El precio del barril de petróleo sigue por encima de los 100 dólares. Luego de 18 días de guerra en Medio Oriente y con el Estrecho de Ormuz cercado por Irán, la situación parece extenderse sin novedades: los bandos no ceden en sus posturas, el conflicto continúa, los ataques se suceden y el valor del crudo no encuentra un punto de equilibrio. La pregunta es ¿hasta cuándo?
En Estados Unidos, una cotización moderada —entre 60 y 80 dólares— es la más conveniente. Ese rango le permite a la industria operar con ganancias, reinvertir y evitar subas bruscas en los combustibles, algo que impacta en toda la cadena económica. Sin embargo, el escenario actual ya empezó a sentirse: a nivel internacional se registraron aumentos cercanos al 17% en los combustibles, una presión que amenaza con trasladarse a distintos sectores productivos.
En ese marco, el presidente Donald Trump —uno de los principales impulsores de la ofensiva sobre Irán— ahora enfrenta el costo económico de la escalada. Según reportes de la International Energy Agency (IEA) y de la U.S. Energy Information Administration (EIA), la volatilidad actual responde más a restricciones puntuales de oferta que a un desbalance estructural del mercado. En otras palabras: el problema no es falta de petróleo, sino dificultad para hacerlo circular.
La liberación de reservas estratégicas no arrojó los resultados esperados y los pedidos de coordinación con Europa y Asia no lograron estabilizar el mercado. El Estrecho de Ormuz —por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial, según la EIA— sigue siendo el principal cuello de botella. Con el tránsito restringido y envíos selectivos, principalmente desde Irán hacia China, el precio del barril se mantiene firme por encima de los tres dígitos.
Argentina está lejos del conflicto bélico, pero muy cerca de sus consecuencias. Alineado políticamente con Washington —el presidente Javier Milei expresó su apoyo sin matices—, el país observa el fenómeno con una mezcla de expectativa y cautela. Con niveles récord de producción impulsados por Vaca Muerta, la cotización internacional se vuelve un factor clave, aunque no determinante.
En ese contexto, el presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, buscó bajar la espuma. “Yo creo que el precio actual del petróleo es algo transitorio”, afirmó durante el evento Vaca Muerta Insights. Según explicó, la suba responde a restricciones puntuales en la oferta global y no a un cambio estructural del mercado. “Esto es un efecto transitorio, no vamos a especular”, remarcó.
La definición no es menor. En un mercado acostumbrado a reaccionar en caliente, YPF intenta mostrarse como un jugador que no se deja llevar por picos coyunturales. Marín incluso fue más allá y puso plazo: “El precio del petróleo debe ser por 30 o 60 días”.
Las palabras del principal referente de la industria petrolera argentina ponen paños fríos a una situación cargada de incertidumbre. Si sus previsiones se cumplen, el mercado estaría transitando la mitad de ese “veranito” del crudo. Y ahí aparece la tensión de fondo: mientras un barril alto mejora ingresos y regalías en el corto plazo, la industria necesita previsibilidad para sostener inversiones millonarias y planes de desarrollo.
Porque en Vaca Muerta —como en el resto del negocio energético— la euforia suele ser tan peligrosa como la caída. Y en ese delicado equilibrio, la gran apuesta no es cuánto vale hoy el petróleo, sino cuánto tiempo puede sostenerse sin desordenar todo lo demás.
Aun así, en el mercado internacional empiezan a aparecer algunas pistas sobre lo que viene. Consultoras como Rystad Energy y Wood Mackenzie coinciden en que, si no hay una escalada mayor en el conflicto o un bloqueo total y sostenido del Estrecho de Ormuz, el precio debería retroceder progresivamente hacia la zona de los 80-90 dólares en los próximos meses. Incluso, la International Energy Agency proyecta que, con una oferta global que sigue siendo robusta —especialmente por el aporte de Estados Unidos y países no OPEP—, el mercado tenderá a reequilibrarse. En ese escenario, el barril de tres dígitos aparece más como un pico de tensión que como un nuevo piso. Pero, como siempre en el petróleo, todo depende de una variable difícil de pronosticar: cuánto dura la guerra.








