Etiqueta: Patagonia

  • Alerta por viento, lluvia y tormenta en Neuquén y Río Negro este lunes 16: en dónde se eleva a «naranja»

    Alerta por viento, lluvia y tormenta en Neuquén y Río Negro este lunes 16: en dónde se eleva a «naranja»

    El Servicio Meteorológico Nacional emitió alerta por viento, tormenta y lluvia en Neuquén y Río Negro para este lunes 16 de marzo. En algunos sectores, la advertencia se eleva a «naranja». Cuáles son las zonas afectadas y los peores horarios.

    Con respecto a la alerta amarilla por viento, el SMN avisó que se aguardan «vientos del sector oeste con velocidades entre 40 y 65 km/h y ráfagas que pueden superar los 100 km/h».

    Por otro lado, la alerta por tormenta implica posible «granizo, precipitación abundante en cortos períodos, frecuente actividad eléctrica y ráfagas que pueden superar los 60 km/h». Además, se esperan «valores de precipitación acumulada entre 10 y 25 mm, que pueden ser superados localmente».

    Por último, la alerta naranja por lluvia anticipa precipitaciones «fuertes y persistentes» con valores de precipitación acumulada entre 30 y 50 mm, pudiendo ser superados de forma puntual. «No se descarta la probabilidad de algunas nevadas aisladas en las zonas más elevadas», advirtió el organismo nacional. En las zonas donde la alerta es amarilla, se esperan valores de precipitación acumulada entre 15 y 30 mm.

    Mapa de alertas del SMN para este lunes 16 de marzo.


    Alerta por viento, lluvia y tormenta en Río Negro: los peores horarios


    Con respecto a la alerta naranja por lluvia, se espera que las precipitaciones sucedan en horas de la tarde en:

    • Bariloche.
    • Cordillera de Pilcaniyeu.
    • Cordillera de Ñorquincó.

    Por otra parte, la alerta por viento rige desde horas de la tarde hasta la noche en:

    • Meseta de Pilcaniyeu.
    • Meseta de Ñorquincó.
    • 9 de Julio.
    • Oeste de El Cuy.
    • 25 de Mayo

    Por último, la alerta por tormentas rige en horas de la noche en:

    • Este de El Cuy.
    • General Roca.
    •  Conesa.
    • Meseta y costa de Adolfo Alsina.
    • Meseta de San Antonio.
    • Valcheta.
    •  Avellaneda.
    • Pichi Mahuida.


    Alerta en Neuquén por lluvia y viento: los peores horarios


    La alerta amarilla por lluvia rige desde horas de la madrugada hasta la mañana en:

    •  Este de Loncopué.
    • Este de Picunches.
    • Este de Ñorquín.
    • Oeste de Añelo.
    • Oeste de Pehuenches.
    • Sur de Chos Malal.
    • Sur de Minas.

    Las zonas bajo alerta naranja por lluvia durante la madrugada y que luego la advertencia bajará a «amarilla» en horas de la mañana son.

    • Cordillera de Aluminé.
    • Cordillera de Chos Malal.
    • Cordillera de Loncopué.
    • Cordillera de Minas.
    • Cordillera de Picunches.
    • Cordillera de Ñorquín.

    Las zonas bajo alerta por viento en horas de la tarde y noche de este lunes son:

    • Catán Lil.
    • Collón Curá.
    • Zapala.
    • Zona baja, cordillera y el sur de Aluminé.
    • Zona baja, cordillera de Huiliches.
    • Zona baja, cordillera de Lácar.
    • Cordillera y sur de Chos Malal.
    • Cordillera y este de Loncopué.
    • Cordillera y sur de Minas.
    • Cordillera y este de Picunches.
    • Cordillera y este de Ñorquín.
    • Oeste de Añelo.
    • Oeste de Pehuenches.

    Por último, las zonas bajo alerta naranja por lluvia en horas de la noche son:

    • Los Lagos.
    • Cordillera de Huiliches.
    • Cordillera de Lácar.
    • Sur de Aluminé.


  • Don Joel: la charcutería artesanal patagónica que rescata la tradición inmigrante

    Don Joel: la charcutería artesanal patagónica que rescata la tradición inmigrante

    Hay palabras que cargan historia. Charcutería es una de ellas. Evoca cocinas de inmigrantes, largas mesas familiares, picadas generosas y recetas transmitidas de generación en generación. Salames, jamones, mortadelas, embutidos y ahumados que nacieron en Europa y que encontraron en Argentina un territorio fértil para transformarse en tradición.

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    En Cipolletti hay un proyecto que busca recuperar ese espíritu con una mirada contemporánea. Se llama Don Joel, una iniciativa de charcutería artesanal impulsada por el cocinero Cristian Itcovici junto a su socio Rodrigo Ugarte. Un emprendimiento que mezcla técnica, memoria familiar y la búsqueda de una identidad patagónica para los chacinados.

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    Una infancia atravesada por la gastronomía

    Cristian Itcovici nació en Buenos Aires en una familia de clase media trabajadora, descendiente de inmigrantes rumanos, polacos y rusos. La comida, en ese contexto, era mucho más que una necesidad cotidiana: era una forma de identidad cultural.

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    “Desde chico viví experiencias culinarias de mucha calidad y variedad”, recuerda. En su casa no faltaban los productos clásicos de la tradición centroeuropea: leberwurst, salchichas alemanas, cracovia, pastrami, salmón ahumado o el clásico borscht que preparaban sus abuelos.

    En esos desayunos abundantes de fin de semana se gestó una relación muy particular con la comida. Una relación marcada por el placer de comer bien y por el respeto a las tradiciones gastronómicas familiares.

    Incluso cuando era chico dudaba entre estudiar medicina o dedicarse a la cocina. Sus padres —fonoaudióloga y cardiólogo— imaginaban otro camino, pero finalmente el destino terminó inclinándose hacia la gastronomía.

    De Buenos Aires a la Patagonia

    Tras abandonar la carrera de medicina, Itcovici decidió formarse profesionalmente como cocinero. Estudió en escuelas gastronómicas de Buenos Aires y trabajó en hoteles y restaurantes de prestigio como el Sheraton, el Alvear Palace Hotel o el restaurante La Bourgogne.

    Durante esos años también realizó pasantías en distintos países, entre ellos Francia, España, Italia y Estados Unidos. Incluso tuvo la oportunidad de formarse en Lyon, una de las capitales históricas de la gastronomía francesa.

    En ese recorrido profesional hubo experiencias memorables: temporadas gastronómicas en Punta del Este, trabajos en el Hotel Llao Llao de Bariloche y hasta un paso por el primer crucero de Disney, donde formó parte de la brigada de cocina del barco.

    Pero la Patagonia terminaría convirtiéndose en su lugar definitivo. Fue allí donde conoció a Lore, una joven chef de Cipolletti que años después se convertiría en su esposa. Juntos decidieron mudarse al sur para sumarse al proyecto gastronómico familiar que lideraba Silvia Balboa, su suegra.

    En Cipolletti desarrollaron el área de catering y eventos de Silvia Balboa y también impulsaron cursos de cocina en la escuela gastronómica que ella había fundado décadas atrás.

    Con el tiempo sumaron nuevos emprendimientos, como una cafetería y un comedor escolar en Neuquén. Pero en 2020 llegó la pandemia y, como ocurrió con gran parte del sector gastronómico, esos proyectos quedaron abruptamente interrumpidos.

    La chispa que encendió Don Joel

    Para muchos cocineros la pandemia fue un momento de pausa. Para Itcovici fue también un momento de exploración.

    Durante ese período comenzó a capacitarse en charcutería, el arte de transformar la carne en embutidos, fiambres y productos curados. Empezó a experimentar con recetas y a producir sus primeros salames.

    El resultado fue tan bueno que decidió bautizar al proyecto con un nombre muy especial: Don Joel, en homenaje a un familiar querido y amante de la gastronomía.

    Sin embargo, cuando la actividad gastronómica volvió a ponerse en marcha, la producción quedó en pausa. Hasta que apareció el socio indicado.

    El encuentro con Rodrigo

    El segundo capítulo de esta historia comienza en un comedor escolar.

    Allí Itcovici conoció a Rodrigo Ugarte, un geólogo cordobés apasionado por la buena comida y las tradiciones culinarias familiares.

    Rodrigo también tenía una historia profundamente ligada a la charcutería. Su familia tenía raíces italianas en Colonia Caroya, una de las regiones más emblemáticas de la producción de salames en Argentina.

    Sus tatarabuelos vendían embutidos transportándolos en carreta desde la colonia hasta la ciudad de Córdoba. La cultura de los salames, los antipastos y los fiambres era parte de su historia familiar.

    “En mi familia el mejor regalo siempre era un buen salame”, recuerda.

    Esa pasión lo acompañó durante toda su vida. Desde chico disfrutaba recorrer mercados, comprar quesos y fiambres en la ruta o preparar picadas para reuniones familiares.

    Incluso, años más tarde, terminaría armando tablas de charcutería en eventos gastronómicos y viajes por Europa.

    Dos historias que se cruzan

    La relación entre Cristian y Rodrigo comenzó como una relación alumno-profesor en cursos de cocina. Con el tiempo se transformó en amistad.

    Un invierno, después de la pandemia, empezaron a elaborar chorizos, pancetas, salames y jamones para consumo propio junto a otras familias.

    Los resultados fueron tan buenos que Itcovici decidió proponerle algo más ambicioso: retomar el proyecto de charcutería y convertirlo en un emprendimiento serio.

    Ese café donde conversaron sobre la idea terminó marcando el comienzo de una nueva sociedad.

    Así renació Don Joel – Charcuterie de Inmigrantes.

    Una picada con identidad patagónica

    Hoy el proyecto ofrece una variedad de productos pensados para una picada clásica pero con identidad propia.

    Entre ellos se destacan:

    • Mortadela con nueces patagónicas

    • Lomo ahumado

    • Jamón cocido de bondiola

    • Lomo con hierbas

    • Salame chacarero

    • Queso pategrás ahumado en frío

    El ahumado en frío es una de las técnicas que definen la propuesta. El proceso se realiza a temperaturas bajas, sin superar los 20 o 25 grados, lo que permite aromatizar el producto sin cocinarlo y conservar mejor sus sabores.

    Hacia un salame patagónico

    Argentina tiene regiones históricas vinculadas a la producción de salames: Tandil, Colonia Caroya o Mercedes. La Patagonia todavía no tiene ese reconocimiento.

    Cristin y Rodrigo creen que ese escenario puede cambiar. La idea es trabajar con aromáticas locales y materias primas regionales para desarrollar una identidad propia para los embutidos del sur. Un salame patagónico que dialogue con la tradición inmigrante pero que también exprese el territorio.

    Info: @embutidosdonjoel

  • En 17 fotos, la Vendimia Neuquina se lució en Bodega Malma

    En 17 fotos, la Vendimia Neuquina se lució en Bodega Malma

    Los viñedos de Bodega Malma en San Patricio del Chañar fueron escenario este sábado 14 de una propuesta que combinó vino, música y experiencias creativas en plena naturaleza, desde el mediodía hasta el atardecer. El evento formó parte del ciclo de sunsets que la bodega viene realizando desde diciembre, pero en esta ocasión con una edición especial dedicada a celebrar la Vendimia Neuquina 2026.

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    La tarde comenzó con la energía de Luniv Music Sax & DJ, un formato que mezcla música electrónica con saxofón en vivo, creando una atmósfera festiva ideal para disfrutar entre copas y viñedos.

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    Con el apoyo del Ministerio de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales provincial a través de Neuquentur, en la jornada se presentaró la Orquesta Sinfónica del Neuquén, que llevó la potencia de la música sinfónica a un escenario poco habitual, el corazón de una bodega patagónica.

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    También hubo espacio para el arte participativo con Wine & Painting & Rock & Roll, la experiencia creada por Emilio Fatuzzo y Pilo Music donde los asistentes pudieron pintar mientras escuchaban y disfrutaban del vino, transformando la tarde en un momento creativo y colectivo.

    Durante todo el evento hubo propuestas gastronómicas, vinos de la bodega, espacios de descanso en el parque, visitas a bodega y activaciones de marcas que acompañaron la celebración.

  • Abejorros y «super insectos»: la tecnología que está jubilando a los agroquímicos en la Patagonia

    Abejorros y «super insectos»: la tecnología que está jubilando a los agroquímicos en la Patagonia

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    Abejorros que polinizan cultivos, insectos que combaten plagas y tecnologías que buscan reducir el uso de agroquímicos forman parte de un cambio que empieza a verse en distintos sistemas productivos. Detrás de esa transición aparece la historia de Brometan, una empresa argentina fundada en 1976 que hoy acompaña a productores frutícolas y hortícolas de la Patagonia, con presencia en zonas como el Alto Valle y el Valle Inferior del río Negro.

    Abejorros y bioestimulantes: la nueva era de la agricultura sostenible en la Patagonia

    En sus primeros años, la compañía estuvo enfocada principalmente en fumigantes para el tratamiento de suelos, una tecnología muy utilizada en la horticultura de la época. El rumbo comenzó a cambiar en 2004, cuando la empresa fue adquirida por dos grupos familiares que impulsaron una etapa de expansión y modernización, con la incorporación de nuevas tecnologías para el manejo de cultivos y una creciente apuesta por herramientas biológicas.

    En ese proceso, los responsables de la compañía comenzaron a recorrer distintos países, especialmente en Europa, para conocer qué tecnologías se estaban aplicando en cultivos intensivos como frutas y hortalizas. La idea era identificar herramientas que pudieran adaptarse a la realidad productiva argentina, según explicaron a Diario RÍO NEGRO, los ingenieros agrónomos Javier Rossi, responsable de la zona sur de Buenos Aires y Patagonia, y Federico Sassano, gerente de Desarrollo en Argentina y Uruguay.

    A partir de esos viajes surgieron las primeras alianzas con empresas internacionales y la incorporación de nuevas tecnologías para el manejo de cultivos.


    Revolución verde en la Patagonia: presencia en los valles productivos


    Brometan cuenta actualmente con presencia en distintas economías regionales del país y tiene actividad en el Alto Valle, el Valle Medio y el Valle Inferior del río Negro, además de la zona que se extiende desde Bahía Blanca hasta el valle inferior del río Colorado.

    En el Alto Valle, la empresa trabaja principalmente con la fruticultura, acompañando a productores de manzanas y peras con tecnologías vinculadas al manejo sanitario y la bioestimulación.

    En el Valle Inferior, en cambio, el foco está puesto en la horticultura a campo y bajo cubierta, además de cultivos como alfalfa y maíz.

    Cultivos bajo invernadero en el Valle Inferior del río Negro, beneficiados por polinización natural con abejorros. Foto: gentileza Brometan.

    En estas regiones también se desarrolla olivicultura y producciones vinculadas a frutos secos, como nogales, pistachos y almendros, especialmente en áreas productivas del sur de la provincia de Buenos Aires y la costa rionegrina.


    El avance del control biológico en Argentina


    Uno de los hitos en ese camino fue la alianza con la empresa belga Biobest, especializada en control biológico de plagas y polinización de cultivos.

    A partir de ese acuerdo se desarrolló en Argentina una biofábrica donde se crían insectos beneficiosos que luego se liberan en los cultivos para combatir plagas de manera natural. Allí también se producen abejorros utilizados para la polinización.

    El control biológico consiste en utilizar organismos vivos —como insectos depredadores o microorganismos— para mantener bajo control a las plagas que afectan a los cultivos. De esta manera se busca reducir el uso de agroquímicos y generar sistemas productivos más equilibrados.

    Entre los insectos utilizados se encuentra Bombus atratus, un abejorro nativo de Sudamérica que se adapta a distintas regiones productivas. Las colmenas se colocan directamente en los cultivos y los insectos realizan la polinización de manera natural. En producciones como el tomate bajo invernadero, por ejemplo, este sistema resulta especialmente eficiente. Las flores de este cultivo necesitan vibración para liberar el polen, un fenómeno conocido como polinización por vibración, que los abejorros generan de forma natural al posarse sobre las flores.

    En algunos cultivos hortícolas también se liberan insectos beneficiosos para el control de plagas. En tomate, por ejemplo, se utiliza Tupiocoris cucurbitaceus, que ayuda a combatir moscas blancas, arañuelas y, en menor medida, la polilla del tomate. También se aplica Biocontrol Pimiento: Swirskii System (Amblyseius swirskii) + Orius System (Orius insidiosus), utilizados para el control de plagas como mosca blanca y trips.

    Esto permite obtener frutos más uniformes y lograr cosechas más parejas a lo largo del ciclo productivo.


    Bioestimulantes para enfrentar el estrés del cultivo


    Otra de las herramientas que la empresa comenzó a incorporar con el tiempo fue el uso de bioestimulantes. En ese sentido mantiene una alianza con la compañía española Bioibérica, especializada en soluciones biotecnológicas para la agricultura.

    Colmena de Bombus atratus, abejorros utilizados para polinizar cultivos de manera natural. Foto: gentileza Brometan.

    Estos productos se elaboran a partir de aminoácidos obtenidos mediante procesos de hidrólisis enzimática y se utilizan para ayudar a las plantas a enfrentar situaciones de estrés provocadas por factores climáticos como calor extremo, heladas o daños por radiación solar.

    Según explican desde la empresa, estos bioestimulantes permiten que la planta mantenga su actividad metabólica y continúe desarrollándose incluso en condiciones ambientales adversas.

    La compañía también trabaja con soluciones basadas en cobre junto a la firma noruega Nordox, que desarrolló un sistema patentado para obtener partículas micronizadas de cobre utilizadas en la protección de cultivos. Estos productos se utilizan para prevenir enfermedades bacterianas y fúngicas y también para favorecer la cicatrización de las plantas después de las podas.


    Un cambio en la forma de producir


    Desde la empresa sostienen que muchas de las tecnologías que hoy comienzan a difundirse en Argentina surgieron a partir de experiencias desarrolladas en Europa, donde las exigencias ambientales y comerciales impulsaron sistemas productivos más sustentables.

    En ese contexto, herramientas como el control biológico, la polinización natural y los bioestimulantes forman parte de un cambio de paradigma en la agricultura.

    Ese enfoque quedó sintetizado en el lema que hoy identifica a la empresa: «Hay otra forma de producir«.


  • De Neuquén al mundo: la pareja que recorrió 9 países y llegó a Centroamérica en una casa rodante del ‘96’

    De Neuquén al mundo: la pareja que recorrió 9 países y llegó a Centroamérica en una casa rodante del ‘96’

    Hace siete años, Santiago y Julieta tomaron una decisión que cambiaría sus vidas: dejar la rutina para recorrer el continente en una casa rodante. Tras años de trabajo transformando la camioneta en un hogar, finalmente salieron a la ruta, aunque el inicio de la aventura estuvo marcado por una seguidilla de imprevistos que puso en duda la continuidad del viaje.

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    Santiago Mango (35) nació en Neuquén y Julieta Gugliottella (36) en Tierra del Fuego. El punto de encuentro fue Buenos Aires, donde se conocieron mientras participaban en una organización social en la que ambos militaban.

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    Ella estudió Comunicación Social en la Universidad Nacional de La Plata y él Ciencias Políticas en la UBA. Durante esos años en la capital, Julieta trabajaba en Sedronar y Santiago en una librería, además de desempeñarse como técnico de fútbol en escuelitas y clubes. Con el tiempo, además de compartir proyectos y convicciones, empezaron a imaginar una vida distinta, más ligada al movimiento, los viajes y la posibilidad de conocer el continente de otra manera.

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    En 2019, cuando terminó su contrato de alquiler, decidieron dar el primer paso: vendieron el auto que tenían y compraron una Mercedes Benz modelo 1996 que convertirían en su motorhome: «La Mecha». Poco después se mudaron a Neuquén, donde durante casi tres años trabajaron en acondicionar la camioneta para transformarla en su hogar sobre ruedas.

    Un comienzo con el pie izquierdo

    En diciembre de 2021, Santiago y Julieta se pusieron una fecha límite para salir: tenían que llegar a La Plata para un recital de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Era la excusa perfecta para dejar de postergar la partida. “Como que no salíamos más y cuando anunciaron esa fecha dijimos: listo, ya está. Como estemos, tenemos que salir y llegar a este recital”, recuerda Julieta.

    El desafío no era menor. Para ellos recorrer 1200 kilómetros en dos días era muchísimo, ya que la camioneta viaja a unos 60 kilómetros por hora. Aun así, llegaron a destino, dejaron el vehículo estacionado y se fueron al recital convencidos de que lo mejor estaba por venir.

    Sin embargo, la alegría duró poco. En medio del show les robaron los dos celulares. El viaje recién empezaba y ya los ponía a prueba. “Un caos total”, resume Santiago. “Nos quedamos sin forma de comunicarnos”. Por suerte, Julieta había vivido varios años en La Plata y todavía conservaba amigos allí. Esa red fue el primer salvavidas.

    Pero al día siguiente apareció otro problema cuando fueron a buscar la camioneta al estacionamiento. “Perdía agua por todos lados”, cuenta Santiago. La bomba de agua estaba rota. Entre la reparación y la compra de nuevos celulares, en apenas tres días habían gastado prácticamente todos los ahorros con los que habían iniciado la aventura.

    La situación era aún más compleja porque la casa rodante ni siquiera estaba terminada. El baño y la conexión de agua todavía no funcionaban. “Habíamos construido una casa durante tres años y no podíamos usar lo más básico”, recuerda Julieta. “Ni siquiera éramos autónomos. Teníamos que estar en la puerta de la casa de una amiga hasta para cepillarnos los dientes”.

    Ante ese panorama decidieron contar lo que estaba pasando en redes sociales. Lo hicieron casi sin ganas, más por compromiso con quienes venían siguiendo el proyecto que por otra cosa.

    La respuesta los sorprendió. Personas que los seguían comenzaron a acercarse a la feria donde estaban vendiendo artesanías para sostener el viaje: algunos les llevaban regalos, otros celulares, y muchos simplemente iban a mostrarles su apoyo y darles ánimo. También empezaron a llegar pequeñas colaboraciones económicas.

    Para Santiago, que hasta ese momento estaba bastante alejado del mundo de las redes, fue un descubrimiento. “Ahí recién caí que había una comunidad atrás”, cuenta. “Gente que no nos conocía, pero que estaba impulsándonos a seguir”.

    Más golpes en el camino

    Con la camioneta reparada, decidieron continuar hacia Rosario, donde una familia que habían conocido a través de internet se ofreció a ayudarlos a terminar el baño y las conexiones de agua para que la casa rodante fuera realmente funcional.

    Pero el camino volvió a complicarse. A la altura de Zárate, en plena autopista, la camioneta levantó temperatura y se detuvo: la correa se había cortado. “Nos quedamos tirados a las diez de la mañana en la banquina, bajo el sol, sin entender nada”, recuerda Santiago.

    Finalmente, un seguidor que los había conocido días antes en La Plata manejó hasta la autopista para ayudarlos. “Había viajado una hora hasta la feria para conocernos y después se hizo dos horas de ruta para cambiarnos la correa en el medio de la autopista”, cuenta Julieta.

    Cuando lograron llegar a Rosario ya era de noche. La familia que los esperaba los recibió con una picada y cerveza y, en apenas dos días, les ayudaron a terminar lo que faltaba en la camioneta.

    Pero los problemas todavía no habían terminado. En esos días, Julieta empezó a sentirse cada vez peor. Era diciembre y el país atravesaba un nuevo pico de COVID. Camino a Buenos Aires —donde planeaban pasar Navidad con sus familias— llegó la confirmación: el test había dado positivo.

    Ese 25 lo pasaron aislados en un departamento prestado, lejos de todos. “Ya estábamos robados, con dos desperfectos mecánicos, varados en la ruta y ahora con COVID”, recuerda Santiago.

    Días después, mientras estaban en la costa, el celular de Julieta empezó a recibir notificaciones del banco. Alguien había hackeado las cuentas asociadas al teléfono que les habían robado semanas antes. En cuestión de minutos les vaciaron el dinero que habían logrado reunir. “Nos robaron todo. Incluso los ‘cafecitos’ que nos habían mandado los seguidores para ayudarnos”, cuenta Santiago.

    La seguidilla de problemas fue tan dura que llegaron a preguntarse si debían continuar. “Estábamos derrotados y sin fuerzas”, recuerda Julieta. Sin embargo, decidieron seguir hasta Tierra del Fuego. Allí, al menos, tenían a su familia cerca si algo volvía a salir mal. De alguna manera, ese primer mes lleno de golpes también terminó marcando el espíritu del viaje.

    El viaje dejó de ser de dos

    Para la pareja, lo que comenzó como un proyecto personal terminó convirtiéndose en algo mucho más grande. Durante los tres años que tardaron en construir la casa rodante, Julieta fue compartiendo el proceso en redes sociales. Al principio era apenas un grupo pequeño de personas interesadas en seguir el avance de la camioneta y el sueño del viaje.

    Pero cuando llegaron los primeros golpes —los robos, las roturas, la enfermedad y la incertidumbre— esa comunidad empezó a hacerse presente de formas inesperadas. “Si no hubiera estado toda esa gente atrás empujándonos, probablemente nos hubiéramos vuelto”, reconoce Santiago. “Suena cliché, pero ahí entendimos que ya no viajábamos solos, viajábamos con todos ellos”.

    Julieta, por su parte, valora que, a pesar de haber sumado una gran cantidad de seguidores desde entonces, muchas de las personas que los acompañaron desde el principio siguen presentes. “No solo es una comunidad muy linda, sino también sostenida en el tiempo. ‘Comunidad de cemento’ la llamamos”.

    La vida de viajeros: perder para ganar

    A lo largo del viaje, Santiago y Julieta se encontraron muchas veces con personas que se acercaban a hablarles con una idea muy clara en la cabeza: que habían dejado todo para perseguir un sueño. Sin embargo, ellos siempre intentan matizar esa mirada.

    “Nosotros no dejamos todo”, aclara Santiago. “Nos encantaba la vida que teníamos y queremos volver en algún momento. Decidimos vivir esta etapa porque queríamos conocer el continente, pero la vida sedentaria también nos gusta y la extrañamos”.

    Viajar durante años tiene un costado que pocas veces se muestra. La distancia con la familia, las rutinas que quedan suspendidas y los momentos cotidianos que ya no se comparten también forman parte de lo que queda atrás.

    Julieta coincide en que el viaje fue una decisión profundamente transformadora, pero insiste en que nunca lo pensaron como una forma de escapar de la vida que tenían. “Es una experiencia increíble y sentimos que no volvemos siendo los mismos”, explica.

    “Muchas veces nos dicen ‘ustedes salieron del sistema’”, cuenta Julieta. “Pero es todo lo contrario. Hoy trabajamos con redes sociales, cobramos por internet y dependemos de la conexión para vivir. No conocemos a ningún viajero que realmente haya salido del sistema”.

    Una frase que le dijo a Santiago su padre de chico, le quedó grabada y cobró mayor sentido a partir de esta experiencia. “Cuando elegís un camino, perdés otras cosas”, reflexiona. “Está buenísimo vivir y conocer lugares que nunca imaginamos, pero también tenemos 35 años y no tenemos una casa ni un desarrollo profesional como el que podríamos haber tenido. Elegimos viajar pero renunciamos a todo lo otro”.

    La distancia también implica ausencias inevitables: cumpleaños, reuniones familiares, casamientos o incluso despedidas que ocurren mientras ellos están del otro lado del continente. “Nos perdimos un montón de momentos”, reconoce Julieta. “Algunos lindos y otros tristes, pero hubiéramos querido estar ahí”.

    Aun así, no se arrepienten. Para ellos, el viaje es un capítulo más dentro de una vida que algún día volverá a asentarse en un lugar.

    Las redes como fuente de ingreso

    Durante los primeros años de viaje, el principal sustento de Santiago y Julieta fue la venta de artesanías. En cada ciudad donde paraban abrían un pequeño puesto y aprovechaban a conversar con quienes se acercaban a mirar o comprar algo. “Las artesanías siguen estando”, cuenta Santiago. “Si hace falta, abrimos el puestito otra vez”.

    Sin embargo, con el tiempo el proyecto fue tomando otra forma. Hace poco más de un año y medio, cuando finalmente dejaron Argentina y comenzaron a recorrer otros países del continente, decidieron intentar algo que hasta entonces había sido solo un registro personal del viaje: convertir sus redes sociales en una fuente de ingreso.

    El camino no fue inmediato. Como las plataformas no les pagan directamente por el contenido, tuvieron que buscar otra forma de sostener el proyecto y establecer acuerdos con marcas interesadas en aparecer en sus publicaciones.

    “Empezamos a hablar con empresas y proponerles trabajar juntos: recomendaciones que igual haríamos, pero con un contrato detrás”, cuenta Santiago. “Nos preguntábamos si no era venderle el alma al diablo”, recuerda Julieta entre risas. “Pero también entendimos que si esto nos llevaba tanto tiempo, tenía que poder sostenernos”.

    Para ella, la clave estuvo en mantener la coherencia con el mensaje que venían construyendo desde el inicio. “Siempre tratamos de que lo que recomendamos sea coherente con lo que pensamos y transmitimos. Sobre todo siendo leales a la comunidad que se formó”, explica.

    Hoy el trabajo con redes sociales se convirtió en el eje central de su economía. Además de las colaboraciones con marcas, también ofrecen talleres en los que cuentan cómo lograron transformar sus cuentas en una fuente de ingresos mientras viajan.

    Mucho más que paisajes

    Desde el principio, Santiago y Julieta tuvieron claro que no querían construir un relato idealizado del viaje. Esa premisa marcó la forma en que cuentan su historia hasta hoy ante sus más de 100.000 seguidores en “La Ruta Madre”: mostrar no solo el lado más luminoso del camino, sino también sus dificultades.

    Eso incluye desde problemas mecánicos y momentos de incertidumbre hasta situaciones inesperadas en la ruta. Pero además de las anécdotas del camino, hay otro tipo de contenido que les interesa especialmente: mostrar los lugares que visitan más allá de su costado turístico. Cuando llegan a un país, intentan leer sobre su historia, conversar con la gente y comprender los procesos sociales y políticos que atraviesan cada región.

    “Nos gusta mucho empezar a entender cómo funciona cada lugar”, explica Santiago. “Cuando lo ves desde afuera todo parece más simple, pero cuando hablás con la gente te das cuenta de la complejidad que hay detrás”.

    Así fue como durante el viaje terminaron presenciando protestas en Ecuador, bloqueos de rutas en Bolivia o campañas electorales en distintos países. En lugar de evitar esos temas, decidieron incorporarlos a sus redes. “Hay gente que nos pregunta por qué hablamos de política”, cuenta Santiago. “Pero creemos que también es parte de mostrar un país”.

    Ese enfoque generó debates, discusiones y muchos intercambios inesperados con seguidores y con las propias personas que conocen en el camino. Para ellos, ese diálogo es una de las partes más valiosas del viaje. “Si solo mostrásemos paisajes o qué hacer en cada lugar, probablemente nos habríamos aburrido rápido”, admite Julieta.

    Los proyectos que vienen: ¿llegarán a Alaska?

    Hasta ahora, Santiago y Julieta visitaron nueve países. En su recorrido ya pasaron por Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia. Hace apenas unos días cruzaron a Panamá, dando el salto de Sudamérica a Centroamérica.

    La transición no fue sencilla. Entre Colombia y Panamá se encuentra el Tapón del Darién, una extensa selva sin ruta que impide continuar el viaje por tierra. “La camioneta tuvo que ir en un container en barco por el Caribe y nosotros viajar por separado”, cuenta Julieta. “Fueron como quince días sin nuestra casa, algo que nunca nos había pasado”.

    Recién ahora, con la camioneta nuevamente en sus manos, comenzaron a planificar el próximo tramo del recorrido. Cuando iniciaron el viaje, el gran objetivo era claro: Alaska. Sin embargo, con el paso del tiempo esa meta empezó a volverse más flexible. “Muy rápido nos dimos cuenta de que no sabíamos si era un objetivo en sí mismo”, explica Julieta.

    Hoy el plan más concreto es otro: atravesar toda Centroamérica y llegar hasta México, un recorrido que podría extenderse aproximadamente un año más.

    Sin embargo, después de cuatro años en la ruta aprendieron que los planes rara vez permanecen intactos. “Todo es muy endeble y las cosas se diluyen enseguida”, dice Julieta. “Llegás a un lugar pensando quedarte un día y terminás quedándote una semana porque pasa algo que no esperabas”.

    A diferencia de otros viajeros que prefieren improvisar por completo, ellos siguen apostando a la planificación. “Después sabemos que se puede romper todo y estamos dispuestos a cambiar los planes, pero nos hace bien tener una idea de lo que queremos hacer”.

    Lo que sí tienen claro es el final del viaje: tarde o temprano volverán a Argentina. Durante estos años conocieron distintos países y formas de vida, pero lejos de despertarles la idea de emigrar, el recorrido reforzó su vínculo con su propio lugar. “Jamás dudamos de que queremos vivir en Argentina”, afirma Julieta. “Mientras más viajamos, más lo confirmamos”.

    El regreso, de todos modos, todavía está abierto. Entre Buenos Aires y Neuquén se debate el posible destino final, atravesado por la cercanía con la familia y las oportunidades laborales. Por ahora, la única certeza es que el viaje sigue y que, como ocurrió desde el primer día, el tiempo y el camino terminarán marcando el rumbo.

  • Una localidad neuquina lidera el premio como «Destino Hospitalario» de Argentina en los Traveller Review Awards 2026

    Una localidad neuquina lidera el premio como «Destino Hospitalario» de Argentina en los Traveller Review Awards 2026

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    La distinción vuelve a poner en primer plano a la provincia del Neuquén dentro del mapa turístico nacional e internacional, reafirmando el atractivo del sur neuquino no solo por sus paisajes y su oferta turística, sino también por la calidez de su gente.

    En esta nueva edición de los premios organizados por la plataforma de reservas Booking.com , el primer puesto del ranking argentino fue para San Martín de los Andes , seguido por Chacras de Coria y Villa Yacanto , que completan el podio de los destinos más hospitalarios del país.

    Este resultado confirma que el encanto del sur neuquino no se limita únicamente a sus imponentes paisajes, lagos y montañas, ni a su consolidada oferta turística, sino también a la cordialidad y predisposición de sus habitantes para recibir a quienes llegan desde distintos puntos del país y del mundo.

    Además del reconocimiento a nivel nacional, San Martín de los Andes también logró destacarse a escala global al ubicarse entre los diez destinos más hospitalarios del mundo, un logro que refuerza la visibilidad internacional de la Patagonia argentina como destino turístico de excelencia.

    Los Traveller Review Awards se elaboran a partir de más de 370 millones de opiniones verificadas de viajeros y viajeras de todo el mundo , quienes evalúan su experiencia en alojamientos y destinos. A partir de esas valoraciones se reconocen a las propiedades y localidades que mantienen de manera constante altos niveles de hospitalidad y calidad en la atención.

    El ranking se construye considerando la proporción de alojamientos premiados dentro de cada ciudad. En el caso de Argentina, el top cinco se completa con Godoy Cruz y Junín .

    Según los datos difundidos por Booking.com , estos son los nueve destinos más hospitalarios del país :

    En total, tres de los destinos más hospitalarios se encuentran en la provincia de Buenos Aires, mientras que Mendoza suma dos localidades destacadas. El resto se distribuye con un destino en cada una de las provincias de Neuquén, Córdoba, Chubut y Salta.

    “ Podría decirse que la hospitalidad es el arte de hacer sentir al otro como en casa, incluso estando lejos de ella, y ese es, en esencia, el espíritu de los Traveller Review Awards. Estos premios reconocen el esfuerzo de una ciudad y de toda una comunidad, expresado a través de la atención que reciben los viajeros por parte de los prestadores turísticos, y que hacen de descubrir el mundo una experiencia maravillosa”, destacó Jimena Gutiérrez , gerente general de la plataforma para Argentina.

    De esta manera, el reconocimiento obtenido por San Martín de los Andes y el antecedente reciente de Villa La Angostura consolidan al sur neuquino como una de las regiones más valoradas por los viajeros, donde la belleza natural se combina con la hospitalidad y la vocación de servicio de toda una comunidad.

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  • Dos muertos en Allen: un sobrepaso fallido en la Ruta 22 terminó en choque frontal

    Dos muertos en Allen: un sobrepaso fallido en la Ruta 22 terminó en choque frontal

    Una nueva tragedia vial conmocionó a la región durante la noche del sábado Alrededor de las 21:45, se registró un violento choque frontal sobre la Ruta Nacional 22, a la altura del kilómetro 1198, en el tramo comprendido entre los accesos Bilo y Güemes.

    El accidente dejó dos víctimas fatales, ambos viajaban en uno de los dos vehículos involucrados.

    Según indicaron fuentes policiales a Diario RÍO NEGRO, el siniestro fue protagonizado por un Volkswagen Gol y un Volkswagen Suran.

    Al arribar al lugar, los efectivos de seguridad y personal médico constataron que en el Gol yacían dos personas sin signos vitales: un hombre de unos 50 años, que se encontraba sobre el ripio tras el impacto, y una mujer que permanecía en el interior del habitáculo.

    En las primeras informaciones se conoció que el hombre era oriundo de Brasil, pero estaba domiciliado en Buenos Aires. En el otro vehículo, la Volkswagen Suran, viajaba una pareja oriunda de Bahía Blanca. Ambos fuera de peligro.


    Trágedia sobre la Ruta 22 en Allen: test de alcoholemía negativo y las hipotesis del choque


    Según se pudo conocer, la investigación del hecho quedó a cargo de la fiscal de turno, Dra. Pascual, quien solicitó de inmediato el test de alcoholemia para el conductor de la Suran, el cual arrojó un resultado de 0,00 g/l.

    Asimismo, se dispuso el «relevamiento de cámaras de seguridad de una gomería ubicada frente al lugar del siniestro, cuyas imágenes resultaron determinantes para esclarecer la mecánica del accidente», indicaron desde la Policía.

    De acuerdo a los registros fílmicos obtenidos por la Brigada de Investigaciones, el Volkswagen Gol circulaba en sentido Este-Oeste cuando intentó adelantar a otro vehículo. En esa maniobra, invadió el carril contrario e impactó de frente contra la Suran, que avanzaba en sentido opuesto.

    Ante la contundencia de las pruebas, la fiscalía determinó no notificar de ninguna imputación al conductor bahiense, al confirmar que no tuvo responsabilidad en el inicio del choque.

    En el lugar trabajó personal del Gabinete Criminalístico, Bomberos Voluntarios y personal de salud. Los cuerpos de las víctimas fueron trasladados a la morgue judicial para las pericias correspondientes, mientras se aguarda la identificación oficial de la mujer fallecida.


  • Los cuatro búnkeres olvidados de Neuquén: cuando la calle Crouzeilles se preparó para la guerra

    Los cuatro búnkeres olvidados de Neuquén: cuando la calle Crouzeilles se preparó para la guerra

    El crecimiento desmedido de Neuquén ha transformado su fisonomía. Hoy, la calle Crouzeilles se consolida como una avenida de doble carril por la que transitan miles de personas diariamente. Sin embargo, en ese trayecto de tres kilómetros que bordea canal V y la zona del aeropuerto, hay cuatro estructuras que rompen la monotonía del paisaje: cinco techos de hormigón que parecen emerger de la tierra. Para el conductor desprevenido, son solo galpones antiguos. Pero para la historia, son reductos de una guerra que estuvo a punto de estallar.

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    Aquellos hangares fueron construidos en 1977, cuando el cielo de la Patagonia se volvió gris: Argentina y Chile se encontraban al borde de un enfrentamiento total por el Canal de Beagle, ese paso estratégico que conecta los océanos Pacífico y Atlántico. En el corazón de la disputa estaban las islas Lennox, Picton y Nueva; pequeños trozos de tierra cuya soberanía definía el control de las aguas, los recursos marinos y la proyección hacia la Antártida.

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    Aunque el Tratado de Límites de 1881 intentó trazar una línea, la ambigüedad sobre estas islas dejó una herida abierta. En 1971, ambos países buscaron una salida diplomática bajo el arbitraje de la Reina Isabel II de Inglaterra. Sin embargo, cuando el Laudo Arbitral de 1977 favoreció a Chile, otorgándole la mayor parte de las islas y derechos oceánicos, la tensión estalló.

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    Operación Soberanía

    La dictadura argentina declaró el fallo como «insubsanablemente nulo». Lo que siguió fue un despliegue de piezas de ajedrez bélico: movimientos de tropas, blindados hacia la frontera y la construcción de estos cinco hangares estratégicos en Neuquén. Su función era vital: ocultar y proteger los aviones de reserva, manteniéndolos listos para despegar en cuanto se diera la orden de combate. Neuquén como otras provincias fronterizas estaban en alerta.

    El punto de no retorno llegó el 22 de diciembre de 1978. Bajo el nombre de Operación Soberanía, la Junta Militar argentina ordenó movilizar gran parte de las tropas que se desplegó hacia la frontera. Se movilizaron entre 270 y 300 mil hombres.

    Alejandro Corbatta, bahiense que llegó a Neuquén junto a su familia en la citada década, fue uno de los solados que custodió los hangares previos a la guerra de Malvinas. Y si bien no fue participe del conflicto años antes vivió es clima tenso que se generó en la ciudad ante la posible guerra con el país trasandino.

    Luego de finalizar sus estudios secundarios en el colegio San Martín, Corbatta debió afrontar el Servicio Militar. Así, fue como llegó a esos bunkers previo a la guerra de Malvinas.

    “Donde actualmente está Carrefour se encontraba uno de los cuarteles del ejército. Y ahí fuimos seleccionados 40 solados –entre 600- para formar parte de lo que fue la Policía Aeronáutica Nacional”, recordó.

    “Los hangares se encontraban a 200 metros de la torre de control del aeropuerto y a 50 metros de un Eolo, edificio construido para estudio de los vientos. Lo habían construidos unos franceses y fue destruido por un extraño incendio en 1983”, acotó.

    El proyecto Eolo tenía estaciones distribuidas en todo el mundo. En Argentina solo había dos estaciones: en el Aeropuerto Neuquén y en la de un paraje en Tierra del Fuego.

    “Tras la elección para el resto de los solados nos decían los ‘maricas’. Había varios que estaban enojados. Entre los elegidos estaba el Gallego Lozano, Jorge Ludo Caberzán (reconocido ex piloto de la zona), Oscar Buchiniz, el Loco Larroulet, que era enorme”, contó.

    El Gallego Lozano, a quien se refiere Corbatta, fue nada más ni menos que José Luis Lozano, ex patinador neuquino que en los Juegos Panamericanos de Indianápolis se adjudicó cinco medallas de oro.

    El Chocón en la mira

    Los refugios de cemento armado que custodiaban los jóvenes soldados fueron construidos bajo Normas Militares NATO con capacidad de resistir bombardeos con armamento de esa época. Poseían las dimensiones para poder operar un Interceptor Mirage, Caza Bombardero Skyhawk Douglas A4 C, Caza Bombardero Sabre F.

    “Hubo aviones de reserva. No llegaron a tener despegue. Los hangares también sirvieron de acopio. Después, en los 80’, se guardaba un helicóptero de gendarmería que a veces nos servía para dormir”, reveló.

    “Pero Neuquén era un corredor en peligro por la cercanía que había con Chile. Y se convirtió en un centro importante de operaciones. Nunca hubo un comunicado oficial pero mucha gente decía que podían atacar la represa de El Chocón. Estaba en el radar de los chilenos”, afirmó.

    La represa se comenzó a construir en 1968. Luego de cuatro años, en 1972 entró en funcionamiento la primera turbina de la central. A partir de ese momento, todos los años inauguraron nuevos generadores similares, hasta que se estrenó el sexto en 1977.

    “Se había realizado un estudio sobre hasta dónde llegaría el agua en caso de ser bombardeado El Chocón. Y el agua iba a llegar hasta la Torre del Periodistas”, acotó. El histórico edificio se ubica en Av. Argentina 800. Fue una de las primeras construcciones de altura que tuvo Neuquén capital.

    Operativo oscurecimiento

    Cotbatta, quien es contador público, vivía sobre la calle Montevideo, entre Bahía Blanca y José Rosa: “En esa zona había un edificio bastante alto y había ubicado un cañón antiaéreo. Recuerdo ver solados con 40 grados de calor junto a ese cañón”, detalló. En el oeste de la ciudad, en ese entonces era pura barda, el Ejército había montado una serie de defensas antiaéreas. Una de las protecciones se había hecho a la altura del barrio El Progreso.

    “Las familias veíamos como se movilizaban las tropas que circulaban por la Avenida (Argentina) al Comando (actual Brigada de Montaña) y al batallón camino a Plottier (Batallón de Ingenieros de Montaña 6)”, recordó. El colegio Don Bosco sirvió de albergue para los solados. El Círculo Policial fue otro de los albergues.

    Ante la tensión, Defensa Civil anunció un operativo de oscurecimiento. “En cada hogar debía apagarse todo. La gente empapelaba los vidrios de las ventanas y los paragolpes cromados de los autos debían ser tapados para evitar reflejos. El Ejército hacía rondas y, si veía algo mal, te tocaba la puerta”, detalló.

    Emilio Eduardo Massera, el Almirante Cero, decía que si lo dejaban avanzar en dos minutos estaba tomando té en Santiago de Chile, según rememoró Corbatta. «Vamos a tomar champagne en el Pacífico”, era otra de las frases que se repetía.

    El hospital, una guerra

    Ana Patricia Sitzerman, médica clínica, vivió momentos terribles en el hospital de Zapala. Se había recibido en la UBA en 1977. Y en octubre del 78 llegó a la citada localidad. “Me recibí a los 22 años y llegué a Zapala porque me hacían ir a todas la guardia para que me vaya acostumbrando. Y vi de todo”, contó Sitzerman, quien el próximo año cumple 50 años en su profesión.

    “El hospital de Zapala se trasladó a la cordillera. Porque el hospital de Córdoba ocupó ese espacio y era prácticamente un hospital militar. No vimos la no guerra pero vimos chicos destrozados”, contó.

    “Había muchos vuelcos de camionetas del Ejército y eso pasaba porque los chicos de Córdoba (soldados) nunca habían manejado en cordillera. Y después heridas graves por lámala utilización e inexperiencia con en el manejo de armas”, explicó.

    Uno de los episodios impactantes para Ana fue cuando comenzaron a llegar los ataúdes que fueron traslados desde Buenos Aires: “Fue impresionante porque para Navidad comenzaron a llegar a la terminal los cajones (ataúdes). Los iban acumulando”, recordó, y agregó: “Después se le pedía a la población si podíamos invitar a los solados a pasar la navidades para que no estén solos”.

    La neuquina, que se jubiló en el hospital provincial, aseguró que fue una experiencia muy fuerte a sus 23 años. “Veía pasar los tanques todos los días. una locura”, aseguró.

    Sitzerman, que sigue con la atención médica en su consultorio particular, el próximo año sacará a la luz un libro. “Aún no tengo el título y me falta un poco todavía. Tengo para contar muchas cosas. Y todo lo que vivó como profesional en Zapala va estar. Creo que soy una de las pocas médicas que hizo 50años de carrera en la provincia”, concluyó.

    Finalmente, la guerra que no fue tuvo su final cuando el gobierno Nacional solicitó la mediación del Papa Juan Pablo II, que quedó oficializada por medio del Acta de Montevideo, firmada el 8 de enero de 1979.

    El sumo pontífice envió al cardenal Samoré, que llegó a tiempo para frenar el conflicto. Justamente, uno de los pasos fronterizos recibió el nombre del cardenal. El mismo une Villa La Angostura con Entre Lagos (Chile).

    Cinco años después, en noviembre de 1984, se firmaría en Roma del Tratado de Paz y Amistad entre ambos países. El conflicto había quedado borrado y en el olvido. Sin embargo, para Chile seguíamos siendo enemigos y apoyó a Inglaterra en las guerra de las Malvinas.

    La última vez que La Fuerza Aérea Argentina utilizó operativamente los históricos hangares fue en 1988 con aeronaves de Combate Intercrptores Mirage III, Caza Bombarderos Mirage V, Aeronaves de Ataque IA 58 Pucará, Aeronaves de Transporte Fokker. En ese tiempo se realizó una exhibición estática para visita del público en general con un IA 58 Pucará.

    En 2022, El gobierno provincial instrumentó un plan con el uso de cuatro hangares en desuso: buscó reflotar la exportación de frutas desde el aeropuerto. El objetivo fue readecuar la infraestructura para que funcionen como cámaras de frío.

    Mientras tanto, las también llamadas monturas, siguen siendo un misterio en sus interiores. No se sabe exactamente si siguen siendo útiles, si albergan algún tipo de artefacto o simplemente están abandonados. Lo cierto es que siguen siendo parte del paisaje de Crouzeilles, una calle que siendo totalmente desconocida se preparó para la guerra.

  • Leticia Fenoglio cuenta cómo el chocolate de Patagonia llegará a 190 mercados

    Leticia Fenoglio cuenta cómo el chocolate de Patagonia llegará a 190 mercados

    Si pensamos en San Carlos de Bariloche y su universo productivo y turístico, sin dudas la elaboración de chocolates artesanales forma parte del ADN de la ciudad patagónica. La tradición se remonta a la década del 40, cuando llegaron miles de inmigrantes europeos que escapaban de la miseria de la posguerra. Uno de ellos fue Aldo Fenoglio y su esposa Inés Secco, que vinieron de Turín, en el noroeste de Italia y fundaron un restaurante y confitería al que llamaron “Tronador”, en 1948.

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    Ya en la década del 60 se hizo cada vez más fuerte la elaboración de chocolates y la marca tuvo una reconversión hacia el nombre “Fenoglio”. Con el fallecimiento de Aldo en 1970, sus hijos Diego y Laura, junto a su madre Inés se hicieron cargo de la empresa.

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    Para 1996, Diego Fenoglio fundó su propia fábrica bajo la marca Rapa Nui, mientras que su hermana Laura continuó bajo el nombre Fenoglio hasta que fue vendida. Hoy, Rapa Nui – Franuí (su producto estrella de frambuesas con chocolate) forman parte de las marcas más emblemáticas del país con proyección internacional.

    Tercera generación

    La tercera generación al mando de Rapa Nui llegó de la mano de los tres hijos de Diego Fenoglio, que se incorporaron a la empresa en diferentes momentos: Leticia, Aldo (nieto) y Julián, el menor de los tres.

    Hoy Leticia Fenoglio, diseñadora gráfica de profesión, es la CEO de la empresa y una pieza clave en la internacionalización que tiene la marca con la instalación de una planta en Valencia (España) y la venta de sus productos alrededor del viejo continente.

    En diálogo con +P, Leticia aseguró que el balance de estos últimos años con la planta en Europa “es altamente positivo. Desde que fabricamos en Valencia hemos expandido la marca Franuí a más de 50 mercados”, dijo a través de una comunicación escrita.

    “A medida que fueron pasando los años hemos podido crecer en capacidad productiva, inaugurando diferentes líneas de producción y este año tendremos la fábrica trabajando al 100%”, adelantó en el marco de una intensa agenda laboral.

    Actualmente, a nivel mundial se consumen 39 toneladas de Franuí por día y para que esto sea posible el puerto de Valencia tiene una incidencia fundamental con una ubicación “sumamente estratégica que nos permite llegar muy fácilmente a muchos destinos, por lo que sin duda ha sido una gran elección para desarrollar nuestra producción y expansión internacional” detalló la CEO de Rapa Nui.

    A continuación, la entrevista completa:

    – ¿Cuánto representa España y lo que venden a otros países en el volumen de facturación total de la empresa?
    En realidad, más que hablar de un porcentaje puntual, es importante aclarar la estructura empresarial. Existen dos compañías que comparten los mismos dueños, pero que operan de manera independiente y no están bajo un mismo paraguas societario. Por un lado, está la empresa argentina, Tronador S.A.C., que produce chocolates y helados bajo las marcas Rapanui y Franuí, y que comercializa principalmente en Latinoamérica.
    Por otro lado, existe Franuí S.L., la sociedad radicada en España, que produce y comercializa Franuí para Europa y el resto de los mercados internacionales a los que abastecemos desde Valencia. Cada empresa tiene su propia estructura, facturación y estrategia operativa, aunque comparten visión, estándares de calidad y lineamientos de marca. La fábrica en España es, dentro de esa estructura, la base del crecimiento global de Franuí y la plataforma desde la cual impulsamos nuestra expansión internacional.

    – ¿Qué cantidad de gente se ocupa directamente en este proyecto?
    Actualmente la planta de Valencia emplea a 300 personas. El equipo abarca producción, calidad, logística, ingeniería y administración, y es una pieza clave para sostener nuestro crecimiento internacional.

    – Tras estos años de operación, ¿qué rasgos del consumidor europeo le han sorprendido más en comparación con el paladar argentino?
    Nos sorprendió la apertura del consumidor europeo a probar productos innovadores y su fuerte valoración por la calidad y el origen. Es un consumidor muy informado, que lee etiquetas y analiza ingredientes. El argentino, en cambio, tiene un vínculo más emocional e impulsivo con el consumo. Lo interesante es que, más allá de esas diferencias, la reacción frente a Franuí es muy similar en ambos mercados: sorpresa, disfrute y recomendación inmediata.

    – ¿Cómo tienen planeado continuar la estrategia internacional?
    Hasta el momento con Franuí hemos llegado a más de 50 países en el mundo y nuestro objetivo es llegar a los 190 que hay. Puntualmente para 2026, el objetivo es alcanzar otros 10 mercados, para terminar con la marca en más de 60 países. Venimos muy bien y tenemos muchas chances de superar esa marca. Al momento la métrica que tenemos es alcanzar 10 nuevos países por año. Pero llegar a más países implica más producción, así que dentro de los próximos objetivos está determinar una nueva locación para una nueva fábrica.

    – El Puerto de Valencia es un gigante logístico. ¿Cómo cambia la estructura de costos y la velocidad de escalabilidad de la empresa ahora que producen «en el corazón del Mediterráneo»?
    En realidad, la decisión de montar la fábrica en Valencia tuvo justamente ese objetivo: evitar depender de envíos transoceánicos. Nunca estructuramos nuestro crecimiento internacional sobre la base de exportar desde Argentina hacia Europa, porque entendíamos que no era eficiente ni sostenible en el largo plazo para un producto congelado.
    La planta en Valencia nace como una decisión estratégica para producir directamente en el mercado de destino y desde allí abastecer Europa y otros países. Esto nos permite reducir tiempos, optimizar costos logísticos, minimizar riesgos operativos y, sobre todo, ganar velocidad de respuesta. Desde el corazón del Mediterráneo podemos escalar con mucha más eficiencia y acompañar la expansión internacional con una estructura preparada para crecer.

    – Muchos emprendedores temen que la expansión diluya la calidad. ¿Cómo logran que un Franuí producido en España sea exactamente igual a uno elaborado en el sur de Argentina?
    La calidad para nosotros es innegociable. Desde el primer día entendimos que si íbamos a producir en otro país, el producto debía ser exactamente el mismo. Trabajamos con la misma receta, los mismos estándares, los mismos procesos y controles en ambas plantas. Además, hay un trabajo permanente de transferencia de know-how entre los equipos de Argentina y España para asegurar que la experiencia sea idéntica.

    – ¿Tienen planes para adaptar el producto con materias primas locales europeos?
    En Valencia trabajamos con proveedores locales, siempre que cultiven la misma variedad de frambuesa con la que trabajamos en Argentina y en condiciones climáticas similares. Para nosotros, lo importante es lograr un perfil de sabor muy específico. Además, Argentina no produce el volumen necesario como para abastecer nuestras tres plantas.

    – Producir en Bariloche implica desafíos climáticos y logísticos que no existen en las grandes capitales. ¿Qué lecciones de resiliencia aprendidas en la Patagonia fueron fundamentales para montar una fábrica desde cero en Europa?
    Cada experiencia, sea buena o mala, nos dio aprendizajes. Lo que nos pasó al llegar a Valencia es que no estábamos acostumbrados a producir en un clima tan húmedo, ya que en la Patagonia prima el clima seco.

    – Rapanuí es un emblema de Bariloche ¿Cómo gestionan la tensión entre ser una empresa que busca «conquistar el mundo» y, al mismo tiempo, mantener esa identidad de empresa familiar arraigada en la montaña?
    Este es un gran desafío que llevamos adelante día a día, pero lo logramos porque nosotros, los Fenoglio, estamos en la empresa. Somos italianos, pasionales y obsesivos de nuestros productos y de su calidad, no queremos perder lo artesanal, aunque nos volvamos escalables.
    Logramos mantener nuestra identidad porque estamos todos los días trabajando en la empresa; pensando ideas, probando combinaciones de sabores, hablando con el equipo y con los consumidores.

    – Franuí creó prácticamente una categoría nueva en el sector de snacks congelados. Como CEO enfocada en la innovación, ¿cuál es el proceso creativo para decidir que un producto local tiene el potencial de convertirse en un «hit» global?
    Lo que nos pasó con Franuí es que al probarlo se siente algo inexplicable. Aún recuerdo la primera vez que mi papá me hizo probarlo. Es una explosión de sabores en la boca, un crunch que no se encuentra en otro producto.
    Fue el primer producto con estas características. Fue una total innovación porque lo que tiene Franuí es que reúne dos elementos que se repelen: el agua y el chocolate. La frambuesa tiene líquido y el líquido no suele combinarse con chocolate. Con solo probarlo sabíamos que iba a ser un éxito. Era algo totalmente novedoso.

    ¿Cómo equilibras el respeto por la tradición de tu apellido con la necesidad de romper moldes y digitalizar o modernizar la compañía?
    Para mí la tradición no es algo que limite, sino la base sobre la que construimos. La cultura de la empresa, la obsesión por la calidad y el vínculo con el producto vienen de nuestra historia familiar.
    La modernización es simplemente la herramienta que nos permite que esa esencia crezca. Profesionalizar procesos, incorporar tecnología y pensar globalmente no significa perder identidad, sino lograr que lo que hacemos bien pueda escalar y llegar a más personas.

    – ¿Qué le aconsejaría a una persona que quiere emprenden a nivel local en la Patagonia?
    Que no vea la Patagonia como una limitación, sino como una identidad. Es un lugar que tiene desafíos logísticos, climáticos, de temporadas, pero también una autenticidad muy fuerte. Hoy los productos con identidad y origen tienen mucho valor. Si se apuesta a la calidad y a construir una marca sólida, es posible proyectarse mucho más allá del lugar donde uno empieza.

    Argentina es un país de contextos económicos volátiles ¿Qué consejo le darías a los empresarios pyme que hoy ven la internacionalización como una meta inalcanzable?
    Que no esperen el contexto perfecto. Nosotros crecimos en un país con mucha volatilidad y, en cierto punto, eso también te obliga a ser más creativo, más eficiente y a pensar a largo plazo.
    La internacionalización no ocurre de un día para el otro: es un proceso que requiere profesionalización, constancia y un producto que pueda competir por calidad. Pero cuando se logra, también permite diversificar riesgos y abrir nuevas oportunidades de crecimiento.

    -¿Tienen pensado abrir alguna otra fábrica fuera de Argentina?
    Hoy ya contamos con nuestra planta en Valencia, que fue el primer paso para acompañar el crecimiento internacional de Franuí. A medida que seguimos sumando mercados y aumentando el volumen, estamos evaluando la posibilidad de una nueva fábrica fuera del país que nos permita ampliar la capacidad productiva y abastecer de manera más eficiente otras regiones. Todavía no tenemos una locación definida, pero es uno de los proyectos que estamos analizando dentro de nuestra estrategia de expansión internacional.

    –¿Cómo ve el acuerdo del Mercosur con la UE?
    Creo que puede representar una oportunidad muy importante para fortalecer el comercio entre ambas regiones. Una mayor integración puede facilitar el intercambio, reducir barreras y abrir nuevas posibilidades para las empresas que buscan expandirse internacionalmente. Para compañías que operan en ambos mercados, como es nuestro caso, este tipo de acuerdos puede ayudar a potenciar el desarrollo y generar más oportunidades de crecimiento.

    -¿Cuáles son los mayores desafíos que ha tenido que sortear como mujer empresaria?
    Uno de los desafíos fue desarrollarme en ámbitos donde históricamente hubo mayor presencia masculina, especialmente en áreas industriales. Con el tiempo entendí que lo más importante es el trabajo, la preparación y la coherencia con la que uno lidera. Cuando los resultados acompañan, el respeto llega naturalmente. Todavía hay camino por recorrer pero también creo que el cambio ya está en marcha. Cada vez hay más mujeres liderando empresas, emprendiendo y tomando decisiones estratégicas. Lo importante es seguir generando espacios donde la capacidad y el talento sean lo que realmente determine las oportunidades.

    Fotos: gentileza prensa Leticia Fenoglio

  • Terapia de amor: la historia de Burlete, el perro que acompaña a pequeños pacientes en el Castro Rendón

    Terapia de amor: la historia de Burlete, el perro que acompaña a pequeños pacientes en el Castro Rendón

    De crocs en las patas si requiere ingresar a una sala con protocolos; con traje elegante si va a la casita de pediatría, o solo con su pretal. Vista como se vista, lo importante siempre está en él: su corazón de galgo, su mirada brillosa y su temple de compañero fiel.

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    Hace más de un año que Burlete concurre al hospital provincial Castro Rendón —la institución de salud de mayor complejidad de la Patagonia— para acompañar a niñas, niños, adolescentes y otros pacientes, en el marco de un programa de atención humanizada y asistencia emocional que involucra diferentes servicios y áreas del nosocomio. A veces el contacto es a través del juego, otras, a través de los mimos o simplemente con su presencia pacífica y silenciosa. Basta que pase caminando por el pasillo de las salas de espera dibujar una sonrisa en los pacientes y sus familias.

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    ¿Cuánto vale ese pequeño gesto cuando lo que se juega es nuestra salud o la de nuestros seres queridos? ¿Cuánto pesa una gota de alegría en escenarios de tristeza o incertidumbre?

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    Durante el primer año de la experiencia, esa tarea la llevaron adelante Naomi, una border collie preciosa que falleció hace muy poco tiempo, y Andy, un labrador encantador. Ambos animales también fueron formados por el entrenador profesional canino Lucas Grego, pero luego se jubilaron y hoy son Burlete y, a veces, Katrina, una mestiza muy enérgica, quienes están encargados de poner sonrisas donde hay incertidumbre y amor donde hay dolor.

    Este equipo de amor perruno comparte un denominador común: son todos animales no humanos rescatados del maltrato y el abandono. Pero la increíble historia de resiliencia de Burlete genera mayor motivación y empatía en todo el equipo de profesionales de la salud y también en las familias y pacientes.

    Un resiliente

    A Burlete lo encontró el abogado Lucas Padín caminando solo en el barrio Terrazas del Neuquén. El animal estaba visiblemente enfermo y abandonado. Inmediatamente fue asistido por el área de Bienestar Animal de la municipalidad de Neuquén y luego adoptado por la entonces subsecretaria de Ciudad Saludable, Andrea Ferracioli.

    Burlete tenía un cáncer muy avanzado, producto de una enfermedad de transmisión sexual por no estar castrado. Fue sometido a quimioterapia y durante largo tiempo estuvo tomando una medicación carísima, que sus padrinos Lucas Padín y Claudia Rodríguez ayudaron a costear. Pensaron que se moría; la enfermedad era realmente agresiva. Sin embargo, con los cuidados necesarios y rodeado de amor, Burlete salió adelante.

    Andrea no era solo una funcionaria: desde muy chica fue militante por el derecho de los animales y en eso se especializó cuando se recibió de abogada. Siempre tuvo una debilidad especial por los galgos; de hecho, fue una de las autoras e impulsoras a nivel nacional de la ley que prohíbe las carreras de galgos.

    “Yo estaba muy angustiada con la situación de Burlete y decidí adoptarlo. Desde el primer momento notamos que era un perro muy estable y que, si sobrevivía, podía ser entrenado para ayudar. Firmé una declaración jurada donde lo adoptaba de forma responsable y hace dos años que convive conmigo. Es parte de mi familia multiespecie, de la que también forman parte Cecilio, Rita, Salva, Papino y Adela —son 4 galgos y una caniche—, todos animales rescatados con los que vamos a las escuelas a dar charlas de derecho animal y cuidado responsable”, explica.

    Burlete no solo sanó, sino que se convirtió en un perro coterapeuta, un animal de asistencia emocional. Cada sábado entrena con Lucas Grego y todos los miércoles va junto a Andrea, su guía y familia, a poner solidariamente su corazón al Castro Rendón.

    Una gran red de pequeños gestos

    No cualquier patología es derivada para ser atendida en el Castro Rendón. En su gran mayoría son casos complejos que implican tensiones, miedos, angustias y dolor. Los equipos de salud vienen trabajando fuertemente en poner en práctica la humanización de los cuidados: gestos pequeños o simples, pero poderosos, como escuchar y acompañar desde la empatía y el respeto.

    De esa base vital surgió este programa que hoy tiene como protagonista a Burlete. Está coordinado por la licenciada Mónica Pérez, del Departamento de Comunicación Institucional, y la Dra. Paola Titanti, jefa del Departamento de Calidad, quien se ocupa de desarrollar los protocolos para que sea una práctica segura para pacientes, equipos de salud y los propios animales. Desde sus comienzos se desarrolló en conjunto con la subsecretaría de la Municipalidad de Neuquén, por el impulso de Andrea Ferracioli, Celeste Leiga —actual responsable del área— y todo un equipo de personas muy valiosas que incluye voluntarios y profesionales.

    Todos los miércoles, Burlete llega acompañado por su guía Andrea Ferracioli y durante cerca de una hora está presente en el hospital de día pediátrico, o en las salas de espera de los consultorios, o en los vacunatorios, o en la casita donde están las especialidades. A veces toca acompañar a niños y niñas que acaban de hacerse una quimioterapia o esperan una; a veces a pacientes pequeños que aguardan una operación de complejidad; a veces a pacientes ambulatorios para los que el hospital es su segunda casa.

    Se llama vinculación emocional, pero se trata de la simpleza de pintar imágenes de Burlete o dibujarlo, o escuchar el cuento que narra su historia, o verlo entrar con sus súper outfits diseñados para la ocasión. Burlete tiene un sello propio de su pata con el que sella los dibujos que le hacen sus mini amistades.

    Según encuestas de calidad que se realizan en el hospital, más del 90 % de pacientes, familias y personal dicen sentirse mucho mejor después de cada visita de Burlete, y un 96 % quiere que él u otros animales regresen.

    Compromiso

    Cuando renunció a la función pública, Andrea Ferracioli se dedicó de lleno a estudiar y a cultivar su pasión, que es el amor por el universo animal. Además de abogada, es psicóloga social y está terminando su máster en terapia asistida en una universidad española. Creó la Asociación de Profesionales y Activistas en Derecho a los Animales y Animalia, un espacio amigable de difusión, reflexión y concientización para pensar los vínculos entre humanos y no humanos.

    Estas herramientas no solo permiten acompañar todos los miércoles, de manera voluntaria, a Burlete al hospital: son también un puente para realizar otras acciones que promueven y sensibilicen en el cuidado responsable y respetuoso de todos los seres vivos.

    “Lo que nosotros trabajamos cotidianamente a dúo con Burlete es específicamente el reconocimiento de los animales como seres sintientes, priorizando siempre la salud física y emocional de animales humanos y no humanos. Este programa hospitalario se desarrolla a través de un enfoque ético, bien interdisciplinario. Burlete, por supuesto, está certificado, tiene todo su sistema de salud al día, tiene una veterinaria que cada tres meses le realiza análisis y tiene toda la parte de salud perfecta”, explica.

    Un perro es el amigo que siempre espera; la mirada atenta y la cola feliz que se mueve cuando volvemos de trabajar; el segundo que nos devuelve a la realidad, al gesto importante. Un perro es la lealtad en la alegría y el dolor. Un perro también puede ser lo posible cuando necesitamos de la luz.

    Es difícil no pensar que Burlete es, además de todo eso, un perro tocado por Dios, en la dicha de haber encontrado almas nobles que lo sacaron de la calle, que le brindaron el milagro de sanar a través del cuidado, la presencia y el respeto. Todo eso que hoy le permite encender en las infancias y sus familias la chispa vital de la fe.

    ¿Qué es el amor?

    Es un perro.

    Un perro como Burlete.