparados medicinales de manera artesanal, respetando ciclos lentos. La jarilla se cosechaba en primavera, se dejaba secar, se machacaba y luego se “curaba” bajo la nieve durante más de un mes. “Así me enseñaron y así lo hago”, repetía.
El «cremero» de Copahue: su puesto en la Laguna del Chancho
Cada temporada instalaba su puesto cerca de la Laguna del Chancho entre el 1° de diciembre y Semana Santa. Escuchaba, recomendaba, contaba anécdotas. Para la próxima temporada había planeado caminar el balneario en lugar de tener un puesto fijo. “Quiero caminar y charlar con la gente”, había dicho.
Atribuía su propia salud al volcán y al contacto permanente con la naturaleza. Aseguraba no tomar medicamentos de farmacia. “Son muchos años que estoy acá y he visto a mucha gente mejorar de distintas enfermedades”, contaba con serenidad.
“Me llevo muchas satisfacciones, no tiene nada que ver con la plata”, decía. Con él se va un pedazo del paisaje termal de Copahue.
Hace 40 años Pedro se dedicaba a la producción de aceites, ungüentos, cremas con cera de abeja, llantén, jarilla y otros preparados naturales “que me enseñaron mi abuelita, mi madre y gente del campo, por eso digo que mi tarea es a la manera antigua”. Pedro no utiliza balanza, ni conservantes, mucho menos colorantes para sus productos.
“Lo que hago requiere trabajo y tiempo por eso mi producción es limitada”, contaba el emprendedor que respeta los tiempos de la naturaleza.
Decía, por ejemplo, que la jarilla se cosecha en primavera, luego se seca, pasado un tiempo se machaca “y después la pongo bajo la nieve, porque así me enseñaron que se cura durante más de un mes”.
El hombre cuenta que no consume remedios de farmacia: “Siempre se lo atribuyo a este lugar, son muchos años que estoy acá y he visto a mucha gente mejorar de distintas enfermedades”.
Al respecto expresaba que de Copahue “me llevo muchas satisfacciones, no tiene nada que ver con la plata, la mía es una manera de hacer bien y ayuda a la jubilación”.
Argentina es una potencia agroalimentaria de escala global, pero esa riqueza no se traduce en los ingresos de los profesionales que la hacen posible. Los ingenieros agrónomos, pilares estratégicos del sector primario más competitivo del país, perciben salarios que se ubican entre los más bajos del mercado profesional, con diferencias significativas según la provincia donde trabajen y una brecha de género que agrava aún más el panorama.
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Un relevamiento cruzado de datos de Glassdoor, Computrabajo, BeBee y la encuesta del Consejo Profesional de Ingeniería Agronómica de Argentina (CPIA) permite trazar un mapa salarial que sorprende por sus extremos. ¿Cuánto gana un ingeniero agrónomo en Argentina? ¿Y en Patagonia?
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Para mayo de 2026, los ingresos de los ingenieros agrónomos en Argentina muestran una brecha muy marcada según su modalidad contractual y nivel jerárquico. En el sector corporativo y de producción en relación de dependencia, los relevamientos de portales de empleo activos como BeBee y Bumeran exponen que los salarios pretendidos del área promedian los $1.870.000 mensuales, partiendo de una base de $1.500.000 para perfiles junior o asistentes de campo.
El segmento medio se estabiliza en torno a una mediana de $3.400.000, mientras que las posiciones senior, dedicadas a la gerencia de establecimientos y grandes campañas agropecuarias, escalan frecuentemente por encima de los $5.000.000 mensuales, acompañadas comúnmente por beneficios adicionales clave como camioneta corporativa y cobertura de combustible.
Por otro lado, la realidad económica de los profesionales independientes y consultores se rige bajo los parámetros de actualización que fijan las entidades gremiales del sector. Tomando como referencia las escalas arancelarias publicadas por el Colegio de Ingenieros Agrónomos de Santa Fe (CIASFE) para el período vigente de 2026, el valor de la unidad de medida profesional (denominada «AGRO») se ubica en los $2.000. Esto establece los honorarios sugeridos por el colegio en $450.000 tanto para el «Día de Campo» de asesoramiento presencial como para el «Día de Gabinete» técnico, tasando la hora individual de labor en $60.000, además de contemplar un cobro por viáticos de movilidad equivalente a medio litro de nafta premium por kilómetro recorrido.
De acuerdo al relevamiento de +P, la dispersión entre fuentes refleja la segmentación del mercado: los agrónomos insertos en grandes empresas agroindustriales, exportadoras o compañías de insumos cobran muy por encima de quienes trabajan en el sector público o como asesores independientes en zonas rurales alejadas.
El mapa provincial: quién paga más y quién paga menos
La encuesta del CPIA —la única que desagrega datos por provincia con metodología rigurosa— establece una jerarquía clara entre los 24 distritos del país. En el tope de la escala se ubican Buenos Aires, La Pampa, Santiago del Estero y Mendoza, donde los ingresos alcanzan los valores más altos del relevamiento. En el segmento medio-alto aparecen Córdoba, Salta y Entre Ríos.
En la zona media de la tabla se encuentran Chaco, Corrientes y Misiones, con remuneraciones que presentan menor dinamismo. En el extremo inferior, Jujuy y Formosa registran los promedios más deprimidos del país.
Las provincias patagónicas representan un caso particular dentro del mapa salarial argentino. Río Negro aparece en el relevamiento del CPIA dentro del rango intermedio, con sueldos de hasta $531.400 mensuales, un nivel similar al de Corrientes, Chaco y Salta.
La región patagónica concentra actividad agronómica relevante en fruticultura, viticultura, ganadería extensiva y, más recientemente, en el desarrollo de economías regionales vinculadas a frutos secos y producción bajo cubierta. Sin embargo, esa diversificación productiva no derivó aún en una prima salarial diferencial para los profesionales del sector.
El costo de vida más elevado en las ciudades de la región erosiona el poder adquisitivo real del salario, colocando a los agrónomos en una posición de desventaja relativa frente a colegas de la pampa húmeda, que cobran montos similares en contextos de vida más accesibles.
Las cuentas que no cierran
El problema salarial en la agronomía argentina tiene además una dimensión de género que merece atención. Según el CPIA, el ingreso promedio de una ingeniera agrónoma es un 72% inferior al de un profesional del sector en el exterior, mientras que para los hombres esa brecha es del 61%.
El 71% de los profesionales matriculados son varones y el 29% son mujeres, una composición que refleja tanto la estructura histórica de la profesión como las diferencias en acceso a los puestos mejor remunerados.
Por otro lado, el dato que mejor resume la situación proviene de la comparación internacional. Mientras el ingreso mensual de un agrónomo en el exterior oscila entre los USD 2.000 y USD 3.000, el profesional argentino percibe, en promedio, un 61% menos medido en moneda extranjera. Argentina lidera la producción y exportación de commodities agrícolas, pero no traslada esa competitividad a la remuneración de quienes la sostienen técnicamente.
FUENTE:Glassdoor, Computrabajo, BeBee, CPIA, CIASFE con aportes de +P.
Nahir Funes decidió retornar de El Calafate a su hogar en Jujuy, pero la aerolínea no permitió que Canelo, el cachorro que rescató en la Patagonia, pudiera viajar con ella. Con sus ojos vidriosos por un segundo abandono, la vio partir hacia el norte del país. Esa mirada y la desesperación de Nahir hicieron que todo el pueblo iniciara una colecta para ese viaje cruzando el país.
Cuando vi la situación en una publicación de Señal Calafate, me puse en contacto con ella para ofrecerle mi ayuda de corazón y hacer posible que ellos estén juntos. Confieso que desde la partida de mi Jefferson he quedado muy sensible con algunos casos y para mí este fue uno de los puentes más emocionantes en estos 17 años trasladando mascotas .
Hace años que el slogan de mi empresa de traslado de mascotas por todo el país es “Uniendo la Argentina y haciendo a puentes de felicidad”. Y este fue el «puente de felicidad» que hizo posible el reencuentro de Canelo con su dueña.
Realmente la situación desesperada de Nahir me tocó el corazón y desde que le ofrecí mi ayuda nunca se me cruzó cobrar por mis servicios. Sentí que tenía que hacer este puente para que ellos estén juntos.
Y así fue, cuando la solidaridad en El Calafate alcanzó para pagar el vuelo a Buenos Aires, lo esperé allí, en una madrugada que no olvidaré en mi vida. Estuve con Canelo unas horas hasta que por fin, lo pude embarcar hacia Salta, adonde esperaban los brazos ansiosos de Nahir para un reencuentro lleno de vida.
[]https://www.youtube.com/watch?v=GfM5Z3oMqT8[/]
Cómo comenzó la historia de Nahir y Canelo
Él era apenas un cachorro encontrado en la calle. Ella, una joven atravesada por la soledad, viviendo lejos de su familia y buscando, sin saberlo, algo que le devolviera sentido a sus días. Un anuncio en Facebook terminó cruzando sus caminos. Una chica contaba que había encontrado a un perrito abandonado y buscaba a sus dueños. Nahir vio la imagen y sintió algo inmediato. Preguntó si alguien lo había reclamado. La respuesta fue no. Esa misma tarde fue a buscarlo.
“Yo ya venía pensando en adoptar un cachorro porque me sentía muy sola. Necesitaba esa rutina, esa sensación de que alguien dependiera de mí para tener ganas de afrontar la vida”, recordó.
Canelo llegó siendo apenas un bebé. Dormía, comía y buscaba refugio en brazos ajenos después de haber conocido demasiado temprano el abandono. Los primeros días transcurrieron entre veterinarias, medicamentos y cuidados constantes. La desparasitación le provocó malestares y largas noches difíciles, pero también fue el comienzo de un vínculo profundo.
Poco a poco, aquel cachorro tranquilo empezó a mostrar su verdadera personalidad: energía desbordante, travesuras y una alegría imposible de contener. Nahir, casi sin darse cuenta, ya no podía imaginar sus días sin él.
Canelo en el «puente» que hicimos en Buenos Aires, entre el viaje desde El Calafate y el vuelo hacia Salta.
Pero la historia todavía tenía un desafío enorme por delante
La joven tomó la decisión de regresar desde El Calafate al norte del país por cuestiones laborales y económicas. Volver a Jujuy significaba reencontrarse con su familia y recuperar estabilidad. Sin embargo, había algo que tenía claro desde el principio: Canelo debía viajar con ella.
Hizo todos los trámites, reunió certificados, vacunas y requisitos. La aerolínea le había informado que el cachorro podía viajar en cabina si cumplía ciertas condiciones. Todo parecía resuelto hasta llegar al aeropuerto. Allí apareció un detalle que nadie le había explicado: además del peso, existía un límite de altura dentro del canil.
Canelo no podía subir al avión.
“Fue desesperante. Lloré, insistí, ofrecí pagar otro pasaje, pagar un extra o incluso trasladarlo en bodega, pero me dijeron que no había solución”, contó.
De un momento a otro, el viaje que debía ser un nuevo comienzo se transformó en angustia. Nahir no tenía con quién dejarlo. Sentía que abandonar a Canelo era abandonarse a sí misma.
Entonces apareció algo que todavía la emociona al recordarlo: la solidaridad.
Una compañera de trabajo se ofreció a cuidarlo hasta que pudiera reunir el dinero necesario para traerlo. Amigos, conocidos y personas que nunca había visto comenzaron a colaborar. Donaron premios, dinero y ayuda para organizar una rifa solidaria. Poco a poco, el objetivo dejó de parecer imposible.
“Yo sentía que una parte de mí se había quedado en Calafate”, confesó.
Finalmente llegó el día del reencuentro. Después de semanas de trámites, ansiedad y esfuerzo, Canelo aterrizó en Salta. Cuando volvió a verlo, Nahir sintió que algo dentro suyo volvía a completarse.
La publicación de Señal Calafate sobre el final feliz de esta hermosa historia de amor y solidaridad.
“Tenerlo conmigo me hace sentir plenamente feliz”
Desde entonces, la rutina cambió para siempre. Los paseos, los juegos, las travesuras y hasta las macanas de cachorro se transformaron en pequeñas escenas de felicidad cotidiana. Porque detrás de cada almohadón roto y de cada recibimiento lleno de saltos hay algo mucho más profundo: la certeza de sentirse acompañada.
Para Nahir, adoptar no fue solamente rescatar a un perro callejero. También fue rescatarse un poco a sí misma.
Por eso, hoy intenta dejar un mensaje para quienes todavía dudan en abrirle la puerta de su casa a un animal abandonado.
“Quizás no cambiás el mundo entero, pero sí cambiás el mundo de ellos”, expresó. “Les das un techo, comida, amor y un lugar donde sentirse seguros”.
Y agrega algo que aprendió atravesando toda esta historia: cuando el amor es verdadero, siempre encuentra la forma de volver a casa.
Lo que nos contó Nahir
¿Cómo apareció Canelo en tu vida?
Canelo apareció en mi vida a través de una publicación de Facebook, donde una chica contaba que lo había encontrado en la calle siendo apenas un bebé y que estaba buscando a sus dueños. Apenas vi la foto, me comuniqué con ella para preguntarle si habían aparecido y, en caso de que no, decirle que yo quería darle un hogar.
Ella me respondió que no habían aparecido los dueños y que no podía tenerlo en su departamento. Así que esa misma tarde fui a buscarlo.
¿Qué te hizo tomar la decisión de llevarlo a casa en ese instante?
Tomé la decisión porque yo ya venía pensando en adoptar un cachorro. Estaba totalmente sola allá y sentía que necesitaba esa rutina, esa responsabilidad de que alguien dependa de mí para tener más ganas de afrontar la vida.
Contanos cómo fueron esos primeros días con Canelo.
Los primeros días con Canelo fueron súper tranquilos porque era tan bebé que lo único que hacía era dormir y comer. Apenas lo busqué, lo llevé a la veterinaria para controlar que estuviera todo bien.
Empezamos con el proceso de desparasitación y, durante los primeros días, tuvo mucho malestar estomacal. Solamente por eso puedo decir que fue complicado, porque pobrecito pasó muchos días con diarrea eliminando todos los parásitos.
En ese momento era muy tranquilo, dormía todo el día, hasta que obviamente fue creciendo y empezó a ponerse más juguetón, con más energía y más intenso. Pero la verdad es que me acostumbré muy rápido a estar con él.
Hablemos sobre el mayor desafío que enfrentaron juntos y que tuvo un final feliz.
Tomé la decisión de volverme a mi provincia debido a mi situación laboral, porque necesitaba tener un lugar seguro económicamente. Decidí volver con mi familia para encontrar esa seguridad.
Como correspondía, habíamos averiguado todo e hicimos todos los trámites para que Canelo pudiera viajar conmigo en cabina. Al ser cachorro, nos pedían que tuviera tres meses de edad, todos los papeles médicos en regla, un canil flexible y que, junto con el canil, no superara los nueve kilos.
Lo que nunca nos aclararon era que también había un límite de altura y que debía poder entrar sentado sin que su cabeza tocara el techo del canil. Yo eso solamente lo había leído para el traslado en bodega.
Entonces me dijeron que Canelo no iba a poder viajar. Fue un momento muy desesperante. Insistí, lloré, ofrecí pagar otro pasaje, pagar un extra o incluso hacer el traslado en bodega, pero el avión que venía a Jujuy no estaba habilitado para ese tipo de traslado. Así que me negaron cualquier solución posible en ese momento.
¿En qué cambió tu vida y tu rutina desde que él es parte de ella?
Fue un momento muy desesperante porque yo no tenía con quién dejarlo. Ahí me salvó una compañera de trabajo, que ya conocía a Canelo. Nosotros ya habíamos hablado de la posibilidad de que no nos dejaran abordar con él y ella se ofreció a cuidarlo el tiempo que fuera necesario para que yo pudiera juntar el dinero y traerlo.
Hacer un traslado así es muy caro, así que lo primero que se me ocurrió fue hacer una rifa. Mucha gente nos donó premios y también dinero, entonces pudimos juntar bastante rápido la cantidad que necesitábamos para traerlo.
Cuando logramos el objetivo, hicimos todo el papeleo, los trámites, la adaptación del canil y el embarque. Fuimos adelantando todo y logramos que Canelo llegara a Salta.
Cuando nos reencontramos, sentí que me completó. Estar acá, en Jujuy, sin él, era como sentir que una parte mía se había quedado en Calafate. Tenerlo conmigo me hace sentir totalmente plena.
Mi vida cambió totalmente desde que llegó Canelo a casa porque una mascota es una gran responsabilidad. Uno tiene que cuidar su salud, darle de comer, enseñarle dónde hacer sus necesidades, jugar con él para que gaste energía y darle amor.
Yo necesitaba esa rutina, esa obligación, para afrontar lo sola que me sentía allá. Así que puedo decir que Canelo cambió completamente mi vida.
Por más que me haga renegar mucho porque es cachorro, y además un cachorro grande con muchísima energía, no hay nada más lindo que ver su carita todos los días. Eso me hace plenamente feliz.
Mucha gente teme adoptar perros de la calle por los traumas que puedan tener. ¿Qué les dirías?
A la gente que no se anima a adoptar perros de la calle le diría que lo intenten. Capaz no estás cambiando el mundo entero, pero sí el mundo de ese animal. Le estás dando la oportunidad de tener un techo, un lugar calentito, comida y cariño.
Puede llegar a ser difícil, pero con amor y compromiso todo se puede. Yo les diría que se animen a adoptar un callejero y a cambiarles la vida. Quizás no podamos mejorar el mundo entero, pero el de ellos sí.
¿Qué sentís hoy, ahora que Canelo está contigo en Jujuy?
Tener a Canelo acá conmigo de nuevo es una tranquilidad y una paz enormes, porque yo sentía que una parte de mí se había quedado allá.
Aunque no hace mucho tiempo que lo adopté y todavía es muy chiquito, Canelo fue parte de una de las decisiones más importantes de mi vida. Nunca fue una opción no traerlo o dejarlo allá.
Mucha gente me decía que lo mejor era conseguirle otra familia, pero para mí eso nunca fue una posibilidad porque yo me considero su familia y lo considero a él como la mía. Que esté acá me hace muy feliz.
¿En algún momento pensaste que no podrían estar juntos?
Sí, llegué a pensar que no íbamos a poder estar juntos porque, a medida que avanzábamos en el proceso, siempre surgía algún problema, alguna traba, una nueva exigencia o un pago extra. Fue un proceso muy estresante.
En un momento pensé que no iba a poder traerlo, pero gracias a Dios y a la ayuda de toda la gente lo logramos.
¿Qué se siente ser la heroína en la historia de un ser que no tenía voz para pedir ayuda?
La verdad es que no me siento una heroína. Sí me siento alguien que, cuando ama, se esfuerza por conseguir lo que quiere.
Yo amo a Canelo desde el momento en que lo encontré y sabía que necesitaba traerlo conmigo. Considero que los verdaderos héroes de esta historia son todas las personas que nos apoyaron, colaboraron, donaron y nos llenaron de amor.
Yo solamente hice todo lo posible, armé la logística y le pedí a Dios poder reencontrarme con mi cachorro.
Y para cerrar, Nahir, ¿qué mensaje le dejarías a la audiencia después de todo lo vivido?
A la audiencia le diría que se anime a cambiarle el mundo a un callejero. Quedó totalmente demostrado que cuando uno ama de verdad y quiere algo, puede lograr cualquier cosa.
No creo que irse a otro lado sea una excusa para darlo en adopción, buscarle otra familia o volver a dejarlo donde lo encontramos. Cuando uno realmente se lo propone y considera valioso algo, puede lograrlo.
También les diría que luchen siempre, porque siempre aparece alguien dispuesto a dar una mano para ayudar a cumplir un objetivo. Así que anímense a darle un lugar a alguien que nunca tuvo la posibilidad de elegir dónde estar.
Creo que el mundo es un lugar mejor cuando entendemos que ellos también son seres sintientes y que muchas veces no hace falta que hablen nuestro idioma para comprender lo que quieren transmitir.
Mi mundo es mucho mejor desde que llegó Canelo. Aunque me haga renegar todos los días, siempre me saca una sonrisa y me recibe con una emoción que muchas veces no puedo explicar. Cuando uno ama de verdad a su compañero, el mundo se transforma en un lugar mejor para vivir.
Bueno, esto es todo en este Diario de Vanesa tan, pero tan especial. Espero que les haya gustado y ¡Será hasta la próxima!
Hubo un tiempo en que la Patagonia no era el “desierto” vacío que imaginaban los mapas oficiales de Buenos Aires. Mucho antes de que los ferrocarriles, los fortines y los alambrados consolidaran la soberanía argentina sobre el sur, existió en el corazón de la cordillera una organización política indígena que administró territorios, controló pasos andinos, negoció con gobiernos y desarrolló una economía propia basada en el comercio y la abundancia natural. Aquella experiencia histórica recibió un nombre casi legendario: el País de las Manzanas.
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El escenario de esta historia se extendía sobre los actuales territorios del sur de Neuquén y sectores de Río Negro y Chubut. Allí, entre lagos glaciares, valles fértiles y ríos torrentosos, floreció durante gran parte del siglo XIX una sociedad indígena compleja y relativamente estable, liderada por el gran cacique Valentín Sayhueque. Su caída coincidió con el avance definitivo del Estado argentino sobre la Patagonia y con la llamada Conquista del Desierto, una campaña militar que transformó para siempre la geografía humana del sur.
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La historia del País de las Manzanas es también la historia de un mundo posible que desapareció. Un experimento de soberanía indígena, diplomacia fronteriza y convivencia comercial que terminó arrasado por la expansión del modelo agroexportador argentino del siglo XIX.
El vergel inesperado en el fin del mundo
La denominación “País de las Manzanas” parece salida de una fábula. Sin embargo, tuvo un origen concreto y profundamente ligado al proceso colonial español.
A fines del siglo XVII, los jesuitas comenzaron a internarse en la región del Nahuel Huapi con el objetivo de evangelizar a los pueblos originarios y encontrar la mítica Ciudad de los Césares, aquella urbe legendaria que, según la tradición colonial, escondía riquezas fabulosas entre los Andes patagónicos.
Entre aquellos misioneros se destacaron figuras como Nicolás Mascardi y el padre Felipe Laguna. Los religiosos levantaron pequeñas misiones en torno al lago Nahuel Huapi e introdujeron diversos cultivos europeos, entre ellos los primeros manzanos.
La experiencia jesuítica terminó violentamente. Las tensiones con grupos indígenas, las dificultades logísticas y los conflictos coloniales provocaron el abandono de las misiones. Algunos sacerdotes fueron asesinados y otros expulsados. Pero los árboles sobrevivieron.
En una de las paradojas más extraordinarias de la historia patagónica, aquellos manzanos europeos prosperaron en el aislamiento. Sus semillas se dispersaron por los valles gracias al viento, los cursos de agua y los animales. Décadas más tarde, enormes extensiones de manzanos silvestres cubrían los valles de los ríos Limay, Collón Curá y Caleufú.
Los viajeros del siglo XIX describieron auténticos bosques de manzanos. La fruta aparecía en cantidades descomunales y transformó la vida económica de la región.
Los pueblos originarios incorporaron rápidamente la manzana a su cultura. Elaboraban chicha, conservas y alimentos para el ganado. También utilizaban el fruto como mercancía de intercambio en las rutas comerciales que conectaban la Patagonia con Chile.
Así nació la identidad “manzanera”, una construcción política y cultural más que estrictamente étnica. Los llamados manzaneros eran grupos integrados por comunidades mapuches, tehuelches septentrionales y otros pueblos de la región, unidos por una economía compartida y por el control territorial de los valles cordilleranos.
Un territorio indígena con diplomacia propia
Durante gran parte del siglo XIX, la Patagonia estuvo lejos de ser un territorio plenamente controlado por Buenos Aires. El Estado argentino tenía enormes dificultades para proyectar autoridad más allá de ciertos fortines fronterizos. Entre el río Negro y los Andes existía un mosaico de autonomías indígenas que mantenían relaciones cambiantes con las provincias argentinas y con Chile.
En ese contexto emergió la figura de Valentín Sayhueque, probablemente el líder indígena más influyente de la Patagonia norte durante la segunda mitad del siglo XIX.
Sayhueque heredó una estructura política consolidada por su padre, el célebre cacique Chocorí. A diferencia de otros jefes guerreros de las pampas, construyó su poder principalmente mediante la diplomacia y el comercio.
Desde su centro político en Caleufú administraba un territorio inmenso y gobernaba miles de lanzas. Pero su autoridad iba mucho más allá de la fuerza militar. Sayhueque comprendió que la supervivencia de su pueblo dependía de negociar con el Estado argentino sin perder autonomía.
Su relación con Buenos Aires fue extraordinariamente ambigua. Por un lado, defendía la soberanía indígena de los valles cordilleranos. Por otro, cultivaba vínculos formales con las autoridades nacionales.
El 20 de mayo de 1863 firmó un convenio con el gobierno argentino comprometiéndose a defender Carmen de Patagones y las fronteras del sur a cambio de reconocimiento y asistencia estatal. Desde entonces, Sayhueque y su gente comenzaron a identificarse como “indios argentinos”, diferenciándose deliberadamente de los grupos vinculados políticamente con Chile.
Aquella definición no era menor. En plena disputa geopolítica por la Patagonia, el cacique entendía que alinearse parcialmente con Buenos Aires podía garantizar la continuidad de su autonomía.
Las autoridades nacionales lo reconocían con un trato casi protocolar. Le enviaban raciones, uniformes militares y correspondencia oficial. Sayhueque izaba incluso la bandera argentina en sus tolderías y llegó a autoproclamarse “Gobernador Indígena del País de las Manzanas”.
En términos prácticos, su territorio funcionaba como un Estado tapón entre la Argentina y los grupos indígenas más hostiles de las pampas y la Araucanía.
La Patagonia que deslumbró al Perito Moreno
En la década de 1870, mientras la Argentina consolidaba su organización nacional, un joven explorador comenzó a recorrer la Patagonia con objetivos científicos y estratégicos. Se llamaba Francisco Moreno.
Moreno buscaba cartografiar lagos, montañas y ríos. Pero sus expediciones también tenían una dimensión política: producir información territorial para fortalecer las pretensiones argentinas sobre el sur frente a Chile. Cuando llegó al País de las Manzanas quedó profundamente impresionado.
Sus relatos describieron un paisaje exuberante y una organización social mucho más compleja de lo que imaginaban las élites porteñas. Lejos del “desierto” difundido por la narrativa oficial, Moreno encontró una sociedad indígena articulada, con redes comerciales activas y una notable capacidad de organización.
Sayhueque lo recibió inicialmente con hospitalidad. El explorador pudo recorrer lagos y valles bajo protección indígena y alcanzó las orillas del Nahuel Huapi. Sin embargo, la relación se deterioró rápidamente.
A fines de la década de 1870, el gobierno argentino comenzó a preparar la ofensiva militar definitiva sobre los territorios indígenas. La llamada Conquista del Desierto, dirigida por Julio Argentino Roca, avanzaba sobre las pampas y pronto apuntaría hacia la Patagonia andina.
Los indígenas comprendieron que los mapas y relevamientos científicos de Moreno no eran neutrales. Aquella información sería utilizada para guiar columnas militares, identificar pasos cordilleranos y localizar asentamientos. En 1880, durante su segundo viaje, Moreno fue capturado por grupos vinculados a Sayhueque.
La fuga que entró en la leyenda
La captura de Moreno derivó en uno de los episodios más cinematográficos de la historia argentina del siglo XIX. Tras un consejo de caciques, el explorador fue condenado a muerte. El clima político era explosivo: las tropas de Roca avanzaban sobre los territorios indígenas y el País de las Manzanas se encontraba bajo amenaza directa.
Según los relatos posteriores del propio Moreno, la ejecución iba a concretarse en cuestión de horas. La noche del 11 de febrero de 1880, aprovechando un descuido de la guardia y con ayuda de un informante indígena, logró liberarse de sus ataduras junto a dos compañeros de expedición.
Los tres hombres corrieron hacia el río Limay bajo la oscuridad. Allí improvisaron una precaria balsa con troncos y tientos de cuero. Cuando se lanzaron al agua, los guerreros descubrieron la fuga y comenzó una persecución desesperada.
Las crónicas hablan de disparos y flechas impactando sobre el río mientras la corriente arrastraba la embarcación improvisada. Moreno y sus acompañantes navegaron durante días en condiciones extremas, soportando hambre, frío y agotamiento. Finalmente consiguieron llegar a zonas controladas por fuerzas argentinas.
La fuga convirtió a Moreno en héroe nacional y consolidó la idea de que la Patagonia debía ser incorporada definitivamente al Estado argentino.
Los motivos detrás de la conquista
La narrativa oficial de fines del siglo XIX presentó la Conquista del Desierto como una cruzada civilizatoria destinada a llevar “progreso” a territorios vacíos o dominados por la “barbarie”. Sin embargo, detrás de aquella retórica también existían razones económicas muy concretas.
La expansión del modelo agroexportador argentino exigía nuevas tierras para la producción ganadera y agrícola. Las élites terratenientes necesitaban incorporar millones de hectáreas al mercado y garantizar rutas comerciales seguras.
Los malones indígenas afectaban directamente los intereses económicos de los grandes propietarios rurales y de los sectores vinculados al comercio internacional, especialmente con Inglaterra.
Además, el control de la Patagonia tenía una dimensión estratégica clave frente a Chile. La tecnología militar también inclinó definitivamente la balanza. El telégrafo, los fusiles Remington y la logística estatal permitieron una capacidad ofensiva inédita. El País de las Manzanas quedó condenado.
El derrumbe del reino indígena
A partir de 1881, las columnas militares argentinas comenzaron a penetrar los valles cordilleranos y a desarticular las redes de abastecimiento indígenas. Las comunidades de Sayhueque debieron abandonar progresivamente sus territorios históricos. El cacique resistió durante varios años desplazándose hacia el sur junto a los sobrevivientes de su pueblo. Fue una etapa de hambre, enfermedad y persecución constante.
La estructura política manzanera, construida durante décadas, empezó a fragmentarse. Muchos grupos fueron capturados y enviados como prisioneros a distintas regiones del país. Otros murieron durante las campañas militares o quedaron sometidos a trabajos forzados.
Finalmente, el 1 de enero de 1885, Valentín Sayhueque se rindió en Junín de los Andes junto a sus últimos seguidores. Tenía alrededor de 70 años y su poder había desaparecido.
A diferencia de otros líderes indígenas, no fue ejecutado. Parte de esa supervivencia se debió a la intervención del propio Francisco Moreno, quien reconocía la importancia política de Sayhueque y buscó evitar represalias extremas.
Sin embargo, el destino final del cacique estuvo marcado por el desarraigo. Fue trasladado a Buenos Aires y posteriormente enviado a distintas regiones patagónicas bajo control estatal. El gobierno terminó asignándole tierras en Genoa, Chubut, lejos de los fértiles valles de los manzanos que habían sostenido a su pueblo. Allí murió el 7 de septiembre de 1903, empobrecido y prácticamente olvidado.
El mito del desierto y la memoria recuperada
Durante décadas, la historia oficial argentina describió la Patagonia preconquista como un vacío geográfico dominado por lo general por tribus nómadas y violentas. Esa interpretación legitimó moralmente la expansión estatal y la consolidación del territorio incorporado al orden nacional .
Sin embargo, las investigaciones históricas más recientes desmontaron gran parte de ese relato. Hoy se reconoce que el País de las Manzanas era una sociedad compleja, con formas de organización política sofisticadas, economía articulada y una identidad regional consolidada.
Los manzaneros controlaban rutas comerciales transcordilleranas, administraban recursos naturales y desarrollaban mecanismos diplomáticos con gobiernos provinciales y nacionales. La región tampoco era improductiva. Muy por el contrario, poseía abundancia de agua, bosques, pasturas y frutales. La idea del “desierto” fue, en gran medida, una construcción ideológica funcional a la apropiación territorial.
Actualmente, muchos de aquellos territorios forman parte de parques nacionales, estancias privadas y centros turísticos de enorme valor económico. Sin embargo, bajo la postal contemporánea de lagos y montañas sobrevive la memoria de aquel reino indígena perdido.
El legado invisible del País de las Manzanas
La historia del País de las Manzanas tal vez nos obliga a repensar la formación del Estado argentino, y la relación entre modernidad y el uso de la violencia. El mundo construido por Sayhueque no era un paraíso idealizado ni una sociedad aislada del conflicto. Existían disputas internas, jerarquías y tensiones permanentes. Pero también existía una experiencia política autónoma que logró sostenerse durante décadas en uno de los territorios más disputados del Cono Sur.
Su desaparición no fue el resultado inevitable del “progreso”, sino una decisión política y militar impulsada por intereses económicos y geopolíticos concretos. La Patagonia moderna se edificó en parte sobre las ruinas de ese orden anterior.
Hoy, cuando la historiografía revisa críticamente la Conquista del Desierto y los pueblos originarios reclaman reconocimiento histórico, el País de las Manzanas vuelve a emerger como símbolo de una Patagonia distinta: fértil, organizada y profundamente humana. Serán nuevos estudios los que definirán que hay de realidad y que de relato de lo que fue aquel momento histórico del país.
Entre los bosques andinos y las aguas del Limay ya no quedan aquellas grandes tolderías ni los inmensos vergeles silvestres que asombraron a los viajeros del siglo XIX. Pero la memoria de aquel reino perdido persiste como una de las historias más fascinantes y menos conocidas de la Argentina.
FUENTE:Archivo General de la Nación con aportes de Redacción +P.
La plataforma colaborativa permite registrar incidentes barriales, validar reportes y elaborar diagnósticos sobre el estado de la localidad.
Un grupo de vecinos de Villa La Angostura lanzó una aplicación colaborativa destinada a reportar problemas urbanos, mapear reclamos y generar información pública sobre el estado de distintos sectores de la localidad. La herramienta comenzó a difundirse este fin de semana a través de redes sociales y ya registra decenas de reportes vinculados a infraestructura, servicios y seguridad.
La plataforma, denominada VLA Real, fue desarrollada como un observatorio ciudadano independiente orientado a relevar situaciones cotidianas en barrios y espacios públicos de la ciudad. El sistema permite a los usuarios cargar denuncias, adjuntar fotografías y proponer mejoras urbanas utilizando geolocalización desde teléfonos celulares.
Según explicaron desde el proyecto, el objetivo es construir un diagnóstico colectivo que pueda ser utilizado por vecinos, medios locales y organismos institucionales para visibilizar problemáticas vinculadas al funcionamiento urbano de Villa La Angostura. Para validar cada reporte, la aplicación requiere coincidencias entre distintos usuarios físicamente presentes en el lugar señalado.
Cómo funciona la plataforma colaborativa
El sistema utiliza herramientas de georreferenciación para confirmar que los usuarios se encuentren efectivamente en el sitio donde realizan el reporte. De esa manera, los desarrolladores buscan garantizar que la información cargada sea auténtica, reciente y vinculada directamente con el estado real de cada sector urbano.
Entre los problemas que pueden denunciarse aparecen baches, fallas en el alumbrado público, basura acumulada, inconvenientes de señalización, problemas de arbolado y deficiencias en limpieza urbana. Los usuarios también pueden incorporar imágenes tomadas desde dispositivos móviles para acompañar cada denuncia o propuesta.
Hasta el momento, la plataforma registra 36 reportes cargados por vecinos de Villa La Angostura. Las categorías con mayor cantidad de denuncias corresponden a hechos de inseguridad, problemas vinculados al agua y desagües, inconvenientes de alumbrado y situaciones relacionadas con arbolado urbano en distintos sectores de la localidad.
Validación ciudadana y controles internos
Los responsables del proyecto explicaron que la aplicación incorpora mecanismos automáticos de validación y seguridad para evitar publicaciones falsas o ataques automatizados. Entre esas herramientas aparecen controles de geolocalización, límites de carga por dirección IP y filtros automáticos destinados a bloquear insultos o datos personales dentro de los reportes públicos.
El sistema también cuenta con moderación interna para resolver disputas, rechazar denuncias consideradas erróneas o validar soluciones propuestas por usuarios. Sin embargo, desde la plataforma aclararon que los administradores no pueden modificar respuestas vecinales ni crear reportes propios, ya que la validación debe surgir exclusivamente desde la participación ciudadana.
Los impulsores de VLA Real señalaron además que la iniciativa busca fortalecer mecanismos de participación comunitaria y generar información pública accesible sobre el funcionamiento urbano de Villa La Angostura. La plataforma se encuentra disponible a través del sitio web vlareal.ar y continúa incorporando nuevos reportes y usuarios de distintos barrios de la localidad.
El otoño es, sin duda, la estación perfecta para quienes buscamos belleza y armonía en cada instante. La cordillera en la Patagonia se viste de colores vibrantes, transformando el paisaje en una atmósfera mágica que invita a disfrutar plenamente. Villa Pehuenia-Moquehue en Neuquén no es la excepción; este rincón patagónico se convierte en un verdadero paraíso que no puedo dejar de explorar.
Los bosques de araucarias y ñires transforman a Villa Pehuenia-Moquehue en uno de los paisajes más impactantes del otoño patagónico. Fotos: Alejandro Carnevale
Entre lagos cristalinos, senderos y montañas, el otoño despliega en la cordillera neuquina una explosión de colores únicos.
Los bosques de araucarias milenarias, con su verde profundo, se entrelazan en una composición única junto a los ñires, cuyos intensos tonos rojos iluminan el bosque como si este se bañara en luz propia. Es un espectáculo natural que merece ser contemplado en silencio, permitiendo que cada color y textura despierten un profundo asombro. Los arroyos, ríos y lagos cristalinos funcionan como espejos que reflejan estos matices, extendiendo esa pintura hacia el infinito, difuminando los límites entre agua y bosque, cielo y tierra.
Nubes bajas, araucarias milenarias y bosques teñidos de rojo crean escenas que parecen salidas de una pintura.Villa Pehuenia-Moquehue ofrece en otoño una combinación perfecta de naturaleza, aventura, fotografía y descanso.
Una mañana al abrir la ventana, el paisaje había cambiado completamente. Nubes bajas suspendidas entre el lago, las araucarias y los ñires, cubrían parcialmente el bosque de la montaña. No pude resistir capturar ese fenómeno con mi cámara.
Había algunos lugares que solo las siluetas de las araucarias asomaban tímidamente, escondiéndose detrás de ese velo blanco que lentamente se disipaba con la salida del sol y la fresca brisa de la mañana.
Salí de la cabaña y me metí en el bosque. Cada paso era una nueva oportunidad para tomar una fotografía, para absorber y disfrutar el entorno. El aire puro de la cordillera, el silencio profundo y las texturas del bosque despertaban todos mis sentidos. La conexión con la naturaleza te hacía sentir vivo.
Con mi cámara quería plasmar en cada imagen esa experiencia, la esencia misma de lo que sentí caminando por esos senderos. La luz, los colores, los sonidos, todo se fusiona en una sinfonía de sensaciones que me hacen volver a ese momento, una y otra vez.
Villa Pehuenia-Moquehue en otoño es un lugar mágico, donde la naturaleza se muestra en toda su gloria. Un lugar donde el tiempo se detiene, y solo existe el presente, el aquí y ahora.
Que hacer en Villa Pehuenia Moquehue este fin de semana largo del 25 de mayo y en el otoño
Villa Pehuenia Moquehue es un destino ideal para disfrutar del otoño patagónico, ofrece una combinación de naturaleza, aventura, descanso y gastronomía. Entre las actividades destacadas está el ascenso al Batea Mahuida, con vistas panorámicas a lagos, volcanes y paisajes otoñales, accesible en 4×4 o trekking de dificultad media.
También se recomienda recorrer la Reserva Natural Urbana de la Península y el Bosque de Coihues, perfectos para caminatas familiares y contacto con la naturaleza. El senderismo en Moquehue incluye circuitos hacia el antiguo mirador de incendios, rodeado de bosques nativos y vistas únicas.
Para los más activos, hay opciones de trekking, mountain bike, cabalgatas y actividades lacustres como kayak. La gastronomía local es otro atractivo, con platos típicos de la región y productos artesanales.
Villa Pehuena Moquehue se prepara para el invierno
El Parque de Nieve Batea Mahuida de Villa Pehuenia Moquehue confirmó la apertura de su temporada invernal para el miércoles 1 de julio, aunque aclararon que esto estará sujeto a las condiciones climáticas y al nivel de acumulación de nieve.
Este centro invernal está ubicado a pocos kilómetros de Villa Pehuenia y tiene vistas al lago Aluminé y al volcán Batea Mahuida. Se ha consolidado como uno de los destinos más característicos de la nieve neuquina, tanto por su paisaje como por su modelo de gestión comunitaria, impulsado por la comunidad mapuche Puel.
Cuánto sale esquiar en el Cerro Batea Mahuida de Villa Pehuenia
El pase diario completo para turistas costará $60.000 en temporada alta y $50.000 en temporada baja. En tanto, el pase de medio día tendrá un valor de $48.000 y $42.000, respectivamente.
Para residentes de Villa Pehuenia, Moquehue, Lonco Luan, Aluminé y Zapala habrá tarifas especiales durante toda la temporada: el pase diario completo saldrá $46.000 y el medio día $25.000.
En cuanto al alquiler de equipos de esquí o snowboard, el valor será de $35.000 por día completo y $28.000 por medio día.
También se difundieron las tarifas de la escuela de esquí y snowboard:
Clase individual: $50.000
Clase para dos personas: $88.000
Clase grupal de una hora: $42.000 por persona (mínimo tres y máximo cinco personas)
Desde el centro de esquí aclararon que las clases no se reservan con anticipación. Ver más en https://www.cerrobateamahuida.com/
Cómo llegar a Villa Pehuenia Moquehue
Desde Buenos Aires hacia Villa Pehuenia en automóvil las opciones son varias, con una distancia de recorrido de 1500 kilómetros: Rutas nacionales Nº 5, 35, 153, 143, provincial Nº 20 (La Pampa) y rutas nacionales Nº 151, 22 y provincial Nº 13.
Desde Neuquén Capital hacia Villa Pehuenia los kilómetros son solo 306 y se va por la ruta nacional Nº 22 y luego por la provincial Nº 13.
Lo más importante si vas a emprender un viaje en automóvil, es consultar el estado de rutas con la Dirección Provincial de Vialidad o las policías de tránsito locales. Esto porque en invierno, las calzadas suelen volverse intransitables por la nieve y la niebla.
Para más información, la Oficina de Información Turística ofrece atención vía WhatsApp de lunes a viernes de 9 a 20horas, al 54 9294 472732.
Hubo un tiempo en que la Patagonia no era el “desierto” vacío que imaginaban los mapas oficiales de Buenos Aires. Mucho antes de que los ferrocarriles, los fortines y los alambrados consolidaran la soberanía argentina sobre el sur, existió en el corazón de la cordillera una organización política indígena que administró territorios, controló pasos andinos, negoció con gobiernos y desarrolló una economía propia basada en el comercio y la abundancia natural. Aquella experiencia histórica recibió un nombre casi legendario: el País de las Manzanas.
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El escenario de esta historia se extendía sobre los actuales territorios del sur de Neuquén y sectores de Río Negro y Chubut. Allí, entre lagos glaciares, valles fértiles y ríos torrentosos, floreció durante gran parte del siglo XIX una sociedad indígena compleja y relativamente estable, liderada por el gran cacique Valentín Sayhueque. Su caída coincidió con el avance definitivo del Estado argentino sobre la Patagonia y con la llamada Conquista del Desierto, una campaña militar que transformó para siempre la geografía humana del sur.
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La historia del País de las Manzanas es también la historia de un mundo posible que desapareció. Un experimento de soberanía indígena, diplomacia fronteriza y convivencia comercial que terminó arrasado por la expansión del modelo agroexportador argentino del siglo XIX.
El vergel inesperado en el fin del mundo
La denominación “País de las Manzanas” parece salida de una fábula. Sin embargo, tuvo un origen concreto y profundamente ligado al proceso colonial español.
A fines del siglo XVII, los jesuitas comenzaron a internarse en la región del Nahuel Huapi con el objetivo de evangelizar a los pueblos originarios y encontrar la mítica Ciudad de los Césares, aquella urbe legendaria que, según la tradición colonial, escondía riquezas fabulosas entre los Andes patagónicos.
Entre aquellos misioneros se destacaron figuras como Nicolás Mascardi y el padre Felipe Laguna. Los religiosos levantaron pequeñas misiones en torno al lago Nahuel Huapi e introdujeron diversos cultivos europeos, entre ellos los primeros manzanos.
La experiencia jesuítica terminó violentamente. Las tensiones con grupos indígenas, las dificultades logísticas y los conflictos coloniales provocaron el abandono de las misiones. Algunos sacerdotes fueron asesinados y otros expulsados. Pero los árboles sobrevivieron.
En una de las paradojas más extraordinarias de la historia patagónica, aquellos manzanos europeos prosperaron en el aislamiento. Sus semillas se dispersaron por los valles gracias al viento, los cursos de agua y los animales. Décadas más tarde, enormes extensiones de manzanos silvestres cubrían los valles de los ríos Limay, Collón Curá y Caleufú.
Los viajeros del siglo XIX describieron auténticos bosques de manzanos. La fruta aparecía en cantidades descomunales y transformó la vida económica de la región.
Los pueblos originarios incorporaron rápidamente la manzana a su cultura. Elaboraban chicha, conservas y alimentos para el ganado. También utilizaban el fruto como mercancía de intercambio en las rutas comerciales que conectaban la Patagonia con Chile.
Así nació la identidad “manzanera”, una construcción política y cultural más que estrictamente étnica. Los llamados manzaneros eran grupos integrados por comunidades mapuches, tehuelches septentrionales y otros pueblos de la región, unidos por una economía compartida y por el control territorial de los valles cordilleranos.
Un territorio indígena con diplomacia propia
Durante gran parte del siglo XIX, la Patagonia estuvo lejos de ser un territorio plenamente controlado por Buenos Aires. El Estado argentino tenía enormes dificultades para proyectar autoridad más allá de ciertos fortines fronterizos. Entre el río Negro y los Andes existía un mosaico de autonomías indígenas que mantenían relaciones cambiantes con las provincias argentinas y con Chile.
En ese contexto emergió la figura de Valentín Sayhueque, probablemente el líder indígena más influyente de la Patagonia norte durante la segunda mitad del siglo XIX.
Sayhueque heredó una estructura política consolidada por su padre, el célebre cacique Chocorí. A diferencia de otros jefes guerreros de las pampas, construyó su poder principalmente mediante la diplomacia y el comercio.
Desde su centro político en Caleufú administraba un territorio inmenso y gobernaba miles de lanzas. Pero su autoridad iba mucho más allá de la fuerza militar. Sayhueque comprendió que la supervivencia de su pueblo dependía de negociar con el Estado argentino sin perder autonomía.
Su relación con Buenos Aires fue extraordinariamente ambigua. Por un lado, defendía la soberanía indígena de los valles cordilleranos. Por otro, cultivaba vínculos formales con las autoridades nacionales.
El 20 de mayo de 1863 firmó un convenio con el gobierno argentino comprometiéndose a defender Carmen de Patagones y las fronteras del sur a cambio de reconocimiento y asistencia estatal. Desde entonces, Sayhueque y su gente comenzaron a identificarse como “indios argentinos”, diferenciándose deliberadamente de los grupos vinculados políticamente con Chile.
Aquella definición no era menor. En plena disputa geopolítica por la Patagonia, el cacique entendía que alinearse parcialmente con Buenos Aires podía garantizar la continuidad de su autonomía.
Las autoridades nacionales lo reconocían con un trato casi protocolar. Le enviaban raciones, uniformes militares y correspondencia oficial. Sayhueque izaba incluso la bandera argentina en sus tolderías y llegó a autoproclamarse “Gobernador Indígena del País de las Manzanas”.
En términos prácticos, su territorio funcionaba como un Estado tapón entre la Argentina y los grupos indígenas más hostiles de las pampas y la Araucanía.
La Patagonia que deslumbró al Perito Moreno
En la década de 1870, mientras la Argentina consolidaba su organización nacional, un joven explorador comenzó a recorrer la Patagonia con objetivos científicos y estratégicos. Se llamaba Francisco Moreno.
Moreno buscaba cartografiar lagos, montañas y ríos. Pero sus expediciones también tenían una dimensión política: producir información territorial para fortalecer las pretensiones argentinas sobre el sur frente a Chile. Cuando llegó al País de las Manzanas quedó profundamente impresionado.
Sus relatos describieron un paisaje exuberante y una organización social mucho más compleja de lo que imaginaban las élites porteñas. Lejos del “desierto” difundido por la narrativa oficial, Moreno encontró una sociedad indígena articulada, con redes comerciales activas y una notable capacidad de organización.
Sayhueque lo recibió inicialmente con hospitalidad. El explorador pudo recorrer lagos y valles bajo protección indígena y alcanzó las orillas del Nahuel Huapi. Sin embargo, la relación se deterioró rápidamente.
A fines de la década de 1870, el gobierno argentino comenzó a preparar la ofensiva militar definitiva sobre los territorios indígenas. La llamada Conquista del Desierto, dirigida por Julio Argentino Roca, avanzaba sobre las pampas y pronto apuntaría hacia la Patagonia andina.
Los indígenas comprendieron que los mapas y relevamientos científicos de Moreno no eran neutrales. Aquella información sería utilizada para guiar columnas militares, identificar pasos cordilleranos y localizar asentamientos. En 1880, durante su segundo viaje, Moreno fue capturado por grupos vinculados a Sayhueque.
La fuga que entró en la leyenda
La captura de Moreno derivó en uno de los episodios más cinematográficos de la historia argentina del siglo XIX. Tras un consejo de caciques, el explorador fue condenado a muerte. El clima político era explosivo: las tropas de Roca avanzaban sobre los territorios indígenas y el País de las Manzanas se encontraba bajo amenaza directa.
Según los relatos posteriores del propio Moreno, la ejecución iba a concretarse en cuestión de horas. La noche del 11 de febrero de 1880, aprovechando un descuido de la guardia y con ayuda de un informante indígena, logró liberarse de sus ataduras junto a dos compañeros de expedición.
Los tres hombres corrieron hacia el río Limay bajo la oscuridad. Allí improvisaron una precaria balsa con troncos y tientos de cuero. Cuando se lanzaron al agua, los guerreros descubrieron la fuga y comenzó una persecución desesperada.
Las crónicas hablan de disparos y flechas impactando sobre el río mientras la corriente arrastraba la embarcación improvisada. Moreno y sus acompañantes navegaron durante días en condiciones extremas, soportando hambre, frío y agotamiento. Finalmente consiguieron llegar a zonas controladas por fuerzas argentinas.
La fuga convirtió a Moreno en héroe nacional y consolidó la idea de que la Patagonia debía ser incorporada definitivamente al Estado argentino.
Los motivos detrás de la conquista
La narrativa oficial de fines del siglo XIX presentó la Conquista del Desierto como una cruzada civilizatoria destinada a llevar “progreso” a territorios vacíos o dominados por la “barbarie”. Sin embargo, detrás de aquella retórica también existían razones económicas muy concretas.
La expansión del modelo agroexportador argentino exigía nuevas tierras para la producción ganadera y agrícola. Las élites terratenientes necesitaban incorporar millones de hectáreas al mercado y garantizar rutas comerciales seguras.
Los malones indígenas afectaban directamente los intereses económicos de los grandes propietarios rurales y de los sectores vinculados al comercio internacional, especialmente con Inglaterra.
Además, el control de la Patagonia tenía una dimensión estratégica clave frente a Chile. La tecnología militar también inclinó definitivamente la balanza. El telégrafo, los fusiles Remington y la logística estatal permitieron una capacidad ofensiva inédita. El País de las Manzanas quedó condenado.
El derrumbe del reino indígena
A partir de 1881, las columnas militares argentinas comenzaron a penetrar los valles cordilleranos y a desarticular las redes de abastecimiento indígenas. Las comunidades de Sayhueque debieron abandonar progresivamente sus territorios históricos. El cacique resistió durante varios años desplazándose hacia el sur junto a los sobrevivientes de su pueblo. Fue una etapa de hambre, enfermedad y persecución constante.
La estructura política manzanera, construida durante décadas, empezó a fragmentarse. Muchos grupos fueron capturados y enviados como prisioneros a distintas regiones del país. Otros murieron durante las campañas militares o quedaron sometidos a trabajos forzados.
Finalmente, el 1 de enero de 1885, Valentín Sayhueque se rindió en Junín de los Andes junto a sus últimos seguidores. Tenía alrededor de 70 años y su poder había desaparecido.
A diferencia de otros líderes indígenas, no fue ejecutado. Parte de esa supervivencia se debió a la intervención del propio Francisco Moreno, quien reconocía la importancia política de Sayhueque y buscó evitar represalias extremas.
Sin embargo, el destino final del cacique estuvo marcado por el desarraigo. Fue trasladado a Buenos Aires y posteriormente enviado a distintas regiones patagónicas bajo control estatal. El gobierno terminó asignándole tierras en Genoa, Chubut, lejos de los fértiles valles de los manzanos que habían sostenido a su pueblo. Allí murió el 7 de septiembre de 1903, empobrecido y prácticamente olvidado.
El mito del desierto y la memoria recuperada
Durante décadas, la historia oficial argentina describió la Patagonia preconquista como un vacío geográfico dominado por lo general por tribus nómadas y violentas. Esa interpretación legitimó moralmente la expansión estatal y la consolidación del territorio incorporado al orden nacional .
Sin embargo, las investigaciones históricas más recientes desmontaron gran parte de ese relato. Hoy se reconoce que el País de las Manzanas era una sociedad compleja, con formas de organización política sofisticadas, economía articulada y una identidad regional consolidada.
Los manzaneros controlaban rutas comerciales transcordilleranas, administraban recursos naturales y desarrollaban mecanismos diplomáticos con gobiernos provinciales y nacionales. La región tampoco era improductiva. Muy por el contrario, poseía abundancia de agua, bosques, pasturas y frutales. La idea del “desierto” fue, en gran medida, una construcción ideológica funcional a la apropiación territorial.
Actualmente, muchos de aquellos territorios forman parte de parques nacionales, estancias privadas y centros turísticos de enorme valor económico. Sin embargo, bajo la postal contemporánea de lagos y montañas sobrevive la memoria de aquel reino indígena perdido.
El legado invisible del País de las Manzanas
La historia del País de las Manzanas tal vez nos obliga a repensar la formación del Estado argentino, y la relación entre modernidad y el uso de la violencia. El mundo construido por Sayhueque no era un paraíso idealizado ni una sociedad aislada del conflicto. Existían disputas internas, jerarquías y tensiones permanentes. Pero también existía una experiencia política autónoma que logró sostenerse durante décadas en uno de los territorios más disputados del Cono Sur.
Su desaparición no fue el resultado inevitable del “progreso”, sino una decisión política y militar impulsada por intereses económicos y geopolíticos concretos. La Patagonia moderna se edificó en parte sobre las ruinas de ese orden anterior.
Hoy, cuando la historiografía revisa críticamente la Conquista del Desierto y los pueblos originarios reclaman reconocimiento histórico, el País de las Manzanas vuelve a emerger como símbolo de una Patagonia distinta: fértil, organizada y profundamente humana. Serán nuevos estudios los que definirán que hay de realidad y que de relato de lo que fue aquel momento histórico del país.
Entre los bosques andinos y las aguas del Limay ya no quedan aquellas grandes tolderías ni los inmensos vergeles silvestres que asombraron a los viajeros del siglo XIX. Pero la memoria de aquel reino perdido persiste como una de las historias más fascinantes y menos conocidas de la Argentina.
FUENTE:Archivo General de la Nación con aportes de Redacción +P.