Los precios internacionales del petróleo finalizaron este viernes con fuertes movimientos alcistas y elevada volatilidad, impulsados por la incertidumbre en torno a las negociaciones entre Estados Unidos e Irán y el temor del mercado a un eventual agravamiento del conflicto geopolítico en Medio Oriente.
El crudo Brent, referencia internacional utilizada en gran parte de Europa y América Latina, cerró la jornada en torno a los 105,60 dólares por barril, con una suba cercana al 3% respecto de la rueda anterior.
Por su parte, el WTI (West Texas Intermediate), principal referencia del mercado estadounidense, terminó la sesión en 96,74 dólares el barril, registrando un avance diario del 0,84%.
Los operadores siguieron de cerca las señales provenientes de Washington y Teherán sobre las negociaciones diplomáticas, en medio de dudas respecto de un posible acuerdo que permita reducir las tensiones regionales y garantizar estabilidad en la oferta global de crudo.
El mercado petrolero reaccionó con preocupación ante la posibilidad de interrupciones en el suministro energético internacional, especialmente por el peso estratégico que tiene Medio Oriente en la producción y exportación mundial de hidrocarburos.
Impacto global y presión sobre los combustibles
La suba del petróleo vuelve a instalar interrogantes sobre el comportamiento de la inflación global y el costo de la energía en distintos países, especialmente en economías importadoras de combustibles.
En el caso argentino, un escenario sostenido de precios altos del barril puede tener efectos mixtos. Por un lado, mejora las perspectivas de exportación y generación de divisas para el sector hidrocarburífero, particularmente para el desarrollo de Vaca Muerta. Pero, al mismo tiempo, también incrementa las presiones sobre el precio interno de los combustibles y los costos logísticos.
La evolución del Brent es especialmente seguida por las petroleras que operan en Argentina, ya que funciona como referencia para la determinación de precios internacionales y para la rentabilidad de proyectos de exportación de petróleo y gas.
En las últimas semanas, el mercado energético mostró una alta sensibilidad frente a factores geopolíticos, recortes de producción de países exportadores y señales sobre la evolución de la demanda global, en un contexto de desaceleración económica en algunas regiones y crecimiento sostenido del consumo energético en Asia.
Los analistas consideran que la volatilidad podría continuar en las próximas jornadas mientras persistan las dudas sobre la situación en Medio Oriente y la estabilidad del abastecimiento global de crudo.
El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, declaró el viernes que las negociaciones de paz entre Irán y Estados Unidos no están cerca de un acuerdo.
Irán dijo que las negociaciones con Estados Unidos siguen lejos de un acuerdo definitivo
“El proceso (diplomático) en curso y la presencia de altos funcionarios pakistaníes en Teherán no significan que hayamos llegado a un punto de inflexión o a una situación decisiva”, dijo Baghaei a la televisión estatal IRIB.
“No podemos decir que hayamos llegado a un punto en el que un acuerdo esté cerca; no necesariamente, ese no es el caso”, afirmó, señalando que las diferencias entre Irán y Estados Unidos son profundas y numerosas, y que la diplomacia requiere tiempo.
Baghaei enfatizó que las conversaciones tienen como objetivo poner fin a las hostilidades en todos los frentes, incluido el Líbano, y agregó que el programa nuclear iraní no está en la agenda en esta etapa, según informó Xinhua.
La situación del estrecho de Ormuz y los ataques estadounidenses contra buques vinculados a Irán también deben revisarse y discutirse, dijo. El viernes, Al Arabiya, citando fuentes informadas, informó que un posible acuerdo de paz entre Irán y Estados Unidos incluiría nueve cláusulas.
El borrador incluye un alto el fuego inmediato, integral e incondicional en todos los frentes, garantías contra ataques a infraestructura militar, civil o económica, cese de operaciones militares y el fin de la guerra mediática, según Al Arabiya.
El borrador también estipula el respeto a la soberanía e integridad territorial, la no injerencia en los asuntos internos, la libertad de navegación en el Golfo Pérsico, el Estrecho de Ormuz y el Golfo de Omán, y el establecimiento de un mecanismo conjunto de monitoreo y resolución de conflictos, agregó.
El presidente Donald Trump afirmó que su administración está «en las etapas finales» de las conversaciones de paz con Irán y que está dispuesto a esperar unos días para obtener la «respuesta correcta» de Teherán. «Estamos en las etapas finales con Irán. Veremos qué pasa», declaró ante la prensa, en un tono que combina optimismo cauteloso con la amenaza implícita de siempre. «O tendremos un acuerdo o haremos algunas cosas un poco desagradables. Pero esperemos que eso no suceda», agregó. Trump también descartó considerar un «acuerdo limitado» centrado únicamente en la reapertura del estrecho de Ormuz, dejando en claro que Washington busca un entendimiento integral que incluya garantías nucleares, y señaló que mantuvo una conversación «muy buena» con el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, uno de los mediadores clave en el proceso.
Del lado iraní, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Esmaeil Baqaei, confirmó que Teherán recibió una nueva propuesta estadounidense y que la está examinando, en coincidencia con la visita a la capital iraní del ministro del Interior de Pakistán, otro de los países que actúa como intermediario. «Hemos recibido los puntos de vista de la parte estadounidense y actualmente los estamos examinando. La presencia del ministro del Interior de Pakistán tiene como objetivo facilitar el intercambio de mensajes», declaró Baqaei a la televisión estatal. Al mismo tiempo, el funcionario reiteró las condiciones que Teherán mantiene sobre la mesa: la liberación de los activos iraníes congelados en el extranjero y el fin del bloqueo naval estadounidense a los puertos iraníes.
El escenario diplomático que se configuraes el más esperanzador de las últimas semanas, aunque no el primero que genera esa percepción sin derivar en un acuerdo concreto. Trump postergó el martes pasado un ataque militar que estaba programado para ese mismo día, tras el pedido de Qatar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, en una señal de que los países del Golfo consideran que hay margen real para un entendimiento. La participación simultánea de Turquía y Pakistán como mediadores, junto con el respaldo implícito de China —que acordó con Trump en Pekín que Irán no puede tener armas nucleares—, configura una arquitectura diplomática sin precedentes alrededor de un conflicto que lleva casi tres meses causando estragos en la economía global.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a generar fuerte repercusión internacional tras asegurar que el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, “hará lo que yo quiera” en relación con la política hacia Irán.
En declaraciones recientes, Trump afirmó que mantiene una relación de cercanía con el líder israelí y lo describió como “un buen tipo”, aunque remarcó que existe una coordinación directa en decisiones vinculadas al conflicto en Medio Oriente.
Las frases del mandatario se producen en un contexto de alta tensión geopolítica en la región, donde las negociaciones sobre Irán y el rol de las principales potencias mantienen un escenario de incertidumbre diplomática.
Trump también sostuvo que no tiene “ninguna prisa” por alcanzar un acuerdo con Irán y volvió a referirse a la estrategia de Estados Unidos en la zona, en medio de discusiones internacionales sobre posibles acuerdos y frenos a la escalada del conflicto.
El expresidente estadounidense insistió en que su prioridad es reducir las consecuencias humanas del conflicto, aunque sus declaraciones volvieron a generar controversia por el tono y la forma en que se refirió a las decisiones políticas y militares en la región.
En paralelo, distintos actores internacionales continúan interviniendo en las negociaciones vinculadas a la estabilidad en Medio Oriente, mientras se mantienen abiertas conversaciones diplomáticas entre países del Golfo Pérsico y otras potencias involucradas.
El escenario general sigue marcado por la tensión entre Estados Unidos, Israel e Irán, con movimientos políticos y diplomáticos que podrían redefinir el equilibrio regional en el corto plazo.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, hará “lo que yo quiera que haga” con respecto a Irán Trump habló con Netanyahu durante una hora el día anterior para tratar el tema de Irán, según informaron las cadenas CNN y CBS News y supo la Agencia Noticias Argentinas.
Cuando los periodistas le preguntaron en la Base Conjunta Andrews qué le había dicho a Netanyahu sobre Irán y la decisión de no lanzar posibles ataques, Trump respondió: “Está bien, hará lo que yo quiera que haga”. “Es un hombre muy, muy bueno. Hará lo que yo le pida. Y es un tipo estupendo”, dijo el mandatario estadounidense.
El presidente norteamericano también dijo que no tiene “ninguna prisa” por llegar a un acuerdo con Irán para poner fin al conflicto. Ya saben, todo el mundo dice: ‘Oh, las elecciones de mitad de mandato, tengo prisa’. Yo no tengo prisa”, dijo Trump.
“Simplemente, idealmente, me gustaría que muriera poca gente en lugar de mucha. Podríamos hacerlo de cualquier manera, pero me gustaría que muriera poca gente”, aseveró.
El presidente Donald Trump anunció que decidió posponer un ataque militar contra Irán que estaba programado para hoy, tras recibir pedidos directos de los líderes de Qatar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, quienes le solicitaron dar más tiempo a las negociaciones en curso. «Basándome en mi respeto a los líderes mencionados, he instruido al secretario de Guerra, Pete Hegseth, al jefe del Estado Mayor Conjunto, general Daniel Caine, y a las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, que no llevaremos a cabo el ataque programado contra Irán mañana», escribió en Truth Social. Trump precisó que el emir de Qatar, Tamim bin Hamad Al Thani, el príncipe heredero saudita, Mohammed bin Salman, y el presidente emiratí, Mohamed bin Zayed, consideran que «se están llevando a cabo negociaciones serias» y que se alcanzará un acuerdo «muy aceptable» para Washington y para los países de la región.
La postergación no implica un abandono de la opción militar. Trump fue explícito: si el acuerdo no resulta beneficioso para Estados Unidos —y subrayó que deberá incluir «la prohibición de armas nucleares para Irán»— se ejecutará «un ataque a gran escala». El mandatario ordenó además que las fuerzas armadas se mantengan en estado de alerta y listas para actuar en cualquier momento. La revelación de que el ataque estaba programado para el martes confirma que el conflicto estuvo más cerca de reanudarse de lo que se sabía públicamente, y que fueron las capitales del Golfo —no la diplomacia directa con Teherán— las que lograron frenar la ofensiva en el último momento.
La intervención de Qatar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos como mediadores de emergencia añade una dimensión inédita al conflicto: tres aliados regionales clave de Washington ejercieron presión simultánea sobre Trump para evitar una escalada que consideran devastadora para la estabilidad de toda la región. El movimiento revela también la profundidad del malestar entre los socios del Golfo ante la perspectiva de una nueva ronda de combates, cuyas consecuencias económicas y de seguridad los afectan directamente. Con el ataque postergado pero no descartado, las próximas horas serán determinantes: Teherán deberá decidir si la ventana diplomática que acaba de abrirse es suficiente para hacer las concesiones que Washington exige desde el inicio del conflicto.
El cierre del Estrecho de Ormuz convirtió una guerra regional en un shock energético global. Lo que comenzó como una ofensiva militar contra Irán terminó golpeando una de las rutas más sensibles del comercio mundial de petróleo y gas.
Los daños sobre instalaciones en Ras Laffan (Catar) alteraron una parte importante de la capacidad de exportación de GNL. Los ataques dañaron dos de los catorce trenes de licuefacción del país y una de sus dos instalaciones de gas-to-liquids. Como resultado, una parte importante de la capacidad exportadora quedó fuera de servicio por un período estimado de entre tres y cinco años. Además, se vieron afectados contratos de largo plazo destinados, entre otros mercados, a Italia, Bélgica, Corea del Sur y China. Y también se pierde parte de la capacidad futura que esperaba incorporar a partir de la expansión de North Field.
Entre Ras Laffan y la planta de Das Island, en Emiratos Árabes Unidos, las exportaciones de GNL equivalían en 2025 a alrededor del 20% del suministro mundial. Así, el conflicto generó un shock energético múltiple: afectó el tránsito marítimo en uno de los principales chokepoints del mundo y comprometió infraestructura actual y futura de producción y exportación.
Asia es como la región más expuesta en términos de volumen: China, el noreste asiático y el sur de Asia concentran la mayor parte de las importaciones de GNL provenientes del Golfo. Dentro de ese conjunto, el sur de Asia (India, Pakistán y Bangladesh) muestra los niveles más altos de dependencia relativa, mientras que China aparece como uno de los principales afectados en términos absolutos.
Europa tiene una exposición directa menor al GNL del Golfo, pero no queda al margen. La pérdida de oferta encarece el mercado global y aumenta la competencia con Asia por cargamentos alternativos.
Esta situación no sólo afecta a los compradores extrarregionales, sino también a algunos países del propio Golfo que importan GNL, como Kuwait, Bahréin y Emiratos Árabes Unidos. El cierre de Ormuz, entonces, no interrumpe solamente las exportaciones hacia Asia y Europa: también complica el abastecimiento dentro del propio Golfo.
La crisis, además, no se limita al gas. El mercado energético global enfrenta un impacto simultáneo sobre petróleo crudo, productos refinados y derivados del gas, como GLP, fertilizantes y helio. Esa simultaneidad agrava el impacto económico, porque reduce la capacidad de sustitución entre combustibles y encarece varias cadenas productivas al mismo tiempo. Veamos cómo impacta esta crisis en China, India y Europa.
China: expuesta, pero con capacidad de reacción
China es uno de los actores más expuestos al shock energético derivado de la crisis en el Golfo, aunque no necesariamente el más vulnerable en términos sistémicos. Los segmentos más sensibles son la refinación, la petroquímica y ciertas ramas industriales. Y si bien cerca de la mitad de las importaciones chinas de petróleo en 2025 dependieron de la región, cuando se incorpora la producción doméstica de crudo, la participación regional dentro de las necesidades totales se reduce, lo que matiza parcialmente el grado de dependencia.
India es el gran afectado: tercer mayor importador mundial de petróleo crudo, el cuarto de GNL y el segundo consumidor de GLP, su exposición se explica por la fuerte concentración geográfica de esos suministros en Medio Oriente. En gas, cubre cerca del 50% de su demanda mediante importaciones de GNL, de las cuales Catar aporta cerca de la mitad. La dependencia es aún mayor en GLP: importa más del 60% de sus necesidades, y más del 90% de esas compras provienen de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Catar. Frente a este escenario, el gobierno indio ya comenzó a intervenir a través de un esquema de priorización (residencial, transporte y fertilizantes).
Europa enfrenta el desafío en GNL por la capacidad de asegurar volúmenes suficientes durante el verano boreal para llegar al invierno con niveles adecuados de stock. Y su vulnerabilidad aparece en los derivados de petróleo (diésel y jet fuel). Si la competencia con Asia por esos cargamentos se intensifica, no puede descartarse el racionamiento en sectores como el transporte y la aviación.
¿Estados Unidos busca debilitar a China?
A la luz de los acontecimientos recientes, es posible interpretar que parte de la estrategia estadounidense en Medio Oriente y Venezuela se inscribe en una lógica más amplia de competencia geopolítica por el control de recursos, rutas y mercados energéticos. La National Security Strategy 2025 ubica a la energía como un instrumento central del poder nacional y plantea explícitamente como objetivo impedir que una potencia adversaria domine Medio Oriente, sus suministros de petróleo y gas y los principales chokepoints del sistema energético global.
En este marco, una lectura posible es que la presión sobre Irán y Venezuela (ambos con formidables reservas hidrocarburíferas) también produzca un efecto colateral favorable para Washington: encarecer o dificultar parte del abastecimiento energético chino, dado el peso que Beijing tiene como destino de las exportaciones de estos países.
Por ello, un cambio brusco en la capacidad exportadora de estos países, o una mayor presión estadounidense sobre ese comercio, podría elevar costos, tensar el abastecimiento de ciertos segmentos en China e impactar en un punto sensible de su seguridad energética, incluso promoviendo la compra de GNL estadounidense, crudo o GLP.
Argentina: ¿oportunidad estratégica o riesgo inmediato?
La crisis abre simultáneamente una ventana de oportunidad y un conjunto de riesgos. Por un lado, una interrupción prolongada de la oferta proveniente del Golfo podría fortalecer la búsqueda de proveedores alternativos de crudo y, a más largo plazo, de GNL.
En ese escenario, Argentina podría mejorar sus perspectivas de inserción externa si lograra acelerar proyectos de expansión en Vaca Muerta y desarrollar con rapidez la infraestructura necesaria para exportar mayores volúmenes. Sin embargo, esa oportunidad no es inmediata: en gas, la capacidad de reacción sigue condicionada por la falta de obras de transporte, procesamiento y licuefacción, que requieren inversiones de gran escala y varios años de ejecución.
Sin embargo, el escenario global también tiene efectos negativos sobre la economía doméstica. El alza del precio internacional del petróleo ya comenzó a trasladarse a costos internos y a presionar sobre la inflación mayorista. En el caso de los combustibles, las subas de marzo fueron por encima del 18%, mientras que el Gobierno buscó amortiguar parte del impacto habilitando un mayor corte de bioetanol en las naftas, al tiempo que la propia industria logró consensuar un mecanismo de buffer por 45 días a efectos de mantener en un rango bajo las fluctuaciones de precio de naftas y gasoil. Sin embargo, ese mecanismo se reveló incapaz de evitar mayores aumentos una vez verificada la “no transitoriedad” del conflicto en Medio Oriente.
* Juan José Carbajales – Doctor en Derecho (UBA), titular de la consultora Paspartú y Subsecretario de Hidrocarburos de la Nación (2019-2020).
** Nicolás Barcos – Politólogo (UBA), Maestría en Energía (UBA) y Maestría en Estudios de China Contemporánea (RUC).
El Ejército israelí entró en estado de alerta total a la espera de una definición de Donald Trump, quien daría por fracasadas las negociaciones con Teherán.
BUENOS AIRES (NA) — El fantasma de una reactivación del conflicto bélico total en Medio Oriente cobró fuerza este domingo tras revelarse que Israel y Estados Unidos se preparan intensamente para reanudar las hostilidades contra Irán.
El ejército israelí se declaró en estado de máxima alerta operativa ante la inminencia de nuevos ataques, condicionados a una decisión final del presidente estadounidense, Donald Trump, quien, según fuentes gubernamentales citadas por el diario hebreo Yedioth Ahronoth, considera que Teherán no cederá a sus exigencias para alcanzar una paz duradera.
La parálisis en los canales diplomáticos y el endurecimiento de las posturas reactivaron las maquinarias de guerra en Occidente. De acuerdo con información publicada por The New York Times, el Pentágono ya diseña los planes de contingencia para retomar las operaciones militares directas, argumentando que los objetivos estratégicos de Washington no fueron alcanzados, especialmente en lo relativo al desmantelamiento de la infraestructura nuclear de la República Islámica.
Este escenario se produce a solo días de que Estados Unidos y Baréin impulsaran una polémica resolución en la ONU para quebrar el cerco iraní en el estratégico estrecho de Ormuz.
La reacción de Teherán ante las advertencias de la Casa Blanca no se hizo esperar. El portavoz de las Fuerzas Armadas iraníes, el general de brigada Abolfazl Shekarchi, advirtió hoy que cualquier nueva incursión armada en su territorio desencadenará una respuesta “más contundente, severa y devastadora”, que incluirá tácticas de represalia “sorpresivas” en toda la región.
Con el pacto de cese al fuego virtualmente herido de muerte y las tropas norteamericanas e israelíes desplegadas en posiciones de ataque, la comunidad internacional observa con alarma el colapso definitivo de la tregua iniciada el pasado mes de febrero.
En un contexto de máxima tensión internacional, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó una dura advertencia contra Irán, asegurando que «no quedará nada» del país persa si sus autoridades no acceden a firmar un acuerdo de paz que ponga fin a la guerra.
El conflicto entre Washington y Teherán, que estalló formalmente el pasado 28 de febrero, atraviesa un momento crítico debido al estancamiento de las vías diplomáticas.
A través de su red social Truth Social, el mandatario estadounidense presionó las negociaciones para conseguir un acuerdo: «Para Irán, el tiempo apremia, y más les vale moverse, RÁPIDO, o no quedará nada de ellos».
Trump culminó el ultimátum a través de un mensaje en letras mayúsculas: «¡EL TIEMPO ES ESENCIAL!».
La exigencia iraní por el acuerdo de paz
Uno de los puntos más álgidos de la contienda es el control de las rutas comerciales. Como medida de fuerza en medio del conflicto, Irán mantiene bloqueado el paso de embarcaciones por el estratégico estrecho de Ormuz.
La magnitud de este bloqueo tiene consecuencias directas e inmediatas a nivel mundial, ya que por esa vía marítima transitaba cerca del 20% del petróleo consumido en todo el planeta antes de que se desatara el enfrentamiento armado.
A esto, se suma que la guerra entre Estados Unidos e Irán arrastró inevitablemente a otros actores de la región, por lo que se encendieron las alarmas también en las fronteras entre Israel y el Líbano.
Para destrabar las negociaciones y firmar un eventual acuerdo con la administración Trump, Teherán —que funciona como el principal soporte geopolítico y financiero de la milicia Hezbolá— exige como condición innegociable que se garantice un alto el fuego duradero en el territorio libanés.
Sin embargo, la violencia en esa frontera está lejos de cesar. A pesar de que Israel y el Líbano habían acordado recientemente prorrogar una tregua, un oficial militar israelí denunció que Hezbolá lanzó alrededor de 200 proyectiles contra su territorio y sus tropas durante el último fin de semana, sumando un nuevo y complejo obstáculo para la pacificación de Medio Oriente.
El riesgo de una reanudación del conflicto bélico total en Medio Oriente alcanzó su punto más crítico desde el inicio del alto el fuego. El ejército israelí se declaró en estado de máxima alerta operativa a la espera de una decisión final del presidente Donald Trump, quien según fuentes gubernamentales citadas por el diario hebreo Yedioth Ahronoth considera que Teherán no cederá a sus exigencias para alcanzar una paz duradera. En paralelo, The New York Times informó que el Pentágono ya diseña planes de contingencia para retomar las operaciones militares directas contra Irán, argumentando que los objetivos estratégicos de Washington no fueron alcanzados, en particular el desmantelamiento de la infraestructura nuclear iraní. La parálisis diplomática y el endurecimiento de ambas posturas reactivaron las maquinarias de guerra en un escenario que la comunidad internacional observa con alarma creciente.
Teherán respondió con una advertencia de máxima dureza. El portavoz de las Fuerzas Armadas iraníes, el general de brigada Abolfazl Shekarchi, afirmó que cualquier nueva incursión armada en su territorio desencadenará una respuesta «más contundente, severa y devastadora» que las anteriores, con tácticas de represalia «sorpresivas» en toda la región. La declaración iraní se produce en un contexto en que Estados Unidos y Baréin impulsaron en la ONU una polémica resolución para quebrar el cerco iraní en el estrecho de Ormuz, movimiento que Teherán interpretó como una provocación directa y una señal de que Washington ha descartado definitivamente la vía diplomática.
El cuadro que se configura es el más peligroso desde el inicio del conflicto en febrero: el alto el fuego está, en palabras del propio Trump, «en cuidados intensivos»; las negociaciones fracasaron tras el rechazo iraní de la propuesta de 14 puntos; Israel tiene los objetivos marcados y espera únicamente la luz verde de Washington; y el Pentágono tiene listos los planes de ataque. A ese escenario se suma el acuerdo alcanzado en Pekín entre Trump y Xi Jinping de que Irán no puede desarrollar armas nucleares, lo que otorga a Washington un respaldo diplomático sin precedentes para justificar una reanudación de las hostilidades. Con tropas estadounidenses e israelíes desplegadas en posiciones de ataque y Teherán prometiendo sorpresas devastadoras, el margen para evitar una nueva escalada se ha reducido a su mínima expresión.