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  • Un inesperado hallazgo en rocas de la costa reescribe el pasado geológico

    Un inesperado hallazgo en rocas de la costa reescribe el pasado geológico

    Un grupo de científicos de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco salió a recorrer la costa de Comodoro Rivadavia junto a dos estudiantes avanzados de Geología, sin que hubiera una hipótesis particular que confirmar.

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    Se trataba de una experiencia de rutina más en la actividad académica pero lo que encontraron en los sedimentos costeros terminó siendo lo suficientemente significativo como para terminar publicado en la revista de la Asociación Geológica Argentina.

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    Lo cierto es que ahora, el hallazgo luego trabajado también con investigadores del CONICET, obliga a revisar lo que se conocía sobre el pasado geológico de esta ciudad patagónica, a la que siempre se calificó como de actividad sísmica muy leve.

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    Sin embargo, en un pasado mucho más reciente de lo que se pensaba hasta angora, tuvo terremotos. Y muy intenso.

    Lo que encontraron en las costas de Comodoro Rivadavia

    Los investigadores Francisco Oporto Romero, José Paredes, Franco Yanone y Matías Olivera analizaron capas sedimentarias en los barrios Presidente Ortiz, conocido popularmente como Kilómetro 5, y Caleta Córdova, ambos en la zona norte de la ciudad petrolera de Chubut.

    Ante sus ojos se presentó algo llamativo: deformaciones internas visibles, al tiempo que los estratos inmediatamente por encima y por debajo permanecían intactos.

    Esa combinación de capas deformadas rodeadas por capas sin alteraciones son una huella que no da mucho lugar a dudas: son características de sacudidas sísmicas de intensidad considerable. Es decir: terremotos.

    En concreto, identificaron fallas normales, plegamientos y también estructuras producidas por el escape de fluidos, un fenómeno conocido como licuefacción.

    Este tipo de deformaciones se hace especialmente visible en las rocas cuando el afloramiento (la parte que asoma por encima del suelo) está húmedo, ya sea por la lluvia o por la cercanía del mar.

    «Analizamos horizontes tabulares con alta continuidad lateral que están deformados, mientras que la base y el techo están sin deformación. Estos eventos regionales se asocian a sacudidas sísmicas«, explicó Oporto en diálogo con el programa Ahora en Comodoro, por Seta TV.

    Una zona que se creía estable desde hace millones de años

    Hasta este estudio, la comunidad científica consideraba que la actividad tectónica en el sector oriental de Comodoro Rivadavia había cesado hace aproximadamente 10 millones de años, durante el Mioceno medio.

    Las nuevas evidencias indican, en cambio, que esos procesos continuaron durante el Cuaternario, un período geológicamente mucho más reciente.

    «Esta información demuestra que ocurrió actividad sísmica en un lugar considerado estable hace no mucho tiempo desde el punto de vista geológico», afirmó Oporto.

    La magnitud de los terremotos del pasado

    El investigador aclaró que no es posible establecer con precisión la magnitud de aquellos terremotos porque no existen registros instrumentales de esa época.

    Sin embargo, señaló que «para generar licuefacción se necesitan magnitudes mayores a 6 (grados en la escala de Richter)», aunque ese umbral también depende del tipo y la saturación del sedimento.

    La región de Comodoro es considerada hoy una zona de muy baja actividad sísmica, lo que hace al hallazgo doblemente relevante.

    Descubrimiento inesperado

    La investigación nació casi por casualidad.

    Franco Yanone y Matías Olivera, estudiantes avanzados de la carrera de Geología, necesitaban material para presentar en un congreso estudiantil.

    «Querían presentar un trabajo en un congreso de estudiantes y se nos ocurrió recorrer las costas de Kilómetro 5 y Caleta Córdova. Encontramos estas estructuras y, por la calidad de la información, decidimos publicarlas«, relató Oporto.

    El investigador valoró la modalidad de trabajo conjunto entre docentes, investigadores y estudiantes avanzados que hizo posible el estudio.

    Esa dinámica, señaló, permitió concretar una investigación que hoy suma conocimiento concreto sobre la historia geológica de la costa patagónica.

    Próxima etapa: el origen de los terremotos

    El trabajo publicado es descrito por sus autores como un primer paso. Se trata de un análisis geométrico de descripción e interpretación de las estructuras encontradas.

    La fase siguiente apuntará a determinar por qué ocurrieron esos movimientos. «Ahora queremos avanzar con un análisis dinámico y cinemático para intentar asignar un mecanismo u origen a esos terremotos«, explicó Oporto.

  • De Roca al mundo: el paleontólogo que viajará a Sudáfrica para exponer sobre dinosaurios patagónicos

    De Roca al mundo: el paleontólogo que viajará a Sudáfrica para exponer sobre dinosaurios patagónicos

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    Guillermo Windholz (34), licenciado en Paleontología por la Universidad Nacional de Río Negro y doctor en Biología por la Universidad Nacional del Comahue, viajará en noviembre a Ciudad del Cabo, Sudáfrica, para participar del Congreso Internacional de Paleontología (IPC-7), que se realizará del 30 de noviembre al 3 de diciembre.

    El investigador roquense, es además docente de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) e investigador del Conicet, y desarrolla su trabajo en el Instituto en Paleobiología y Geología (IIPG), un organismo dependiente de ambas instituciones.

    En diálogo con Diario RÍO NEGRO, el especialista explicó que la participación en el congreso fue posible gracias a la obtención de un Travel Grant, una beca destinada a financiar la asistencia a reuniones científicas internacionales.

    «Esta beca significa un montón de cosas, pero sobre todo mucha alegría porque la verdad que en tiempos pasados había aplicado y es difícil ganar estos grants. Aparte, me da la posibilidad de investigar y de crecer científicamente, en este caso me abre también las puertas desde un punto de vista de lo curricular también«, remarcó.

    Windholz es especialista en dinosaurios saurópodos, hervíboros de cuellos largo, y particularmente en la familia de Dicraeosauridos, sobre la que realizó su tesis doctoral.

    Anteriormente, el investigador realizó colaboraciones con colegas de Estados Unidos y Alemania. Foto: Alejandro Carnevale.

    En el marco del IPC-7 presentará dos resúmenes vinculados a sus investigaciones recientes.

    El primero refiere a un estudio histológico, es decir, al análisis de tejidos fósiles mediante cortes delgados de huesos observados al microscopio. Según explico, a través de esta técnica «se puede inferir cuestiones paleobiológicas de los organismos estudiados, por ejemplo, cómo crecían, su longitud y la longevidad».

    En este caso, el trabajo se centra en dos representantes de la familia de terópodos pequeños conocidos como alvarezsáuridos: Bonapartenykus y Aquilesaurus. «No había ningún estudio hecho por lo menos para Sudamérica. Entonces, está bueno porque cada estudio es un pequeño grano de arena para el conocimiento científico».

    El segundo resumen aborda un estudio osteológico (el análisis detallado de la anatomía de los huesos) de un dinosaurio dicraeosáurido estudiado durante su tesis doctoral, el Brachytrachelopan mesai. «Hice una descripción detallada de los huesos entonces un poco lo que da el aporte del trabajo es conocimiento anatómico nuevo y en detalle, lo que va a brindar las bases para hacer estudios en las relaciones de parentesco entre los dinosaurios».

    Dinosaurios con cuellos espinosos: qué son los dicraeosáuridos


    Los Dicraeosauridae son una familia de dinosaurios saurópodos que se originó hace unos 180 millones de años y que a diferencia de otros gigantes del grupo, tuvo cuellos y colas relativamente cortos. Su rasgo más distintivo son las espinas neuráles bífidas y muy elevadas de sus vértebras del cuello y el lomo, una característica que no alcanzó ese grado de desarrollo en ningún otro linaje de dinosaurios.

    Contorno de un dicraeosáurido en: A. vista lateral, t B. sección transversal de la región media del cuello (vértebra cervical en vista anterior). Ilustración: Guillermo Windholz.

    Aun siendo «pequeños» en comparación con colosos como Patagotitan o Argentinosaurus, los dicraerosáuridos llegaron a medir unos 12 metros de longitud y a superar los 10 mil kilos.

    La Patagonia argentina concentra la mayor diversidad conocida del grupo, con cinco especies descritas hasta la actualidad, todas correspondientes al cretácico temprano.

    Según refirió el profesor, hasta la actualidad se desconoce la función de las largas espinas en los cuellos de la familia Dicraeosauridae. «No se sabe, se han tirado muchas hipótesis, por ejemplo de defensa o de regulación de temperatura o incluso para atraer a la hembra. Pero a ciencia cierta sigue siendo objeto de debate, lo cierto es que son realmente muy llamativas, sobre todo las del Cretácico Inferior que tenían espinas más desarrolladas como Amargasaurus y Bajadasaurus».

    Reconstrucción en vida de Bajadasaurus pronuspinax. lustración realizada por J.A. González.

    Una vida marcada por la pasión en la paleontología argentina


    El doctor en biología señaló que sus expectativas sobre el congreso son «fomentar la colaboración con gente de afuera» y que «se amplíen los horizontes», lo que podría dar lugar a nuevos trabajos conjuntos. En ese sentido, remarcó que ya cuenta con colaboraciones realizadas con investigadores de Estados Unidos y Alemania.

    «La paleontología argentina internacionalmente está muy bien posicionada, yo creo que es una de las ciencias que más prestigio le ha traído a la Argentina, tanto por la calidad del registro fósil, como también por la calidad de los profesionales, realmente hay buenos paleontólogos en Argentina», consideró.

    Nacido y criado en San Francisco, provincia de Córdoba, el investigador de 34 años llegó a Río Negro a los 18 para estudiar la carrera. Contó que su interés por el campo de estudio surgió desde la infancia, «desde siempre, desde chico, nací para esto. Cuando me enteré que el planeta era muy antiguo y las formas de vida eran muy diferentes en el pasado, me llamó mucho la atención y mientras más investigaba, más me atrapaba y nunca se me pasó, nunca maduré», bromeó.

    Entre los hitos que marcaron su formación mencionó la publicación de una nueva especie de dicraeosáurido, Pilmatueia faundezi, descripta junto a su director de tesis y colegas de España y Canadá. «Participé en las excavaciones, en la preparación del material, y bueno, después del estudio fue un poco lo que me metió en la paleontología».

    Windholz es profesor en las áreas de Escritura Académica y Legislación del Patrimonio Paleontológico en la UNRN. Foto: Alejandro Carnevale.

    Sobre el contexto actual para hacer ciencia en Argentina, reconoció que hubo recortes presupuestarios en distintas áreas.»Hubo recortes por todos lados, yo por lo menos tuve la suerte de entrar a carrera. Haría falta mucho más apoyo, el panorama es complicado. Sobre todo para aquellos que están peleándola con becas y eso, por ahí se la pueden ver más difícil, porque es todo incertidumbre».


  • El rionegrino que lidera la misión del Conicet a los cañones submarinos de la Patagonia

    El rionegrino que lidera la misión del Conicet a los cañones submarinos de la Patagonia

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    «Soy barilochense», dice Martín Brogger con orgullo. Sus colegas le llaman Tincho, tiene 48 años, es investigador del Conicet y uno de los científicos que participó de las misiones que revelaron los misterios del Mar Argentino y que cautivaron por streaming a millones y millones de personas. En esta charla con DIARIO RÍO NEGRO, repasa su historia en la cordillera, su infancia, sus años de universidad y los detalles de una aventura que conmovió al país y que el año que viene se volverá a repetir en la costa patagónica.

    Un chico de Bariloche con una curiosidad enorme


    ¿Cómo un niño criado entre montañas y lagos en la década del 80′ en Bariloche, que vivía al aire libre, que miraba poca televisión y leía muchas revistas, llega a fascinarse con el fondo del mar? «Con mi hermano pasábamos mucho tiempo explorando, pescando, caminando por el bosque o acampando con mi familia», recuerda Martín Brogger. Eran tiempos en donde Canal 6 tenía una programación de TV acotada, ‘exclusiva’», se ríe, y cuenta que la falta de opciones en la grilla local hacía que el mundo se descubriera afuera o leyendo revistas.

    «Creo que eso despertó muy temprano una enorme curiosidad por entender cómo funcionan los ecosistemas y por qué los seres vivos son como son. También me marcó la idea de que la naturaleza no es algo lejano, sino parte de nuestra vida cotidiana y de nuestra identidad», agregó.

    Martín Brogger es de Bariloche. Tiene 48 años, vive en Puerto Madryn y trabaja en el Instituto de Biología de Organismos Marinos (Ibiomar), en el Cenpat-Conicet. Foto gentileza FB.

    Por otra parte, reconoce que haber crecido en esa ciudad implicaba convivir con la actividad científica casi de manera natural. «Uno crece escuchando hablar del Centro Atómico, del INVAP, del Conicet o del Instituto Balseiro. Eso hace que la figura del científico deje de ser algo abstracto. Entendés que investigar puede ser una profesión real y cercana. Al mismo tiempo, estar rodeado de ambientes naturales tan diversos alimentó mi interés por la biología y por hacer preguntas sobre el mundo que me rodeaba».

    El quiebre a los veinte años


    A pesar de su vínculo con la montaña, su carrera tomó otro rumbo cuando se mudó para estudiar Biología en la Universidad de Buenos Aires. «La universidad pública me permitió transformar la curiosidad en una forma de trabajo. Aprendí que hacer ciencia implica perseverancia, adaptarse a contextos cambiantes y sostener proyectos a largo plazo gracias al esfuerzo colectivo de muchas personas. También entendí el enorme valor de las instituciones públicas que generan conocimiento y forman recursos humanos».

    «El océano es todavía uno de los ambientes menos conocidos del planeta», dice Martín Brogger. Foto gentileza FB.

    El contacto con el mar llegó a los 20 años, de la mano de una pasantía. «Fue ahí cuando descubrí el enorme potencial del mar como objeto de estudio», confiesa, «el océano es todavía uno de los ambientes menos conocidos del planeta, y esa combinación entre biodiversidad, misterio y posibilidad de generar conocimiento nuevo terminó de convencerme».

    A partir de ahí comenzaron las salidas de campo. «Ese contacto directo con el mar patagónico fue muy movilizador. La inmensidad del paisaje, la riqueza de su biodiversidad y la cantidad de preguntas que aún quedan por responder hicieron que quisiera dedicar mi carrera a estudiar estos ecosistemas», expresa emocionado.

    Puerto Madryn pasó de ser una oportunidad académica a convertirse en su hogar. Actualmente trabaja en el Instituto de Biología de Organismos Marinos (Ibiomar), en el Cenpat-Conicet, donde investiga la biodiversidad marina desde el intermareal patagónico hasta las profundidades del Mar Argentino.

    La trastienda del asombro


    El año pasado, la expedición Talud Continental IV, a bordo del buque Falkor (too) del Schmidt Ocean Institute, transmitió en vivo las imágenes de las inmersiones en el mar profundo y generó una respuesta masiva del público en las redes y plataformas de streaming.

    Criado en Bariloche, Brogger destaca la importancia de generar conocimiento propio para proteger los recursos del Mar Argentino. Foto gentileza Misha Vallejo Prut/ Schmidt Ocean Institute.

    «Fue una experiencia extraordinaria. Desde el punto de vista científico, trabajar con tecnología de última generación y explorar ambientes prácticamente desconocidos fue un privilegio enorme. Pero creo que lo más sorprendente fue el impacto social que tuvo la expedición. Ver a millones de personas siguiendo en vivo las inmersiones, haciendo preguntas y emocionándose con cada hallazgo fue algo que ninguno de nosotros imaginó», relata Brogger.

    El público quedó fascinado biólogo confiesa que el asombro no fue solo del público, sino de los propios especialistas a bordo: «Hasta nosotros estábamos sorprendidos y maravillados. Trabajamos con esos bichos y estamos acostumbrados, pero verlos ahí, vivos, en su hábitat, nos superaba».

    Para Martín, esa respuesta de la gente derribó varios prejuicios sobre la comunicación de la ciencia. «Me sorprendió la emoción genuina. Muchas veces se piensa que la ciencia es algo lejano o difícil de comprender, pero la expedición demostró lo contrario. Cuando uno comparte el proceso del descubrimiento de manera abierta y honesta, la gente se involucra. Había niños, docentes, familias enteras siguiendo las transmisiones. Creo que todos conservamos cierta capacidad de asombro y el océano profundo despertó justamente eso».

    Los investigadores pasaban horas frente a las pantallas monitoreando el terreno. Foto gentileza Schmidt Ocean Institute.

    Los resultados de esa campaña abrieron nuevas líneas de análisis. «La expedición mostró que todavía conocemos muy poco sobre nuestros ambientes profundos. Documentamos hábitats de gran complejidad estructural y registramos una biodiversidad mucho mayor de la que esperábamos. Cada nueva especie registrada ayuda a comprender cómo funcionan estos ecosistemas y aporta información clave para su conservación y manejo. Pero además hay una dimensión social muy importante: no se puede valorar ni proteger aquello que no se conoce. Generar conocimiento sobre el Mar Argentino es también fortalecer nuestra relación con él».

    Doce horas de turno, adrenalina y pantallas: la vida a bordo del Falkor (too)


    La vida a bordo del buque Falkor (too) se organizó en turnos estrictos de 12 horas para mantener el barco activo las 24 horas. Los científicos debieron adaptar sus cuerpos a una rutina milimétrica, donde incluso las comidas tenían horarios fijos y adelantados, como la cena a las 17:30.

    El equipo procesaba los hallazgos que hoy siguen abriendo preguntas sobre nuestro mar. Foto gentileza Misha Vallejo Prut/ Schmidt Ocean Institute.

    El centro de operaciones era el cuarto de control del robot submarino SuBastian, encargado de las inmersiones que duraban entre 10 y 24 horas en el fondo del mar. En esa sala, los investigadores pasaban horas frente a las pantallas monitoreando el terreno y guiando los brazos mecánicos del robot para recolectar las muestras.

    En el laboratorio unas 20 personas clasificaban los organismos. Foto gentileza Misha Vallejo Prut/ Schmidt Ocean Institute.

    En ese mismo espacio se manejaba la transmisión en vivo por YouTube. El equipo debía concentrarse en la precisión científica del muestreo profundo mientras leía, en tiempo real, las preguntas del público. Según declaró Brogger, ese ida y vuelta constante convirtió una campaña puramente técnica en una experiencia humana que los conmovió.

    Foto gentileza Schmidt Ocean Institute.

    Una vez que el robot salía a la superficie, el trabajo se trasladaba al laboratorio principal, donde unas 20 personas clasificaban los organismos. Con lupas, cámaras y un generador de hielo constante para conservar el material, el equipo procesaba los hallazgos que hoy siguen abriendo preguntas sobre nuestro mar.

    Foto gentileza Schmidt Ocean Institute.

    La nueva campaña frente a la Patagonia


    Tras el reciente anuncio, el equipo ya planifica la próxima campaña oceanográfica para el 2027. «La nueva campaña buscará ampliar el conocimiento sobre los ecosistemas profundos del Mar Argentino, particularmente en sectores que aún han sido poco explorados. Queremos comprender mejor cómo se distribuyen las especies, cómo se estructuran estas comunidades y cuáles son los factores ambientales que explican esa biodiversidad», anticipa.

    «Cada expedición abre nuevas preguntas. Seguramente encontraremos organismos que nunca habían sido registrados en la región e incluso algunos potencialmente nuevos para la ciencia. Pero también esperamos generar información sólida que contribuya a futuras estrategias de conservación».

    El robot submarino SuBastian, encargado de las inmersiones que duraban entre 10 y 24 horas en el fondo del mar. Foto gentileza Misha Vallejo Prut/ Schmidt Ocean Institute.

    Para Brogger, hablar con el diario de la región donde se crió es una oportunidad para dirigirle un mensaje directo a los más jóvenes. «Me gustaría que los jóvenes patagónicos entiendan que la ciencia no es un camino reservado para unos pocos. Yo fui un chico que creció en Bariloche, con mucha curiosidad por la naturaleza, y esa curiosidad terminó convirtiéndose en una profesión. La Patagonia está llena de preguntas fascinantes por responder y necesitamos nuevas generaciones que quieran hacerse esas preguntas».

    Foto gentileza Schmidt Ocean Institute.

    Por otra parte destacó que hacer ciencia «es un trabajo profundamente colectivo. Detrás de cada expedición hay técnicos, investigadores, estudiantes, tripulaciones y muchas personas trabajando juntas. Aun en contextos complejos, con dificultades y desafíos permanentes, seguimos generando conocimiento valioso desde Argentina. Creo que eso también es importante: mostrar que es posible hacer ciencia de excelencia, formar equipos sólidos y aportar desde nuestro país a preguntas que tienen relevancia global».

    Foto gentileza Schmidt Ocean Institute.
    Foto gentileza Schmidt Ocean Institute.


  • El fascinante video de una ballena franca que derivó en un hallazgo inédito para la ciencia

    El fascinante video de una ballena franca que derivó en un hallazgo inédito para la ciencia

    Lo que comenzó como un avistaje más al inicio de la temporada de ballenas en Las Grutas, Río Negro, terminó siendo un hito para la biología marina a escala global.

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    El fotógrafo y realizador Maximiliano Cartés capturó con su drone, desde la costa patagónica, imágenes de una ballena franca austral que dejaron perplejos a los investigadores del CONICET que las analizaron.

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    Sobre las callosidades tan típicas de este gigante marino, había varias estructuras rojizas que la ciencia nunca había detectado en esta especie.

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    Maximiliano Cartés comparte habitualmente sus registros de fauna marina en su cuenta de Instagram, donde varios de sus videos ya se habían viralizado con anterioridad.

    Este, sin embargo, tiene un valor que los anteriores no tenían: además de impactante, accidentalmente constituye un descubrimiento científico.

    Un registro casual

    Cartés estaba realilzando, como todos los años, registros de los primeros avistajes de la temporada en el Golfo San Matías.

    Pero en la cabeza de un ejemplar, de casualidad, detectó algo que le llamó la atención de inmediato.

    En la zona de las callosidades, esas manchas rugosas y blanquecinas características de la especie, se agrupaban varias estructuras de color rojizo intenso.

    Entrenado en la observación de la vida marina con su habitual tarea de registrarla en imágenes, enseguida supo que allí había algo fuera de lo común. Y enseguida lo comprobó.

    Qué hallaron en la ballena franca austral

    El fotógrafo consultó a los especialistas con los que habitualmente comparte su trabajo de registro y monitoreo, y ellos coincidieron con él.

    Nunca antes habían visto algo así: sobre la cabeza de la ballena había organismos de aspecto similar al de los percebes, un marisco valorado en la gastronomía española como un exclusivo manjar.

    Una vez que tuvo esa confirmación de sus sospechas, compartió las imágenes en sus redes sociales, describió lo que había encontrado y difundió las primeras conclusiones que hicieron los científicos.

    «Otro registro único en el golfo: un hallazgo para la biología marina mundial”, arrancó su publicación, en la que describe lo que se ve en las imágenes.

    Cartés explicó que lo que en principio parecía un registro fotográfico más «terminó siendo un hito”, ya que “este tipo de organismos asociados nunca había sido registrado anteriormente en ballenas francas australes en quizás ninguna parte del mundo».

    El percebe, manjar de un mar bravo

    Los organismos rojizos que sorprendieron a los científicos en la piel de la ballena tienen un pariente muy cercano en la gastronomía mundial: el percebe.

    Lo que la doctora Magdalena Arias y su equipo observaron sobre las callosidades de la ballena franca en el Golfo San Matías pertenece a este mismo grupo de organismos, los cirrípedos, aunque su especie exacta aún está siendo determinada.

    El percebe es un crustáceo cirrípedo que vive fijado a las rocas en zonas de olas muy fuertes, donde el agua fría y los golpes del mar generan el oxígeno que estos mariscos necesitan para desarrollarse.

    Cuanto más embravecido el mar, más grande y sabroso resulta el manjar que luego se sirve en el plato de la alta cocina gallega, donde es considerado uno de los mariscos más preciados.

    Su sabor intenso y yodado, de puro océano concentrado, lo convierte en una experiencia gastronómica de primer nivel, aunque reservada a pocos: el precio del percebe gallego de primera calidad ronda los 100 euros por kilo.

    Una tarea de riesgo extremo

    La razón de ese valor está directamente ligada a la dificultad para llevarlo a la cocina. Los percebeiros, como se llama a quienes los recolectan, deben descender por acantilados con cuerdas y trabajar sobre las rocas expuestas al oleaje, en condiciones de riesgo extremo.

    No hay maquinaria posible: la recolección se hace a mano, con una herramienta simple llamada raspeta, desprendiendo los ejemplares uno a uno de la roca.

    La conexión del percebe gallego con el que se avistó en la ballena fanca austral en el Golfo San Matías no es solo biológica: ambos comparten el mismo principio de vida, adheridos a una superficie dura, en aguas frías y en movimiento, filtrando el mar para alimentarse.

    La diferencia es que uno termina en las mesas más exclusivas de Europa, y el otro acaba de ser descubierto en la piel de uno de los cetáceos más emblemáticos de la Patagonia. Y todo está por estudiarse.

    La primera explicación de la ciencia

    El posteo de Cartés incluye también la primera evaluación de la doctora Magdalena Arias, investigadora del Centro de Investigación Aplicada y Transferencia Tecnológica en Recursos Marinos «Almirante Storni» (CIMAS) del CONICET, quien analizó las imágenes y las filmaciones.

    «Observamos varias estructuras rojizas agrupadas sobre las callosidades, con un aspecto muy similar a percebes”, confirmó.

    Y amplió su explicación: “Las callosidades son esas manchas blanquecinas y rugosas características de ballenas francas y están habitadas principalmente por pequeños crustáceos llamados cyámidos o piojos de ballena, además de otros organismos asociados como cirrípedos o dientes de perro».

    Esas callosidades funcionan, de hecho, como un hábitat en miniatura, que albergan comunidades de crustáceos microscópicos que se adhieren permanentemente a la piel endurecida.

    Sin embargo, los organismos rojizos capturados por Cartés son de naturaleza diferente.

    Descubrimiento único en la Patagonia

    La investigadora del CONICET fue categórica al valorar el alcance del hallazgo.

    «Lo más interesante es que este tipo de organismo asociado nunca había sido registrado anteriormente en ballenas francas australes”, dijo.

    “Sí contamos con registros de organismos muy similares asociados a ballenas jorobadas en el Golfo San Matías”, agregó.

    Y concluyó: “Este nuevo registro abre preguntas sobre las interacciones biológicas que ocurren sobre la piel de las ballenas y sobre las especies que comparten su hábitat».

    El hecho de que organismos equivalentes ya se conocieran en jorobadas, pero no en francas australes, convierte el avistaje de Cartés en el primer eslabón de una línea de investigación abierta.

    El registro no quedó circunscripto a una sola institución científica. Agustín Barschi y biólogos de la provincia de Chubut también se sumaron al seguimiento del caso desde el primer momento, lo que el propio Cartés destacó en su publicación.

  • Contaminación en la Bahía San Antonio: metales pesados persisten

    Contaminación en la Bahía San Antonio: metales pesados persisten

    La Bahía San Antonio continúa siendo un foco de contaminación por metales pesados en la Patagonia. Así lo confirmó una investigación científica que revisó 25 años de estudios y concluyó que residuos mineros abandonados hace más de cuatro décadas siguen liberando plomo, cobre y zinc al ecosistema costero, afectando organismos marinos y manteniendo abierta una herida ambiental que nunca terminó de cerrarse.

    El trabajo fue realizado por las investigadoras Erica Giarratano, Mónica Noemí Gil y Gabriela Malanga, especialistas vinculadas al CONICET, la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco y la Universidad de Buenos Aires. La investigación fue publicada en la prestigiosa revista científica Environmental Research y representa el primer relevamiento integral sobre la presencia de metales en organismos de toda la costa atlántica patagónica.

    Los resultados encendieron nuevamente las alarmas sobre una problemática histórica. Tras analizar estudios realizados entre los años 2000 y 2025, las científicas concluyeron que la Bahía San Antonio sigue figurando como un punto crítico de contaminación ambiental debido a los residuos generados por explotaciones mineras que funcionaron entre las décadas de 1960 y 1980.

    Pero lo más inquietante es que esos desechos no permanecen inmóviles. Según determinaron las especialistas, los materiales abandonados continúan filtrando metales al ambiente a través de procesos de escorrentía y drenaje ácido. En otras palabras, cada lluvia y cada movimiento natural del terreno contribuyen a que contaminantes como plomo, cobre y zinc sigan llegando a los sedimentos costeros y al mar.

    Además, la investigación confirmó que esos metales no quedan solamente en el suelo. Los contaminantes son absorbidos por distintas especies que forman parte del ecosistema local. Cangrejos, mejillones y plantas de los humedales costeros incorporan estos elementos a sus organismos, permitiendo que la contaminación permanezca activa dentro de la cadena biológica.

    Asimismo, el estudio analizó ocho metales considerados prioritarios por la comunidad científica internacional: cadmio, cromo, cobre, hierro, mercurio, níquel, plomo y zinc. Para ello se revisaron 66 investigaciones y se seleccionaron 33 trabajos de campo con datos cuantitativos obtenidos en distintos puntos de la costa patagónica. Los organismos evaluados abarcaron desde algas y plantas costeras hasta aves, delfines y ballenas.

    Uno de los datos que llamó la atención de las investigadoras fue la persistencia de concentraciones elevadas de cadmio en distintos niveles de la cadena alimentaria. En este caso, los científicos consideran que su origen estaría asociado principalmente a procesos naturales vinculados con corrientes marinas provenientes de la Antártida. En contraste, el mercurio mostró una fuerte acumulación en mamíferos marinos, especialmente en sus hígados, con diferencias relacionadas a la dieta y la edad de cada especie.

    La revisión científica identificó al sector como el principal «hotspot» de contaminación metálica de la costa atlántica patagónica. La misma conclusión fue destacada por las autoras en la publicación internacional, donde remarcaron que los residuos mineros abandonados continúan filtrando metales al ambiente décadas después de haber cesado la actividad extractiva.

    Por otra parte, las especialistas advirtieron que todavía existen importantes vacíos de información. La falta de monitoreos permanentes, la escasez de estudios de largo plazo y la ausencia de protocolos estandarizados dificultan conocer con precisión la evolución del problema ambiental. Por ese motivo recomendaron implementar estaciones de monitoreo permanente y profundizar las tareas de seguimiento científico en la bahía.

  • El salario mínimo y una señal de alarma sobre la estructura del ingreso en la Argentina

    El salario mínimo y una señal de alarma sobre la estructura del ingreso en la Argentina

    Un informe de la UBA y el CONICET advierte que el salario mínimo perdió poder de compra durante diez meses consecutivos y que su valor real se ubica por debajo de niveles de comienzos de siglo. Más allá de los números, el dato vuelve a poner en discusión la relación entre precios, salarios y productividad.

    El debate sobre el salario mínimo, vital y móvil (SMVM) volvió a instalarse con fuerza a partir de un informe elaborado por la UBA y el CONICET que sostiene que su poder de compra se encuentra en niveles históricamente bajos, incluso por debajo de registros de comienzos de la década del 2000.

    Según el estudio, el salario mínimo acumula diez meses consecutivos de pérdida real y su valor actual se ubica en torno a un tercio del máximo alcanzado en 2011. En términos más amplios, el trabajo advierte que la erosión del poder adquisitivo es persistente y atraviesa distintos ciclos económicos, más allá de las políticas aplicadas en cada período.

    El dato no es menor: el salario mínimo no solo funciona como referencia para los ingresos más bajos del mercado laboral formal, sino que también impacta en programas sociales, negociaciones paritarias y esquemas de actualización de ingresos en distintos niveles del Estado. Su deterioro, por lo tanto, excede el universo de quienes lo perciben directamente.

    El informe también plantea un cálculo ilustrativo: para recuperar el poder de compra histórico, el SMVM debería ubicarse muy por encima de su nivel actual. Más allá de la cifra exacta, lo que aparece es una brecha significativa entre el salario nominal y su capacidad real de cubrir una canasta básica de bienes y servicios.

    La discusión de fondo remite a un problema estructural de la economía argentina: la dificultad para sostener el valor del ingreso en contextos de alta inflación y baja previsibilidad. En ese escenario, los salarios suelen correr detrás de los precios, generando una dinámica de deterioro acumulativo que impacta de manera desigual en distintos sectores.

    El caso del salario mínimo expone además otra tensión: su función normativa como “piso” del mercado laboral pierde efectividad cuando el propio piso se debilita en términos reales. Esto obliga a repensar no solo su actualización, sino también su vínculo con la productividad, el empleo formal y la política macroeconómica en general.

    En un contexto donde los indicadores sociales y laborales muestran señales mixtas, el dato del SMVM funciona como una alerta adicional sobre la fragilidad del ingreso en la Argentina. Más que una discusión técnica, el tema vuelve a instalar una pregunta de fondo sobre la capacidad del sistema económico para sostener niveles mínimos de bienestar de manera estable en el tiempo.

  • Aseguran que el salario mínimo cayó 39% desde que asumió Milei: el fuerte contraste del poder adquisitivo con el 2011

    Aseguran que el salario mínimo cayó 39% desde que asumió Milei: el fuerte contraste del poder adquisitivo con el 2011

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    El Centro de Estudios de Historia Económica Argentina y Latinoamericana, perteneciente a la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el Conicet, elaboró un informe que grafica el profundo deterioro del poder adquisitivo en el país.

    Según el estudio, para que el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) preserve su poder de compra original  -es decir, al momento de su creación en 1964- el valor actual debería oscilar entre 1.509.000 y 1.838.000 pesos, muy por encima de la remuneración mínima vigente en abril de 2026 ($357.800).

    La caída de los ingresos no es un fenómeno reciente, sino que arrastra una tendencia descendente que atravesó a gobiernos de distinto signo político. El indicador alcanzó su máximo histórico en septiembre de 2011, cuando equivalía a 1.059.903 pesos a valores constantes de abril de 2026. Desde ese pico, la erosión acumulada alcanza un drástico 66%.

    Para dimensionar esta pérdida histórica, el informe recordó cómo era el poder de compra en junio de 1964, cuando el gobierno de Arturo Illia fijó el primer salario mínimo. }En aquel entonces, la normativa establecía que esa remuneración debía cubrir la alimentación, vivienda, educación, salud y esparcimiento de una familia tipo.

    Con ese sueldo original, un trabajador podía adquirir alrededor de 107 kilos de carne vacuna, abonar el alquiler de un departamento de tres ambientes bien ubicado (que demandaba el 53% del ingreso) o pagar 2.333 pasajes de colectivo.


    El desplome desde la asunción de Javier Milei y el nivel inferior al 2001


    El panorama se agravó fuertemente en el último tiempo, dejando al salario mínimo real con un poder de compra inferior al que tenía durante la crisis económica del 2001. Esta contracción constante ubica al indicador en uno de los niveles más bajos de las últimas tres décadas.

    En noviembre de 2023, al momento de la asunción de la actual administración libertaria, el SMVM ya arrastraba una pérdida del 44% respecto de su pico histórico y se ubicaba en 589.124 pesos. Desde entonces, la licuación de los ingresos se aceleró de manera contundente. Entre noviembre de 2023 y abril de 2026, el salario mínimo real acumuló una caída del 39,3%, lo que provocó que su valor actual represente solamente un tercio del máximo histórico registrado en septiembre de 2011.

    El deterioro fue progresivo y marcado por los saltos inflacionarios. El indicador sufrió una contracción del 15% en diciembre de 2023 ante la aceleración de los precios, y volvió a desplomarse un 17% durante enero de 2024.

    A su vez, los datos oficiales demostraron que desde julio de 2025 la remuneración mínima acumula diez meses consecutivos de pérdida real. Esta brecha en los ingresos se profundizó especialmente en septiembre y octubre, meses en los que el SMVM permaneció congelado en 322.200 pesos mientras el costo de vida continuó en alza.

    Este fuerte deterioro se inscribe en un cuadro recesivo mucho más amplio que afecta a todos los trabajadores. De acuerdo con el mismo relevamiento, el poder de compra del salario en el sector privado cayó un 4,8% respecto de noviembre de 2023, mientras que los ingresos del sector público retrocedieron un 17% en el mismo período.

    En esa línea, la remuneración promedio de los asalariados registrados del sector privado fue de $2.111.085 en marzo de 2026, un valor 14,9% inferior al máximo de la serie, registrado en mayo de 2013.

    Finalmente, a esta pérdida de poder adquisitivo los investigadores sumaron que el empleo asalariado formal privado acumuló una pérdida de 206.000 puestos desde el inicio de la actual gestión gubernamental.


  • Tarifas en Neuquén: CALF asegura que ACIPAN usó datos erróneos

    Tarifas en Neuquén: CALF asegura que ACIPAN usó datos erróneos

    La tarifa eléctrica en Neuquén volvió a quedar en el centro del debate luego que la Cooperativa CALF cuestionara públicamente un informe difundido por la Asociación de Comercio, Industria, Producción y Afines del Neuquén (ACIPAN) en donde manifestaba que los usuarios de la capital neuquina pagan la tarifa más alta del país y que su valor se encuentra un 87% por encima del promedio nacional. Frente a esa afirmación, la cooperativa cuestionó la metodología utilizada para realizar la comparación.

    CALF aseguró que  la tarifa tomada como referencia en el informe no corresponde a la aplicada por la cooperativa en la ciudad de Neuquén. La prestadora del servicio eléctrico sostuvo que el análisis de ACIPAN se basa en una «interpretación parcial y tendenciosa» de los datos incluidos en el Reporte de Tarifas y Subsidios N° 38 elaborado por el Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP), organismo que depende de la Universidad de Buenos Aires y del CONICET. «La omisión más importante es que la tarifa utilizada como referencia para la provincia de Neuquén no corresponde a la que se aplica», indicaron.

    La cooperativa eléctrica afirmó que cualquier evaluación sobre la tarifa debe contemplar factores que influyen en la composición del precio final. En ese sentido, sostuvo que las comparaciones entre jurisdicciones requieren un análisis más amplio para evitar interpretaciones erróneas. Si bien una comparación de precios puede mostrar una foto del estado de situación en un momento determinado en el tiempo, para no llegar a conclusiones erróneas «la comparación debe ser analizada a la luz de los factores que inciden en la determinación de tarifas en cada una de las jurisdicciones y de su composición estructural», señaló.

    La cooperativa también citó conceptos incluidos en el trabajo académico elaborado por el IIEP. Según explicó, el propio informe atribuye las diferencias tarifarias a múltiples factores, entre ellos las características de las redes de distribución, las condiciones geográficas de cada región, los mecanismos de actualización de precios, las cargas impositivas y aspectos regulatorios. Desde CALF sostuvieron que esos elementos fueron omitidos en la presentación realizada por ACIPAN.

    La discusión surgió en medio de un contexto de preocupación por el costo de los servicios públicos y el impacto que tienen sobre hogares y empresas. Mientras ACIPAN sostiene que Neuquén presenta uno de los valores más elevados del país para el consumo eléctrico, la cooperativa insiste en que la comparación difundida no refleja la situación real del servicio que presta en la capital provincial. El debate sobre los costos de la energía quedó abierto y suma un nuevo capítulo entre dos actores con peso en la economía neuquina.

  • Científicos de Bariloche, entre los más influyentes del mundo

    Científicos de Bariloche, entre los más influyentes del mundo

    Nueve investigadores del Centro Regional Universitario Bariloche (CRUB) de la Universidad Nacional del Comahue fueron incluidos en el ranking mundial de mejores científicos por disciplina que elabora el portal Research.com. El reconocimiento, en su quinta edición, los ubica entre los más influyentes del planeta en áreas directamente vinculadas a los ecosistemas patagónicos.

    Quiénes son y en qué trabajan

    Entre los distinguidos figuran Marcelo Aizen, Thomas Kitzberger, Juan Corley, Sergio Lambertucci, Ana Ladio, Beatriz Modenutti, Esteban Balseiro, Andrea Premoli y Juan Manuel Morales. Sus especialidades abarcan ecología forestal, polinización, cambio climático, conservación de biodiversidad y modelos ecológicos, con aplicaciones directas en la gestión ambiental de la región.

    La mayoría de estos investigadores integra también el CONICET, lo que refuerza el peso de la ciencia pública argentina en la producción de conocimiento a escala global.

    Cómo se elabora el ranking

    Research.com evalúa producción académica, premios y trayectoria de los investigadores en distintas disciplinas. Esta es la quinta edición del listado, que incluye científicos de todo el mundo clasificados por área de especialización.

    El reconocimiento consolida a Bariloche como polo científico de referencia internacional y posiciona a la UNCo como una institución clave en investigación ambiental aplicada a los desafíos de la Patagonia.

  • Jorobadas del Beagle: un plan con ciencia participativa para identificar a las ballenas

    Jorobadas del Beagle: un plan con ciencia participativa para identificar a las ballenas

    Cada vez que una ballena jorobada saca la cola del agua, deja expuesta su firma personal: un patrón único de coloración blanco y negro en la aleta caudal, irrepetible como una huella dactilar.

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    Ese rasgo biológico es la clave de un programa de ciencia participativa que un equipo del CONICET sostiene desde 2013 en el extremo sur de Argentina, con la colaboración de más de 500 personas que nunca estudiaron biología marina pero que, sin saberlo, se convirtieron en parte de la ciencia.

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    Con una foto alcanza

    El proyecto se llama Jorobadas del Beagle y fue impulsado por las biólogas marinas Natalia Dellabianca y Mónica Torres, integrantes del Laboratorio de Investigaciones en Mamíferos Marinos Australes del Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC-CONICET), con sede en Ushuaia.

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    «Todo es gracias a las fotos que nos mandan las tripulaciones que visitan el canal y los mismos turistas. Ahora, lo que está pasando en el canal es que las ballenas están volviendo a antiguas áreas de alimentación», sintetizó Dellabianca en una nota de Mongabay, una red de medios independientes dedicada a difundir temas ambientales y de protección de especies.

    El programa cuenta con el apoyo de WCS Argentina y el Comité de seguimiento del Compromiso Onashaga, que reúne a voluntarios de varias instituciones de Ushuaia interesadas en el turismo sustentable.

    El aporte de la gente

    La mecánica es simple: turistas, guías, fotógrafos y tripulantes de embarcaciones que navegan el Canal Beagle, además de -por supuesto- habitantes locales envían sus fotos y videos por correo electrónico o redes sociales, con fecha y lugar del avistaje.

    Posteriormente, las investigadoras comparan la imagen de la cola con el catálogo acumulado.

    Si la ballena ya fue registrada, suman un nuevo avistaje a su historial.

    Si no, incorporan un individuo nuevo y le asignan un nombre.

    El privilegio de bautizar ballenas

    Pero ese aparente trámite burocrático es algo más que ello.

    El programa establece que aquel colaborador que aportó la primera foto de una ballena jorobada, adquiere el derecho de bautizar al ejemplar: lo contactan y le preguntan cómo quiere llamarla.

    El detonante del proyecto fue un avistaje inusual.

    Entre febrero y abril de 2013, un pequeño grupo de jorobadas permaneció durante semanas en las aguas del Canal Beagle, cerca de Ushuaia.

    «Si bien su presencia había sido registrada anteriormente, fue llamativo que permanecieran allí tanto tiempo», recordaron las co-autoras del catálogo.

    Esa permanencia inesperada motivó el inicio del monitoreo sistemático.

    Más de 200 ballenas identificadas en Tierra del Fuego

    Doce años después, el resultado es un catálogo de fotoidentificación con 208 ballenas jorobadas registradas entre 2013 y 2025.

    La edición presentada en el Día Mundial de las Ballenas de 2025, el tercer domingo de febrero, había documento 191 individuos.

    Luego, durante ese año se sumaron imágenes de 22 ejemplares en la zona del canal, de los cuales 17 fueron reconocidos por primera vez. De este modo, se llegó a la última cifra actualizada.

    Por qué muchas vuelven al canal de Beagle

    La presencia de las ballenas en el canal de Beagle no es casual.

    Las jorobadas encuentran allí el alimento que necesitan: comen principalmente langostilla y sardina fueguina.

    «A partir de febrero, normalmente tenemos una presencia permanente de la especie. Si bien puede haber avistajes desde noviembre hasta agosto en algunos casos, a partir de febrero y hasta junio normalmente tenemos presencia permanente», explicó Dellabianca.

    Shima y Buddha, dos casos famosos

    El seguimiento sostenido en el tiempo permitió reconstruir historias individuales.

    Shima, por ejemplo, es la ballena más fiel al canal: lleva ocho años consecutivos visitando estas aguas, en un caso de notable de fidelidad al sitio entre todas las jorobadas registradas.

    Buddha, en cambio, no había sido vista desde 2021 pero reapareció en 2025, algo que el equipo científico calificó como algo «altamente positivo».

    El valor de la información

    La comparación del catálogo del Beagle con registros realizados en otras regiones puede aportar información sobre rutas migratorias e historias de vida compartidas.

    Las jorobadas son consideradas especies «centinelas» del océano: al ser sensibles a los cambios ambientales, el monitoreo de sus patrones de comportamiento permite detectar transformaciones en el ecosistema marino, según señaló Valeria Falabella, directora de conservación costero marina de WCS Argentina.

    El crecimiento sostenido de la población en el canal desde 2018 se explica en parte por la recuperación global de los cetáceos tras décadas de prohibición de la caza comercial, que les permitió recolonizar antiguas áreas de alimentación.

    Pero ese regreso también trae nuevos desafíos.

    El desafío de protegerlas

    El Canal Beagle tiene apenas tres millas de ancho mínimo y conecta los océanos Pacífico y Atlántico.

    Es un corredor angosto con tráfico marítimo creciente, impulsado en parte por los viajes hacia la Antártida.

    «El ingreso creciente de ballenas al Beagle conlleva un aumento en la interacción entre estos animales y las embarcaciones«, advirtió Dellabianca.

    Solange Fermepin, de WCS Argentina, enumeró las amenazas que enfrenta la especie: colisiones con barcos, contaminación sonora, desechos en el mar, enmalles en redes pesqueras, pesca ilegal y cambio climático.

    Desde el CADIC señalaron que «resulta necesario revisar y fortalecer pautas de navegación, como las velocidades de entrada y salida de los buques y las distancias de acercamiento para el avistaje de ballenas».

    En el marco del proyecto, el equipo también realiza charlas informativas a la comunidad náutica y distribuye ejemplares impresos del catálogo como material de divulgación.