Etiqueta: CONICET

  • Conicet, un sistema opaco y desarticulado que merece renovación

    Conicet, un sistema opaco y desarticulado que merece renovación

    El pasado 28 de mayo, un grupo de investigadores del Conicet se reunió en la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires para hacer algo poco habitual: diagnosticar desde adentro el estado del sistema científico y tecnológico argentino. No reclamaron presupuesto ni empleo público. Plantearon transformaciones profundas.

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    La jornada fue inaugurada por el doctor José M. Bruniard, director del Conicet en representación del sector agropecuario, quien describió las dificultades de operar con un directorio que se niega a avanzar en reformas estructurales. Entre sus propuestas: transparentar los sistemas de evaluación, federalizar los recursos y fortalecer la vinculación entre el sector público y el privado.

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    El doctor Galo Juan Soler Illia caracterizó al sistema científico-tecnológico como fragmentado, desarticulado y desacoplado tanto de la universidad como del mundo productivo. Una ciencia que no encuentra su lugar institucional en el desarrollo estratégico del país.

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    CONICET y la caída argentina en el ranking científico mundial

    Los números son contundentes. Luis Quesada Allue expuso el derrumbe: Argentina pasó de ocupar el puesto 26 en el ranking mundial de ciencia y tecnología durante los años sesenta al puesto 51 en 2023, superada por todos los países de la región a excepción de Bolivia y Paraguay.

    El investigador Sebastián F. Cavalitto abordó la vinculación tecnológica y destacó una mejora en los indicadores de facturación y patentamiento durante el último año, aunque señaló la necesidad de optimizar las herramientas de transferencia al sector productivo.

    En el área de humanidades, el doctor Rubén Pereto Rivas criticó la captura ideológica del aparato científico durante los años del populismo y subrayó que las humanidades constituyen el sustrato cultural sobre el que florece todo otro conocimiento. Héctor Ghiretti, por su parte, analizó la apropiación corporativa y patrimonialista del Estado por parte del peronismo, que derivó en gremialismo combativo, clientelismo académico e implantación de agendas ideológicas en el sistema científico y universitario.

    Constanza Ceruti —recientemente distinguida con el Premio Konex como primera arqueóloga de alta montaña de la historia y descubridora de las momias de Llullaillaco— advirtió sobre las amenazas que el lastre burocrático representa para el espíritu de exploración y la libertad de pensamiento en la práctica científica. Guido Galafassi se refirió a la creciente burocratización y a mecanismos de censura encubiertos en publicaciones científicas nacionales.

    El cierre de la jornada estuvo centrado en la opacidad del sistema de evaluación del Conicet. Los investigadores Luciano Damián Laise y María José Binetti expusieron que las comisiones evaluadoras son designadas a dedo por el directorio, los criterios son difusos o aplicados de manera discrecional, y los dictámenes son confidenciales, lo que impide detectar conflictos de intereses.

    Como soluciones concretas, los participantes propusieron comisiones conformadas por sorteo, criterios de evaluación explícitos, dictámenes de acceso público e incluso el uso de inteligencia artificial para evaluar resultados. También coincidieron en la necesidad de federalizar recursos hoy concentrados en un 65% en la ciudad y provincia de Buenos Aires, y de fortalecer las alianzas con el sector privado productivo para que la investigación se traduzca en soluciones concretas.

    En Argentina, concluyeron los investigadores, no es solo una inversión económica: es un motor estratégico de crecimiento que los países desarrollados ya asumieron como política de Estado. Bien invertido, el conocimiento científico genera enormes tasas de retorno. Y su impacto, dijeron, es también civilizatorio.

    (*) La autora es Doctora en Filosofía, Magíster en Estudios de las Mujeres e Investigadora del Conicet.

    FUENTE:Nota publicada originalmente en Infobae.

  • Crean una empresa startup biotecnológica para hacer protectores solares con levaduras de la Patagonia

    Crean una empresa startup biotecnológica para hacer protectores solares con levaduras de la Patagonia

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    El esfuerzo de años de investigar a las levaduras de la Patagonia en una institución pública ahora servirá para el crecimiento de una empresa fundada por científicos y empresarios.

    Se trata de BioH41 es una startup de biotecnología nacida en Bariloche a partir de la colaboración entre el Grupo Harmony y el Instituto Andino Patagónico de Tecnologías Biológicas y Geoambientales (IPATEC), que depende del Conicet y la Universidad Nacional del Comahue.

    Apuesta por la fermentación de levaduras patagónicas para crear ingredientes naturales en cosmética y alimentación.

    Los cuatro socios fundadores: Héctor Guardia y Juan Cruz Valenzuela del Grupo Harmony junto con los científicos del Conicet Diego Libkind y Martín Moliné. “Los fundadores hemos podido avanzar gracias a una visión común. Matías Altilio, responsable de Bioprocesos y Operaciones, y Lucas Creus, técnico de laboratorio de bioprocesos, han sido impulsores fundamentales para que el proyecto avance y para alcanzar los hitos ya logrados. Nos repartimos las tareas de forma muy equilibrada”, contó Libkind a Diario RÍO NEGRO.

    “La idea nació tras muchos años de investigación en levaduras aisladas de ambientes naturales en la Patagonia. Dentro del Instituto IPATEC, hace más de 20 años el laboratorio CRELTEC inició la enorme tarea de estudiar la biodiversidad de levaduras en la región”, dijo Libkind.

    “Se aislaron cientos de especies de levaduras, y, en el marco de los trabajos tempranos, descubrimos que algunas de esas especies eran capaces de sobrevivir en ambientes con alta exposición a la radiación solar y que producen moléculas llamadas micosporinas, que las ayudan a protegerse de esa radiación. A partir de eso pensamos: si estos microorganismos tienen moléculas que funcionan como mecanismos naturales de protección solar, tal vez podamos transformarlas en ingredientes útiles para cosmética y protección solar”, detalló el científico, quien es también director del IPATEC.


    Los proyectos de hoy


    Con todo el conocimiento y tras decenas de estudios publicados, ahora se fundó la empresa. El científico señaló cuál es la prioridad hoy: un ingrediente para los protectores solares.

    “Rhodoboost es un ingrediente que está en una etapa muy avanzada, con ensayos sobre pacientes que muestran que su actividad en protección y mejora de la piel es excepcional. Sin embargo, para que llegue a una crema comercial todavía falta recorrer un pequeño tramo más en su desarrollo”, mencionó.

    Rhodoboost ATX, el próximo producto de la startup, apuntará al mercado antiage con el antioxidante natural más potente conocido.

    “En cuanto a los ensayos clínicos -afirmó- ya hemos realizado grandes avances: completamos las pruebas de seguridad más estrictas, los ensayos de estabilidad y las pruebas de eficacia cosmética en personas, que arrojaron resultados muy alentadores. El ingrediente superó nuestras expectativas más optimistas”.

    Actualmente la empresa está avanzando en las etapas de escalado productivo y en evaluar los efectos beneficiosos al ampliar los ensayos sobre pacientes.

    “Nuestro objetivo es que pueda llegar al mercado en uno o dos años para que los elaboradores lo incluyan en sus productos, así que esperamos que pronto pueda conseguirse en farmacias”, estimó Libkind.

    Por otra parte, la empresa Bio H41 tiene en la mira a otro proyecto. “Rhodoboost ATX es una segunda línea de desarrollo pensada como una versión enriquecida. Contendrá astaxantina, un caroteno muy potente considerado el antioxidante natural más poderoso que se conoce, que también produce esta levadura nativa”, puntualizó.

    “Si bien tenemos avances sobre ese producto, hoy nos estamos concentrando en consolidar Rhodoboost -expresó- porque primero necesitamos fortalecer el producto inicial y su llegada al mercado. La versión ATX apunta especialmente a productos antiage, antioxidantes y de cuidado de la piel, y será el siguiente paso lógico porque aprovecha la misma plataforma biotecnológica”.

    El IPATEC alberga la colección más grande de levaduras autóctonas del país y es el instituto detrás del hallazgo que reescribió la historia de la cerveza lager mundial.

    La Patagonia no solo tiene increíbles paisajes. También representa un área de biodiversidad protegida y un polo nacional de ciencia e infraestructura tecnológica, resaltó el científico del Conicet Diego Libkind.

    “Hay instituciones como la Universidad Nacional del Comahue, la CNEA, INVAP, la Universidad Nacional de Río Negro y nuestro instituto, el IPATEC. En Bariloche hay investigadores muy formados que estudian, entre muchos otros aspectos, la biodiversidad, tanto para protegerla como para hacer un uso racional de ella”, dijo.

    En IPATEC en particular, “el instituto del que surge nuestro proyecto, tenemos mucha experiencia en microbiología, biotecnología y transferencia tecnológica. La empresa startup BioH41 se incuba en nuestro instituto y aprovecha esas capacidades para lograr un desarrollo acelerado”.


  • Juan Faundez volvió a Cutral Co luego del Congreso Internacional de Camélidos en Perú

    Juan Faundez volvió a Cutral Co luego del Congreso Internacional de Camélidos en Perú

    Juan Faundez volvió a Cutral Co luego del Congreso Internacional de Camélidos en Perú

    Viajó junto a dos personas del CONICET

    El vecino de Cutral Có, Juan Faunde, participó recientemente en el noveno Congreso Internacional de Camélidos Americanos realizado en Arequipa, Perú. Faunde asistió como invitado especial para difundir el trabajo de la Escuela de Llamaterapia, institución que funciona en la comarca petrolera.

    Esta organización es la única de su tipo registrada a nivel nacional en Argentina. Durante el desarrollo del congreso, representantes de Bolivia, Chile y Perú manifestaron interés en el modelo de trabajo para habilitar escuelas similares y solicitaron la realización de talleres para abordar diferentes patologías a través del uso de camélidos.

    Como resultado de este encuentro, se conformó la Comisión Sudamericana de Camélidos, en la cual Faunde fue designado como el primer integrante argentino. Este organismo internacional quedó compuesto por representantes de Perú, Chile, Bolivia, Ecuador y Argentina, con el objetivo de trabajar en programas vinculados a estos animales.

    A nivel local, el concejal Plinio “Cacho” Rubilar anunció la presentación de un proyecto en el Concejo Deliberante para realizar un reconocimiento a la trayectoria de Faunde. La iniciativa destaca su labor en la formación de la escuela y su rol como único representante del país en este evento internacional, junto a miembros del CONICET.

  • Del laboratorio al Rectorado: quién es Christian Lopes, el nuevo rector de la Universidad Nacional del Comahue

    Del laboratorio al Rectorado: quién es Christian Lopes, el nuevo rector de la Universidad Nacional del Comahue

    La Universidad Nacional del Comahue (UNCo) eligió a sus nuevas autoridades y, a partir del 12 de junio próximo, estará conducida por Christian Lopes, un docente, investigador y funcionario universitario que construyó toda su trayectoria profesional dentro de la institución y que llega al Rectorado después de más de 25 años de trabajo académico.

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    Doctor en Biología, investigador independiente del CONICET y actual secretario de Planeamiento y Desarrollo Institucional de la UNCo, Lopes se convirtió en una de las figuras emergentes de la política universitaria regional tras encabezar la fórmula ganadora de las elecciones, junto a Lorena Higuera, elegida como vicerrectora.

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    Su historia está profundamente ligada a la UNCo. No solo porque cursó allí sus estudios superiores, sino porque toda su carrera profesional se desarrolló dentro de la institución que ahora tendrá la responsabilidad de conducir.

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    A sus 50 años, Lopes representa una generación de profesionales formados íntegramente en la Patagonia. Nació en Allen, Río Negro, y fue el primer integrante de su familia en acceder a estudios universitarios. «Soy primera generación de universitarios», destacó al repasar su historia personal.

    Su vínculo con la UNCo comenzó en Bariloche, donde cursó la Licenciatura en Ciencias Biológicas en el Centro Regional Universitario Bariloche (CRUB). Sin embargo, parte de su formación transcurrió en Neuquén, ciudad a la que se trasladó durante el último tramo de la carrera y donde finalmente desarrolló su actividad profesional.

    Del laboratorio a la conducción universitaria

    Mucho antes de ocupar cargos de gestión, la vida de Lopes transcurría entre aulas, laboratorios e investigaciones científicas. Apenas terminó la carrera comenzó simultáneamente dos caminos que marcaron su vida profesional: la docencia universitaria y la investigación científica.

    «Entré a la vez como becario del CONICET y como ayudante de la universidad. Desde 1999 soy docente y becario», precisó a LM Neuquén. En aquellos años se incorporó a grupos de investigación vinculados al estudio de microorganismos, un campo que se convirtió en su especialidad.

    Aunque se graduó como biólogo, gran parte de su trabajo científico estuvo centrado en las levaduras y sus aplicaciones biotecnológicas.

    Desde Neuquén integró equipos que investigaban microorganismos asociados a la producción regional de vinos y sidras, una línea de trabajo que con el tiempo logró reconocimiento académico y resultados concretos para la industria.

    «Trabajamos en biotecnología asociada a procesos de fermentación, vinos, sidras y la diversidad biológica de las levaduras en esos ambientes», explicó.

    Las investigaciones desarrolladas por el equipo permitieron identificar y estudiar cepas regionales con potencial productivo, además de profundizar en aspectos genéticos y biotecnológicos de estos microorganismos. Incluso algunos de esos desarrollos llegaron a trascender el ámbito científico.

    «Hicimos algunas sidras con las levaduras que desarrollamos en el laboratorio y se comercializaron», contó.

    El objetivo era generar bebidas con características propias de la Patagonia, aprovechando la diversidad biológica presente en la región.

    Mientras avanzaba en sus investigaciones, Lopes también consolidaba su carrera docente. Se desempeñó en la cátedra de Bioquímica de la Facultad de Ciencias Médicas y posteriormente se incorporó a la Facultad de Ciencias Agrarias, donde actualmente es profesor adjunto regular de Microbiología Agrícola.

    Paralelamente desarrolló su carrera dentro del CONICET. Fue becario doctoral y posdoctoral, ingresó a la carrera de investigador científico en 2007 y desde 2017 ocupa la categoría de Investigador Independiente, función que actualmente mantiene bajo licencia debido a sus responsabilidades de gestión.

    Un hombre de la universidad

    Aunque hoy es una figura conocida dentro de la política universitaria, Lopes asegura que durante gran parte de su carrera no imaginó ocupar cargos de conducción.

    Su participación en la vida institucional comenzó a través de los órganos colegiados de gobierno de la universidad. Fue consejero directivo y consejero superior en distintas oportunidades, además de desempeñarse entre 2012 y 2017 como vicedirector del PROBIEN, el instituto de investigaciones biológicas y ambientales de doble dependencia entre la UNCo y el CONICET. El salto definitivo a la gestión llegó en 2020.

    Ese año fue convocado para asumir como secretario de Planeamiento y Desarrollo Institucional durante la gestión encabezada por la rectora Beatriz Gentile.

    «Cuando me propusieron ser secretario de Planeamiento lo dudé porque no era algo que venía haciendo», reconoció. Sin embargo, la experiencia terminó modificando sus perspectivas.

    Según explicó, esos años le permitieron conocer en profundidad el funcionamiento de la universidad, sus fortalezas y también los problemas estructurales que enfrenta la institución.

    «Me permitieron conocer a la universidad en su conjunto y me dieron ganas de resolver muchos de los problemas que tenemos», afirmó.

    Desde esa secretaría impulsó algunos de los procesos institucionales más importantes de los últimos años, entre ellos la evaluación institucional y el diseño de una nueva estructura orgánica funcional para la universidad, una discusión largamente postergada que finalmente fue aprobada por unanimidad por el Consejo Superior.

    La universidad que propone

    Lopes planteó la necesidad de profundizar el vínculo de la universidad con el territorio y ampliar la presencia institucional en localidades donde históricamente la UNCo tuvo escasa presencia.

    «Queremos una universidad más cerca de la gente de Río Negro y Neuquén», sostuvo. Entre los objetivos de la nueva gestión figura consolidar la expansión de la oferta académica hacia distintos puntos de ambas provincias, una estrategia que comenzó a desarrollarse en los últimos años mediante sedes y extensiones áulicas en diferentes localidades.

    El futuro rector destacó especialmente el trabajo realizado en la Línea Sur rionegrina y en el norte neuquino, además de la presencia universitaria en ciudades como Cutral Co, Plaza Huincul y Junín de los Andes.

    Para Lopes, uno de los desafíos será garantizar que los estudiantes que cursan en esos espacios tengan las mismas oportunidades que quienes estudian en las sedes históricas de Neuquén, Cipolletti o Bariloche.

    También considera necesario ampliar las propuestas mediadas por tecnología y fortalecer carreras cortas vinculadas a las demandas laborales actuales. «Los estudiantes están eligiendo carreras con salida laboral y formatos más flexibles», indicó.

    La gestión de Lopes comenzará además en un escenario complejo para las universidades públicas, marcado por los reclamos presupuestarios y la incertidumbre sobre el financiamiento del sistema.

    Ante ese panorama, adelantó que la UNCo mantendrá una participación activa dentro del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), el organismo que reúne a todos los rectores del país.

    «Vamos a participar de las discusiones a través del CIN y exigir el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario», afirmó. Pero más allá de la cuestión presupuestaria, el nuevo rector sostiene que otro de los desafíos será fortalecer la convivencia interna en un contexto social atravesado por tensiones y conflictos.

    «Hay que trabajar para mejorar el clima laboral y generar espacios de escucha para docentes, no docentes y estudiantes», planteó.

  • Malnutrición infantil: qué muestra un estudio nacional sobre la situación en Neuquén

    Malnutrición infantil: qué muestra un estudio nacional sobre la situación en Neuquén

    Un trabajo de la UBA y el Conicet analizó la llamada “doble carga de malnutrición” en niños menores de cinco años y detectó desigualdades territoriales en distintas regiones del país, incluida la Patagonia. El informe aporta un mapa sanitario que permite observar brechas en el acceso a una alimentación adecuada.

    Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el Conicet analizó la distribución de la denominada “doble carga de la malnutrición infantil” en Argentina y, dentro de ese mapa, incluyó a la provincia de Neuquén entre las jurisdicciones donde el fenómeno presenta manifestaciones dentro del sistema público de salud.

    La investigación, publicada en la revista científica Spatial and Spatio-temporal Epidemiology, trabajó con datos antropométricos de casi un millón de niños y niñas menores de cinco años atendidos en más de 7.000 centros de salud públicos de todo el país.

    El objetivo del estudio fue identificar desigualdades territoriales en la nutrición infantil, combinando indicadores de baja talla y sobrepeso en una misma población. A este fenómeno los especialistas lo denominan “doble carga de la malnutrición”, ya que en un mismo territorio pueden coexistir problemas asociados a la desnutrición y al exceso de peso.

    En el caso de Neuquén, el análisis la ubica dentro del conjunto de provincias donde estas problemáticas aparecen en distintos niveles según las condiciones sociales, económicas y el acceso a alimentos de calidad, especialmente en sectores que dependen del sistema público de salud.

    Los investigadores utilizaron modelos espaciales conjuntos que permiten detectar patrones simultáneos entre baja talla y sobrepeso infantil. Esta metodología, explicaron, ayuda a identificar zonas con mayor concentración de factores de riesgo y a orientar políticas públicas más focalizadas.

    El trabajo señala que la “doble carga de la malnutrición” se vincula a contextos donde conviven dificultades de acceso a alimentos nutritivos con dietas de bajo valor nutricional y alto contenido calórico, una combinación que impacta directamente en el crecimiento infantil.

    En ese sentido, el estudio remarca que las desigualdades no son homogéneas dentro del país y que provincias como Neuquén forman parte de un escenario más amplio donde las condiciones de vida influyen en los resultados nutricionales de la infancia.

    El investigador del Conicet y responsable del Grupo de Bioestadística Aplicada de Exactas UBA, Gerardo Cueto, explicó que el trabajo busca “identificar las inequidades territoriales en la doble carga de la malnutrición a nivel poblacional entre niños menores de cinco años cubiertos por el sistema público de salud”.

    Según detallaron los autores, la información obtenida permite observar diferencias regionales y aporta evidencia para el diseño de estrategias de intervención sanitaria más específicas, adaptadas a cada territorio.

    El estudio también advierte que la malnutrición infantil, en cualquiera de sus formas, puede tener efectos a largo plazo en el desarrollo físico y cognitivo, además de incrementar riesgos de salud en la vida adulta.

    En este contexto, Neuquén aparece dentro de un mapa nacional que refleja realidades diversas en materia nutricional, atravesadas por factores estructurales como ingresos, acceso a alimentos saludables y condiciones socioambientales.

    Los investigadores anticiparon que la próxima etapa del trabajo se enfocará en profundizar el análisis de las variables sociales, económicas y ambientales que explican estas diferencias, con el objetivo de fortalecer la planificación de políticas públicas en salud y nutrición infantil.

  • Actividad en el volcán Domuyo: radares satelitales detectaron deformaciones

    Actividad en el volcán Domuyo: radares satelitales detectaron deformaciones

    El volcán Domuyo registró deformaciones en sus paredes detectadas mediante radares satelitales y especialistas advirtieron sobre señales de actividad interna en el sistema volcánico ubicado en el norte de Neuquén. Los datos surgieron a partir de estudios realizados desde 2017 y derivaron en tareas de monitoreo y campañas impulsadas por organismos nacionales.

    El doctor en Geología Andrés Folguera explicó que las mediciones permitieron detectar cambios de algunos centímetros por año en las laderas del cerro. El investigador del Conicet y profesor de la Universidad de Buenos Aires sostuvo que esos movimientos reflejan procesos subterráneos asociados a gases y material fundido acumulados bajo la superficie.

    “A través de una técnica que permite medir con precisión los cambios en la pendiente del cerro, se vio que hay cambios del orden de centímetros. Es algo que puede parecer menor, pero desde el punto de vista del monitoreo volcánico es mucho”, señaló Folguera.

    El especialista explicó además que el Domuyo posee un tapón de lava que dificulta la liberación de gases y material interno. También indicó que existen distintos escenarios posibles para el comportamiento del volcán, desde una estabilización natural hasta una aceleración de la actividad. En ese contexto, recordó que otros volcanes argentinos y chilenos atravesaron procesos similares sin registrar erupciones posteriores.

    A veces, la inflación se acelera y explota el volcán. Es un escenario catastrófico. Nadie sabe qué puede pasar, pero siempre se contempla la eventualidad de la explosión y por ende, se incrementa el monitoreo”, afirmó el geólogo. Además, advirtió que faltan datos actualizados y remarcó que el Conicet no tiene la función de monitorear el volcán en tiempo real.

    Cuando me preguntan por volcanes peligrosos en Argentina, el primero que nombro es el Domuyo. ¿Por qué? Porque es de riesgo geológico”, concluyó Folguera. En paralelo, el Servicio Geológico Minero Argentino informó que entre febrero y marzo realizó tareas de campo para elaborar el Mapa de Peligrosidad Volcánica del complejo, ubicado cerca de Varvarco y considerado uno de los reservorios geotérmicos más importantes del país.

  • Malnutrición infantil en Argentina: los datos que arroja una investigación de la UBA y el Conicet

    Malnutrición infantil en Argentina: los datos que arroja una investigación de la UBA y el Conicet

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    Investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) realizaron un estudio sobre la distribución de la denominada “doble carga de la malnutrición” en Argentina, un fenómeno que combina sobrepeso y retraso en el crecimiento en niños menores de cinco años.

    El trabajo fue publicado en la revista científica Spatial and Spatio-temporal Epidemiology y analizó datos de niños y niñas atendidos en el sistema público de salud. Según los resultados, las mayores proporciones de estos indicadores se registran en departamentos del sudoeste de la Patagonia y en regiones del centro y norte argentino.

    Un millón de niños menores de cinco años bajo estudio


    “El objetivo de nuestro trabajo es identificar las inequidades territoriales en la doble carga de la malnutrición a nivel poblacional entre niños menores de cinco años cubiertos por el sistema público de salud”, explicó el investigador del Conicet Gerardo Cueto, responsable del Grupo de Bioestadística Aplicada de Exactas UBA.

    El estudio se basó en datos antropométricos como peso y talla de casi un millón de niños y niñas menores de cinco años que fueron atendidos en más de siete mil centros de salud públicos de todo el país.

    Con esa información, el equipo construyó distintos modelos para analizar, por un lado, la distribución de casos de baja talla y, por otro, los casos de sobrepeso infantil. Luego avanzó en un análisis conjunto de ambas variables para detectar las zonas donde estos problemas aparecen de manera simultánea.

    Para eso utilizaron los denominados “modelos espaciales conjuntos”, herramientas estadísticas que permiten identificar patrones compartidos y vincularlos con factores sociales, ambientales o estructurales.

    Desde la UBA explicaron que este tipo de metodologías permite observar desigualdades territoriales con un nivel de detalle que puede ser útil para el diseño de políticas públicas y estrategias sanitarias focalizadas.

    Cuando la desnutrición y la obesidad conviven


    El concepto de “doble carga de la malnutrición” comenzó a utilizarse a comienzos del siglo XXI para describir la coexistencia de desnutrición y obesidad o sobrepeso dentro de una misma población, hogar o individuo.

    Los investigadores señalaron que este fenómeno se registra especialmente en países de ingresos bajos y medios y está asociado a múltiples factores, entre ellos las dificultades de acceso a una alimentación variada y nutritiva.

    En esos contextos pueden convivir déficits nutricionales vinculados al crecimiento con dietas basadas en alimentos de bajo valor nutricional y alto contenido calórico, que favorecen el sobrepeso.

    Además de sus efectos inmediatos, la doble carga de la malnutrición puede tener consecuencias a largo plazo sobre la salud y el desarrollo infantil, tanto en el plano físico como cognitivo.

    Una radiografía para pensar políticas públicas


    “Nuestros hallazgos son esenciales para identificar áreas de alto riesgo y orientar estrategias integradas para reducir las desigualdades tomando decisiones basadas en evidencia y no en suposiciones y creencias”, sostuvo Cueto.

    La próxima etapa de la investigación estará enfocada en identificar variables que permitan explicar por qué determinadas regiones presentan mayores niveles de doble carga de malnutrición infantil.

    Según adelantaron desde el equipo, el objetivo será analizar factores sociales, económicos y ambientales que puedan estar relacionados con esas diferencias territoriales.


  • Amonites de Vaca Muerta: el hallazgo del Conicet que reescribe el registro fósil

    Amonites de Vaca Muerta: el hallazgo del Conicet que reescribe el registro fósil

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    Los amonites fueron cefalópodos marinos extintos, parientes lejanos de los actuales nautilos. Vivieron en los océanos durante unos 400 millones de años y desaparecieron hace 66 millones de años, en la misma extinción masiva que eliminó a los dinosaurios.

    Investigadores de la Argentina y España hallaron en la Formación Vaca Muerta, ubicada en la cuenca neuquina —una gran depresión geológica donde se acumularon sedimentos marinos durante millones de años— en la provincia de Mendoza, fósiles de amonites de aproximadamente 135 millones de años.

    Tienen la particularidad de conservar el periostraco, que era la capa orgánica más externa de la conchilla de los moluscos. Es la primera vez que esta estructura se documenta en amonoideos, es decir, en el grupo al que pertenecen los amonites, del período Cretácico.

    La investigación fue realizada por Beatriz Aguirre-Urreta, Luciana Marín, Maisa Tunik, Martín Rogel y otros investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA), el Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IIPG) de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN), la Universidad de Granada (España) y la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), entre otras instituciones de Argentina y España. Los resultados se publicaron en la revista científica Communications Biology.


    Una piel de 135 millones de años


    Los amonites evolucionaron rápido y se distribuyeron por todo el planeta, lo que los convierte en fósiles guía: herramientas para calcular la edad de las rocas y comparar formaciones geológicas de distintas regiones. En la Formación Vaca Muerta, estos fósiles fueron fundamentales para identificar y correlacionar rocas de la misma edad.

    Los fósiles del estudio pertenecen a dos especies, Bochianites neocomiensis y Lissonia riveroi, y fueron encontrados durante tareas de campo para la tesis doctoral de Marín, quien fue dirigido por Aguirre-Urreta. La pregunta que guió la investigación

    fue concreta: ¿por qué esa capa orgánica sobrevivió en estos ejemplares y no en otros, si los amonites son muy comunes en la cuenca neuquina?

    El periostraco es la capa más externa de la conchilla, tan fina que mide alrededor de 2 micrómetros de grosor, mucho menos que un cabello humano. Su función es actuar como base para que se formen los cristales minerales de la conchilla y protegerla del desgaste y la disolución.

    Tras el hallazgo, los investigadores intentaron describir esa capa por primera vez en amonoideos cretácicos, analizar su composición química y su morfología, y entender qué condiciones del ambiente permitieron su conservación durante 135 millones de años.

    La científica Maisa Tunik fue una de las coautoras del estudio de amonites (Conicet)


    El arte de tocar sin romper


    El equipo trabajó con 240 placas de roca extraídas del sitio, muchas con varios fósiles. Sobre esas muestras aplicó técnicas no destructivas, es decir, métodos que permiten analizar los fósiles sin dañarlos, como la microtomografía y la microscopía electrónica.

    «La principal dificultad fue la extrema fragilidad del periostraco: se trata de una película extremadamente fina, mucho más delgada que un cabello humano, que se despega y deteriora rápidamente durante la manipulación», dijo Rogel, técnico del laboratorio del Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IIPG) en Roca, Río Negro.

    Esa fragilidad obligó al equipo a minimizar el contacto directo con las muestras y a seleccionar con precisión las superficies a analizar. Se trabajó con varios ejemplares y junto a equipos de distintas partes del país para confirmar las observaciones.

    Los análisis revelaron que el periostraco fósil contiene proteínas, polisacáridos —moléculas como el almidón o la celulosa, presentes en casi todos los seres vivos— y lípidos, es decir, grasas. Esos son los mismos componentes que en moluscos actuales, aunque con señales químicas más degradadas por el paso del tiempo y las altas temperaturas del enterramiento.

    En los amonites Bochianites neocomiensis la conservación resultó más completa que en Lissonia riveroi, cuya ornamentación más pronunciada vuelve al periostraco más propenso a deteriorarse. También se detectó pirita, un mineral de hierro, en forma de pequeñas estructuras esféricas sobre la superficie del periostraco, y se observaron marcas de nanofósiles calcáreos, organismos microscópicos que quedaron impresos en la capa orgánica.

    «El periostraco es una estructura extremadamente delgada, flexible y frágil, que hasta ahora no había sido descripta en amonoideos cretácicos. El estudio demuestra que incluso tejidos orgánicos muy delicados pueden conservarse durante 135 millones de años cuando las condiciones tafonómicas y diagenéticas son favorables», señaló Maisa Tunik, investigadora del CONICET en el IIPG.

    Las condiciones tafonómicas refieren a cómo un organismo se preserva tras su muerte; las diagenéticas, a los cambios químicos que sufre mientras queda enterrado en la roca.

    Las condiciones que hicieron posible esa conservación incluyeron un fondo marino poco oxigenado, la superposición de dos eventos de sedimentación —es decir, de acumulación de materiales en el fondo del mar— en un ambiente marino profundo, y la influencia volcánica de la zona, que frenó la descomposición del material orgánico.


    Lo que el tiempo hizo y el laboratorio de paleontología no puede repetir


    La investigación sobre los amonites publicada en Communications Biology reconoce una limitación concreta: las condiciones que permitieron su conservación —millones de años de enterramiento a alta presión y temperatura— son imposibles de reproducir en un laboratorio. Por eso, algunos aspectos del proceso de fosilización del periostraco todavía no pueden explicarse con certeza.

    Lo que sí quedó claro es que esta capa orgánica no es una rareza evolutiva. «Además, el trabajo aporta nueva información sobre la morfología y la composición química del periostraco en amonoideos, y evidencia que esta estructura se mantuvo similar a lo largo de la evolución de los moluscos», señaló la científica MaisaTunik.

    Hasta ahora, los estudios sobre amonites se concentraban casi exclusivamente en la parte mineral de la conchilla, es decir, en la roca. Lo orgánico, lo blando, lo que se descompone, rara vez se buscaba porque se daba por perdido.

    Este hallazgo cambia esa lógica. «A partir de este trabajo podría cambiar la manera de estudiar este tipo de materiales, ya que demuestra que estructuras orgánicas extremadamente frágiles pueden conservarse bajo determinadas condiciones”, dijo.

    Un organismo microscópico quedó impreso en la capa orgánica del amonite, como una huella en el barro

    Este hallazgo abre la posibilidad de buscar de forma sistemática biomateriales en otros amonoideos y ampliar el enfoque tradicional, que hasta ahora se centraba principalmente en la parte mineral de la conchilla, según Rogel.

    Todos los fósiles del estudio están depositados en el Museo de Ciencias Naturales y Antropológicas Juan Cornelio Moyano, en Mendoza, Argentina


  • Bicharracosaurus: el último dinosaurio descubierto en la Patagonia desafía a los paleontólogos

    Bicharracosaurus: el último dinosaurio descubierto en la Patagonia desafía a los paleontólogos

    El Bicharracosaurus, un dinosaurio descubierto recientemente en el noroeste de Chubut, en la Patagonia Argentina, sacude a la comunidad científica internacional a partir de la descripción publicada por el equipo científico que identificó los restos fósiles.

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    En su artículo de la revista PeerJ, los investigadores del CONICET y del Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF) de Trelew, junto a un grupo de especialistas alemanes, confirmaron que se trata de una especie completamente nueva; y acaso un eslabón perdido en la evolución de los gigantes prehistóricos.

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    El descubrimiento fue dado a conocer en abril de 2026, cuando los primeros análisis confirmaron que los huesos pertenecían a una especie desconocida.

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    Elk dato que más sorprendió a la comunidad paleontológica internacional es que la anatomía de este animal no encaja en ninguna categoría conocida hasta el momento en Sudamérica.

    Un esqueleto que no debería existir en el hemisferio sur

    Lo que desconcertó a los paleontólogos desde el primer momento fue la combinación de rasgos del esqueleto.

    Algunas vértebras del animal tienen características propias de los diplodócidos norteamericanos, el grupo al que pertenece el famoso Diplodocus, de cuerpo alargado y cola inmensa; mientras que otras estructuras se parecen al Giraffatitan, el gigantesco saurópodo africano hallado en Tanzania.

    Son rasgos de dos linajes que, hasta ahora, los científicos creían que habían evolucionado por caminos separados.

    Por qué reescribe la evolución

    Los análisis filogenéticos realizados por el equipo internacional sitúan al Bicharracosaurus dentro de los Macronaria, el gran grupo de saurópodos del que derivarían, millones de años después, los herbívoros más monumentales del planeta.

    Más importante aún: los datos apuntan a una posible relación con los braquiosáuridos, la familia de cuello elevado y patas delanteras largas a la que pertenece el célebre Brachiosaurus.

    Alexandra Reutter, paleontóloga de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich y autora principal del estudio, expresó en sus conclusiones «Nuestro análisis indica que Bicharracosaurus es el primer braquiosáurido del Jurásico conocido en Sudamérica«.

    Si la clasificación se confirma, el impacto es enorme.

    Hasta ahora, los registros de braquiosáuridos en el continente sudamericano eran fragmentarios o directamente ambiguos.

    Un enigma de los tiempos de Gondwana

    La presencia temprana de este linaje en el hemisferio sur en pleno Jurásico Superior, hace entre 155 y 160 millones de años, obliga a replantear cómo y cuándo se dispersaron estos gigantes por el supercontinente Gondwana, que en esa época reunía los territorios actuales de Sudamérica, África, India, Australia y la Antártida.

    José Luis Carballido, investigador del CONICET y del MEF, subrayó la importancia del hallazgo.

    «Es un nuevo dinosaurio saurópodo que aporta información clave sobre la evolución temprana de estos animales”, explicó.

    Y agregó: “Nos permite entender mejor cómo se desarrollaron los gigantes herbívoros que dominaron los ecosistemas millones de años después».

    Durante décadas, casi todo lo que se sabía sobre los saurópodos jurásicos provenía de yacimientos del hemisferio norte: la Formación Morrison en Estados Unidos y los yacimientos de Tendaguru, en Tanzania.

    Cada nuevo hallazgo en la Patagonia agrega piezas a un rompecabezas que todavía está muy lejos de completarse.

    ¿Por qué le pusieron Bicharracosaurius?

    El nombre que eligieron los cientíoficos que hallaron este ejemplar que podría ser algo así como un “eslavón perdido” de los dinosaurios herbívoros es Bicharracosaurus dionidei.

    La denominación nació del apodo que le dio el poblador rural que encontró los huesos: Dionide Mesa, un baqueano que llamaba «bicharraco» a todo lo que encontraba en el campo.

    Un rompecabezas sin terminar

    El Bicharracosaurus medía aproximadamente veinte metros de largo y pesaba cerca de veinte toneladas.

    Era un individuo adulto cuando murió: los análisis histológicos de las costillas muestran señales de crecimiento detenido y remodelación ósea propias de un animal completamente desarrollado.

    Los investigadores recuperaron más de treinta vértebras del cuello, la espalda y la cola, además de costillas y fragmentos de la pelvis.

    Para tratarse de un saurópodo jurásico, es un esqueleto notablemente completo.

    Lo que falta es el cráneo, que aún no fue encontrado y que, de aparecer, permitiría conocer detalles clave sobre su alimentación.

    La excavación comenzó oficialmente en 2002, aunque algunas vértebras adicionales no fueron recuperadas hasta 2018. Los restos forman parte de la colección del MEF de Trelew, donde continúan los estudios.

    El hallazgo en Chubut

    La historia del hallazgo tiene la textura de la ciencia patagónica: un chacarero que recorre el Cañadón Calcáreo, una formación jurásica en el departamento de Gastre, al noroeste de Chubut.

    El hombre suele dar el primer aviso a los paleontólogos cuando en esa zona cree haber encontrado «bicharracos», como él llama a los restos fósiles que se topa por el camino.

    Obviamente, don Mesa no usaba el término de forma técnica. Llamaba así a los animales del campo en general. Y también a los huesos gigantes que hallaba.

    «Cada vez que íbamos, Dionide nos decía ‘acá hay un bicharraco’ y nos llevaba a lugares con fósiles muy importantes», recordó Carballido en diálogo con ADNSUR.

    Mesa fue el primero en alertar al MEF, cuyos paleontólogos llegaron a la zona y luego confirmaron que lo que el baqueano había encontrado no tenía ningún registro científico previo.

    A los investigadores del museo se sumaron científicos del CONICET y del equipo alemán, y el trabajo conjunto derivó en la descripción formal publicada en PeerJ, con repercusión en medios de paleontología de todo el mundo.

    El nombre dionidei es el homenaje que los científicos eligieron para quien hizo posible el descubrimiento.

    El nombre del género, Bicharracosaurus, quedó como un registro permanente de cómo la ciencia patagónica, muchas veces, empieza en el ojo de alguien que conoce el campo mejor que nadie, pero que jamás pisó un laboratorio.

  • El sueño de la forense de Cipolletti elegida por el Equipo Argentino de Antropología Forense

    El sueño de la forense de Cipolletti elegida por el Equipo Argentino de Antropología Forense

    Paloma Favero, criminóloga nacida en Catriel y residente en Cipolletti, fue seleccionada para integrar la Escuela Latinoamericana de Ciencias Forenses y Derechos Humanos creada por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).

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    La profesional, egresada de la Universidad Nacional de Río Negro, desarrolla actualmente un proyecto experimental en Paso Córdoba como parte de su doctorado con beca Conicet. «Para mí es un sueño, realmente estoy muy contenta de poder realizarlo«, expresó Favero en el streaming de LM Neuquén en vivo sobre su incorporación a la escuela que capacita a especialistas de toda Latinoamérica.

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    El EAAF lanza esta formación intensiva todos los años, con cupos sumamente reducidos: apenas 15 plazas para todo el continente. «Este año es la onceava escuela, son 15 días de curso con formación tanto teórica como práctica«, detalló.

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    Favero llegó a Cipolletti en 2019 para cursar la licenciatura en criminología en la Universidad Nacional de Río Negro. Inicialmente se inclinaba por la parte social de la carrera, pero las prácticas de criminalística cambiaron su rumbo profesional. «Cuando arranqué, me gustaba más esa parte hasta que empecé a hacer algunas prácticas de criminalística y ahí me apasionó más esa parte de las ciencias forenses», recordó.

    La diferencia entre criminología y criminalística es clave para entender el trabajo forense. «La criminología, a diferencia de la criminalística, estudia el porqué de un hecho delictivo. La criminalística estudia cuándo, cómo, dónde», explicó Favero.

    Mientras el criminólogo analiza la relación entre la persona y el acto ilícito, elabora perfiles y estudia la mente criminal, el criminalístico trabaja directamente en la escena del crimen con evidencia física. «El criminólogo no ingresa a la escena», aclaró.

    Investigación experimental en la región

    Actualmente, Favero desarrolla un proyecto de doctorado en Paso Córdoba con restos enterrados, junto a sus directoras, la doctora Romina Vázquez, antropóloga, y la doctora Ana Julia Pereira, entomóloga.

    «La aplicación de esta ciencia básica es forense, es al sistema judicial, responder esos interrogantes», señaló sobre el objetivo de la investigación. El trabajo experimental busca comprender la dinámica de los hechos criminales para poder asistir mejor a la justicia.

    «Para saber de qué forma podemos ayudar a las víctimas, tenemos que entender un poco la dinámica de cómo se da un hecho criminal», fundamentó. La investigación analiza los actos de precaución que realizan quienes delinquen: eliminación de evidencia, quema de restos, ocultamiento, enterramiento.

    También estudia los patrones de conducta posteriores al hecho: transporte de restos, elección de lugares, uso de vehículos. «Tuvimos en cuenta distintas cosas para poder replicar estas situaciones criminalísticas y poder ayudar a la ciencia», explicó Favero sobre la metodología del proyecto.