Miguel Galuccio construyó una de las historias empresariales más singulares del sector energético argentino: transformar un “cheque en blanco” en una compañía valuada en US$ 8.000 millones. Lo hizo con Vista Energy, una firma que hoy cotiza en Nueva York y se consolidó como la principal petrolera independiente del país.
El punto de partida fue un instrumento poco habitual en la región: un SPAC (Special Purpose Acquisition Company). Con ese esquema, Galuccio logró captar unos US$ 800 millones iniciales sin tener activos operativos, solo una idea, un equipo y su trayectoria en la industria. “Primero diseñamos la cultura. Después vino el capital”, explicó.
La clave, según el empresario, no estuvo únicamente en la financiación, sino en la ejecución. “Hay muchas buenas ideas en el mundo, pero pocos pueden llevarlas a la práctica”, sostuvo. Ese proceso implicó construir una compañía “mientras volaba”, en un contexto de alta incertidumbre y con el desafío de atraer talento senior dispuesto a asumir riesgos.
El crecimiento fue exponencial. En menos de una década, Vista pasó de ser una startup energética a producir entre 135.000 y 140.000 barriles diarios, con presencia consolidada en Vaca Muerta. Para Galuccio, ese activo explica gran parte del éxito: “Solo explotamos el 10% de los recursos que tenemos”.
El ejecutivo también repasó su rol previo en YPF, donde lideró el proceso inicial de desarrollo del shale. Recordó que en 2012 el país tenía un déficit energético de US$ 12.000 millones y dependía de más de 100 barcos de GNL al año. Hoy, en cambio, la balanza es superavitaria.
En ese camino, destacó el acuerdo con Chevron como un punto de inflexión. La compañía estadounidense fue uno de los primeros socios en apostar por Vaca Muerta cuando aún era un desarrollo de alto riesgo. “En ese momento era para creyentes; hoy es para ingenieros”, sintetizó.
El cambio estructural no fue solo técnico. Galuccio remarcó que hubo una transformación cultural en la industria. Se pasó de una lógica de escasez a una de abundancia energética. Ese giro permitió escalar producción, atraer inversiones y posicionar a la Argentina como exportador.
La experiencia internacional también fue determinante. Su paso por Schlumberger le dio herramientas de gestión y una visión global del negocio. Sin embargo, fue en el terreno —en yacimientos y operaciones— donde afirma haber formado su carácter profesional.
En términos operativos, explicó el funcionamiento del shale: perforaciones verticales de hasta 3.000 metros que luego se extienden horizontalmente otros 3.000 metros, combinadas con múltiples etapas de fractura hidráulica. Este proceso permite liberar hidrocarburos en formaciones de muy baja permeabilidad.
El desarrollo de Vaca Muerta, según su visión, no solo transformó la matriz energética, sino también el entramado productivo. Generó empleo, impulsó proveedores y posicionó a la industria argentina en estándares internacionales.
A futuro, Galuccio planteó que el crecimiento dependerá de tres factores: estabilidad macroeconómica, reglas de juego claras e infraestructura. Sin estos elementos, advirtió, el potencial del shale podría quedar limitado.
Además, señaló que el sector todavía tiene un amplio recorrido. Si bien reconoció que el petróleo tendrá un reemplazo en el largo plazo, sostuvo que la transición energética será gradual y que aún queda “mucho tiempo por delante”.
Con Vista, el empresario continúa apostando a ese futuro. La compañía no solo busca expandir su producción, sino también invertir en nuevas áreas como energías de transición, bonos de carbono y biotecnología.
La historia de Galuccio sintetiza el recorrido de Vaca Muerta: de una apuesta incierta a un motor central de la economía argentina. Una transformación que, según él mismo define, no tuvo magia, sino ejecución, riesgo y visión de largo plazo.









