Etiqueta: golpe de Estado

  • En 31 fotos: así fueron las marchas por los 50 años del golpe militar en Neuquén y San Martín de los Andes

    En 31 fotos: así fueron las marchas por los 50 años del golpe militar en Neuquén y San Martín de los Andes

    Los neuquinos se movilizaron este 24 de marzo, al cumplirse el 50 aniversario del golpe de Estado que inauguró la dictadura más extensa y sangrienta de la historia argentina. Grandes y chicos dijeron presente en una fecha inolvidable para reafirmar los derechos humanos y la democracia tanto en la ciudad de Neuquén, como en San Martín de los Andes y el resto de las localidades de la provincia.

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    “Ni un paso atrás, son 30 mil los desaparecidos”, fue el cartel que portaba la cabeza de una gran movilización que recorrió las calles de la capital. La consiga también decía: “Los derechos se conquistan en la calle”.

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    Los capitalinos se concentraron pasadas las 19.30 en el monumento al General San Martín para recordar y repudiar mayor genocidio que se vivió en el país. Fue la primera marcha sin la presencia física de Inés Ragni y Lolín Rigoni, las últimas Madres de Plaza de Mayo de la región, pero sí en la memoria de todos los neuquinos.

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    Inauguraron una plaza con el nombre de un desaparecido de San Martín de los Andes

    Una gran movilización recorrió las calles de San Martin de los Andes. La marcha por el 50 aniversario del golpe de Estado de 1976 recorrió las calles de la ciudad cordillerana encabezada con un cartel que decía: Ni olvido, ni perdón más que nunca.

    Un momento cargado de emotividad se vivió en la inauguración de la plaza Fito Teberna en homenaje a un vecino de San Martin de los Andes, desaparecido durante la dictadura.

    Entre los presentes, además de los manifestantes, estuvieron presentes su esposa, Serena Rosa Gutiérrez y René Etelvina Chávez, compañera militante quien fue detenida y luego diputada.

  • En 31 fotos: así fueron las marchas por los 50 años del golpe militar en Neuquén y San Martín de los Andes

    En 31 fotos: así fueron las marchas por los 50 años del golpe militar en Neuquén y San Martín de los Andes

    Los neuquinos se movilizaron este 24 de marzo, al cumplirse el 50 aniversario del golpe de Estado que inauguró la dictadura más extensa y sangrienta de la historia argentina. Grandes y chicos dijeron presente en una fecha inolvidable para reafirmar los derechos humanos y la democracia tanto en la ciudad de Neuquén, como en San Martín de los Andes y el resto de las localidades de la provincia.

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    “Ni un paso atrás, son 30 mil los desaparecidos”, fue el cartel que portaba la cabeza de una gran movilización que recorrió las calles de la capital. La consiga también decía: “Los derechos se conquistan en la calle”.

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    Los capitalinos se concentraron pasadas las 19.30 en el monumento al General San Martín para recordar y repudiar mayor genocidio que se vivió en el país. Fue la primera marcha sin la presencia física de Inés Ragni y Lolín Rigoni, las últimas Madres de Plaza de Mayo de la región, pero sí en la memoria de todos los neuquinos.

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    Inauguraron una plaza con el nombre de un desaparecido de San Martín de los Andes

    Una gran movilización recorrió las calles de San Martin de los Andes. La marcha por el 50 aniversario del golpe de Estado de 1976 recorrió las calles de la ciudad cordillerana encabezada con un cartel que decía: Ni olvido, ni perdón más que nunca.

    Un momento cargado de emotividad se vivió en la inauguración de la plaza Fito Teberna en homenaje a un vecino de San Martin de los Andes, desaparecido durante la dictadura.

    Entre los presentes, además de los manifestantes, estuvieron presentes su esposa, Serena Rosa Gutiérrez y René Etelvina Chávez, compañera militante quien fue detenida y luego diputada.

  • Neuquén marchó por el 24 de Marzo: memoria, reclamo y una multitud en las calles

    Neuquén marchó por el 24 de Marzo: memoria, reclamo y una multitud en las calles

    La movilización por los 50 años del golpe de Estado volvió a marcar el pulso de la memoria en Neuquén, con una convocatoria que desbordó el centro y se extendió a lo largo de unas 20 cuadras.

    Neuquén marchó por el 24 de Marzo


    La marcha, impulsada por organismos de derechos humanos, reunió a miles de personas en una columna heterogénea en la que convivieron militantes históricos, jóvenes, familias y representantes institucionales. La masividad no fue solo una postal: fue también una señal de continuidad en una ciudad que, cada 24 de marzo, reafirma su identidad ligada a la defensa de los derechos humanos.

    La concentración comenzó poco después de las 19 y, con el correr de los minutos, fue sumando densidad y volumen. Entre los asistentes se pudo ver a funcionarios municipales, provinciales y universitarios, además de diputados nacionales, en una presencia política que acompañó —sin eclipsar— el protagonismo de las organizaciones convocantes. Las consignas por memoria, verdad y justicia volvieron a escucharse con fuerza, en una marcha que mantuvo su tono pacífico y sostenido, con intervenciones artísticas y banderas que recuperaban nombres, historias y reclamos aún vigentes.

    Uno de los momentos más cargados de emoción fue el homenaje a las últimas dos Madres de Plaza de Mayo de la región. La muerte de Lolín Rigoni, en agosto de 2025 a los 100 años, y la de Inés Ragni en 2024, marcaron el cierre de una etapa histórica para la filial Neuquén y Alto Valle.

    Ambas fueron recordadas como símbolos de una lucha persistente, que logró instalar en la agenda pública la necesidad de justicia frente a los crímenes de la dictadura. Sus nombres, repetidos en pancartas y cánticos, funcionaron como un puente entre generaciones.

    También hubo un reconocimiento especial para Walter Pérez, titular de la Asociación por los Derechos Humanos, fallecido este año. Su figura fue evocada como parte de una trama colectiva que sostuvo durante décadas el reclamo en la provincia. En ese cruce entre memoria y presente, la marcha en Neuquén volvió a mostrar que, a medio siglo del golpe, la calle sigue siendo un espacio central para construir sentido, mantener vivos los reclamos y proyectar las discusiones hacia el futuro.

    Mirá la fotogalería de la marcha en Neuquén



  • La memoria como herida: 50 años de una historia que no cierra

    Tenía 13 años cuando se produjo el golpe. Para entonces, la vida ya me había enseñado algunas de sus formas más duras: mi padre había muerto cuando yo tenía casi seis, y mi madre hacía lo que podía para sostener a mi hermano y a mí. Éramos santafesinos, pero en aquellos años vivíamos en Junín, provincia de Buenos Aires, una ciudad donde la presencia militar no era un dato más, sino parte del paisaje cotidiano.

    Allí estaba asentado el Grupo de Artillería 101. Y alrededor de ese núcleo gravitaban otros poderes que, sin necesidad de explicarse, imponían su lógica social: los grandes productores agropecuarios, la Iglesia, el Poder Judicial. El ferrocarril, que alguna vez había sido símbolo de integración y desarrollo, lugar de trabajo de familias obreras, apenas sobrevivía. Era, en definitiva, un entramado donde todo parecía ordenado, pero donde ese orden se pagaba y tenía un costo que no siempre se veía a simple vista. 

    Yo cursaba séptimo grado en una escuela rural. Mi madre había decidido internarnos allí a mi hermano y a mí un par de años antes, buscando seguridad y estabilidad en medio de tanta incertidumbre. La escuela estaba semi abandonada: se caía a pedazos. Sin embargo, resistía. No por el Estado, que estaba ausente, sino por el esfuerzo de un cura de la Iglesia ortodoxa griega. El cura se llamaba Felipe, hombre de valores irreductibles, él y algunos vecinos colaboraban como podían y con lo que podían.

    No había recursos. Había voluntad. Comerciantes que donaban alimentos, manos anónimas que arreglaban lo que se rompía, y una comunidad compuesta por unos niños cuyas familias pasaban momentos difíciles y de personas que, a fuerza de corazón, intentaba sostener algo más que un edificio: intentaban sostener una idea de contención y de futuro.

    En ese contexto, hubo algo que resultó decisivo: la biblioteca. Inesperada, amplia, casi inverosímil para ese entorno. Allí encontré una puerta de salida. Leía sin restricciones, sin orden, sin guía. José Mauro de Vasconcelos, Baudelaire, Nietzsche, libros sobre el Che y tantos otros que hoy se mezclan en la memoria.

    Siempre digo que los libros me salvaron la vida.  Pero también lo hicieron algunas personas. En ese mismo entorno se forjaron mis valores, marcados por la ética de un cura que era un hombre de familia, con esposa e hijos, alguien que hablaba de la familia desde la experiencia concreta de la responsabilidad y la vivencia y no desde el dogma vacío. Su forma de vivir la fe era austera, solidaria, casi sacrificada hasta el extremo.

    De él aprendí, del cura Felipe  —a su manera, rústica pero profunda— lo que predicaba el cristianismo en su esencia: poner la otra mejilla, dar hasta que duela, no hacer a los demás lo que uno no quiere recibir, incluso aquello de “ama a tu enemigo como a ti mismo”. Enseñanzas que hoy pueden parecer ingenuas o incluso impracticables, pero que en aquel contexto funcionaban como un marco ético claro en medio de la incertidumbre.

    Ese aprendizaje no fue abstracto. Me enseñó a ver y a entender un poco más allá de las cosas. Me enseñó a escuchar ideas distintas, a ser solidario, a no modificar los valores según la conveniencia del momento. A construir una coherencia interna, algo de lo que uno pudiera sentirse orgulloso incluso cuando el contexto empujaba en sentido contrario.

    Porque no eran tiempos propicios para la expresión ni para el debate. La censura estaba entre nosotros: se respiraba. Los libros empezaban a desaparecer, y hasta la música que uno escuchaba podía transformarse en un motivo de sospecha. Las noches se volvieron peligrosas, sobre todo para un adolescente que encontraba en la conversación y el intercambio una forma de entender el mundo.

    Con el tiempo, algunos amigos comenzaron a desaparecer. Recuerdo al hijo de una amiga de mi mamá. Se llamaba Adrián, un pibe siempre alegre y solidario. Un día se lo llevaron. Recuerdo los ojos de su mamá, nunca vi una mirada tan triste y desesperada. Eso no se olvida. Sus familias se volvían inaccesibles de un día para el otro. Preguntar era peligroso. Visitar, también. 

    Pero hay otra dimensión de aquellos años que resulta imposible de eludir. Recuerdo discursos económicos que, con el paso del tiempo, suenan inquietantemente familiares y actuales. Recuerdo una clase media repitiendo consignas con una convicción que no siempre se sostenía en la realidad. Y, sobre todo, recuerdo cómo la mentira, la degradación moral, la cobardía y el engaño ocupaban el lugar de los valores que esa misma sociedad decía defender.

    Así crecí. Y en poco tiempo llegó el servicio militar. Allí conocí otra dimensión de esa lógica de poder: hombres que, amparados en un uniforme, creían estar por encima del resto. No por formación ni por capacidad, sino por jerarquía. El uniforme les otorgaba una autoridad incuestionable, y cuanto mayor era la diferencia con quienes tenían más educación o más herramientas, más necesitaban reafirmar esa supuesta superioridad frente al “colimba”, necesitaban humillarlo, reducido a la obediencia. Ese contraste —entre la ignorancia revestida de poder y el conocimiento sometido— fue también una enseñanza. Después de la baja vino Malvinas. Me reincorporaron, me mandaron a Río Gallegos. Amigos muertos en las islas, la estupidez y la cobardía vividas cada día en el cuartel, chicos sufriendo maltrato y humillaciones. La confirmación de un ejército donde la gente buena y honorable era una rara excepción y la cobardía y el abuso, la regla. Recuerdo al terminar la guerra ex combatientes mutilados, dañados física y emocionalmente, abandonados a su suerte.

    Tiempo después, colaborando en una organización de Derechos Humanos, pude ver parte del infierno que se ocultaba. Fotografías de familias enteras torturadas, manos atadas a la espalda, uñas arrancadas. Ejecutadas de un disparo en la cabeza. Esas imágenes no se borran. No admiten matices ni reinterpretaciones.

    Hoy veo que fue una sociedad profundamente cobarde la que acompañó el golpe de Estado. Cobarde y egoísta. Sin conciencia ni humanidad suficientes para dimensionar lo que estaba ocurriendo.

    A 50 años, la memoria no solo interpela al pasado. También obliga a mirar el presente. A observar en qué se ha convertido parte de la sociedad, a preguntarse por la superficialidad, por el individualismo, por cierta vacuidad que atraviesa a muchos jóvenes. Pero también a revisar responsabilidades más profundas.

    Qué hicieron quienes gobernaron en las décadas siguientes. Qué hicimos los adultos. Qué hicimos como padres que no supimos estar a la altura, acaso elegimos corrernos de nuestro rol, confundiendo cercanía con ausencia de límites, compañía con abandono de responsabilidades.

    La pregunta incómoda es cómo se llega a eso. Cómo no se vio venir la construcción de un sistema de control que, sin necesidad de recurrir a las armas, fue moldeando conductas, valores y prioridades.

    Han pasado 50 años. Y si la memoria sirve para algo, debería ser para evitar conclusiones complacientes. Porque más allá de los avances, lo que persiste es una deuda: con los que lucharon, con los que no volvieron, con lo que pudimos ser y no fuimos. Qué hicimos los adultos. Qué hicimos como padres. Cómo no vimos venir la construcción de un sistema que, sin necesidad de armas, fue moldeando conductas, valores y prioridades. Todavía me lo pregunto. Y la respuesta, cuando llega, no me deja tranquilo.

     

  • 24 de Marzo en Neuquén: así fue la emotiva vigilia a medio siglo del golpe militar

    24 de Marzo en Neuquén: así fue la emotiva vigilia a medio siglo del golpe militar

    La Real Academia Española define el término vigilia al hecho de permanecer despierto o en vela en vísperas de una celebración o acontecimiento. En el contexto neuquino, en la denominada capital de los Derechos Humanos, hubo muchos motivos para juntarse y compartir un compendio de emociones para sostener la memoria a 50 años del Golpe de Estado cívico y militar del 24 de marzo de 1976, el inicio de la peor dictadura que vivió la historia argentina. 

    Mantener la consigna de Memoria, Verdad y Justicia será un desafío para la comunidad de Neuquén que año tras año abrazaba a las Madres de Plaza de Mayo de Neuquén. Lolín Rigoni, Ines Ragni y Beba Mujica ya no están presentes. Por esa razón los emblemáticos pañuelos blancos fueron multiplicados entre la multitud que se congregó en el Anfiteatro Gato Negro del Parque Central. La vigilia comenzó desde las 20 horas hatsa la madrugada del martes. 

    La vigilia fue organizada por La Conrado Cultural, Teneas, la Asociación Neuquina de Artistas Plásticas de Neuquén (ANAP), la Asociación de Músicos Independientes (AMI), La mano en la sed (escritores), De Poetas y Trovadores y Artistas Independientes (AI). Todas las personas vinculadas al arte realizaron una intervención en donde repasaron los trágicos y violentos acontecimientos desde el año 1975 y las luchas durante la restitución de la democracia. 

    La ronda de las madres, con sus pañuelos sobre la cabeza, con una fotografía en blanco y negro de sus hijos en la mano, mientras caminaban en círculo porque alguien vestido de verde, con una ametralladora de cartón les gritó: “Circulen”. Fue una serie de manifestaciones que produjeron lágrimas, aplausos, abrazos, cantos, gritos y baile con cumbia de forma ininterrupida. 

    De pronto, irrumpen los audios de Lolín e Inés, fragmentos de discursos  de las madres que siempre acentuaban la necesidad de luchar en las calles. El verdadero motivo de las nuevas generaciones que sienten el legado de transmitir su mensaje para mantener el ejercicio de la memoria.  

  • A 50 años del golpe de Estado, hoy se realiza la marcha por Memoria

    A 50 años del golpe de Estado, hoy se realiza la marcha por Memoria

    Con propuestas abiertas a la comunidad, la jornada busca fortalecer el compromiso social y mantener vigente el reclamo por verdad y justicia.

    En el marco del 50° aniversario del golpe de Estado en Argentina, organizaciones sociales, políticas y vecinos convocan hoy 24 de marzo a una jornada de movilización y actividades en defensa de la Memoria, la Verdad y la Justicia.

    La consigna de este año, “A 50 años del Golpe… ¡QUE DIGAN DÓNDE ESTÁN!”, busca interpelar a la sociedad en un contexto que, según expresan los organizadores, presenta nuevos desafíos para los derechos conquistados.

    “Este año se conmemoran 50 años del Golpe de Estado. Nos atraviesa un contexto donde todos nuestros derechos se encuentran amenazados. Es necesaria la lucha colectiva con la VERDAD, la MEMORIA y la JUSTICIA como faro”.

    Actividades previas: arte y memoria colectiva

    Durante la jornada previa, vecinos y organizaciones participaron de una intervención en la Plaza de la Memoria, un espacio simbólico donde el arte se convirtió en herramienta de expresión.

    La propuesta incluyó la restauración de murales, la creación de pañuelos y la pintura de banderas, promoviendo la participación comunitaria.

    Estas acciones apuntan a fortalecer una idea central: la memoria como construcción colectiva, donde cada persona puede aportar desde su lugar.

    La marcha de hoy 24 de marzo

    El eje central de la jornada es la marcha de este 24 de marzo, que convoca a la comunidad a movilizarse en el espacio público.

    Antes de la movilización, se invita a los participantes a construir pancartas con imágenes de personas desaparecidas, utilizando materiales simples como cartón, cinta y fotografías impresas.

    El reclamo mantiene plena vigencia:

    “Porque fueron 30.400 y queremos saber dónde están, es necesario que seamos muchas personas en la calle”.

    La convocatoria refuerza la importancia de la presencia masiva como forma de sostener la memoria histórica y exigir respuestas.

    Organización y alternativas ante el clima

    Desde la organización informaron que, en caso de lluvia, la jornada no se suspende.

    El punto de encuentro alternativo será la Biblioteca Popular Osvaldo Bayer, desde donde luego se trasladarán hacia la Plaza de la Memoria para iniciar la marcha.

    Esto garantiza la continuidad de la convocatoria y su carácter abierto.

    Memoria, Verdad y Justicia: una demanda vigente

    A cinco décadas del golpe, el 24 de marzo no solo recuerda el pasado, sino que también se proyecta hacia el presente.

    La jornada de hoy reafirma tres pilares fundamentales:

    Memoria, para no olvidar

    Verdad, para reconstruir la historia

    Justicia, para reparar y garantizar derechos

    La invitación es clara: participar activamente y ser parte de una construcción colectiva que mantiene viva la memoria.

  • Memoria: 50 pañuelos a 50 años del golpe de estado

    Memoria: 50 pañuelos a 50 años del golpe de estado

    El Centro de Documentación e Información Educativa (CeDIE) Alicia Pifarré, del CPE, organizó el último día hábil de la semana pasada, un acto conmemorativo por este 24 de marzo, de la Memoria por la Verdad y la Justicia con una instalación artística bajo la consigna “Florecerán pañuelos”.

    El director del CeDIE Iván Nicola resaltó que la propuesta invitó a las diferentes direcciones y coordinaciones dependientes del Consejo Provincial de Educación (CPE) a intervenir 50 pañuelos blancos a 50 años del golpe de estado cívico eclesiástico militar. “Nos sumamos a la iniciativa que lanzaron Madres y Abuelas de Plaza de Mayo para este año; la idea es llenar de flores un símbolo de la historia nacional”, destacó.

    Bordado, acuarela, consignas de Derechos Humanos, marcadores y origami son algunas de las variantes que se pueden observar en los pañuelos blancos que permanecen exhibidos en el centro de documentación.

    Recopilación de Alicia Pifarré
    “Alicia Pifarré nació el 29 de noviembre de 1952. Era maestra de la Escuela Nº 56 del Barrio Belgrano y estudiaba letras al momento de ser secuestrada el 9 de junio de 1976, cerca de la medianoche, durante la última dictadura cívico militar. Aún permanece desaparecida”, Gabriela Nemiña en el libro ‘El portafolio de Alicia’.

    Hace diez años, a través de la resolución 228/16 del CPE se estableció el nombre Alicia Pifarré para el CeDIE, espacio en el que está exhibido su legajo docente y su portafolio marrón.

    El repositorio digital del centro de documentación recopila textos, correspondencia y fotografías de Alicia -donación de su sobrina Sabrina Pifarré-; al igual que libros en los que se presenta su historia de vida hasta su desaparición. Están disponibles en cedie.neuquen.edu.ar/50-veces-alicia/

     

  • El golpe de 1976 en Neuquén: represión, persecución y una provincia bajo control militar

    El golpe de 1976 en Neuquén: represión, persecución y una provincia bajo control militar

    La irrupción de la dictadura implicó detenciones, censura y un aparato represivo que marcó a la política y la sociedad neuquina.

    El golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 tuvo un impacto inmediato y profundo en la provincia de Neuquén, donde la intervención militar se tradujo en la ocupación de instituciones, la persecución política y la instalación de un clima de terror que atravesó todos los ámbitos de la vida pública.

    La toma de la Casa de Gobierno fue uno de los primeros movimientos del nuevo régimen en la provincia. Desde ese momento, se desplegó un esquema de control con presencia militar en organismos estatales y barrios estratégicos, mientras trabajadores y empleados públicos comenzaron a ser desplazados o cesanteados.

    Felipe Sapag, junto al ex presidente Juan Domingo Perón. Había asumido su tercera gobernación de Neuquén en 1973.

    El entonces gobernador Felipe Sapag permaneció en su domicilio en medio de la incertidumbre, en un contexto donde ya se anticipaba la ruptura del orden democrático, aunque no la magnitud de la represión que se instalaría.

    Persecución y represión sistemática

    Desde la madrugada misma del golpe, se activó un operativo de persecución dirigido a militantes políticos, dirigentes gremiales y referentes universitarios. La intervención previa de la universidad y la acción de grupos parapoliciales habían anticipado el clima de violencia que se profundizó con la dictadura.

    Casos como el del dirigente radical César Gass reflejan la dimensión del accionar represivo: debió ocultarse, escapar de la provincia y finalmente exiliarse, mientras su familia era detenida en operativos ilegales.

    También el peronismo neuquino fue blanco de estas acciones. Dirigentes como Oscar Massei y Raúl Radonich fueron perseguidos, detenidos o sometidos a torturas en centros clandestinos como “La Escuelita”, uno de los principales dispositivos de detención ilegal en la región.

    Centros clandestinos y coordinación regional

    El aparato represivo en Neuquén no actuó de manera aislada. Existió una coordinación con fuerzas de Río Negro y otras jurisdicciones, lo que amplió el alcance de los operativos de secuestro, tortura y desaparición.

    Entre los principales centros de detención se destacaron La Escuelita, la delegación de la Policía Federal y dependencias policiales y de Gendarmería en distintos puntos de la provincia y el Alto Valle.

    Muchas de las víctimas fueron trasladadas a otras ciudades, lo que dificulta aún hoy la reconstrucción completa del número de desaparecidos vinculados a la provincia.

    El rol de la Iglesia y los organismos de derechos humanos

    En medio del terror, algunas figuras y sectores desempeñaron un papel clave en la contención y la denuncia. El obispo Jaime de Nevares se convirtió en una referencia central, abriendo espacios de resguardo y acompañando a familiares de víctimas.

    Su accionar fue fundamental para sostener redes de apoyo en un contexto donde la represión buscaba aislar y silenciar a quienes reclamaban por los desaparecidos.

    Con el retorno de la democracia, los testimonios de sobrevivientes y dirigentes permitieron avanzar en los juicios por delitos de lesa humanidad, aportando a la reconstrucción de la memoria histórica en la región.

    Una marca profunda en la historia provincial

    El golpe de 1976 dejó una huella persistente en Neuquén, tanto en su estructura política como en su tejido social. La violencia estatal, la censura y la persecución marcaron a una generación y redefinieron la relación entre la sociedad y las instituciones.

    A casi cinco décadas, la memoria de lo ocurrido continúa siendo un eje central en la vida pública, sostenida por organismos de derechos humanos y por una comunidad que sigue reclamando verdad y justicia frente a uno de los períodos más oscuros de la historia argentina.

  • el relato de un sobreviviente a 50 años del golpe

    el relato de un sobreviviente a 50 años del golpe

    A medio siglo del golpe de Estado que instauró la última dictadura cívico-militar en la Argentina, las voces de los sobrevivientes siguen siendo clave para comprender no solo lo que ocurrió, sino también por qué ocurrió. En Neuquén, una de esas voces es la de Raúl Radonich, quien fue secuestrado, torturado y luego testigo en los juicios por delitos de lesa humanidad que confirmaron la existencia del centro clandestino “La Escuelita”.

    Su relato, crudo y preciso, reconstruye una trama que comenzó incluso antes del 24 de marzo de 1976. “Era un escenario que estaba dentro del marco nacional. No se expresaba con la misma contundencia que en los grandes centros urbanos, pero se vislumbraba que el golpe tenía una inmediatez”, recuerda en diálogo con Mejor Informado. En ese momento, Radonich tenía 21 años, estudiaba Psicología en la Universidad Nacional de La Plata y había sido incorporado al servicio militar obligatorio apenas días antes del golpe.

    La imagen que conserva de ese día es elocuente: “Los suboficiales y algunos oficiales se felicitaban, se abrazaban. Sentían que estaban comprometidos en una tarea refundacional de la Argentina”.

    Sin embargo, como tantos otros, no imaginó la magnitud del horror que vendría.

    Radonich durante una de sus declaraciones en los juicios que condenó a los represores en Neuquén.

    El secuestro y “La Escuelita”

    El 13 de enero de 1977, Radonich fue secuestrado en pleno centro de Neuquén. Trabajaba en una gestoría cuando un grupo de tareas lo introdujo en un Ford Falcon, lo vendó, lo ató y lo trasladó tras un recorrido destinado a desorientarlo. El destino fue el centro clandestino de detención conocido como “La Escuelita”. “Allí permanecí seis días. Apenas llegué me dejaron esposado, vendado. Después empezó el interrogatorio con fuertes descargas eléctricas”, relata.

    El método era sistemático: preguntas sobre militancia, vínculos, nombres propios. La tortura, también. “Ellos tenían fe en la tortura. Es devastadora. Machacaban la carne con rigor. Buscaban la destrucción física, psíquica y moral de la persona”.

    Durante las sesiones, fue interrogado por supuestos vínculos con organizaciones políticas, por compañeros y por personas cercanas, entre ellas Oscar Ragni, su amigo de la juventud.

    Las descargas eléctricas lo llevaron al límite. “Perdí mucha sangre por la boca, me había mordido la lengua”, recuerda. En un momento, uno de sus captores le dijo: “Vos elegís si querés hablar o seguimos con la máquina”. No habló. Sobrevivió.

    “Nunca imaginé lo que se venía”, dijo Radonich en relación al inicio de la dictadura militar.

    La liberación y el miedo persistente

    Tras seis días de cautiverio, fue liberado de madrugada en la localidad de Senillosa, luego de otro recorrido en vehículo. “Me dijeron que no abriera los ojos por diez minutos. Cuando los abrí, vi una luz a lo lejos y caminé hasta encontrar la ruta”, cuenta.

    Pero la persecución no terminó ahí. Meses después, fue detenido nuevamente y trasladado a la Unidad 9, en un contexto donde la ilegalidad y el encubrimiento eran parte del funcionamiento del Estado.

    Su familia había denunciado su desaparición, pero luego fue presionada para retirar la presentación. “Me pidieron que levantara la denuncia y así lo hicimos”, recuerda.

    Oscar Ragni: el amigo desaparecido

    Uno de los nombres que aparece reiteradamente en su historia es el de Oscar Ragni, desaparecido el 23 de diciembre de 1976. “Éramos amigos. Jugábamos al básquet juntos, fuimos al colegio Don Bosco, vivimos juntos en La Plata”, cuenta Radonich. La relación era profunda, casi de hermandad.

    Ragni estudiaba arquitectura y trabajaba como dibujante. “Era un tipo íntegro, solidario, un excelente estudiante”, lo describe.

    La última vez que lo esperaba, nunca llegó. “Después su padre vino a mi casa y me dijo que lo habían ido a buscar al trabajo”, recuerda.

    La imagen que se difundió en los diarios fue aportada por el propio Radonich: “Por eso tenía la camiseta de básquet”, explica.

    La madre de Oscar, Inés Ragni, se convirtió luego en una de las referentes de Madres de Plaza de Mayo en la región.

    A cuatro meses de la vuelta a la democracia, Radonich junto a integrantes de organismos de derechos humanos y otras víctimas de la dictadura, volvieron al predio donde funcionó «La Escuelita».

    Volver a “La Escuelita”

    Con la recuperación democrática, Radonich fue parte del grupo de sobrevivientes que en 1984 logró identificar el predio de “La Escuelita”, en un operativo impulsado por organismos de derechos humanos. “Fuimos siete sobrevivientes. El edificio todavía estaba. Pudimos reconocerlo fácilmente”, relata.

    Ese reconocimiento fue clave para las causas judiciales que comenzaron décadas después.

    Los juicios: memoria, verdad y reparación

    A partir de 2008, Neuquén fue escenario de múltiples juicios por delitos de lesa humanidad. Radonich declaró en varios de ellos. Lejos de ser solo una instancia dolorosa, define ese proceso como “reparador”.

    “Uno hace el esfuerzo de recuperar esos momentos para poder expresarlos. Y los fallos demuestran que existió el terrorismo de Estado”, sostiene.

    Para él, la importancia de los juicios excede lo individual: “Fue la justicia ordinaria la que condenó a los responsables. Eso tiene un valor enorme para toda la sociedad”.

    Hace unos años participó de la inspección ocular en el predio donde funcionó «La Escuelita». Parado sobre las ruinas del edificio, demolido en democracia, indicó a jueces del tribunal detalles que pudo registrar a través de la venda que tapaba sus ojos durante su secuestro.

    Memoria en disputa

    A 50 años del golpe, Radonich advierte que la memoria no es un terreno saldado. “La memoria es un espacio en disputa. Hoy la disputamos con un gobierno negacionista que pretende negar lo que en centenares de juicios se ha demostrado”, afirma.

    En su análisis, el terrorismo de Estado tuvo un objetivo claro: disciplinar a la sociedad para imponer un modelo económico. Y encuentra paralelismos con el presente. “El endeudamiento, la desindustrialización y el ataque a los derechos laborales son elementos que se repiten”, señala, en referencia a las políticas impulsadas durante la dictadura y su proyección en la actualidad.

    El legado de las luchas

    Radonich también pone en valor el rol de los organismos de derechos humanos y figuras clave en Neuquén. “Las madres, los organismos, personas como Noemí Labrune, fueron fundamentales. Construyeron gran parte de la democracia que hoy tenemos”, afirma.

    A 50 años del golpe, su testimonio no solo reconstruye el pasado: interpela el presente. Porque, como él mismo sostiene, la memoria no es solo un ejercicio de recuerdo, sino una herramienta para entender —y defender— la democracia.

    La entrevista a Raúl Radonich

  • En la calle: qué piensan los neuquinos a 50 años del golpe de Estado en Argentina

    En la calle: qué piensan los neuquinos a 50 años del golpe de Estado en Argentina

    A 50 años del golpe cívico milita r que azotó el país y que dejó un saldo de 30 mil personas desaparecidas, LM Neuquén consultó a los neuquinos sobre sus recuerdos de aquella feroz época en Argentina y qué saben de esa parte de la historia.

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    Jóvenes y adultos expresaron sus sentimientos y opiniones sobre lo acontecido en el país. Varios relataron el horror sufrido en Neuquén y en otras provincias y los más jóvenes pudieron compartir lo aprendido en la escuela.

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    «Tengo 16 años, la edad de varios chicos en ese momento. En la escuela venimos viendo todos los años lo que pasó. Es un tema delicado. Por surte ya no estamos en esa época. Creo que es muy importante saber la historia para que no vuelva a ocurrir. Por su lucha nosotros ahora tenemos el boleto estudiantil. Hay desaparecidos, mujeres violadas, abusadas», destacó una joven que esperaba el colectivo junto a una amiga.

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    Otro hombre dijo que aún falta justicia de ese «momento oscuro» que vivió el país. «Yo era muy chica pero recuerdo todo lo malo que viví, ver la gente que golpeaban, el encierro. No quisiéramos volver a vivir nunca más eso», compartió Nilda, vecina de 69 años del barrio El Chacay en Plottier.

    «El que no conoce su historia está condenado a repetirla. Si no sabemos de dónde venimos no vamos a poder salir adelante», opinó Ezequiel, un joven de 24 años.

    Actividades del 24 de marzo

    «Contra la impunidad de ayer y de hoy, contra el silencio de los genocidas, contra cualquier intento de imponer el olvido, seguimos exigiendo saber dónde están nuestros compañeros y compañeras desaparecidas, porque la memoria no se negocia, la verdad no se oculta y la justicia no se abandona», manifestaron desde la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) de Neuquén para convocar «marchemos juntas y juntos, firmes en la defensa de la dignidad humana».

    En medio del feriado por el Día de la Memoria, la movilización del 24 de marzo tendrá como consigna central “50 años del golpe genocida. Son 30.000. Los derechos se conquistan en las calles. Ni un paso atrás”. El comienzo está previsto para las 19:30 desde el monumento a San Martín para exponer nuevamente el plan sistemático de exterminio que implicó una herida que todavía no cerró, con miles de archivos que el estado todavía no abrió, represores que todavía no fueron juzgados y nietos y nietas apropiados cuya identidad todavía debe ser restituída.

    Por su parte, desde el Pasaje del Arte, en el marco de la marcha informaron que realizarán una performance en el Monumento a la Madre, «Sembrando Memoria».

    La propuesta tuvo su eco en el oeste de Neuquén, en el museo a cielo abierto donde se compartió el emplazamiento del libro objeto escultórico montado sobre una pala dedicado a las Madres del Alto Valle, se realizó un taller de bordado de pañuelos de la mano de Minga Taller; uno de Foto transfer de los y las desaparecidas; el emplazado de pañuelos de cerámica en el Pasaje al Arte y la obra de títeres Circo de los Mendicantes, con el apoyo de la Subsecretaría de Cultura de la Municipalidad.

    En tanto, La Revuelta colectiva feminista lanzó la convocatorio “Que florezca la memoria” con intervención artística con niñeces en el Monumento a San Martín, para pintar de pañuelos.