Hay una conexión que pocos imaginaban hace una década: lo que ocurre en la Guerra en Medio Oriente impacta directamente en la garrafa de una familia en Neuquén, en Chaco o en Misiones. Y, al revés, lo que sale del subsuelo patagónico puede abastecer las cocinas de Asia, África y América Latina.
Esa conexión quedó en evidencia esta semana, cuando referentes de 26 países y 59 empresas se reunieron en Buenos Aires en el marco del 39° Congreso de la Asociación Iberoamericana de Gas Licuado de Petróleo (Aiglp). El diagnóstico fue unánime: el conflicto en Medio Oriente ha bloqueado aproximadamente el 30% del GLP global que no logra salir del Estrecho de Ormuz, generando una crisis de abastecimiento que impactó en los precios internacionales, con el barril de petróleo superando los 100 dólares y el valor del GLP registrando subas de entre el 30% y el 100% en distintos mercados. En ese contexto, todos miran hacia la Patagonia.
Cerca de 3.000 millones de personas en todo el mundo dependen de las garrafas para cocinar y calefaccionarse. Es un número que impresiona, pero que cobra aún más sentido cuando se lo cruza con la geografía de la crisis: India, uno de los mayores consumidores de GLP del planeta, depende en gran medida del suministro proveniente de Medio Oriente. Con el Estrecho de Ormuz en disputa, esa dependencia se convirtió en vulnerabilidad.
Fabricio Duarte, director ejecutivo de la Aiglp, lo resumió con claridad durante el congreso: «Hoy todos quieren saber qué va a pasar con Argentina, con Vaca Muerta», señaló, subrayando que la seguridad energética global exige diversificar las fuentes de suministro.
La respuesta argentina tiene nombre y coordenadas: la formación de shale más prolífica del hemisferio sur, ubicada debajo de la meseta neuquina.
Los números que explican el interés
La Argentina no es solo una promesa: ya tiene producción concreta para mostrar. En 2025, las exportaciones de GLP alcanzaron 1,6 millones de toneladas, una cifra que más que duplica el consumo interno nacional. i
Pedro Cascales, presidente de la Cámara de Empresas Argentinas de Gas Licuado de Petróleo (Cegla), fue directo ante los representantes internacionales: «Argentina se posiciona como un destino clave para las inversiones en energía, especialmente a partir del desarrollo de Vaca Muerta, una de las principales reservas de shale gas y shale oil del mundo».
/* Mostrar solo en mobile */ @media (min-width: 768px) { #yo-trabajo-cv-mobile { display: none !important; } }
El crecimiento de la producción argentina ya está siendo percibido regionalmente: el impacto de este aumento se sentirá en el flujo de importaciones del resto de los países de América Latina, consolidando al país como un punto estratégico en el mapa energético.
Mientras el mundo mira a la Argentina como exportadora, el GLP sigue siendo adentro del país un recurso de primera necesidad. Unas 20 millones de personas —el 46,30% de la población argentina— dependen de las garrafas para cocinar y calefaccionarse, con especial concentración en provincias como Formosa, Chaco, Corrientes y Misiones, que no cuentan con acceso a la red de gas natural.
El sector atraviesa además una transformación regulatoria: el Decreto 446/2025 avanzó en la desregulación del mercado, desplazando el rol del Estado hacia los aspectos técnicos y de seguridad. Según la industria, el cambio no derivó en aumentos desmedidos sino que aportó previsibilidad, con precios que evolucionaron por debajo de la inflación.
El horizonte: más allá de la garrafa
El debate en el congreso incluyó algo que hasta hace poco parecía lejano: la aplicación del GLP en el autotransporte, el sector náutico, la generación eléctrica y la agricultura, áreas que hoy dependen mayormente de gasoil importado. Si esa expansión se concreta, el impacto sería doble: menos importaciones y mayor aprovechamiento de un recurso que Argentina produce en abundancia.
Para que todo eso ocurra, la industria pide algo que el país históricamente no ha sabido garantizar: estabilidad. Desde Cegla se insiste en la necesidad de avanzar hacia una ley de estabilidad fiscal que dé previsibilidad a las inversiones de largo plazo.
Vaca Muerta como respuesta geopolítica
Lo que emerge de este congreso es una imagen que habría parecido improbable hace apenas una década: la Argentina como actor relevante en la seguridad energética global. No por casualidad, sino por geología y por inversión sostenida en una formación que hoy produce el 60% de la energía del país y que, en un mundo donde los grandes proveedores tradicionales están en zona de conflicto, se convierte en una alternativa cada vez más codiciada.
La garrafa patagónica llega cada vez más lejos. Y el mundo, por primera vez en mucho tiempo, la está esperando.









