Etiqueta: golpe de Estado

  • “Siempre hay un libro para cada persona”, aseguró el director de la Feria del Libro de Buenos Aires

    “Siempre hay un libro para cada persona”, aseguró el director de la Feria del Libro de Buenos Aires

    La edición 50 de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires no pasa desapercibida. Con medio siglo de historia, el desafío no es menor: celebrar sin caer en lo obvio. Así lo plantea su director general, Ezequiel Martínez, quien apuesta por una renovación profunda que combine memoria, innovación y nuevas formas de acercar la literatura al público.
    “Es una de las ferias más importantes de Latinoamérica, con visitantes de distintos países. Pero llegar a los 50 años nos obligó a pensar cómo hacer algo distinto, cómo celebrar sin quedarnos solo en el repaso histórico”, explica en una entrevistas con Mejor Informado.
    En ese camino, la historia reciente del país también se volvió eje. La coincidencia con los 50 años del último golpe de Estado en Argentina marcó una línea curatorial clara: recuperar voces silenciadas. “En los primeros años de la feria había libros que no se podían exhibir y autores que no podían ser convocados. Por eso decidimos reivindicarlos”, señala Martínez.
    El resultado es una gran muestra en uno de los pabellones, donde se exhiben libros, editoriales y escritores que fueron censurados o debieron exiliarse. A eso se suma una maratón de lectura con esos textos, en una propuesta que cruza memoria y participación.
    Otro de los ejes destacados es el homenaje a Jorge Luis Borges, a 40 años de su muerte. Lejos de un tributo tradicional, la feria propone una experiencia inmersiva pensada especialmente para nuevas generaciones. “Creamos una sala con frases, un laberinto en el que Borges va dando pistas para salir. Buscamos una forma más lúdica de conectar con su obra”, detalla.
    La renovación también se percibe en la estética y los contenidos. La feria presenta una nueva imagen, logotipo y sitio web, junto con espacios temáticos innovadores. Entre ellos, uno dedicado al fútbol, que reconoce una de las pasiones más arraigadas de la cultura argentina.
    En esa misma línea, la propuesta internacional también se amplía. Este año, el país invitado es Perú, que no solo desembarca con autores, sino también con expresiones musicales, gastronómicas y culturales.
    Pero si hay algo que define a la feria, es su capacidad de convocatoria. “La masividad es clave. Es un espacio muy heterogéneo: vienen jóvenes, familias, escuelas. La gente se la apropia”, afirma Martínez.
    Esa apropiación trasciende el hábito de lectura. “Muchos dicen ‘fui a la feria’ como una experiencia en sí misma. Incluso quienes no son lectores habituales participan igual. Siempre hay un libro para cada persona, sin importar sus intereses”, agrega.
    Las escuelas, en tanto, tienen un rol central en esta edición. Miles de estudiantes visitan la feria, y este año se suma una iniciativa concreta: un acuerdo con la Secretaría de Educación para que los chicos reciban un “cheque libro”. Con ese beneficio, pueden elegir y comprar el ejemplar que quieran, incentivando el vínculo directo con la lectura.
    A sus 50 años, la feria demuestra que no solo resiste el paso del tiempo, sino que busca reinventarse. Entre la memoria y la innovación, la propuesta de Ezequiel Martínez apunta a sostener lo que la convirtió en un clásico, pero con una mirada puesta en el futuro.

    La entrevista a Ezequiel Martínez

  • Presentan la novela testimonial “Perros en invierno”, del escritor Omar Álvarez

    Presentan la novela testimonial “Perros en invierno”, del escritor Omar Álvarez

    El ministerio de Juventud, Deportes y Cultura invita a participar de la presentación del libro Perros en invierno (y primaveras con Lucina), del escritor Omar Álvarez. La propuesta, abierta a la comunidad, se realizará el sábado 11 de abril a las 18.30 en la Biblioteca Popular 15 de Junio de Plottier (Santiago del Estero 875).

    La actividad forma parte de la conmemoración por los 50 años del último golpe de Estado en Argentina, con la presentación de esta novela testimonial que reconstruye una historia atravesada por la memoria, la violencia política y el compromiso social.

    La obra narra la vida de Lucina Álvarez, poeta y docente secuestrada y desaparecida en 1976 durante la última dictadura cívico-militar. A través de un relato íntimo y profundamente documentado, el autor recupera su historia desde la infancia hasta sus últimos días, reconstruyendo también su recorrido en el mundo literario y su militancia.

    El libro propone un viaje por experiencias personales y colectivas que remiten a uno de los períodos más trágicos de la historia argentina, pero también plantea un puente con el presente, poniendo en valor los ideales y luchas que contribuyeron a la construcción de una sociedad más justa y democrática.

    Desde su publicación en 2017, la novela ha sido reconocida por distintos organismos y fue incorporada como material de lectura en instituciones educativas, destacándose por su valor pedagógico y testimonial.

    La actividad constituye una oportunidad para reflexionar sobre la memoria histórica a través de la literatura, en un espacio de encuentro abierto a toda la comunidad. 

  • La ONU advierte sobre «alarmantes retrocesos» en Memoria, Verdad y Justicia a 50 años del golpe

    El martes 24 de marzo se cumplen exactamente cincuenta años del golpe de Estado cívico-militar que instauró la dictadura más sangrienta de la historia argentina. Lejos de ser una fecha de simple conmemoración, este aniversario llega cargado de una tensión inédita: por primera vez desde el retorno de la democracia en 1983, un grupo de expertos de Naciones Unidas emitió una advertencia formal y pública sobre lo que denominaron «alarmantes retrocesos» en materia de Memoria, Verdad y Justicia en el país que supo ser referente mundial en esa causa.

    Una advertencia desde Ginebra

    Durante cinco décadas, la Argentina construyó un modelo de justicia transicional que el mundo observó y en muchos casos replicó. La CONADEP, el histórico Juicio a las Juntas, la condena penal de más de mil responsables de crímenes de lesa humanidad, el Banco Nacional de Datos Genéticos, la restitución de la identidad de hijos apropiados durante la dictadura y la preservación de los sitios donde funcionaron los centros clandestinos de detención conformaron un andamiaje institucional que fue orgullo y obligación de todos los gobiernos democráticos. Ese legado, edificado con décadas de lucha de los organismos de derechos humanos y con la acumulación de voluntad política de distintos signos partidarios, está hoy seriamente amenazado.

    Así lo indicaron cinco expertos independientes de Naciones Unidas en una declaración difundida el 20 de marzo, a cuatro días del medio siglo del golpe. El grupo estuvo integrado por los relatores especiales Bernard Duhaime —a cargo de los temas de verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición—, Morris Tidball-Binz —ejecuciones extrajudiciales—, Alexandra Xanthaki —derechos culturales— y Alice Jill Edwards —tortura y tratos crueles e inhumanos—, junto al Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas liderado por Gabriella Citroni. Todos coincidieron en que el deterioro que atraviesa la Argentina en esta materia es rápido, profundo y preocupante.

    El desmantelamiento concreto

    Las advertencias no son abstractas. Los expertos documentaron un conjunto de medidas adoptadas por la actual administración que desarticulan punto por punto la arquitectura institucional construida desde 1983. Entre ellas se cuentan la disolución de los equipos que relevaban archivos en las Fuerzas Armadas, el desmantelamiento de las querellas que sostenía la Secretaría de Derechos Humanos —organismo que además fue degradado en su rango—, la eliminación del cuerpo de peritos que prestaba apoyo técnico a los juicios de lesa humanidad, el vaciamiento de los sitios de memoria y el recorte de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad. Todo ello acompañado de un discurso oficial que relativiza o directamente niega la magnitud de los crímenes cometidos durante la dictadura.

    Ese discurso encontró su expresión más escandalosa en el plano internacional. En noviembre de 2025, un representante del gobierno argentino compareció ante un organismo de Naciones Unidas y utilizó el espacio para poner en duda las cifras de desaparecidos y minimizar la responsabilidad del Estado terrorista. Los propios relatores que meses después firmarían la declaración fueron testigos directos de esa intervención.

    También trascendió que desde el oficialismo se había planificado estrenar en el museo que funciona en la ex ESMA un material audiovisual que desplazaba el eje del relato hacia la violencia política previa al golpe, en un intento de equiparar víctimas con victimarios. Ante la repercusión pública, el proyecto fue finalmente descartado.

    La sombra del indulto

    Uno de los puntos más graves de la declaración apunta a versiones que circulan con insistencia en el ambiente político sobre una eventual amnistía o indulto a los militares condenados por crímenes de lesa humanidad. Los expertos de la ONU fueron explícitos: el Estado argentino tiene obligaciones internacionales vinculantes en materia de verdad, justicia, reparación y no repetición, y esas obligaciones no están sujetas a discrecionalidad política. «Esto no es opcional», escribieron. La advertencia no es nueva en la historia argentina: ya en los años noventa, las leyes de Punto Final y Obediencia Debida —y luego los indultos presidenciales que liberaron a los jefes de las Juntas— mostraron el costo institucional y moral de la impunidad. Ese camino, señalaron los expertos, no puede volver a recorrerse.

    El hilo que une pasado y presente

    A cincuenta años del golpe, el caso argentino demuestra que la justicia transicional no es un proceso que se clausura con una sentencia o un decreto. Es un equilibrio frágil, permanentemente disputado, que requiere voluntad política sostenida, movilización social activa y fortaleza institucional para resistir los embates de quienes prefieren que el pasado permanezca oscuro.

    Las batallas por la memoria son siempre, en el fondo, batallas por el presente y por el tipo de país que se quiere construir. Preservar la verdad sobre lo que ocurrió entre 1976 y 1983 no es un ejercicio de nostalgia ni de revanchismo: es una condición estructural de la democracia misma.

    La clase política también tiene su deuda

    Sería, sin embargo, un error de perspectiva reducir este aniversario a una disputa entre el gobierno actual y la causa de los derechos humanos. A cincuenta años del golpe, la pregunta sobre cómo se llegó hasta aquí exige una mirada más larga e incómoda sobre el ciclo democrático completo. Durante cinco décadas, una porción significativa de la dirigencia política argentina —sin distinción de signo partidario— utilizó la memoria como bandera electoral y como herramienta de disputa facciosa, pero desatendió con igual constancia las condiciones materiales que una democracia real necesita para ser creíble ante su propia ciudadanía.

    Hubo gobiernos que indultaron genocidas para estabilizar sus coaliciones de poder. Partidos que predicaron republicanismo mientras vaciaban las instituciones desde adentro. Coaliciones que prometieron transformación y administraron el deterioro. Líderes que construyeron fortunas y aparatos clientelares a costa del bien público. Todos ellos, en distintas medidas y con distintas responsabilidades, contribuyeron a erosionar la confianza popular en el sistema democrático hasta dejarlo tan poroso como para que el negacionismo y el autoritarismo encuentren hoy audiencia y votos.

    Señalar únicamente al presente como responsable del daño es cómodo, pero deshonesto. El 24 de marzo de 2026 no interpela solo a quienes hoy gobiernan: interpela también a quienes, durante cincuenta años y en nombre de la democracia, la fueron vaciando de contenido, de ética y de futuro.


    Fuentes consultadas: OHCHR — Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los DDHH; declaraciones de relatores especiales

  • Después del 24 de marzo: la herida que sigue hablando

    Después del 24 de marzo: la herida que sigue hablando

    Pasó otro 24 de marzo y las calles volvieron a llenarse, las consignas volvieron a escucharse, los nombres volvieron a decirse en voz alta. Y está bien que así sea. Pero cuando baja la intensidad de la fecha, cuando el calendario sigue su curso, aparece la pregunta que incomoda de verdad: ¿qué dejó la dictadura en la Argentina? Porque no dejó sólo un pasado, dejó una estructura de consecuencias que todavía atraviesa el presente. Dejó, primero, lo irreparable, miles de desaparecidos, familias quebradas para siempre, historias interrumpidas, nietos que todavía buscan su identidad. Eso no tiene cierre. Sin embargo, 50 años después del golpe, la Argentina vuelve a discutir algo que parecía saldado: cómo se recuerda el pasado.

    El gobierno de Javier Milei eligió este aniversario para instalar una idea: la de la “memoria completa”. Una memoria que incluye a todas las víctimas. Una memoria que busca ampliar el relato. Una memoria que, según el oficialismo, corrige una historia “incompleta”. Pero el problema no es recordar más. El problema es cómo se recuerda. Porque en la Argentina hubo un consenso construido con dolor, con juicios, con pruebas: que lo ocurrido durante la dictadura no fue una guerra entre iguales. Fue terrorismo de Estado. Y ahí está el punto central. El Estado no es un actor más. El Estado tiene una responsabilidad superior porque tiene el poder, porque tiene las armas, porque tiene la obligación de garantizar derechos, no de violarlos.

    Cuando el Estado secuestra, tortura y desaparece, no está combatiendo, está quebrando el contrato básico de la democracia. Por eso, cada vez que se intenta poner en el mismo plano a la dictadura y a la violencia de los años 70, la discusión deja de ser histórica y se vuelve política. Porque no es sólo qué pasó, es qué significado le damos hoy. 

    El video del gobierno no aparece en el vacío. Aparece en un contexto donde se habla de “relato”, de “verdad incompleta”, de “revisar la historia”. Y ahí es donde se encienden las alarmas.

    El gobierno de Javier Milei eligió este aniversario para instalar una idea: la de la «memoria completa». Una memoria que incluye a todas las víctimas. Una memoria que busca ampliar el relato. Una memoria que, según el oficialismo, corrige una historia “incompleta”. Pero el problema no es recordar más. El problema es cómo se recuerda.

    No porque no se pueda discutir el pasado sino porque hay discusiones que tienen consecuencias en el presente. Si todo es lo mismo, nada es lo mismo. Si todo se relativiza, todo pierde peso. Y cuando el terrorismo de Estado se relativiza, la democracia se debilita. Porque la memoria no es un museo es un límite. Un límite que dice: esto no puede volver a pasar. 

    También hay algo que la política debería entender. La memoria no se construye desde un video, se construye con consenso social, con verdad judicial, Con evidencia histórica, con el respeto a lo que significó ese período. Y ese consenso, en la Argentina, no fue casual. Costó décadas. Costó juicios. Costó lucha. Costó dolor. Por eso, cada vez que se lo pone en discusión, no es un debate más es una señal porque este no es un tema tibio. No se trata de una discusión académica. No se trata de una mirada alternativa. No se trata de “completar la historia”. Se trata de algo más profundo, de si estamos dispuestos a mantener un límite claro entre democracia y barbarie. Porque el riesgo no es sólo lo que se dice. El riesgo es lo que se habilita. Cuando el pasado se vuelve discutible en sus aspectos más básicos, el presente empieza a resquebrajarse. Y la Argentina ya aprendió de la peor manera lo que pasa cuando se corren esos límites.

    Por eso, 50 años después, la pregunta no es qué video se publicó. La pregunta es otra. Si estamos dispuestos a discutir la memoria ¿hasta dónde estamos dispuestos a retroceder? No hay reparación completa posible. No hay punto final emocional. Pero la dictadura también dejó algo más silencioso. Dejó una marca en la forma en que la sociedad se relaciona con el poder. Dejó miedo. Ese reflejo, aunque debilitado, todavía aparece a veces en la autocensura, a veces en la indiferencia, a veces en la decisión de no involucrarse. También dejó desconfianza porque cuando el Estado secuestra, tortura y desaparece, deja de ser garante y se convierte en amenaza y reconstruir esa relación no es inmediato. Se necesitan décadas. Se necesitan instituciones sólidas. Se necesita justicia. Se necesita memoria activa. Pero hay algo todavía más profundo, la dictadura dejó una cultura del silencio. Durante años, el horror convivió con la vida cotidiana. Muchos sabían, muchos sospechaban, muchos eligieron no ver. Y ese silencio no fue neutro fue funcional porque el terror necesita del silencio para sostenerse. Y esa es una de las lecciones más incómodas: el horror no avanza solo. Avanza cuando la sociedad deja de reaccionar.

    Cincuenta años después, la pregunta no es qué video se publicó. La pregunta es otra. Si estamos dispuestos a discutir la memoria ¿hasta dónde estamos dispuestos a retroceder? No hay reparación completa posible. No hay punto final emocional. Pero la dictadura también dejó algo más silencioso. Dejó una marca en la forma en que la sociedad se relaciona con el poder. Dejó miedo.

    La democracia que vino después también es hija de esa experiencia. Una democracia imperfecta, con crisis, con tensiones, con errores pero una democracia que se construyó con una base clara: hay límites que no se pueden volver a cruzar. Sin embargo, 50 años después, aparece un riesgo nuevo, no el olvido total sino algo más peligroso, la relativización. Cuando se empieza a discutir lo evidente. Cuando se intenta equiparar responsabilidades sin contexto. Cuando se banaliza el terrorismo de Estado. Cuando se instala la idea de que “no fue tan así” ahí es donde la memoria empieza a erosionarse y cuando la memoria se debilita, los límites también se vuelven difusos. Porque la memoria no es un ejercicio nostálgico es un mecanismo de defensa. Sirve para que la sociedad reconozca señales de alerta para que no naturalice el abuso. Para que entienda que el poder sin control siempre termina mal. Pero hay otra herencia de la dictadura que incomoda todavía más la idea de que el orden puede imponerse a cualquier costo. Esa tentación aparece cada tanto cuando hay crisis, cuando hay inseguridad, cuando hay enojo social.

    La tentación de pensar que los problemas se resuelven con mano dura, sin reglas, sin límites. Y ahí es donde la historia vuelve a advertir. Porque ya se probó ese camino y el resultado fue horror. Por eso, después del 24 de marzo, el desafío no es sólo recordar es entender. Entender que la democracia no es sólo votar es respetar la ley, es aceptar límites, es convivir con diferencias sin eliminar al otro y también es exigir. Exigir que las instituciones funcionen. Que la Justicia actúe. Que el poder tenga controles reales. Porque cuando la democracia no da respuestas, se debilita. Y cuando se debilita, aparecen los discursos que prometen orden a cualquier precio.

    Después del 24 de marzo, el desafío no es sólo recordar es entender. Entender que la democracia no es sólo votar es respetar la ley, es aceptar límites, es convivir con diferencias sin eliminar al otro y también es exigir. Exigir que las instituciones funcionen. Que la Justicia actúe. Que el poder tenga controles reales. Porque cuando la democracia no da respuestas, se debilita.

    La dictadura dejó muertos, desaparecidos, miedo y heridas. Pero también dejó una advertencia brutal. El horror no empieza con los secuestros empieza antes. Empieza cuando la sociedad tolera el abuso. Cuando relativiza la violencia, cuando acepta que algunos valen menos que otros. Y ese es el punto más filoso de todos porque el peligro no está sólo en el pasado está en cada momento en que una sociedad decide mirar para otro lado.

    Por eso, después del 24 de marzo, la pregunta no es qué pasó, la pregunta es qué estamos dispuestos a tolerar hoy. Porque la historia ya mostró hasta dónde puede llegar el poder sin límites. Y si algo dejó la dictadura —además del dolor— es una verdad incómoda y definitiva: el “Nunca Más” no es una frase del pasado es una decisión del presente y cada vez que se relativiza el horror, ese compromiso empieza a romperse.

  • San Martín de los Andes conmemoró el 24 de marzo con una marcha y la reinauguración de la Plaza Fito Teberna

    San Martín de los Andes conmemoró el 24 de marzo con una marcha y la reinauguración de la Plaza Fito Teberna

    En el marco del 50° aniversario del último golpe de Estado en Argentina, San Martín de los Andes vivió una jornada de memoria y reflexión con una masiva participación en las actividades organizadas por el Municipio. La propuesta, impulsada por la Secretaría de Cultura, combinó actos en la plaza, intervenciones artísticas y una marcha que recorrió distintos puntos de la ciudad.

    El eje de la conmemoración fue la reinauguración de la Plaza Rodolfo Mario “Fito” Teberna, ubicada en el Parque Lineal Pocahullo. El espacio recuerda a un joven sanmartinense, estudiante en La Plata, desaparecido durante la última dictadura militar. El acto se realizó desde las 14 horas con la presencia de integrantes de la Comisión de la Memoria organizaciones y vecinos, e incluyó palabras alusivas y presentaciones musicales. La puesta en valor del lugar buscó consolidarlo como un sitio de encuentro y construcción colectiva de la memoria.

    En ese mismo espacio se desarrollaron actividades culturales abiertas a la comunidad, con propuestas artísticas que acompañaron la jornada y reforzaron el mensaje de Memoria, Verdad y Justicia.

    Tras el acto, se llevó a cabo una marcha por la calle Roca que incluyó el paso frente al edificio de Gendarmería. Allí, la arquitecta Tili Solanas compartió su testimonio y recordó las dos oportunidades en las que estuvo detenida en ese lugar durante la dictadura, aportando una dimensión local a la memoria histórica.

    La movilización culminó en la Plaza San Martín, donde se realizó una intervención artística que recreó el encuentro entre una madre —o abuela— y su hijo o nieto, en alusión a la búsqueda de personas desaparecidas. Además, se llevó adelante el repintado de los pañuelos, símbolo de la lucha de los organismos de derechos humanos.

  • Un nuevo acto de provocación, a 50 años del golpe de Estado

    Un nuevo acto de provocación, a 50 años del golpe de Estado

    Al igual que ocurrió el año pasado y en 2024, el gobierno nacional volvió a realizar otro acto de provocación, bajo el argumento falaz de agregar la palabra “completa”, a la consigna histórica de memoria, verdad y justicia.

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    Para estos 50 años del golpe de Estado se utilizó un video denominado “Las víctimas que quisieron esconder”, donde una de las protagonistas de esa filmación es Miriam Fernández, nieta recuperada 127, que en la grabación afirma que la sociedad creyó “un relato que no fue real” y que “para sanar en este país y para sanar como ciudadanos tenemos que contar la historia verdadera”.

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    Un testimonio poco o nada representativo, dado que la inmensa mayoría de los 140 nietos recuperados por el trabajo incansable de Abuelas de Plaza de Mayo reivindican la historia de sus padres y madres biológicas, se sumaron a los organismos de derechos humanos y de ningún modo esgrimirían ese argumento de que la sociedad creyó hasta ahora “un relato que no fue real”.

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    Los hijos de los genocidas

    En contraposición, existe Historias Desobedientes, una agrupación que cuenta con más de 120 miembros activos en Argentina, conformada por hijas, hijos y familiares de personal de las fuerzas armadas y de seguridad, responsables de crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura cívico militar en Argentina.

    Entre sus acciones y en repudio a sus progenitores, impulsaron proyectos de ley para modificar los artículos del Código Procesal Penal que prohíben a los hijos declarar contra sus padres en causas judiciales.

    Además de los casos como el de Mariana Dopazo, hija del represor Miguel Etchecolatz, que cambió su apellido por el de su madre, para no llevar consigo el lastre de quien fuera condenado nueve veces a cadena perpetua por robo de bebés, secuestros, torturas, asesinatos y desapariciones.

    Los dos demonios

    En el video difundido por el gobierno nacional también aparece el testimonio de Arturo Larrabure, hijo del ex militar Argentino del Valle Larrabure, que en 1974 fue secuestrado por el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Todo a favor de la postura libertaria de impulsar la llamada “teoría de los dos demonios”, una perspectiva que busca equiparar el reconocimiento de los crímenes cometidos por la última dictadura con el de las víctimas de las organizaciones armadas de los años setenta, previo al golpe.

    Nunca estará de más recordar que lo ocurrido en el período 1976-1983 en Argentina se trató de delitos de lesa humanidad, calificados de esta manera por el derecho internacional. Y fue así porque la Argentina adhirió al Estatuto de Roma, de la Corte Penal Internacional, que establece en su artículo 7 que los crímenes de lesa humanidad son aquellos que se cometen “como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque”.

    Son los propios tratados internacionales los que marcan la diferencia, al señalar que, en el caso de los militares, utilizaron el poder de un Estado que actuó como terrorista y por lo cual aún hoy esos delitos (imprescriptibles) se siguen juzgando.

    Este discurso de “memoria completa” lo que persigue, en realidad, es relativizar las atrocidades cometidas por la dictadura, desde el número de desaparecidos hasta la justificación del accionar de las Fuerzas Armadas bajo el argumento de que se “combatió” en un escenario de “guerra” contra la “subversión”.

    La guerra que no fue

    Los hechos cronológicos y fácticos demuestran que el 24 de marzo de 1976 las organizaciones armadas como ERP y Montoneros se encontraban con muy poco o nulo poder de fuego y que habían sido desarticulados por el accionar de la Triple A en la etapa previa al golpe. En dictadura, sólo se registraron algunos episodios aislados y muchas de las acciones de los grupos de tareas de las fuerzas de seguridad fueron disfrazadas como enfrentamientos cuando en realidad se trató de asesinatos.

    La mayoría de las víctimas de la salvaje represión clandestina no fueron integrantes de grupos guerrilleros sino estudiantes universitarios (y secundarios), delegados sindicales, militantes de diferentes partidos políticos y hasta gente que no tenía actividad política alguna.

    Un repaso por el alegato del fiscal Julio César Strassera en el Juicio a las juntas militares de 1985 deja muy claro esto último, además de precisar el plan sistemático de exterminio implementado por el gobierno de facto, que incluyó violaciones, vejaciones de todo tipo, operativos en los que se arrojaron prisioneros que aún estaban con vida desde aviones al mar o al río de La PLata, secuestros de bebés y perversiones inimaginables.

    El alegato de la justicia

    “Salvo que la conciencia moral de los argentinos haya descendido a niveles tribales, nadie puede admitir que el secuestro, la tortura o el asesinato constituyan ´hechos políticos’ o ´contingencias del combate’ . Ahora que el pueblo argentino ha recuperado el gobierno y control de sus instituciones, yo asumo la responsabilidad de declarar en su nombre que el sadismo no es una ideología política ni una estrategia bélica, sino una perversión moral”, señaló Strassera en un fragmento de la brillante exposición que realizó antes de pronunciar el recordado “señores jueces, Nunca Más”.

    Lo hizo para desacreditar las argumentaciones que utilizaron los abogados defensores de los militares en ese histórico juicio, las cuales, paradójicamente, se asemejan a la de los voceros del actual gobierno nacional.

    Memoria, verdad y justicia “completa” sería conocer dónde están los cuerpos de los desaparecidos sobre los que aún hoy se desconoce su paradero, del mismo modo que la identidad de los cientos de bebés (ya adultos), hijos de desaparecidos, que todavía buscan sus abuelas y familiares.

  • El fuerte documento a 50 años del golpe militar

    El fuerte documento a 50 años del golpe militar

    En una Plaza de Mayo colmada y cargada de simbolismo, las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo encabezaron el acto central al cumplirse 50 años del golpe de Estado y leyeron un documento con definiciones contundentes. Frente a miles de personas, volvieron a instalar una consigna histórica: “Son 30 mil y que nos digan dónde están”.

    Con figuras emblemáticas como Estela de Carlotto y Adolfo Pérez Esquivel en primera fila, el acto reunió a organismos de derechos humanos, organizaciones sociales y ciudadanos que se movilizaron en todo el país.

    Durante la lectura, se destacó que “la memoria se defiende luchando”, en un mensaje que buscó conectar el pasado con el presente. En ese marco, remarcaron con énfasis: “Son 30 mil. Fue genocidio. No olvidamos, no perdonamos y no nos reconciliamos”.

    El documento también puso el foco en la necesidad de mantener viva la historia de las víctimas, al señalar que es fundamental que las nuevas generaciones conozcan “qué sueños tenían y por qué luchaban” los desaparecidos.

    En otro tramo, el discurso vinculó el accionar de la dictadura con debates actuales y sostuvo que quienes fueron perseguidos enfrentaban modelos de país que buscaban subordinar a la Argentina, en una lectura con clara carga política.

    Además, los organismos incluyeron críticas directas al gobierno de Javier Milei y Victoria Villarruel, al reivindicar la “lucha popular” frente a la actual gestión.

    En el repaso histórico, recordaron el funcionamiento de más de 800 centros clandestinos de detención, donde miles de personas fueron secuestradas, torturadas y asesinadas, y denunciaron también la apropiación de niños nacidos en cautiverio.

    Finalmente, subrayaron que los delitos de lesa humanidad son imprescriptibles y advirtieron que la desaparición forzada no es solo parte del pasado, sino una problemática que aún interpela al presente.

  • Artistas se movilizan por la memoria a 50 años del golpe

    Artistas se movilizan por la memoria a 50 años del golpe

    No fue una marcha más y eso también se vio en quiénes decidieron estar. A 50 años del golpe de Estado, distintas figuras del espectáculo se hicieron presentes en el centro porteño y acompañaron una jornada atravesada por la memoria y el reclamo colectivo.

    Entre la multitud, varios nombres conocidos se mezclaron con las columnas que avanzaron por las calles. Lali Espósito, Julieta Díaz, Flor de la V, Pablo Echarri, Nancy Dupláa y Julieta Nair Calvo fueron algunos de los artistas que participaron de la movilización y compartieron ese momento desde adentro.

    En muchos casos, la presencia quedó registrada en imágenes que circularon rápidamente en redes sociales. Las fotos mostraron desde encuentros entre colegas hasta postales grupales que reflejaron la convocatoria y el clima que se vivía en la jornada.

    Julieta Díaz fue una de las que más material compartió, con imágenes junto a otros actores y actrices, como Gloria Carrá y Jorgelina Aruzzi en distintos puntos de la movilización. En esas publicaciones se vieron cruces generacionales y un fuerte sentido de pertenencia dentro del ámbito artístico.

    También hubo escenas que combinaron lo colectivo con lo personal. Julieta Nair Calvo asistió con su familia y mostró una postal que sintetizó el espíritu de la jornada, con su hijo observando la movilización desde los hombros de su padre.

    Por su parte, Pablo Echarri y Nancy Dupláa caminaron juntos entre banderas y consignas, sumándose a una convocatoria que volvió a tener una fuerte presencia del mundo cultural. La participación de artistas históricos reforzó el peso simbólico del evento.

    Más allá de quienes estuvieron físicamente, otros eligieron expresarse desde sus redes sociales. Natalia Oreiro compartió imágenes vinculadas a organismos de derechos humanos, mientras que Georgina Barbarossa publicó el tradicional mensaje de “Nunca Más” acompañado por el símbolo del pañuelo blanco.

    En ese mismo sentido, Florencia Peña también se sumó con un mensaje que puso el foco en la dimensión emocional de la fecha. La actriz sostuvo: “Nos salva el amor, porque esta plaza es amor, esta lucha es amor, es amor por los que no están, por lo que todavía estamos buscando y por nuestros jóvenes, que tenemos que explicarles qué pasó en la Argentina, aunque pensemos que eso ya estaba entendido”.

    Así, entre la presencia en la calle y las publicaciones en redes, el mundo del espectáculo volvió a ocupar un lugar visible en una jornada que, a medio siglo del golpe, sigue convocando a distintas generaciones alrededor de una misma consigna.

  • Cristina Kirchner salió al balcón en plena movilización a 50 años del golpe

    Cristina Kirchner salió al balcón en plena movilización a 50 años del golpe

    En una jornada marcada por la movilización y la tensión política, Cristina Kirchner volvió a mostrarse en público al salir al balcón de su departamento en San José 1111 para saludar a los primeros militantes que se acercaron hasta el lugar.

    El gesto se dio en la previa de la marcha hacia Plaza de Mayo, cuando un grupo de seguidores comenzó a concentrarse frente a su domicilio con banderas, cánticos y consignas de respaldo. Desde allí, la expresidenta respondió al saludo con una breve aparición, en un escenario cargado de simbolismo.

    En el balcón se destacó la presencia de un pañuelo blanco con la inscripción “Memoria, Verdad y Justicia”, una imagen que rápidamente se replicó entre los presentes y en redes sociales.

    Mientras tanto, la columna de La Cámpora avanzaba hacia el lugar, sumando volumen a una movilización que ya tenía alto contenido político. En ese contexto, la intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, lanzó una definición que buscó correr el foco del gesto: “No hay que romantizar el balcón”, afirmó.

    La dirigente remarcó que la situación de la exmandataria no debe naturalizarse y sostuvo que “tiene que estar en libertad”, al tiempo que rechazó la idea de reducir su presencia pública a esas apariciones. “No es un show, está presa”, insistió en medio de la movilización.

  • A 50 años del golpe de estado, unas 500 personas marcharon por la Memoria

    A 50 años del golpe de estado, unas 500 personas marcharon por la Memoria

    En el marco del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, vecinos y organizaciones recorrieron la avenida Arrayanes en una jornada que combinó movilización y discursoss.

    En el marco del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, alrededor de 500 personas participaron de una movilización en Villa La Angostura para conmemorar a las víctimas de la última dictadura y renovar el reclamo de Memoria, Verdad y Justicia.

    La jornada, convocada por diversos colectivos sociales y organizaciones locales, comenzó con una concentración en la Plaza San Martín. Desde allí, los participantes marcharon por la avenida Arrayanes, visibilizando consignas vinculadas a los derechos humanos y la memoria histórica.

    Luego del recorrido, la movilización regresó hacia la zona de la plaza, donde se llevó a cabo la lectura de documentos y discursos alusivos a la fecha. Posteriormente, se realizó una intervención artística conmemorativa en la intersección de Arrayanes y Pascotto.

    La actividad culminó en el monumento a la Memoria, ubicado en el Centro de Educación Física N°7, donde se realizó el cierre de la jornada.

    En cuanto a la participación política, no hubo una presencia numerosa de dirigentes. Sin embargo, asistieron Alejo Silva Gracchi, titular de la Oficina de Atención al Vecino del municipio; la concejal María Eugenia Mesa, del espacio Amor por Angostura; y referentes del Partido Justicialista local.

    La movilización se desarrolló de manera pacífica y formó parte de las actividades que, en todo el país, recuerdan el golpe de Estado de 1976 y reivindican la consigna de “Nunca Más”.