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  • De Neuquén a la aventura en bicicleta por el mundo

    De Neuquén a la aventura en bicicleta por el mundo

    A los 34 años, Carla Saralegui transformó una crisis existencial en una forma de vida itinerante. Dejó atrás las certezas de Neuquén Capital para aventurarse a lo impensado y salir de su zona de confort. Recorrió la Patagonia durante seis meses en su bicicleta, acompañada por un cartel que decía: “Viajo en bici por Argentina”.

    Hoy, desde Corea del Sur, demuestra que el mundo es un lienzo a explorar, que viajar sola siendo mujer es seguro y que, al animarse a dar el salto, se comprueba su propia máxima: “La ruta siempre provee”. Porque a veces, para alejarse del conflicto y ver mejor el panorama, hace falta tomar distancia (a pedal). Y esta historia nos muestra que a veces, lejos es cerca.

    Tras vencer prejuicios y autolimitaciones, Carla comenzó su travesía a bordo de una bicicleta con 15 años de antigüedad heredada de su papá.

    El «click» y una bicicleta heredada

    Nació en Neuquén Capital, tiene 35 años y viene del «palo» de la comunicación y la fotografía que, además de que le apasiona, le permite capturar momentos para inmortalizarlos en fotos impresas que luego vende durante sus viajes. Sin embargo, su verdadera actividad hoy es ser viajera.

    En 2019, tras regresar de estudiar en La Plata y en medio de una crisis personal sobre su futuro, el sueño de la infancia de recorrer el mundo no la dejaba dormir. “De chica soñaba con conocer el mundo, darle la vuelta. Pero había algo que me limitaba y yo no entendía qué era. Siempre me iba de viaje, pero volvía. Como que no me animaba a largar todo de una”.

    Carla cuenta que fue en una sesión de terapia donde le llegó el cachetazo de realidad que necesitaba: «No te vas porque tenés miedo», le dijo su psicóloga. Al verse despojada de excusas, Carla se dio cuenta de que lo único que tenía para ir por su sueño, era una bicicleta vieja de su papá, “de hacía 15 años”, aclara, y muchas ganas de salir de su zona de confort. Y ese fue el «click» que le abrió el mundo entero.  

    “Ese día fue muy loco porque todo alrededor se alineó. Empezaron a presentarse cosas en relación a viajar en bicicleta y gente que me contaba sus experiencias. Yo no sabía nada de bicis, pero empecé a meterme en ese mundo. A mitad de 2019 arranqué a preparar el viaje para cumplir el deseo de conocer El Chaltén, la capital nacional del trekking”.

    «Nunca me sentí más segura que en plena ruta», asegura la cicloturista neuquina, convencida de que el camino siempre provee.

    Primero el sur

    Desafiando los prejuicios habituales —que necesitaba equipamiento de alta gama, que viajar sola era peligroso para una mujer o que sin dinero era imposible—, Carla escuchó el consejo de un amigo que la invitó a dejar atrás las autolimitaciones: “Andá con la bicicleta que tenés y después todo se va a acomodar”.

    Con El Chaltén en la mira, comenzó la planificación. De imprevisto, una de sus mejores amigas se sumó al plan tras comprarse una bicicleta apenas un mes antes de partir. En diciembre de ese año, justo antes de que la pandemia cambiara el mapa mundial, comenzó la aventura rumbo a El Bolsón.

    Pedalearon juntas unos 200 kilómetros hasta Esquel (Chubut), donde su amiga debió regresar por trabajo. Carla quedó, por primera vez, sola en la ruta frente a la inmensidad del sur y de sus propios temores que se fueron haciendo cada vez más pequeños; lo que iba a ser un trayecto corto se transformó en un viaje introspectivo de seis meses recorriendo la Patagonia argentina y chilena.

    «Yo realmente agradezco haberme enamorado de esta forma de vivir y de viajar, porque siento que me liberó y me mostró un montón de cosas que necesitaba. La bicicleta, a la larga, termina siendo también un medio de meditación. Por ahí estás diez horas con vos misma en la ruta», reflexiona hoy, desde el hostel donde se hospeda en Corea del Sur.

    Con El Chaltén como meta inicial, la viajera recorrió durante seis meses gran parte de la Patagonia argentina y chilena.

    La bondad del camino

    Lejos de la supuesta desolación de la Ruta 40, Carla descubrió que el camino se convirtió en una enorme red de solidaridad. “Al principio creí que iba a ser algo muy solitario, sobre todo cuando agarré la Ruta 40, pero terminó siendo todo lo contrario. La gente me paraba para preguntarme cómo estaba, qué estaba haciendo, hacia dónde iba o si necesitaba algo. Te dicen que te va a pasar algo, y más siendo mujer, pero yo nunca me sentí más segura que en plena ruta; te juro, mucho más que en la ciudad”.

    En esos pueblos y parajes, los lugareños le ofrecían comida, alojamiento y hasta dinero. Sin embargo, asimilar esa generosidad desinteresada fue un desafío imprevisto para la neuquina. “Me costó aceptar la ayuda de la gente. Sentía culpa, esa estructura con la que nos criamos de que si alguien te da algo, tenés que devolverlo de alguna forma. A veces no es así, o no es el momento de hacerlo; después lo aprendés. Ese tipo de conexiones son las que más me gustan de viajar así. Aprendés a descubrir la bondad que hay en los demás, porque creo que la gente es más buena que mala». 

    Así, Carla venció la culpa de recibir sin entregar nada material a cambio, entendiendo que su propia historia y el tiempo compartido eran el verdadero intercambio. En el trayecto, también aprendió a confiar en su instinto como brújula principal y a decir “no” sin sentir que «quedaba mal». Desde entonces, adoptó una frase como marca registrada: “La ruta provee”.

    «Realmente agradezco haberme enamorado de esta forma de vivir y de viajar, porque siento que me liberó», reflexiona Carla sobre su estilo de vida itinerante.

    Beto

    “Cuando llegué a Esquel, mi amiga ya se iba y yo me quedaba sola unos días más. Tenía que buscar la forma de hacer plata, entonces me puse a vender postales con fotos que yo misma saco. Era la primera vez en mi vida que me ponía a vender en la calle, no sabía si me iba a ir bien. En eso se me acercó un señor, Beto, y charlamos. Me preguntó si tenía dónde quedarme y le dije que no. Me contó que vivía con sus tres hijos y que, sin compromiso, me invitaba a su casa para tirar la carpa ahí. Fue hermoso, me quedé tres días hasta animarme a arrancar. Después me pasó su celular y me escribía: ‘Bueno, Carlita, contame por dónde vas’. Eso me marcó porque fue de las primeras personas que me abrió la puerta de su vida; no es solamente el techo, te abren la puerta a su intimidad familiar, a todo lo que tienen. Ahí entendés que, en realidad, no necesitás casi nada”.

    En sus alforjas lleva apenas una carpa, una cocinita, ropa, un libro y una foto de su infancia para recordar dónde nació su sueño.

    El mundo para explorar

    Tras una lesión que la obligó a regresar temporalmente a Neuquén para recuperarse, Carla se sintió, por un tiempo, como un «león enjaulado». Sin embargo, tras haber recorrido la Patagonia guiada por su filosofía de ir siempre fuera del esquema y escapar de los circuitos excesivamente turísticos, se preguntó por qué no virar la brújula hacia un destino radicalmente distinto: Asia.

    Aprovechando el límite de edad, aplicó a la visa Working Holiday para Corea del Sur. Actualmente lleva un mes en el país asiático, financiándose a través de un voluntariado en un guest house donde intercambia tres horas de limpieza por alojamiento y comida, y complementa con su trabajo virtual como creadora de contenido y community manager.

    Muy pronto, Carla comenzará a rodar por las enormes autovías exclusivas para bicicletas que tiene Corea, un territorio sumamente adaptado para el cicloturismo. Su plan es recorrer la península en dos ruedas para luego saltar a los países vecinos y seguir de gira “hasta que dé”. ¿El regreso? Sigue teniendo el mismo norte: cumplir el sueño de subir pedaleando desde Argentina hacia Centroamérica, con una gran cuenta pendiente por conocer Colombia. 

    En Corea del Sur disfruta de recorrer Seúl a través de las enormes autovías exclusivas para bicicletas.

    Lejos, a veces, es cerca

    A pesar de la distancia y el choque cultural, su esencia patagónica sigue intacta en su mochila donde lleva apenas una carpa, una bolsa de dormir, una cocinita, poca ropa, un libro y dos amuletos amigurumis: un minion y el dragoncito de la bandera galesa que compró en Trevelin. También lleva una foto familiar y una de ella misma cuando era chica, para recordarse que está cumpliendo lo que alguna vez prometió.

    Hay algo que es bien patagónico y que no dejo de hacer: irme al río de acá a tomar unos mates. Aunque este río no es igual al nuestro, te juro que lo hago desde el primer día que llegué. Tener el agua a tres cuadras para cebarme un mate es como estar en el río Limay; para mí es increíble”.

    A pesar del profundo amor que siente por su Patagonia natal, alejarse y viajar sin fecha de vencimiento se convirtió en su filosofía de vida. “Lo mejor de este estilo es que el tiempo no es una presión. No tengo apuro por llegar a los lugares; entonces, si pasan cosas en el camino, las puedo disfrutar igual. Es sentir el verdadero poder de la libertad, ese momento en el que te das cuenta del poder de decisión que tenés sobre las cosas”, reflexiona.

    Antes de despedirse, mientras la diferencia horaria le recordaba que al otro lado del mundo ya era momento de descansar, Carla compartió una premisa tan simple como potente para quienes están atrapados en la indecisión y no se animan a dar el salto a lo desconocido: “A cada cosa que te hace dudar, hay que plantearle un: ‘¿Y por qué no?’. Porque vivir con la mochila de las ganas encima es lo peor que te puede pasar«.

    Desde el continente asiático, la neuquina planifica sus próximos pasos para seguir conociendo el mundo.

    Podés seguir el día a día de la aventura de Carla en su cuenta canal de Youtube y en su cuenta de Instagram: @alocarlita 
     

  • “Suerte queda chico”: la emoción de encontrarse cara a cara con una ballena azul en medio del mar de la Patagonia

    “Suerte queda chico”: la emoción de encontrarse cara a cara con una ballena azul en medio del mar de la Patagonia

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    La ballena azul apareció frente a una excursión turística en el Golfo San Jorge y quedó registrada en imágenes históricas por el fotógrafo Maxi Jonas.

    El mar tiene días en los que parece guardar algo. Martín Hocko lo sabe, vive pendiente del agua, de los movimientos, de ese silencio raro que a veces antecede a lo extraordinario. Desde hace años sale al Golfo San Jorge buscando fauna marina, leyendo señales invisibles para otros. Pero incluso él, acostumbrado al asombro, habla de aquella mañana como quien intenta acomodar una escena demasiado grande para las palabras.

    “Decir suerte me queda chico”, dice. Y se ríe apenas, todavía incrédulo. “Eso fue fortuna”. Martín es uno de los cuatro prestadores que integran la alianza Habitantes del Mar, un grupo de emprendedores que impulsa excursiones náuticas y avistaje de fauna marina en Comodoro Rivadavia. Su proyecto se llama Al Este Patagonia, y cuenta que ese día no había salido pensando en hacer historia.

    Maxi Jonas estaba en la ciudad. “Maxi había quedado frenado un día y medio en Comodoro y le dije: ‘venite y salgamos’”, cuenta. Jonas no es cualquier pasajero, en el mundo de la fauna marina es una referencia. Hace años trabaja con ballena franca y orcas y hace un tiempo empezó a viajar seguido a Comodoro por los avistajes de ballena Sei. “Es amigo de la casa, y además tiene un imán para los bichos, no sé qué tiene”.

    El bote salió con un grupo improbable arriba. Estaba el hijo de Martín, de nueve años, filmando, había tres nadadoras de aguas frías que venían de competir en Caleta Olivia. También fanáticos de Ferro que habían viajado por la semifinal de la Liga Nacional contra Gimnasia y Esgrima. Gente distinta, historias distintas, mirando el mismo mar.

    La ballena azul apareció frente a una excursión turística en el Golfo San Jorge y quedó registrada en imágenes históricas por el fotógrafo Maxi Jonas.

    Y entonces pasó. Primero estaba la sei, esa presencia ya habitual en el Golfo San Jorge, enorme para cualquiera que la vea por primera vez. Pero algo empezó a cambiar alrededor. Los delfines aparecieron y detrás, una sombra. “No era nuestra intención aproximarnos demasiado. Simplemente íbamos acompañando la navegación y en un momento ella se acercó. Nos pasó por el lado, salió a respirar… era algo imponente”, recuerda Martín.

    Hace una pausa. “Porque la sei al lado parecía súper chica”. La frase sirve para dimensionar el tamaño de lo imposible. La ballena azul puede medir cerca de 30 metros y pesar hasta 180 toneladas. Es el animal más grande conocido sobre la Tierra. Más grande que cualquier dinosaurio del que se tenga registro. Y estaba ahí, respirando a pocos metros del bote.

    “El nene estaba filmando y en un momento del video se escucha que dice: ‘Ay, me cagué todo’”, cuenta Martín, muerto de risa. “Y la verdad es que todos estábamos igual”. Nadie gritó, el asombro tiene algo de silencio. La ballena azul nadaba sola, como suelen hacerlo. “Tiene hábitos bastante solitarios. Su área de alimentación está entre Malvinas y Georgia del Sur y después gran parte de su ciclo ocurre en el Pacífico. Va hacia Chiloé, sube hasta Galápagos, puede llegar a Baja California o Groenlandia”, explica Martín.

    En el Atlántico sur los registros son escasos. Un varamiento en Uruguay, una observación lejana en Patagonia Azul. “Por eso lo que vivimos fue impresionante. Es un animal muy distante y muy poco frecuente”.

    El encuentro ocurrió durante una salida de avistaje en Comodoro Rivadavia y sorprendió incluso a quienes llevan años navegando el mar patagónico.

    Días después, el Proyecto de Investigación de Cetáceos del Golfo San Jorge publicó las imágenes y confirmó lo extraordinario. “Primera vez que se logra registrar a la enorme y enigmática ballena azul desde el bote frente a Comodoro Rivadavia. Un encuentro inolvidable que nos recuerda lo asombroso que es el Golfo San Jorge”.

    Las fotos no quedaron solamente como recuerdo. También permitieron identificar al ejemplar e incorporarlo a un catálogo internacional de ballena azul. Una de las imágenes muestra con claridad la aleta dorsal, cuya forma funciona como una huella biométrica única. Ahora, si ese animal vuelve alguna vez, podrán saberlo.

    Mientras habla, Martín enumera todo lo que el mar les regaló este verano: jorobadas, grupos gigantes de delfines nariz de botella, una orca rondando Punta Marqués, las Sei apareciendo casi como una costumbre.

    Pero enseguida aclara algo. “El mar siempre te sorprende con algo más”. Ellos tienen un nombre para eso. “La sorpresa oceánica”. Y quizás sea exactamente eso lo que pasó aquella mañana frente a Comodoro: el océano recordándoles, por un instante breve y gigantesco, que todavía guarda secretos capaces de dejar a cualquiera sin palabras.


    “Queríamos que la gente deje de pasar de largo”: cómo nació el turismo de ballenas en Comodoro


    La idea empezó a tomar forma en plena pandemia, cuando un grupo de navegantes, buzos y habitués del Golfo San Jorge decidió convertir toda una vida ligada al mar en una propuesta turística. “Somos todos cuarentones, nacidos y criados acá. Y en pandemia, que terminó siendo una usina de ideas para muchos emprendedores, dijimos: pongamos en valor todo lo que vimos y conocimos del Golfo San Jorge durante nuestra vida”, cuenta Martín Hocko.

    Avistajes de ballenas sei, delfines, jorobadas y hasta una inesperada ballena azul empiezan a posicionar al Golfo San Jorge como un nuevo escenario del turismo de fauna marina en la Patagonia.

    El proyecto no nació pensando únicamente en las ballenas sei. La idea era mucho más amplia: ofrecer avistajes de fauna marina, excursiones náuticas y experiencias de buceo. Pero el entusiasmo inicial chocó rápidamente con una realidad inesperada. “Nos encontramos con muchísimos problemas burocráticos y de gestión. Regularizar toda la actividad llevó cinco años».

    Desde aquella idea nacida en el encierro de 2020 hasta fines de 2025, cuando finalmente pudieron salir al mar de manera formal y vivir su primera temporada completa que en estos días llega a su fin.

    Las temporadas de la ballena franca y la sei son casi opuestas. La franca va de junio a diciembre y la sei aparece entre diciembre y mayo o junio. Por eso ahora trabajan junto a operadores de otros destinos patagónicos bajo una idea simple y potente: ofrecer “ballenas todo el año”.

    La primera temporada dejó números que todavía sorprenden. “Tuvimos más de un 98% de efectividad en avistajes. Siempre aparecen animales. Algunas salidas son más espectaculares que otras, pero la presencia es constante”.

    Con el Golfo San Jorge como escenario, la ciudad empieza a descubrir una nueva identidad posible: la de destino de naturaleza y fauna marina en el corazón de la Patagonia.

    Parte de ese éxito tiene que ver con la red de información que construyeron junto a investigadores, observadores y trabajadores marítimos de la región. “Tenemos gente en la monoboya de Caleta Córdoba, investigadores en Punta del Marqués y distintos puntos del golfo. En un frente de casi 40 kilómetros manejamos información en tiempo real sobre dónde están los animales”.

    La ballena sei a nivel mundial es una ballena muy difícil de encontrar tan cerca de la costa. Y verla como la vemos nosotros es realmente extraordinario”. Explica que el avistaje también es distinto al de la ballena franca: “Es más dinámico, porque navegás más. Pero encontrarte grupos alimentándose y ver cómo se ponen de costado y abren la boca es espectacular”.

    La diferencia también está en el motivo de su presencia. “La ballena franca viene a reproducirse. La sei, en cambio, está en plena ruta migratoria y entra al golfo para alimentarse. En las francas ves madres con crías; en las sei no vemos ejemplares jóvenes de menos de cuatro o cinco años. Entendemos que permanecen en zonas oceánicas hasta alcanzar cierta madurez”.

    Para Hocko, el crecimiento del turismo de naturaleza puede modificar la manera en que se mira a Comodoro Rivadavia. “Comodoro ya tiene casi 300 mil habitantes y cada vez más turistas pasan por acá porque es la puerta de entrada a la Patagonia Sur. La idea es que no solo pasen: queremos que se queden uno o dos días y encuentren actividades para hacer”.

    Fotos y videos de: Maxi Jonas, Iker Hocko, Analía San Leandro, Jeremías Galaz y Gustavo Cherro.


  • Neuquén consolida la centralidad del turismo de eventos de la Patagonia

    Neuquén consolida la centralidad del turismo de eventos de la Patagonia

    La capital de la gran metrópoli de Vaca Muerta lidera el segmento de las ciudad con mayor movilidad turística en lo que va del año. Según el corte que hicieron las autoridades del área de Turismo de la comuna, “en los primeros 5 meses del año, la ciudad ha sido receptora de más de 1,8 millón de personas”. Los funcionarios destacan la masividad de la última Fiesta nacional de la Confluencia, que, según los organizadores, albergó a 1,4 millón de personas; y el resto está relacionado con el evento de la semana pasada Patria Capital, “al que asistieron 90 mil personas”, y “otros eventos que en conjunto suman otras 300 mil personas”.

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    Si tomamos los números oficiales observamos que el impacto masivo de ese 1,8 millón de personas movilizadas arrojó compras por 90 mil millones de pesos, con un ticket promedio estimado, de 50 mil pesos. El más alto a nivel nacional.

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    Los relevamientos también hablan del “gasto del turista o ingreso de capital nuevo”. En este ítem se evalúa el comportamiento del gasto del turista que viene de otras ciudades y pernocta en la ciudad. Este quizás sea el dato que consolida la idea de que Neuquén rompe la estacionalidad y lidera el segmento a nivel regional.

    Cuánto gastan los visitantes

    De acuerdo a los relevamientos turísticos realizados por provincia, el gasto promedio diario en la capital oscila entre los 170 mil y 270 mil pesos (incluyendo, gastronomía, hotelería, transporte y extras). Tomando el cálculo de una estadía mínima de tres noches, el ingreso de capital nuevo que el turista deja en la capital provincial, orilló entre 510 mil y 810 mil pesos, por persona.

    Los datos oficiales confirman lo que cada fin de semana largo los vecinos capitalinos comprueban en la ciudad. Cada vez son más las personas de otros lugares que eligen a la capital provincial como el lugar para descansar y entretenerse.

    De estos temas hablamos con Diego Cayol, secretario de Turismo de la ciudad de Neuquén. En diálogo con LU5 aseguró que “los fines de semana largos dejaron de ser períodos de baja actividad para transformarse en momentos de alta ocupación y movimiento económico”.

    El funcionario remarcó que la estrategia impulsada por el municipio apunta a consolidar a Neuquén como un destino de referencia en la Patagonia, con propuestas permanentes para residentes y turistas.

    “Durante este último fin de semana largo tuvimos más del 50% de ocupación hotelera y eso tiene que ver con las actividades que ofrece la ciudad”, explicó Cayol.

    El funcionario destacó que el crecimiento no responde únicamente a los eventos organizados por el municipio, sino también al trabajo conjunto con el sector privado y a una agenda diversa que incluye propuestas culturales, deportivas y gastronómicas.

    “Queremos que la gente ya tenga incorporada la idea de que cuando viene a Neuquén siempre encuentra algo para hacer”, sostuvo.

    Las propuestas de Neuquén

    Entre las actividades recientes mencionó Neuquén Emprende, Confluencia de Sabores, las propuestas gastronómicas vinculadas al 25 de Mayo y la experiencia inmersiva del Cabildo montada en el Parque Jaime de Nevares.

    “Solo en la propuesta gastronómica se vendieron unas 2.000 porciones de locro y la respuesta de la gente fue extraordinaria”, afirmó.

    Según Cayol, estos eventos generan un impacto directo sobre la economía local.

    “Lo importante es que cada actividad permita que el sector privado tenga beneficios, que los gastronómicos vendan más, que los hoteles tengan mayor ocupación y que toda la cadena turística pueda crecer”, señaló.

    Los números también reflejan una tendencia sostenida. El secretario explicó que históricamente los fines de semana representaban el período de menor actividad para la ciudad, una situación que comenzó a revertirse durante los últimos años.

    “Todos los fines de semana largos de este año superaron el 50% de ocupación y en algunos casos llegamos al 80%”, indicó.

    Además del turismo tradicional, el municipio detecta un fuerte crecimiento del visitante recreacionista, es decir, personas que llegan a la ciudad por el día, consumen servicios y participan de actividades sin necesidad de pernoctar.

    Otro dato que llamó la atención fue la consolidación de los recorridos turísticos urbanos.

    “Hoy tenemos dos buses de doble piso y prácticamente salen completos todos los días”, explicó.

    Durante el fin de semana largo del 25 de Mayo, unas 850 personas utilizaron los servicios turísticos municipales.

    “El 70% de quienes participaron no eran de Neuquén capital, lo que demuestra que existe un interés concreto por conocer la ciudad”, aseguró.

    Aspectos por mejorar

    Cayol también reconoció que todavía existen aspectos por mejorar, especialmente en la atención al visitante, aunque destacó avances importantes en materia de capacitación.

    “Siempre hay cosas para mejorar. Estamos trabajando con el sector hotelero, gastronómico y comercial porque el primer contacto con el turista es fundamental”, afirmó.

    En ese sentido, explicó que se desarrollan capacitaciones permanentes y actividades destinadas a que quienes trabajan de cara al público conozcan mejor la oferta turística local.

    “Necesitamos que la persona que recibe al visitante se enamore de la ciudad y pueda transmitir todo lo que Neuquén tiene para ofrecer”, expresó.

    El funcionario observó además un cambio cultural en el sector privado.

    “Antes muchos comercios cerraban durante los fines de semana. Hoy cada vez más establecimientos abren porque ven que existe demanda y que el esfuerzo tiene una compensación”, sostuvo.

    Respecto al vínculo entre cultura y turismo, consideró que los espectáculos y eventos son una herramienta clave para atraer visitantes de otras localidades patagónicas.

    “Hay personas que vienen desde ciudades cordilleranas o incluso desde Bariloche porque encuentran en Neuquén actividades que no tienen disponibles en esta época del año”, señaló.

    La agenda del invierno

    Con la llegada del invierno, la Municipalidad ya trabaja en una nueva agenda de actividades que incluirá propuestas gastronómicas y acciones promocionales para seguir posicionando a la ciudad como destino turístico.

    “Venimos con la Semana de los Sabores de Invierno, con el Salón de Pastelería y Gastronomía y con nuevos paquetes para recorrer la ciudad y sus alrededores”, adelantó.

    Y concluyó: “Queremos que el resto de la Argentina sepa todo lo que puede encontrar en Neuquén. La ciudad está consolidando un perfil turístico propio y cada vez más gente lo está descubriendo”.

  • Una red que trabaja para fortalecer la comercialización de carne de capón ovina y caprina producida en la Patagonia

    Una red que trabaja para fortalecer la comercialización de carne de capón ovina y caprina producida en la Patagonia

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    Durante años, la carne de capón ovino y caprino quedó relegada a circuitos informales, al autoconsumo o a mercados muy reducidos dentro de la Patagonia. Considerada muchas veces un producto de escasa valorización comercial, su destino habitual era la venta directa entre productores rurales o el consumo familiar en las zonas de campo. En muchos casos, los animales adultos eran descartados del circuito productivo formal debido a las dificultades para comercializarlos y a la escasa demanda existente en los centros urbanos.

    Sin embargo, en distintos puntos de la Región Sur rionegrina y la Cordillera comenzó a consolidarse una experiencia que busca revertir esa situación y transformar a esta producción en una alternativa comercial con identidad territorial, agregado de valor y potencial de crecimiento.

    La iniciativa es impulsada por las cooperativas Amulein Com, de Comallo, y Calibui, de Ingeniero Jacobacci, junto con la comunidad Ancalao, de Ñorquincó, y el matadero Antu Malal, de El Bolsón. Las organizaciones integran la Red de Organizaciones de la Región Sur y trabajan para fortalecer la comercialización formal de carne ovina y caprina producida en la Patagonia.

    Una experiencia que comenzó en 2023


    La experiencia comenzó en 2023 con una primera venta directa al consumidor. En 2024 se repitió en modalidad piloto y durante 2025 alcanzó una mayor escala comercial y organizativa, incorporando nuevos puntos de venta y canales de distribución. Actualmente, las ventas incluyen reses enteras destinadas a carnicerías y locales gastronómicos de San Carlos de Bariloche, además de cortes fraccionados y envasados al vacío que llegan a consumidores urbanos y a comedores escolares rurales de Ñorquincó, Pilcaniyeu y El Manso.

    La Red de Organizaciones de la Región Sur trabaja para fortalecer el comercio de carne de capón ovina y caprina en la Patagonia.

    Uno de los principales desafíos fue adaptar la comercialización de la carne de capón a las demandas del mercado urbano. Tradicionalmente, este tipo de animales adultos tenían escasa aceptación comercial y estaban asociados a prejuicios vinculados al sabor o la calidad de la carne. Frente a esa situación, las organizaciones comenzaron a trabajar en estrategias de agregado de valor y diferenciación comercial.

    La carne empezó a ofrecerse en cortes específicos como paleta, cuarto trasero, costillas y espinazo, mejorando su presentación y conservación mediante trozado y envasado al vacío. El objetivo fue acercar un producto más accesible y adaptable a los hábitos de consumo urbanos, donde predominan las compras de cortes pequeños y listos para cocinar.

    Las primeras experiencias de procesamiento se realizaron con apoyo de la carnicería El Boyero, en Bariloche. Posteriormente se incorporó la planta de ciclo II del frigorífico J.J. Gómez, de Ingeniero Jacobacci, lo que permitió ampliar la capacidad de procesamiento y mejorar la logística de distribución.

    Hoy los productos pueden encontrarse en distintos puntos de venta de Bariloche y también en la Feria Franca de Productores de El Bolsón, donde existe una creciente demanda de alimentos regionales producidos en sistemas pastoriles y comercializados de manera directa por organizaciones de productores.

    Una mirada nutricional


    Además del aspecto comercial, el proyecto busca reposicionar la carne de capón desde una mirada nutricional. Productores y técnicos destacan que se trata de una carne con alto contenido de proteínas completas y aminoácidos esenciales. También presenta un perfil de grasas favorable, con presencia de omega-3 y ácido linoleico conjugado (CLA), además de minerales como zinc y selenio y vitaminas del complejo B.

    La comercialización de carne de capón representa una fuente de ingresos importante para los productores de la Región Sur rionegrina.

    “Hoy más que nunca estamos promocionando la carne ovina y caprina”, señalan desde las organizaciones involucradas, convencidas de que muchas de las dificultades para ampliar el consumo tienen relación con viejos prejuicios y desconocimiento sobre el producto.

    La comercialización de capones representa además una herramienta económica importante. En los sistemas pastoriles campesinos, los animales adultos suelen ser más vulnerables frente a sequías, nevadas intensas y depredadores. Al mismo tiempo, la salida comercial de los capones contribuye a reducir la carga animal favoreciendo la recuperación del pastizal, una problemática clave en zonas patagónicas.

    La experiencia cuenta con acompañamiento técnico del INTA Bariloche, el CONICET y la Universidad Nacional de Río Negro. También participan organismos provinciales y municipios de la región, que acompañan los procesos organizativos y sanitarios necesarios para sostener la comercialización formal.

    Aunque el crecimiento de la experiencia es sostenido, todavía persisten desafíos. Entre ellos, ampliar la llegada a nuevos consumidores, fortalecer la difusión y avanzar en nuevos productos con valor agregado como hamburguesas, chorizos y escabeches. También se plantea como prioridad fortalecer la infraestructura regional destinada al procesamiento y conservación de alimentos.

    En un contexto económico complejo y de retroceso de políticas públicas vinculadas a la extensión rural y al sistema científico, la experiencia aparece como una apuesta territorial que combina producción, organización colectiva y agregado de valor desde la Patagonia rural hacia las mesas urbanas.


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  • Una moneda hallada en la Patagonia revive el misterio de la Ciudad de los Césares y la búsqueda que llevó a Nicolás Mascardi hasta el Nahuel Huapi

    Una moneda hallada en la Patagonia revive el misterio de la Ciudad de los Césares y la búsqueda que llevó a Nicolás Mascardi hasta el Nahuel Huapi

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    Se encontró una moneda española de ocho reales acuñada en 1584 en el antiguo asentamiento de Rey Don Felipe, que aporta una prueba concreta sobre la temprana presencia europea en la Patagonia y vuelve a poner en escena una de las leyendas más fascinantes de América: la Ciudad de los Césares. La creencia en la existencia de una misteriosa ciudad repleta de riquezas movilizó durante más de dos siglos a reyes, gobernadores, militares, exploradores y religiosos. Entre ellos estuvo el jesuita Nicolás Mascardi, quien fundó la Misión Nahuelhuapi en 1670 convencido de que aquella ciudad perdida podía encontrarse en las cercanías del gran lago andino. Escribe Yayo de Mendieta.

    Durante siglos, la Patagonia fue considerada por Europa como un territorio tan inmenso como desconocido. Sus montañas, lagos, estepas y costas parecían esconder secretos imposibles de comprobar. Entre todos ellos, ninguno despertó tanta fascinación como la legendaria Ciudad de los Césares, una población que, según decenas de testimonios, existía en algún rincón del sur americano y cuyos habitantes vivían rodeados de oro, plata y riquezas inimaginables.

    La reciente aparición de una moneda de ocho reales fechada en 1584, hallada por arqueólogos en el sitio de la antigua ciudad Rey Don Felipe, en el Estrecho de Magallanes, vuelve a iluminar esa historia desde una perspectiva completamente nueva.

    El descubrimiento fue realizado en el marco de una investigación arqueológica desarrollada en el sitio conocido popularmente como Puerto del Hambre. Lo extraordinario del hallazgo es que la moneda apareció exactamente donde las crónicas de la época señalaban que Pedro Sarmiento de Gamboa la había colocado durante el acto fundacional de la ciudad.

    Según los investigadores, la pieza formaba parte de un ritual simbólico mediante el cual los fundadores depositaban una moneda bajo la primera piedra de la iglesia para invocar la protección de la Corona y de Dios sobre el nuevo asentamiento.

    Más allá de su enorme valor patrimonial, el hallazgo posee una trascendencia histórica excepcional porque confirma arqueológicamente la existencia de uno de los primeros intentos de colonización española en la Patagonia.

    Para muchos especialistas, este descubrimiento ayuda además a comprender el origen de una leyenda que dominó la imaginación de generaciones enteras y que influyó decisivamente en la exploración del sur del continente.

    El origen de una leyenda que parecía real

    La historia de la Ciudad de los Césares comenzó a tomar fuerza durante el siglo XVI. Lejos de ser considerada una fantasía popular, numerosos documentos oficiales de la Corona Española daban por cierta su existencia. Gobernadores, obispos, militares y funcionarios redactaban informes en los que mencionaban la presencia de una misteriosa población situada en algún lugar de la Patagonia.

    Los relatos hablaban de una ciudad ubicada junto a un inmenso lago rodeado de montañas, habitada por hombres blancos e indígenas que convivían en armonía, cultivaban la tierra, criaban ganado y poseían enormes cantidades de oro y plata.

    La leyenda se alimentó especialmente a partir de la historia de los sobrevivientes de distintos naufragios ocurridos en el Estrecho de Magallanes.

    Uno de los episodios más importantes ocurrió en 1540, cuando una expedición vinculada al Obispo de Plasencia sufrió la pérdida de una de sus embarcaciones en las costas australes. Décadas después aparecieron dos sobrevivientes que aseguraron haber recorrido durante años el territorio patagónico y haber conocido una ciudad extraordinaria.

    Según sus testimonios, aquella población estaba asentada junto a un enorme lago y sus habitantes utilizaban oro y plata en objetos cotidianos, vajillas, herramientas y ornamentos. La historia se difundió rápidamente por América y Europa. Poco después surgieron nuevos relatos que parecían confirmar la existencia de la ciudad.

    Algunos aseguraban que estaba habitada por descendientes de náufragos españoles. Otros sostenían que sus pobladores eran incas que habían escapado hacia el sur tras la conquista del Perú.

    Con el tiempo ambas teorías terminaron fusionándose y dieron origen a la imagen de una comunidad aislada, formada por españoles e indígenas, enriquecida por minas de metales preciosos y protegida por las barreras naturales de la Patagonia.

    La Patagonia en los mapas de la Corona

    La fuerza de estos testimonios fue tan grande que la Ciudad de los Césares llegó a figurar en mapas oficiales. Cartografías del siglo XVII ubicaban en el extremo austral una supuesta “Provincia de los Césares”. Algunos mapas incluso señalaban la presencia de grandes poblaciones indígenas cerca de lagos cordilleranos.

    Gobernadores y funcionarios coloniales enviaban informes a España describiendo pueblos donde abundaban el oro, la plata, las esmeraldas y los animales de carga.

    En algunos documentos se afirmaba que los habitantes utilizaban vasos de plata, armas metálicas y piedras preciosas. Otros describían a españoles que vivían mezclados con los pueblos originarios, vestidos como ellos y completamente integrados a la vida patagónica.

    A medida que los testimonios se acumulaban, la Ciudad de los Césares dejaba de parecer una leyenda para transformarse en una realidad que simplemente aún no había sido localizada.

    Nicolás Mascardi y la búsqueda desde el Nahuel Huapi

    Fue en ese contexto cuando apareció una de las figuras más importantes de la historia patagónica: el sacerdote jesuita Nicolás Mascardi. Nacido en Italia, Mascardi llegó a Chile durante la segunda mitad del siglo XVII y pronto comenzó a interesarse por los relatos provenientes del sur.

    La oportunidad de internarse en la Patagonia surgió a partir de un hecho particular.  Entre los indígenas poyas se encontraba Huageluen, esposa de un importante cacique del Nahuel Huapi, quien había sido llevada cautiva a Chile. Mascardi intervino para devolverle la libertad y acompañarla de regreso a su territorio.

    Durante ese viaje, la mujer le aseguró que conocía la existencia de la Ciudad de los Césares y que sabía cómo orientarlo para encontrarla. Aquella afirmación tuvo un impacto decisivo sobre el jesuita.

    Convencido de la veracidad de esos relatos, Mascardi emprendió el viaje hacia el gran lago andino y en 1670 fundó la histórica Misión Nahuelhuapi en la actual península Huemul. Desde allí inició una intensa actividad evangelizadora que se extendió durante años y que estuvo permanentemente ligada a la búsqueda de la ciudad perdida. A diferencia de conquistadores y aventureros que buscaban riquezas, Mascardi tenía otra motivación.

    Numerosos relatos señalaban que en la Ciudad de los Césares existían habitantes cristianos que conservaban una gran cruz, pero que habían quedado sin sacerdotes para transmitir la fe.

    El jesuita creía que su misión consistía en llevarles asistencia espiritual y reincorporarlos al mundo cristiano.

    Expediciones hacia lo desconocido

    Desde la misión ubicada a orillas del Nahuel Huapi, Mascardi organizó múltiples viajes exploratorios. Recorrió enormes extensiones de territorio acompañado por guías indígenas y estableció contactos con distintos pueblos originarios de la Patagonia.

    Los relatos de la época indican que llegó a reunir información procedente de poyas, puelches, tehuelches y otros grupos que aseguraban conocer la existencia de poblaciones desconocidas hacia el sur.

    Sin embargo, a pesar de años de exploraciones, la ciudad nunca apareció. Lejos de desaparecer, la leyenda siguió creciendo.

    A comienzos del siglo XVIII todavía se redactaban informes oficiales que describían ciudades de piedra, iglesias, calles organizadas y abundantes riquezas escondidas en algún lugar de la Patagonia.

    Algunos viajeros afirmaban haber estado allí. Otros aseguraban haber hablado con personas que la habían visitado. Incluso varios caciques indígenas insistían en que aquellas poblaciones existían realmente.

    La opinión de los jesuitas

    Uno de los análisis más interesantes sobre la cuestión fue realizado por el jesuita José Sánchez Labrador hacia fines del siglo XVIII. Tras décadas de convivencia con pueblos indígenas del sur, el religioso expresó serias dudas sobre la existencia real de la ciudad.

    Sin embargo, tampoco descartó completamente la posibilidad. Sánchez Labrador observó que numerosos indígenas aseguraban haber visto poblaciones de hombres blancos en regiones australes. Algunos describían fogatas, construcciones e incluso ganado.

    Para el jesuita, la leyenda podía haberse originado a partir de recuerdos transmitidos durante generaciones sobre antiguos asentamientos españoles, naufragios o contactos esporádicos con colonias europeas.

    La moneda que conecta la leyenda con la historia

    Es precisamente aquí donde el reciente descubrimiento arqueológico adquiere una importancia extraordinaria. La moneda encontrada en Rey Don Felipe confirma que los asentamientos españoles en la Patagonia fueron reales.  Confirma también que existieron colonias aisladas, expediciones desaparecidas y poblaciones que quedaron desconectadas de los grandes centros urbanos de América.

    Aunque la pieza hallada no demuestra la existencia de la Ciudad de los Césares, sí aporta un elemento fundamental para comprender cómo pudo surgir una leyenda que persistió durante más de doscientos años.

    Historias de náufragos, colonias abandonadas, exploradores desaparecidos y contactos ocasionales con pueblos indígenas pudieron combinarse hasta dar forma a una narración que terminó cautivando a todo un continente.

    Más de 450 años después de aquellas primeras expediciones, la Patagonia sigue revelando fragmentos de su pasado.

    Y mientras la arqueología aporta nuevas certezas sobre los antiguos asentamientos humanos del extremo sur, la figura de Nicolás Mascardi y la búsqueda de la Ciudad de los Césares continúan ocupando un lugar central en uno de los capítulos más apasionantes de la historia del Nahuel Huapi y de toda la Patagonia.

    Yayo de Mendieta

    De su libro “La Misión Nahuelhuapi 1670-1717”

    Villa la Angostura

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  • Descubrieron en Santa Cruz un dinosaurio pariente del velociraptor

    Descubrieron en Santa Cruz un dinosaurio pariente del velociraptor

    Un equipo de paleontólogos de Argentina y Japón descubrió una nueva especie de dinosaurio en la provincia de Santa Cruz, que habitó la Patagonia entre 66 y 70 millones de años atrás. El ejemplar fue denominado Kank australis y pertenece a la familia de los dromeosáuridos, el mismo grupo que incluye a los velociraptores.

    Los restos fósiles fueron encontrados en la Formación Chorrillo, cerca de El Calafate, y el hallazgo fue publicado en la revista científica Journal of Vertebrate Paleontology.

    La investigación contó con especialistas del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, la Fundación Félix de Azara y distintas instituciones científicas japonesas.

    Según detallaron los investigadores, los restos aparecieron en distintas campañas realizadas entre 2018 y 2025, por lo que la reconstrucción anatómica del animal demandó varios años de trabajo.

    Los científicos estiman que Kank australis pesaba unos 27 kilos y tenía un tamaño similar al de un ñandú. A diferencia de otros velociraptores, presentaba un hocico alargado y dientes cónicos, rasgos que indicarían una adaptación para capturar pequeñas presas en ambientes vinculados al agua, como lagunas, arroyos y ríos.

    El nombre elegido combina referencias culturales y geográficas: “Kank” significa “ñandú anciano” en lengua tehuelche o aonikenk, mientras que “australis” hace referencia al extremo sur patagónico donde fueron hallados los fósiles.

    Los paleontólogos Matías Motta y Federico Agnolín destacaron que una de las piezas clave para comprender la anatomía del dinosaurio fue una vértebra cervical encontrada en plena nieve durante una de las expediciones.

  • Una neuquina ganó el primer puesto en Expo Té Argentina 2026

    Una neuquina ganó el primer puesto en Expo Té Argentina 2026

     

    Una enfermera neuquina se convirtió en la mejor blender de la Argentina. Andrea Burgos, de San Martín de los Andes, ganó el primer puesto en la cuarta edición de Expo Té Argentina, realizada en Posadas, Misiones, con su mezcla «Aldea de Montaña»: un blend de berries cordilleranos que, según ella misma describe, «es un viaje único por la Patagonia».

    El jurado —integrado por sommeliers de té, la Asociación de Tealeros Argentinos, el INTI y el INTA— destacó el sabor, el aroma, el corte de los ingredientes y la armonía del blend. «Impensado todo esto», admitió Burgos luego de la premiación, todavía sorprendida por el resultado.

    El mejor blend de Argentina nació en la Patagonia

    La premisa del concurso era clara: la base de té debía ser argentina y los ingredientes, del lugar de origen del elaborador. Burgos cumplió con creces: su blend evoca la ruta 40, los lagos y los paisajes serranos de la cordillera neuquina. Como parte del premio, también vivió una experiencia única: cosechar y secar su propio té por primera vez en una plantación.

    El emprendimiento «Amar Té» nació durante la pandemia de COVID-19, cuando la cuarentena le dio tiempo para canalizar su vocación como tea designer, formación que había adquirido años antes en Rosario. «Quería llevar sabor y aromas en medio de la incertidumbre», recordó. Hoy su línea incluye blends inspirados en paisajes regionales e incluso en personalidades, como «Metejón de un día», dedicado a Carlos Gardel.

    El Centro PyME-ADENEU acompañó el crecimiento del proyecto: la ayudó a habilitar su propio establecimiento con certificación nacional y la sumó a la feria itinerante «Tienda de Sabores», que la llevó por casi toda la provincia. Actualmente sus productos llegan a Necochea, Bariloche, Villa La Angostura, Caviahue y Neuquén capital, entre otros destinos. Su próxima parada será «Caminos y Sabores», en Buenos Aires, del 9 al 12 de julio.

     

     

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  • Murió Julio La Sala, referente de la UNCo y defensor de la universidad pública en la Patagonia

    Murió Julio La Sala, referente de la UNCo y defensor de la universidad pública en la Patagonia

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    El sociólogo y profesor de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad del Comahue, Julio La Sala, falleció a los 82 años, dejando un hondo pesar en toda la comunidad educativa de la Patagonia, donde tuvo una destacada actuación en varios ámbitos.

    Dolor en la comunidad educativa por la muerte de Julio La Sala


    La Sala, nacido el 5 de septiembre de 1943, fue una figura clave en el ámbito académico y de gestión de la UNCo: fue profesor titular de Sociología, decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (Fadecs) en Roca y también se desempeñó como vicerrector de la universidad entre 1998 y 2002 durante la gestión de Jorge Rabassa.

    En otro ámbito académico, fue uno de los promotores de la sede regional de la Universidad de Belgrano.

    La Sala estudió Sociología en la UBA en la década de los 70. Por aquellos años, estudiar Sociología era excéntrico. De las ciencias sociales, el trabajo social era lo más conocido y se lo denominaba: Asistencia Social. El Golpe militar de 1973 en Chile le frustró una posibilidad de estudiar un posgrado en el país trasandino.

    En cuanto se recibió, La Sala se instaló en Roca y fue un comprometido partícipe en las luchas locales, que le permitieron a Roca que se instalara en 1973 una sede de la Universidad del Comahue y la implementación del Ciclo Básico, donde Julio fue profesor de Introducción a las Ciencias Sociales y de Teoría e Interpretación de la Historia.

    Entre sus actuaciones más destacadas figuran el impulso para la creación de la carrera de sociología en la Fadecs, la culminación de la obra del nuevo edificio de su biblioteca Ernesto Sábato durante su decanato y el armado del “Bosque de la Memoria” en el predio de la facultad, donde varios árboles recuerdan a desaparecidos de la región durante la última dictadura militar, reflejo de su activo compromiso con los derechos humanos en la región.

    La imagen que más recuerdan quienes conocieron a Julio La Sala es con un libro (o varios) en sus manos. Siempre estaba leyendo; le gustaba hacerlo en algún bar. De hecho, fue dueño por un tiempo del Viejo Molino cuando volvió de España. Combinaba su pasión por los libros con el fanatismo por el fútbol, en especial por su querido Deportivo Roca.

    Muy querido en el Alto Valle rionegrino, fue un referente en la metodología de las ciencias sociales, donde destacaron sus cátedras sobre la Escuela de Frankfurt y, en especial, el filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas, referente mundial en teoría crítica, democracia deliberativa y espacio público, fallecido recientemente.

    Profesor carismático, nunca le escapó al debate y la polémica, lo que generó pasiones encontradas, nunca indiferencia. Su entusiasmo y didáctica para explicar temas complejos a los estudiantes conseguía que sus clases tuvieran siempre aulas llenas. También fue un activo defensor de la universidad pública y gratuita. Ofició como padrino de la radio universitaria Antena Libre en sus momentos iniciales y en situaciones difíciles.


  • Descubren en la Patagonia una nueva especie de dinosaurio carnívoro que vivió poco antes de la extinción

    Descubren en la Patagonia una nueva especie de dinosaurio carnívoro que vivió poco antes de la extinción

    Un equipo de científicos argentinos y japoneses descubrió una nueva especie de dinosaurio carnívoro que habitó el extremo sur de la Patagonia hace aproximadamente 70 millones de años, pocos millones de años antes de la extinción masiva que puso fin a la era de los dinosaurios. El hallazgo se produjo en la provincia de Santa Cruz y fue dado a conocer a través de una publicación en la revista científica Journal of Vertebrate Paleontology.

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    La nueva especie fue bautizada como Kank australis y pertenece al grupo de los unenlágidos, dinosaurios estrechamente emparentados con los velociraptores y considerados cercanos al origen de las aves modernas. Sus restos fueron encontrados en sedimentos de la Formación Chorrillo, cerca de la localidad de El Calafate.

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    El nombre elegido para la especie combina referencias al territorio y a la cultura de los pueblos originarios de la región. “Kank” alude al “ñandú anciano” de la mitología Aonikenk, que según la tradición dejó su huella en el cielo formando la constelación Choiols, conocida como la Cruz del Sur. En tanto, “australis” significa “del sur” en latín.

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    Un hallazgo que amplía el mapa de los raptores patagónicos

    Los unenlágidos son dinosaurios exclusivos del hemisferio sur y hasta ahora la mayoría de las especies conocidas habían sido halladas en el norte de la Patagonia. Por ese motivo, el descubrimiento de Kank australis resulta especialmente relevante para los investigadores.

    Según explicaron los científicos, el hallazgo permite completar un vacío geográfico importante y aporta nuevas evidencias sobre la distribución de estos animales en el sur de Sudamérica, además de reforzar las conexiones evolutivas con especies emparentadas halladas en la Antártida.

    Los restos fueron recuperados durante varias campañas paleontológicas realizadas desde 2018. Una de las piezas más significativas fue una vértebra ubicada en la base del cuello, encontrada poco antes de que una intensa tormenta de nieve obligara a suspender una de las expediciones.

    Los investigadores relataron que inicialmente no pudieron identificar con precisión a qué animal pertenecía el fósil, ya que permanecía parcialmente incrustado en la roca. Sin embargo, una vez completada la extracción y limpieza del material, confirmaron que se trataba de un raptor.

    Cómo era el Kank australis

    Aunque los restos hallados son fragmentarios, incluyen vértebras, dientes y huesos del pie que presentan características anatómicas únicas, suficientes para identificar una nueva especie.

    Los especialistas estiman que el dinosaurio medía alrededor de dos metros de longitud y tenía un tamaño similar al de un ñandú actual. Sin embargo, algunas de sus características sugieren un comportamiento diferente al de los velociraptores más conocidos.

    Los dientes poseen pequeñas crestas que habrían sido útiles para sujetar presas resbaladizas, como peces. Además, la estructura de las vértebras del cuello muestra adaptaciones relacionadas con músculos y vasos sanguíneos similares a las observadas en aves pescadoras modernas, como las garzas.

    Esta evidencia llevó a los investigadores a plantear que Kank australis podría haber sido un cazador especializado en ambientes acuáticos, alejándose de la imagen tradicional de los raptores ágiles y exclusivamente terrestres que suele asociarse a sus parientes del hemisferio norte.

    Una Patagonia muy distinta a la actual

    Cuando este dinosaurio habitó la región, el paisaje patagónico era completamente diferente al actual. La cordillera de los Andes todavía no se había formado y la zona estaba dominada por extensos sistemas de ríos, lagunas y abundante vegetación.

    En los mismos niveles geológicos donde aparecieron los restos del Kank también se encontraron fósiles de peces, ranas, tortugas, serpientes, mamíferos y otros dinosaurios. Entre ellos se destacan el gigantesco depredador Maip macrothorax y el saurópodo de cuello largo Nullotitan glaciaris.

    Los científicos consideran que estos hallazgos permiten reconstruir con mayor precisión un ecosistema rico y diverso que prosperó en el extremo sur de la Patagonia durante los últimos millones de años del período Cretácico.

    Las investigaciones forman parte de un trabajo conjunto desarrollado desde 2018 por especialistas, becarios y técnicos del CONICET y del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”, la Fundación Félix de Azara y el Museo Nacional de Ciencia y Naturaleza de Tsukuba, en Japón.

  • María Martha Paz: los libros, la Patagonia y el oficio de construir comunidad desde el sur.

    María Martha Paz: los libros, la Patagonia y el oficio de construir comunidad desde el sur.

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    En el living de María Martha Paz hay un faro enorme construido con piezas de microondas y una luz de heladera. No es un objeto decorativo: es una metáfora. Porque algo de eso atraviesa toda su obra. La idea de iluminar, de guiar, de tender redes. Los libros, las escuelas, las ferias patagónicas, los viajes, los talleres y las historias aparecen unidos en una misma trama: escribir desde el sur y hacer comunidad alrededor de la literatura.

    Antes de publicar, María Martha escribió durante años en silencio. Mucho antes de pensar en editoriales o ferias, hubo una maestra de primaria, un ejercicio escolar y una niña fascinada por las palabras.

    Caro: ¿Cómo empezaste a escribir?

    María Martha: Mi amor por la escritura… bueno, primero la lectura, siempre. Antes que escritora, lectora. En quinto grado tuve una maestra que nos dio una tarea: escribir sobre algo que volara. Y yo escribí sobre la imaginación. La personifiqué. Y eso gustó mucho. La maestra lo puso en cartelera y a mí me quedó eso.

    Los libros estaban en su vida incluso antes de convertirse en literatura.

    María Martha: Mi papá era vendedor de libros. En casa siempre hubo libros. Enciclopedias, libros comerciales, de todo. Y mi maestra de sala de cuatro me regaló Cascanueces. Siempre tuve una relación de amor con el objeto libro. Me gusta mucho el objeto.

    Su llegada a San Martín de los Andes también fue decisiva. Ahí aparecieron los talleres, el vínculo con Christine Clark y los primeros pasos más públicos de una escritura que hasta entonces había sido íntima.

    María Martha: No mostré mucho hasta que llegué acá. Mi vecina era Christine Clark, que estaba empezando La Voz de los Andes. Me dijo que buscaba gente y ahí empecé. Después hice talleres en Buenos Aires y sigo haciendo todo lo que puedo encajar virtualmente.

    La conversación deriva naturalmente hacia Cíclope del mar su primera novela publicada. Y entonces aparece una de esas historias improbables que parecen escritas por la propia literatura.

    Todo empezó en una muestra de faros en el Teatro San José. María Martha había llegado hacía poco a San Martín y recorría cada actividad cultural con sus hijos pequeños.

    María Martha: Había una maqueta gigante con lucecitas donde estaban los faros. Mi hija, que tenía cuatro años, me dijo: ‘Ay mamá, están todos en el agua’. Y ahí me quedó picando la idea de recorrer los faros de la Patagonia.

    De esa imagen nació una novela. Un hombre que viaja de faro en faro mientras la vida le va dejando distintas marcas: muertes, amores, pérdidas, encuentros.
    Años después, la historia volvió de una manera inesperada.

    María Martha: Un amigo me llama y me dice que había un hombre que se estaba mudando y tenía un faro para regalarme. Me pregunta si lo quiero y le digo que sí, imaginándome uno pequeño, apenas un adorno. Pero cuando finalmente llega, descubro que era enorme: debía medir entre cincuenta y sesenta centímetros. Cuando hablo con el hombre, me cuenta que ese faro había estado en una exposición en el Teatro San José. Era el mismo faro que yo había visto cuando empezó todo.

    María Martha: Hasta que uno se anima a publicar, ese paso da miedo. Aunque no sea autobiográfico, uno siempre está ahí, en el relato.

    La Patagonia aparece constantemente en su obra, aunque no de la manera más obvia.

    Caro: ¿Cómo influye San Martín y la Patagonia en tu manera de escribir?

    María Martha: Todo influye. Hay que escribir desde acá. Aunque también está el mito de que si vivís en la Patagonia tenés que escribir solamente sobre el viento y los cardones. Cuando publiqué Cíclope del mar me dijeron: «Pero mar no hay en Neuquén». Bueno… pero es lo que yo quiero escribir. Creo que San Martín es un pueblo a escala humana. Acá alguien quiere hacer radio, escribir o dar clases y siempre aparece alguien que te dice: «Sí, dale, venite». Eso en una ciudad grande sería mucho más difícil.

    Maite: ¿Y Buenos Aires aparece en tus relatos?

    María Martha: Sí, yo no me puedo desprender de Buenos Aires. Yo escribo desde acá, pero Buenos Aires está. Extraño los cafecitos, amo a mis amigas… Siempre digo que si no existiera internet, ya me habría vuelto hace veinte años.

    La idea de comunidad atraviesa toda la entrevista. Las ferias, las editoriales independientes, las redes entre escritores patagónicos, las presentaciones en escuelas rurales, los viajes compartidos. María Martha habla de las ferias como otros hablan de las reuniones familiares.

    María Martha: En 2017 fuimos con Jeremías Vergara y Daniel Tórtora a un encuentro de literatura e historia en Temuco, en la Universidad de Los Lagos. Ahí conocimos mucha gente y seguimos en contacto. Me invitan seguido. Tengo amigos en Puerto Montt y voy bastante. O si me dicen: «Hay una feria en Calamuchita» y yo ya estoy viendo cómo ir.

    Maite: Estás trabajando en nuevos proyectos?

    María Martha: Sí, ahora estoy como con tres. Estoy esperando las vacaciones de julio para poder poner la cabeza ahí de lleno. Uno es una novela, que se llama Largo de las mujeres. El otro es un ensayo, una investigación sobre la Noche de San Juan en Chiloé. Y el otro es un libro sobre San Martín para chicos.

    Maite: ¿Cómo es tu proceso creativo? Digamos, cuando no es que te venga de afuera la propuesta, sino que vos empezás a escribir… ¿tenés una imagen, una sensación, un sueño?

    María Martha: Sí, una imagen, palabras o una historia. Como una puntita y después… Es como la punta de un ovillo. Porque uno tiene una idea y va estirando, estirando, estirando… y surge un mundo, ¿no? Y es largo y caótico. Reviso y reviso. De hecho, mi próxima novela hace cuatro o cinco años que la estoy trabajando. Le doy vuelta y le doy vuelta. Ahora recién me está empezando a convencer. Hasta ahora estaba la idea, pero faltaba algo.

    También recuerda el trabajo colectivo que permitió que la Patagonia tuviera presencia en la Feria del Libro de Buenos Aires.

    María Martha: Durante muchísimo tiempo Neuquén y varias provincias patagónicas no estaban representadas. Entonces armamos una carta entre editoriales y escritores para pedir que existiera un espacio patagónico. Después las provincias empezaron a asociarse y a poner plata entre todas. Mucha gente no sabe todo lo que hubo detrás de eso.

    Lejos de cualquier romanticismo ingenuo, también habla de las dificultades concretas de publicar desde el interior.

    María Martha: Yo quería que los libros estuvieran ilustrados, diseñados e impresos acá. Pero imprimir acá sale el doble. Entonces sostener eso es muy difícil.

    Pero la literatura no parece separarse nunca de la construcción de redes.

    María Martha: La idea siempre fue movernos entre todos. Yo voy a otros lugares y me reciben, y si una escritora viene acá yo quiero poder hacer lo mismo. Generar red.

    Caro: También participaste del libro Relatos de Malvinas ¿Hay algo del libro que quisieras contar?

    María Martha: fue un proyecto que me atravesó muchísimo. Malvinas a mí me marcó mucho porque yo estaba en quinto grado durante la guerra. Hacíamos simulacros en la escuela, escribíamos cartas a los soldados. Y yo tomé la comunión al día siguiente del hundimiento del Belgrano. Entonces era un tema muy fuerte para mí. Y me encanta también cuando los proyectos son colectivos.

    Maite: Queríamos preguntarte si tenés algunos autores, libros o experiencias que hayan marcado tu formación como lectora y escritora.

    María Martha: Sí. Seda, por ejemplo. Amo a Alessandro Baricco. Seda me parece una cosa hermosa. También Océano mar. Ahora estoy muy enganchada con Leila Guerriero. Estuve hace poco en Buenos Aires, en la inauguración de la Feria, y no había ido nunca. Me encantó.
    Y otra autora que estoy leyendo mucho ahora es María José Ferrada. Ella fue la única candidata latinoamericana al Premio Andersen. Me encanta cómo escribe.

    Caro: Y por último, ¿algún secreto que nos quieras contar?

    María Martha: No hay secretos. El secreto es leer. Yo leo muchísimo. Todos los días. Generalmente varias cosas a la vez: poesía, ensayo, novelas. Tal vez ese sea el secreto para seguir escribiendo.

    Después sonríe y dice algo que resume toda la conversación.

    María Martha: Mi camino hoy es acompañar los libros por donde vayan.


    El Instagram de María Martha Paz es @mmpazsma

    En la segunda parte de la entrevista con María Martha Paz, que compartiremos el próximo viernes, la literatura infantil y juvenil se convierte en una puerta para hablar de emociones, separaciones, escuela, escucha y salud mental.

    La autora reflexiona sobre los prejuicios que todavía existen alrededor de la LIJ (Literatura Infantil y Juvenil) y sobre la necesidad de generar espacios reales donde las infancias puedan sentirse vistas y escuchadas.

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