La estrategia de expansión de Pampa Energía en el segmento del shale oil suma un hito administrativo y operativo de peso. La compañía presentó formalmente su solicitud de adhesión al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) con el objetivo de financiar la construcción de una Planta Central de Tratamiento (CPF) en su yacimiento estrella, Rincón de Aranda. El proyecto demanda un desembolso de 426 millones de dólares y funciona como la pieza maestra para procesar el salto productivo que la empresa proyecta en la Cuenca Neuquina.
Esta infraestructura resulta indispensable para los planes de la firma en Vaca Muerta. Rincón de Aranda posee una superficie de 240 kilómetros cuadrados y requiere instalaciones propias para separar, almacenar y despachar el crudo hacia los sistemas troncales de transporte. El anuncio ocurre en un contexto donde la industria local acelera sus cronogramas de inversión para aprovechar la mayor capacidad de evacuación hacia los mercados externos.
Detalles técnicos de la obra
La nueva CPF contempla el diseño y la operación de unidades de tratamiento que permitirán acondicionar el petróleo y el gas natural de todo el yacimiento. La obra no se limita a la planta; el plan incluye la construcción de una red de oleoductos y gasoductos internos que vincularán la producción con infraestructuras clave como el Gasoducto Perito Moreno y el futuro Oleoducto Vaca Muerta Sur.
El paquete tecnológico de la planta incorpora terminales de almacenamiento de última generación y estaciones de bombeo de alta eficiencia. Gustavo Mariani, CEO de Pampa Energía, define este desarrollo como el paso necesario para fortalecer la posición de la compañía y capturar el valor total de las reservas alojadas en el subsuelo del área.
Un plan de capital intensivo
La firma destina un total de 1.500 millones de dólares a Rincón de Aranda, con la meta clara de multiplicar por diez su producción actual de crudo. En términos presupuestarios, este proyecto absorbe el 80% del plan de inversiones anual de la compañía, estimado en unos 1.000 millones de dólares.
La gerencia de Planeamiento y Estrategia de E&P confirma un cambio de foco hacia el petróleo. El despliegue operativo en el terreno valida esta decisión: actualmente, la empresa cuenta con cinco pads perforados y un total de 35 pozos en diferentes etapas de completación o producción. El nivel de actividad se mantiene constante gracias a la incorporación de equipos de perforación y fractura que trabajan de forma ininterrumpida desde mediados de 2023.
Rendimientos por encima de la curva
Los datos provenientes del primer pad de producción ratifican la calidad geológica del bloque. Los primeros cuatro pozos alcanzaron una producción inicial de 7.200 barriles diarios, una cifra que supera las proyecciones técnicas de la compañía. Actualmente, la operadora realiza ensayos en el segundo pad con resultados que mantienen la tendencia alcista.
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La evolución del yacimiento muestra una aceleración notable. Desde la perforación del pozo experimental inicial a principios de 2025 hasta la escala actual, la curva de aprendizaje permite reducir los tiempos de conexión y optimizar el uso de la planta de producción temprana que ya opera en el sitio.
El cronograma 2025-2026
Para fines de 2025, Pampa Energía apunta a consolidar un piso de producción de 20.000 barriles diarios. La planta temprana ya instalada posee la capacidad necesaria para procesar este flujo.
Sin embargo, el verdadero salto de escala llegará en 2026. La planta definitiva, bajo el amparo del RIGI, elevará la capacidad de procesamiento hasta los 45.000 barriles diarios. Este escalonamiento permite que la empresa acompañe el crecimiento de la red de transporte nacional sin cuellos de botella internos. Con Rincón de Aranda, la empresa se posiciona como un actor central en la nueva arquitectura energética argentina, transformando recursos en superficie con estándares de eficiencia internacional.


