A más de cuatro años del inicio de la pandemia de COVID-19, sus efectos sobre la salud mental continúan presentes y se manifiestan con mayor intensidad en distintos sectores de la sociedad.
Durante una entrevista en el programa Nada sucede dos veces por AM Cumbre 1400, Victoria Bein, Doctora en Psicología, profesora e investigadora del Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad de la Universidad Austral, analizó este escenario.
En diálogo con los periodistas, explicó que muchas de las problemáticas actuales tienen su origen o se profundizaron durante el aislamiento.
Según indicó, la pandemia actuó como un punto de quiebre que dejó secuelas profundas en la forma de vincularnos, trabajar y vivir.
La pandemia como punto de inflexión
El COVID-19 no solo impactó en la salud física, sino que generó cambios estructurales en la vida cotidiana. El aislamiento, la incertidumbre y la ruptura de rutinas afectaron a millones de personas en simultáneo.
Este proceso dejó marcas que no desaparecieron con el fin de las restricciones. Por el contrario, muchas de esas experiencias se trasladaron al presente, generando nuevas formas de ansiedad, estrés y dificultades en la vida diaria.
Un sistema que no logra recuperarse
El aumento de la demanda en salud mental se consolidó después de la pandemia. Consultorios, hospitales y centros de atención registran una presión constante que no logra ser absorbida.
La situación expone las limitaciones estructurales del sistema. La falta de recursos, profesionales y programas sostenidos dificulta dar respuestas en tiempo y forma a una problemática que sigue creciendo.
Adolescencia y vínculos digitales
Uno de los sectores más afectados es el de los adolescentes. Durante la pandemia, gran parte de sus vínculos se trasladaron al ámbito digital, una dinámica que se mantuvo en el tiempo.
Este cambio modificó la forma de relacionarse, generando efectos en la construcción de la identidad, la autoestima y la interacción social. En muchos casos, estas transformaciones derivan en situaciones de ansiedad, aislamiento o conflicto.
Familias frente a nuevas realidades
Las familias también atraviesan este proceso con incertidumbre. Muchas situaciones que antes no formaban parte de la vida cotidiana hoy requieren atención y respuestas.
La falta de herramientas y el escaso acompañamiento institucional generan que muchas decisiones se tomen desde el miedo o la desinformación, lo que complejiza aún más el escenario.
Estrés post pandemia y contexto argentino
A las secuelas del COVID se suma el contexto local. La inestabilidad económica y social potencia un estado de estrés constante que se vuelve crónico.
Este escenario impacta no solo en la salud mental, sino también en la física. La acumulación de tensiones sostenidas en el tiempo genera consecuencias que se evidencian en distintos aspectos de la vida.
El desafío de una agenda pendiente
El panorama actual plantea la necesidad de incorporar la salud mental como prioridad en la agenda pública. La pandemia dejó en evidencia la fragilidad del sistema y la falta de políticas preventivas.
El desafío es avanzar hacia un enfoque integral que combine prevención, atención y acompañamiento, en un contexto donde la demanda sigue en aumento.
La pandemia ya pasó como emergencia sanitaria, pero sus efectos siguen presentes, configurando un escenario donde la salud mental se convierte en uno de los principales desafíos del presente.
La entrevista
Victoria Bein, doctora en Psicología e investigadora del Observatorio de Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad de la Universidad Austral, analizó el impacto de la pandemia en la salud mental y la situación actual en Argentina.
—Pregunta: ¿Qué impacto dejó la pandemia en la salud mental?
—Respuesta: La pandemia intensificó problemas que ya existían. Aumentó la soledad, la ansiedad y el aislamiento, especialmente en adolescentes. Hoy vemos que esos efectos no solo continúan, sino que en muchos casos se agravaron.
—Pregunta: ¿Cómo está hoy el sistema de salud mental?
—Respuesta: Está colapsado. Tanto el sistema público como el privado y el semi privado no logran dar respuesta a la demanda actual. Estamos en una situación de emergencia en salud mental.
—Pregunta: ¿Cuáles son las principales demandas?
—Respuesta: Lo que más se necesita son programas preventivos. Hoy llegamos tarde, cuando los problemas ya explotaron. Hay que trabajar desde la infancia, acompañando el desarrollo emocional y psicológico.
—Pregunta: ¿Qué pasa con los adolescentes?
—Respuesta: Hay una combinación compleja entre redes sociales, digitalización de vínculos y falta de herramientas socioemocionales. La pandemia intensificó este proceso y hoy se ve en situaciones de ansiedad, violencia y conflictos escolares.
—Pregunta: ¿Cómo impacta esto en las familias?
—Respuesta: Genera mucha incertidumbre. Muchas familias no saben cómo actuar, sienten que el sistema no responde y terminan tomando decisiones por miedo, como no enviar a los chicos a la escuela ante ciertas situaciones.
—Pregunta: ¿Qué rol tiene el Estado?
—Respuesta: Es fundamental. Se necesitan políticas públicas que prioricen la salud mental, con programas integrales en escuelas y acompañamiento a las familias.