Categoría: Desafío Energético

  • Una nueva estación YPF premium se prepara para abrir en el corazón del corredor petrolero neuquino

    Una nueva estación YPF premium se prepara para abrir en el corazón del corredor petrolero neuquino

    En una entrevista exclusiva para Desafío Energético, José Cuesta y Juan Manuel Álvarez, representantes de Río Neuquén Combustibles, compartieron los avances del proyecto de la nueva estación de servicio YPF que se construye en el Distrito Industrial Río Neuquén. Se trata de una inversión post-pandemia que busca acompañar el crecimiento de la industria del oil & gas en el principal corredor hacia Vaca Muerta.

    “El proyecto comenzó en 2021, impulsado por socios que ya participaban en el desarrollo del parque industrial. Vimos una oportunidad clara de invertir en una localidad en expansión, directamente vinculada a Vaca Muerta”, expresó José Cuesta. La estación, que estará operativa en aproximadamente dos meses, será la primera en toda la Patagonia con imagen full premium y diseño de doble altura, similar a las más modernas de la Ciudad de Buenos Aires.

    Juan Manuel Álvarez, por su parte, destacó que la nueva estación contará con seis islas (tres para vehículos livianos y tres para pesados), y que estará pensada como un punto de encuentro para todo el parque industrial. “Vamos a estar abiertos las 24 horas, con todos los servicios que propone YPF a través de sus aplicaciones y plataformas para clientes”, detalló.

    Ambos remarcaron la importancia estratégica de la ubicación, en la puerta de ingreso al parque industrial, sobre el corredor Neuquén-Añelo, eje clave de la actividad petrolera. “La estación estará alineada a las necesidades logísticas y operativas de las empresas del sector, y también será una referencia para el desarrollo de servicios en el parque”, señaló Río.

    Consultados sobre el contexto económico actual, Cuesta reflexionó: “Estamos atravesando un proceso de cambios. Más allá de cómo se lo valore, lo importante es adaptarse, ser eficientes y saber para dónde ir. En nuestro caso, creemos profundamente que el desarrollo del oil & gas será el motor que empuje al país. Poder aportar nuestro granito de arena a ese crecimiento es un orgullo”.

    Con este emprendimiento, YPF refuerza su presencia en zonas clave para el desarrollo energético argentino, consolidando su rol no solo como proveedora de combustibles, sino también como impulsora de infraestructura esencial en Vaca Muerta.

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    Neuquén Combustibles

  • Inversión récord en energía nuclear: TerraPower y las Big Tech reconfiguran el tablero energético global

    Inversión récord en energía nuclear: TerraPower y las Big Tech reconfiguran el tablero energético global

    Bill Gates

    La energía nuclear, durante años en segundo plano, reaparece en el centro de la estrategia energética global. Según Axios, las empresas dedicadas a reactores nucleares avanzados captaron 736,9 millones de dólares en inversiones privadas durante el primer trimestre de 2025, una cifra que triplica lo obtenido en todo 2024.

    Este fenómeno no es casual: el mundo busca soluciones firmes para reducir emisiones de carbono sin comprometer la estabilidad del suministro. Y las grandes tecnológicas —Amazon, Microsoft, Google— ya pusieron fichas sobre la mesa. Firmaron acuerdos para financiar plantas nucleares, reactivar instalaciones detenidas y garantizar energía constante, confiable y descarbonizada para sus data centers.

    La empresa protagonista de este giro es TerraPower, fundada por Bill Gates. Con 1.000 millones de dólares en capital privado y 2.000 millones más en fondos públicos del Departamento de Energía de EE.UU., avanza con su prototipo de reactor rápido de sodio en Wyoming, dentro del marco del Programa de Demostración de Reactores Avanzados.

    Estos desarrollos abren un debate clave en América Latina: ¿tiene la región capacidad de integrar tecnologías nucleares de nueva generación? ¿Podría complementarse con el crecimiento de polos energéticos como Vaca Muerta y los nuevos proyectos de GNL?

    El modelo que se gesta en EE.UU. conjuga innovación tecnológica, financiamiento privado masivo y regulación estatal estratégica. Mientras tanto, Argentina continúa debatiendo la reactivación de Atucha III y la necesidad de diversificar su matriz más allá del gas, en un contexto de restricciones fiscales y necesidad de inversión extranjera.

    El futuro de la energía ya no será solo renovable o fósil: también será nuclear… pero de nueva generación.

  • El Brent supera los 100 dólares: anatomía de un shock petrolero global y la posición estratégica de Vaca Muerta

    El Brent supera los 100 dólares: anatomía de un shock petrolero global y la posición estratégica de Vaca Muerta

    El petróleo Brent llegó este lunes 9 de marzo a 105 dólares por barril, con picos intradiarios de hasta 119,5 dólares —el mayor avance absoluto en un solo día en la historia del contrato—, después de que la producción en los principales yacimientos del Golfo Pérsico se desplomara como consecuencia directa del cierre del Estrecho de Ormuz. El conflicto armado que estalló el 28 de febrero pasado, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron su ofensiva militar contra Irán, reconfiguró de un golpe el tablero energético mundial y empujó al crudo a terreno de tres dígitos por primera vez en más de tres años y medio.

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    El detonante es preciso: el Estrecho de Ormuz, el cuello de botella marítimo de apenas 33 kilómetros de ancho por el que transitan aproximadamente 20 millones de barriles diarios —el 20% del petróleo mundial y enormes volúmenes de gas natural licuado de Qatar—, se encuentra prácticamente cerrado. La producción de Irak en sus principales yacimientos del sur cayó un 70%, Kuwait declaró fuerza mayor en sus envíos y los Emiratos Árabes Unidos gestionan su producción offshore de forma precautoria. Los analistas estiman que entre 7 y 11 millones de barriles diarios pueden estar temporalmente fuera del mercado.

    EL MAPA DE LA VULNERABILIDAD: QUIÉNES PIERDEN

    No todos los países son iguales ante un shock de oferta. La línea divisoria fundamental es simple: exportadores netos versus importadores netos. Los primeros ven sus ingresos multiplicarse; los segundos absorben el golpe en su cuenta corriente, en su inflación y, para los más pobres, en su seguridad alimentaria.

    Asia concentra la mayor exposición estructural al cierre de Ormuz. El 82% del petróleo que transita el estrecho tiene destino asiático, y China, India, Japón y Corea del Sur absorben cerca del 70% del volumen total.

     

    País / Región

    Dependencia de Ormuz

    Vulnerabilidad principal

    Japón

    ~95% del crudo importado vía Golfo

    Dependencia estructural total; reservas estratégicas limitadas

    Corea del Sur

    ~70% del crudo desde Medio Oriente

    Alta exposición a cuenta corriente (2,7% del PIB)

    India

    ~85% del crudo importado; 60% vía Ormuz

    Déficit comercial, inflación y shock de GNL simultáneos

    China

    ~40% de sus importaciones por Ormuz

    Mayor importador mundial; presión sobre industria y logística

    Tailandia

    Mayor importador neto de Asia (4,7% PIB)

    Cada +10% en crudo deteriora su cuenta corriente en -0,5 pp

    Filipinas / Pakistán / Bangladesh

    Dependencia casi total del GNL del Golfo

    Sin alternativas de corto plazo; riesgo de escasez física

    España / Italia

    Importadores netos líderes en Europa

    Inflación importada; mayor exposición dentro del bloque UE

     

    Fuente: Nomura, Natixis, Kpler, Agencia Internacional de Energía (IEA). Elaboración propia.

    El banco de inversión Nomura ubicó a Tailandia, India, Corea del Sur y Filipinas como los cuatro países asiáticos más vulnerables a un alza sostenida del crudo. Para India, el impacto es doblemente severo: más de la mitad de sus importaciones de GNL están vinculadas al Golfo y una gran parte tiene precio referenciado al Brent, por lo que un shock en Ormuz eleva simultáneamente el costo del petróleo y del gas.

    Para Japón, la dependencia estructural no tiene parangón: el país importa el 95% del crudo que consume y alrededor del 75% proviene de la región que atraviesa Ormuz. Corea del Sur comparte un perfil similar. Ambas economías ya están evaluando la liberación de reservas estratégicas en coordinación con el G7.

    «La crisis no sólo elevaría los precios del petróleo y el gas, sino que también paralizaría la actividad económica mundial. Zulfikar Yurnaidi, Centro de Energía, ASEAN»

    En Europa, la exposición directa al cierre de Ormuz es menor —el continente redujo su dependencia del Golfo tras el shock de 2022— pero la vulnerabilidad indirecta es real: los mercados de GNL ya registran subas de hasta 65-77% en una semana, y el indicador TTF de Países Bajos, referencia europea del gas, alcanzó los 46 euros por megavatio hora. España e Italia son los eslabones más expuestos dentro del bloque.

    EL LADO OPUESTO: QUIÉNES GANAN

    El mismo shock que golpea a los importadores actúa como viento de cola para los exportadores netos con producción fuera del radio de conflicto. Noruega, Canadá y Brasil cotizan en este escenario como proveedores alternativos con prima. Y Argentina —gracias a Vaca Muerta— se ubica por primera vez en décadas en el lado beneficiado de la ecuación.

    ARGENTINA Y VACA MUERTA: LA PARADOJA DEL EXPORTADOR

    Argentina llega a este shock energético global con un activo que no tenía en ninguna crisis anterior: récord histórico de producción de petróleo. Según datos de la Secretaría de Energía de la Nación, en enero de 2026 el país produjo 4.262.675 metros cúbicos de crudo —el mayor volumen del que se tenga registro oficial—, superando el récord de diciembre de 2025. Expresado en barriles, la producción diaria ascendió a 882.200 barriles/día, un 16,5% más que en igual mes del año anterior.

    El motor es inequívoco: Vaca Muerta creció un 35,5% interanual, consolidando al país como exportador neto de hidrocarburos por primera vez en décadas. El superávit energético de 2025 alcanzó los 7.800 millones de dólares, superior a los 5.600 millones de 2024, un salto impulsado fundamentalmente por efecto volumen.

    El analista Gustavo Araujo (Criteria) describió el impacto del shock como un «doble beneficio»: hasta semanas atrás, el petróleo argentino se vendía al exterior con un descuento de entre el 3% y el 4% respecto al Brent debido a la sobreoferta global. El conflicto en Medio Oriente no solo elevó el precio de referencia, sino que levantó parcial o totalmente ese diferencial negativo, mejorando simultáneamente el precio unitario y el margen por barril exportado.

     

    Indicador

    Valor / Proyección

    Producción de crudo (enero 2026)

    4.262.675 m³ — récord histórico

    Producción diaria en barriles

    882.200 bbl/día (+16,5% i.a.)

    Crecimiento Vaca Muerta (interanual)

    +35,5%

    Superávit energético 2025

    USD 7.800 millones

    Proyección balanza energética 2026 (base)

    USD 10.000 millones

    Impacto adicional por cada USD 10 de suba del Brent

    +USD 800/1.000 millones

     

    Fuente: Secretaría de Energía de la Nación; estimaciones de MNews / analistas privados.

    Las primeras estimaciones del mercado indican que la suba de precios internacionales ya permitió elevar la previsión de la balanza comercial energética para 2026 a un piso de 10.000 millones de dólares. Y cada 10 dólares adicionales de aumento en el precio del barril agregarían entre 800 y 1.000 millones de dólares a ese saldo, consolidando a Vaca Muerta como uno de los principales amortiguadores de divisas del país.

    La mejora en la rentabilidad también actúa sobre el ciclo inversor. El ex secretario de Energía Emilio Apud destacó que precios más altos «aumentan el flujo de caja a las petroleras que están exportando», lo que podría acelerar decisiones de inversión en los proyectos no convencionales de la cuenca neuquina. YPF, que participa como socio en las mega obras de infraestructura asociadas a Vaca Muerta, tiene incentivos directos para sostener ese ciclo.

    EL «LADO B»: LA PRESIÓN SOBRE COMBUSTIBLES E INFLACIÓN

    Sin embargo, la posición exportadora no inmuniza a la Argentina del lado oscuro del shock. La economía doméstica está expuesta a través del traslado del precio internacional a los combustibles. El mecanismo es conocido: cada dólar adicional en el precio del crudo puede trasladarse a los surtidores en una proporción cercana al 1%. Si el Brent se mantiene por encima de los 90 dólares, el ajuste potencial en combustibles rondaría el 10% en el mediano plazo.

    El escenario de tres dígitos ya vigente comprime ese margen: si los precios en surtidores se actualizaran de forma inmediata al valor de paridad internacional con el Brent a 105 dólares, los combustibles deberían prácticamente duplicarse. El CEO de YPF, Horacio Marín, buscó descomprimir la ansiedad con declaraciones que descartaban «cimbronazos» en los precios, aunque los analistas advierten que, si el conflicto se prolonga, la presión será difícil de evitar.

    El economista Orlando Ferreres sintetizó el dilema: aun con producción local y exportaciones en alza, la energía se paga a precio internacional cuando el mercado se recalienta, y ese precio tarde o temprano tiende a filtrarse al surtidor y desde allí a toda la cadena de costos de la economía.

    «Si el conflicto escala y el barril se instala cerca de los USD 100, la presión sobre los precios internos será difícil de evitar. — Orlando Ferreres, economista»

    El 1° de marzo ya rigió un aumento promedio del 1,1% en combustibles por actualización parcial de impuestos al combustible líquido (ICL) y al dióxido de carbono (IDC), lo que suma presión previa al shock externo.

    VARIABLES CRÍTICAS: CUÁNTO DURA EL SHOCK

    La distinción más relevante para dimensionar el impacto sobre Argentina —y sobre los mercados globales— es la duración del shock. Si el conflicto se contiene en semanas y el Estrecho de Ormuz recupera operatividad, el efecto será coyuntural, valioso para las exportadoras pero sin capacidad de transformar el frente externo de forma estructural. Si el conflicto se enquista, el escenario cambia de naturaleza.

    El ministro de Energía de Qatar advirtió que, si los buques no pueden atravesar Ormuz, todos los productores del Golfo podrían detener exportaciones en cuestión de semanas, con un precio del barril potencialmente por encima de los 150 dólares. En ese escenario extremo, Macquarie anticipa un shock inflacionario global, con especial impacto en países como Japón, China y Europa que dependen más de los suministros del Golfo. Para Argentina, ese mismo escenario mejoraría aún más sus ingresos exportadores, pero agravaría severamente la inflación interna y la cadena logística global.

    Tres variables concentran la incertidumbre: la persistencia de la tensión en Ormuz, la velocidad de ajuste de los precios locales de combustibles en un país con alta sensibilidad inflacionaria, y la capacidad de la infraestructura exportadora argentina de aprovechar el pico de demanda en mercados alternativos a los del Golfo.

    CONCLUSIÓN: VACA MUERTA EN EL RADAR GLOBAL

    El shock de marzo de 2026 confirma algo que venía siendo evidente pero que el mercado recalibra en cada crisis: los yacimientos no convencionales fuera de las zonas de conflicto cotizan al alza cuando el Golfo se cierra. La guerra entre EEUU, Israel e Irán está poniendo a Vaca Muerta en el radar de los compradores globales con una urgencia que ningún roadshow de inversión hubiera logrado.

    Argentina tiene la producción, tiene el momento y tiene los precios a favor. El desafío —como siempre— es institucional y logístico: aprovechar los ciclos de precios altos para consolidar infraestructura exportadora, sin que la volatilidad internacional se traslade íntegramente a una economía doméstica que aún no tiene resuelto el problema inflacionario. La paradoja es vieja pero nunca deja de ser relevante: el mismo barril que llena las arcas del Estado puede vaciar el bolsillo del consumidor.

    La historia argentina con el petróleo está llena de oportunidades desperdiciadas. Esta vez, con récord de producción, precios a 105 dólares y Vaca Muerta en plena expansión, las condiciones objetivas para no repetir ese patrón son mejores que nunca. Lo que falta, como de costumbre, es la política.

     

    Fuentes: Trading Economics · Investing.com · Milenio · El Financiero · ADNSUR · Criteria · Nomura · Natixis · Macquarie · Secretaría de Energía de la Nación · IEA

  • Vaca Muerta no para: la fractura hidráulica bate récords y suma casi 2.400 etapas mensuales

    Vaca Muerta no para: la fractura hidráulica bate récords y suma casi 2.400 etapas mensuales

    Cuando los precios del petróleo crujían en los mercados internacionales y la incertidumbre macroeconómica argentina todavía incomodaba a más de un inversor, Vaca Muerta respondió con lo suyo: más perforaciones, más etapas de fractura, más producción. Los datos relevados por NCS Multistage para el período enero 2016–febrero 2026 revelan un sector que no solo creció sino que aceleró en los últimos doce meses.

    LOS NÚMEROS QUE IMPORTAN

    23.896  etapas de fractura en Vaca Muerta durante 2025

    +19,9%  de crecimiento interanual en febrero de 2026 respecto a febrero de 2025

    2.401  etapas en enero de 2026 — el mayor arranque de año registrado

    52,3%  del mercado bajo control de YPF en 2025

    En mayo de 2025, el yacimiento alcanzó su pico mensual histórico con 2.588 etapas de fractura —un 30,8% más que el inicio de ese año—. Para enero de 2026, el marcador llegó a 2.401 etapas, un 35,8% por encima de enero de 2025. Febrero cerró en 2.371, con un alza interanual de casi el 20%. La curva, vista desde una perspectiva de década, dibuja una rampa que no cede.

    La guerra silenciosa entre los grandes de los servicios

    Durante 2025, el duopolio SLB–Halliburton dominó el mercado de fractura con una concentración que supera el 76% de las etapas totales. Pero la foto de cierre de año no es la misma que la de apertura de 2026. SLB lideró el año con 9.312 etapas (39% del mercado), pero en los primeros dos meses de 2026 retrocedió al 31,6%. Halliburton, en cambio, escaló del 37,8% al 40,1% en el mismo período y se posicionó como el número uno del mercado al comenzar este año.

    La lectura del sector es que esta variación no es aleatoria. Está atada a decisiones de adjudicación de pad a pad por parte de los operadores, al rendimiento de cada flota y, en algunos casos, a renegociaciones de contratos. En un negocio donde la eficiencia por etapa puede marcar la diferencia entre renovar o quedar fuera, cada punto de market share tiene su historia.

    «El mercado de fractura en Argentina es uno de los más competitivos de América Latina. Cada flota tiene que demostrar su valor en cada pad.»  — Fuente del sector

    El dato más llamativo lo aporta Tenaris: la empresa argentina —mejor conocida por su negocio de tubería— pasó del 9,4% de participación en 2025 al 14,9% en los primeros dos meses de 2026. Un salto de más de cinco puntos porcentuales que la ubica como el tercer actor relevante del mercado, dejando atrás a Calfrac (9,3%) y a SPI (4%). Weatherford, que en 2025 registró el 1,8% del mercado, no aparece en los datos del primer bimestre 2026.

    YPF como columna vertebral, y el ascenso de los privados

    Del lado de los operadores, el mapa tiene una figura dominante que no sorprende a nadie: YPF. La empresa estatal concentró 12.495 etapas en 2025, equivalentes al 52,3% del mercado. Es el motor del shale argentino, el que tracciona la actividad de las empresas de servicios y el que define en gran medida el ritmo de crecimiento del sector.

    Detrás, Vista Energy consolida su lugar como el segundo operador privado más activo con 2.655 etapas (11,1% combinando sus distintos bloques). Pluspetrol y su asociada CN suman 1.888 etapas (7,9%), Pampa Energía aporta 1.591 (6,7%) y Tecpetrol —con la famosa Fortín de Piedra como estandarte— registra 1.414 (5,9%). Pan American Energy (PAE), Shell y Chevron completan el cuadro con participaciones de entre 3% y 5%.

    El patrón que emerge es el de una industria que diversifica operadores pero sigue siendo altamente dependiente de YPF. Esa concentración es a la vez una fortaleza —garantiza escala y continuidad operativa— y una vulnerabilidad: cualquier cambio en la estrategia de inversión de la estatal sacude a toda la cadena de valor.

    Los bloques estrella y la geografía del shale

    La actividad de fractura no se distribuye de manera homogénea dentro del yacimiento. Hay bloques que marcan el ritmo. En el universo YPF, La Amarga Chica, Loma Campana, La Caverna, Lajas Este y Aguada del Chañar concentran la mayor densidad operativa. Vista lleva adelante su expansión en Bajada de Palo Oeste y Este. Tecpetrol sostiene su posición en Fortín de Piedra, mientras Pampa desarrolla Rincón de Aranda y Total/PAE opera Aguada Pichana en sus distintas variantes.

    La predominancia del shale de petróleo es contundente: el 80,3% de las etapas registradas en 2025 corresponde a pozos de oil, frente al 19,7% de gas. Esto refleja la lógica del mercado: con el precio del crudo sostenido y exportaciones en expansión, los operadores prefieren aceite. Sin embargo, el gasoducto Néstor Kirchner cambió parcialmente esa ecuación y varios proyectos de shale gas ganan tracción, especialmente en los bloques del sur del yacimiento.

    Tight gas y convencional: los otros dos mundos

    El shale no es el único juego en Neuquén, aunque sí el más dinámico. El segmento de tight gas viene cayendo sostenidamente: de más de 150 etapas mensuales que registraba en 2016 y 2017, hoy apenas supera las 30. La maduración del shale y el mayor retorno económico por etapa en Vaca Muerta explican en parte ese desplazamiento.

    El convencional, en cambio, muestra una estabilidad llamativa: entre 150 y 200 etapas mensuales, sostenidas en el tiempo. No crece pero tampoco colapsa. Es el colchón de producción que amortiza los vaivenes del ciclo de perforación no convencional.

    ¿Qué se viene? Tres señales para monitorear

    El primer semestre de 2026 pone sobre la mesa al menos tres variables que definirán si la rampa de crecimiento continúa o si aparece alguna meseta. La primera es el gas: con el gasoducto Néstor Kirchner operativo y la demanda estacional en ascenso, los proyectos de shale gas tienen viento a favor. Varios operadores están evaluando intensificar la fractura en sus bloques gasíferos.

    La segunda es la intensificación tecnológica. Los pads actuales superan las 300 y hasta 400 etapas en algunos proyectos. La adopción de diversion chemicals, fractura simultánea y diseños de pozo más agresivos impulsa la productividad por hectárea, pero también exige más de las flotas y los equipos de las empresas de servicios.

    La tercera señal es la diversificación geográfica: si bien Neuquén sigue siendo el corazón de Vaca Muerta, hay miradas puestas en Río Negro y en desarrollos incipientes fuera de la cuenca Neuquina. El modelo neuquino puede escalar hacia otras latitudes, y los grandes operadores ya están haciendo sus cálculos.

     

    EN SÍNTESIS

    Vaca Muerta arrancó 2026 con los pies en la aceleración. Los datos de fractura hidráulica no mienten: el yacimiento opera a pleno y los actores que lo mueven —operadores, empresas de servicios, proveedores— están en modo expansión. El desafío ya no es si el shale argentino puede despegar. Está volando. La pregunta ahora es cuánto más alto puede llegar.

     

    Fuente de datos: Luciano Fucello, Country Manager de NCS Multistage Argentina. Período relevado: enero 2016–febrero 2026. Segmentos: shale, tight gas y convencional. Desagregado por empresa de servicios, operador, bloque y tipo de recurso.

  • YPF marca un hito operativo en una década, pero sigue siendo enana frente a las gigantes de la región

    YPF marca un hito operativo en una década, pero sigue siendo enana frente a las gigantes de la región

    YPF presentó este jueves 27 de febrero los resultados del segundo año de gestión del Plan 4×4, la hoja de ruta que lleva adelante el presidente y CEO Horacio Marín desde comienzos de 2024. El EBITDA ajustado alcanzó los USD 5.009 millones, un 8% por encima de 2024 y el nivel más alto registrado por la compañía en los últimos diez años. El logro se produjo en un contexto adverso: el precio del crudo Brent cayó un 15% interanual, lo que arrastró los ingresos netos totales un 4%, hasta los USD 18.448 millones.

    La clave del resultado operativo fue la apuesta concentrada en Vaca Muerta. Durante 2025, YPF destinó el 72% de sus inversiones totales —USD 4.477 millones— al segmento no convencional. La producción de shale oil promedió los 165.000 barriles diarios, un salto del 35% respecto de 2024, y cerró diciembre en 204.000 barriles por día, un 43% más que en el mismo mes del año anterior. El shale oil representa hoy el 70% de la producción total de crudo de la compañía, frente al 56% de apenas seis trimestres atrás.

    La combinación de mayor producción no convencional y salida de campos maduros permitió reducir el costo unitario de extracción un 44% en el cuarto trimestre frente al mismo período del año anterior, una mejora de eficiencia que amortiguó la caída de precios. Las reservas de shale P1 alcanzaron los 1.128 millones de barriles equivalentes, con un crecimiento del 32% interanual y una tasa de reemplazo de 3,2 veces: por cada barril extraído, las reservas crecieron más del triple.

    El reverso del balance: pérdida neta y deuda en ascenso

    Detrás de los titulares operativos se esconde un resultado neto negativo de casi USD 800 millones. La explicación no es operativa sino contable y fiscal: un cargo por impuesto a las ganancias de USD 1.709 millones —de los cuales cerca de USD 1.000 millones corresponden a la adhesión al plan de facilidades de pago del organismo recaudador ARCA por deudas de quebrantos impositivos— y una pérdida financiera de USD 952 millones vinculada a la caída en la cotización de los bonos soberanos que integran la liquidez de la empresa.

    Además, la deuda neta de YPF cerró 2025 en USD 9.386 millones, un incremento del 26% interanual. La compañía obtuvo financiamiento por USD 3.700 millones durante el año para sostener el ritmo inversor y ya proyecta elevar las inversiones a cerca de USD 6.000 millones en 2026, un 20% más.

    La brecha regional: el puesto 20 que incomoda

    Los USD 18.448 millones de ingresos de YPF, aunque récord operativo, quedan pequeños ante el mapa corporativo latinoamericano. La petrolera ocupa el puesto 20 en el ranking de facturación de las empresas de la región: doce compañías brasileñas la superan en ingresos, ocho mexicanas, tres peruanas y hasta tres chilenas. Codelco, la cuprífera estatal de Chile, factura el triple que YPF.

    La comparación más elocuente es con Petrobras. La gigante estatal brasileña superó los USD 100.000 millones de facturación, una cifra que convierte a YPF en una empresa aproximadamente 18 veces más pequeña en términos de ingresos. La diferencia no es solo de escala: es de décadas de desarrollo offshore, de un mercado interno mayor y de una integración vertical más profunda.

    La brecha regional expone el desafío estructural de Argentina: tener la segunda reserva de shale gas y la cuarta de shale oil del mundo —concentradas en Vaca Muerta— pero carecer todavía de la infraestructura de exportación necesaria para convertir ese potencial en escala corporativa comparable a la región.

    El salto exportador que puede cambiar la ecuación: Argentina LNG

    La apuesta para cerrar esa brecha tiene nombre propio: Argentina LNG. En febrero de 2026, YPF, la italiana ENI y XRG —el brazo internacional de ADNOC, la compañía nacional de petróleo de Abu Dhabi— firmaron el Acuerdo de Desarrollo Conjunto (JDA) vinculante para un megaproyecto de gas natural licuado con una capacidad inicial de 12 millones de toneladas anuales, ampliable a 18. Marín habló esta semana de la posible incorporación de un cuarto socio de gran peso.

    Las cifras que rodean al proyecto son de otra dimensión: USD 20.000 millones en infraestructura, más de USD 10.000 millones en pozos, todo en un plazo de cuatro años. Si se concreta, Argentina LNG podría transformar a YPF —y a la provincia de Neuquén— en actores de escala global en el mercado energético, acercando la facturación de la compañía a las referencias regionales que hoy la superan con amplitud.

    Por ahora, los USD 5.000 millones de EBITDA son una señal de que la transformación operativa es real. Pero el camino para estar a la altura de las grandes corporaciones latinoamericanas todavía es largo, y depende menos de los pozos de Vaca Muerta que de las decisiones de infraestructura y política energética que se tomen en los próximos años.

  • Neuquén empieza a mover otra agenda energética: crecen la generación solar y las obras para llevar luz a barrios postergados

    Neuquén empieza a mover otra agenda energética: crecen la generación solar y las obras para llevar luz a barrios postergados

    Neuquén comenzó a mostrar señales más claras de un cambio en su agenda energética. El fenómeno no desplaza a Vaca Muerta, pero sí empieza a complejizar el mapa: ya no se trata solo de producir más petróleo y gas, sino también de discutir cómo se consume la energía, cómo se democratiza el acceso y qué lugar pueden ocupar las fuentes renovables en la vida urbana. Ese giro quedó expuesto en el Foro Regional AGEI, donde la cooperativa CALF presentó avances en energías renovables, infraestructura e inclusión territorial. 

    La exposición estuvo a cargo de Florencia Quiroga Panelli, gerenta de Finanzas y Energías Renovables de CALF, quien sostuvo que la cooperativa ya ejecutó más de 150 kWp en instalaciones solares en la ciudad de Neuquén y que los proyectos en cartera superan los 200 kWp. Según detalló, ya hay más de 40 usuarios que generan su propia energía en la capital neuquina.

    Ese dato no es menor. Río Negro informó en enero de 2026 que el régimen de generación distribuida mostró una aceleración entre 2024 y 2025 a nivel nacional, con 3.563 usuarios-generadores y 106.774 kW de potencia conectada al sistema hasta noviembre de 2025. En ese contexto, lo que ocurre en Neuquén aparece como parte de una tendencia más amplia, aunque todavía en una escala incipiente frente al peso estructural de la matriz hidrocarburífera.

    Entre los casos que CALF exhibió como emblema aparece la sede de ATE Neuquén, que se convirtió en la primera seccional sindical del país con un sistema de autogeneración solar. La obra había sido anunciada en junio de 2025 y, de acuerdo con la cooperativa y medios locales, implicó una inversión de alrededor de 110 millones de pesos, con 16 paneles solares, una potencia total de 9 kW y una generación estimada de 16.000 kWh anuales. CALF también afirmó que el sistema permitiría reducir en torno al 50% el consumo eléctrico del edificio.

    Otro caso que la cooperativa presentó como señal del nuevo escenario fue el del local de McDonald’s de Teodoro Planas 4141, inaugurado con un sistema de autogeneración solar. Según CALF, la instalación cuenta con 35 paneles fotovoltaicos, una potencia de 20 kW y una producción anual estimada en 30.000 kWh. Medios locales también lo describieron como el primer McDonald’s del país con este tipo de esquema energético. 

    Pero la transición no se juega solamente en la tecnología ni en los casos vidriera. Uno de los puntos más relevantes del planteo de CALF fue el vínculo entre energía e inclusión social. En el foro, Quiroga Panelli explicó que a través de CALF Infra se ejecutan obras ligadas a la regularización de asentamientos y destacó como intervención reciente el tendido de una línea de media tensión para abastecer un sector de la meseta neuquina que todavía no tiene acceso a la energía eléctrica.

    Ese dato dialoga con otro proceso más amplio que atraviesa la capital. En los primeros meses de 2026, distintos medios y fuentes oficiales dieron cuenta de planes de urbanización, regularización y extensión de servicios en barrios populares y nuevos lotes, con miles de soluciones habitacionales en marcha o proyectadas. En ese marco, la electricidad deja de ser solo una prestación técnica y empieza a aparecer, cada vez más, como condición mínima de ciudadanía.

    CALF, además, presentó esta agenda dentro de un proceso de diversificación mayor. La cooperativa enumeró nuevas unidades de servicio como CALF Renova, CALF Infra, CALFibra y CALF Pay, en una estrategia que busca ampliar su papel más allá de la distribución eléctrica tradicional. Es decir: la transición energética local no se expresa únicamente en paneles solares, sino también en una reconfiguración del modelo de servicios urbanos.

    El punto de fondo es político y estratégico. Neuquén construyó su presente económico sobre la expansión de Vaca Muerta, pero al mismo tiempo empieza a necesitar otra conversación: qué hace con la energía dentro de su territorio, quién puede producirla, quién queda afuera y cómo se equilibra un modelo basado en hidrocarburos con otro que incorpore eficiencia, autogeneración y acceso más amplio. 

    Todavía no se trata de un cambio de matriz en términos duros. La provincia sigue atada, en buena medida, al pulso del petróleo y el gas. Pero sí se advierte un movimiento que hasta hace poco era marginal: la energía solar empieza a ganar visibilidad en viviendas, sindicatos, comercios y espacios institucionales, mientras la discusión por el acceso en barrios postergados obliga a mirar la energía como un derecho y no solo como un negocio o un insumo productivo.

    En definitiva, Neuquén parece empezar a jugar en dos tableros al mismo tiempo. Uno, el ya conocido, empujado por Vaca Muerta y la renta hidrocarburífera. El otro, todavía en formación, vinculado a una transición energética urbana, más distribuida y más cercana a la vida cotidiana. La tensión entre ambos modelos probablemente defina una parte importante del desarrollo provincial en los próximos años.

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    Neuquén comenzó a mostrar señales más claras de un cambio en su agenda energética. El fenómeno no desplaza a Vaca Muerta, pero sí empieza a complejizar el mapa: ya no se trata solo de producir más petróleo y gas, sino también de discutir cómo se consume la energía, cómo se democratiza el acceso y qué lugar pueden ocupar las fuentes renovables en la vida urbana. Ese giro quedó expuesto en el Foro Regional AGEI, donde la cooperativa CALF presentó avances en energías renovables, infraestructura e inclusión territorial. 

    La exposición estuvo a cargo de Florencia Quiroga Panelli, gerenta de Finanzas y Energías Renovables de CALF, quien sostuvo que la cooperativa ya ejecutó más de 150 kWp en instalaciones solares en la ciudad de Neuquén y que los proyectos en cartera superan los 200 kWp. Según detalló, ya hay más de 40 usuarios que generan su propia energía en la capital neuquina.

    Ese dato no es menor. Río Negro informó en enero de 2026 que el régimen de generación distribuida mostró una aceleración entre 2024 y 2025 a nivel nacional, con 3.563 usuarios-generadores y 106.774 kW de potencia conectada al sistema hasta noviembre de 2025. En ese contexto, lo que ocurre en Neuquén aparece como parte de una tendencia más amplia, aunque todavía en una escala incipiente frente al peso estructural de la matriz hidrocarburífera.

    Entre los casos que CALF exhibió como emblema aparece la sede de ATE Neuquén, que se convirtió en la primera seccional sindical del país con un sistema de autogeneración solar. La obra había sido anunciada en junio de 2025 y, de acuerdo con la cooperativa y medios locales, implicó una inversión de alrededor de 110 millones de pesos, con 16 paneles solares, una potencia total de 9 kW y una generación estimada de 16.000 kWh anuales. CALF también afirmó que el sistema permitiría reducir en torno al 50% el consumo eléctrico del edificio.

    Otro caso que la cooperativa presentó como señal del nuevo escenario fue el del local de McDonald’s de Teodoro Planas 4141, inaugurado con un sistema de autogeneración solar. Según CALF, la instalación cuenta con 35 paneles fotovoltaicos, una potencia de 20 kW y una producción anual estimada en 30.000 kWh. Medios locales también lo describieron como el primer McDonald’s del país con este tipo de esquema energético. 

    Pero la transición no se juega solamente en la tecnología ni en los casos vidriera. Uno de los puntos más relevantes del planteo de CALF fue el vínculo entre energía e inclusión social. En el foro, Quiroga Panelli explicó que a través de CALF Infra se ejecutan obras ligadas a la regularización de asentamientos y destacó como intervención reciente el tendido de una línea de media tensión para abastecer un sector de la meseta neuquina que todavía no tiene acceso a la energía eléctrica.

    Ese dato dialoga con otro proceso más amplio que atraviesa la capital. En los primeros meses de 2026, distintos medios y fuentes oficiales dieron cuenta de planes de urbanización, regularización y extensión de servicios en barrios populares y nuevos lotes, con miles de soluciones habitacionales en marcha o proyectadas. En ese marco, la electricidad deja de ser solo una prestación técnica y empieza a aparecer, cada vez más, como condición mínima de ciudadanía.

    CALF, además, presentó esta agenda dentro de un proceso de diversificación mayor. La cooperativa enumeró nuevas unidades de servicio como CALF Renova, CALF Infra, CALFibra y CALF Pay, en una estrategia que busca ampliar su papel más allá de la distribución eléctrica tradicional. Es decir: la transición energética local no se expresa únicamente en paneles solares, sino también en una reconfiguración del modelo de servicios urbanos.

    El punto de fondo es político y estratégico. Neuquén construyó su presente económico sobre la expansión de Vaca Muerta, pero al mismo tiempo empieza a necesitar otra conversación: qué hace con la energía dentro de su territorio, quién puede producirla, quién queda afuera y cómo se equilibra un modelo basado en hidrocarburos con otro que incorpore eficiencia, autogeneración y acceso más amplio. 

    Todavía no se trata de un cambio de matriz en términos duros. La provincia sigue atada, en buena medida, al pulso del petróleo y el gas. Pero sí se advierte un movimiento que hasta hace poco era marginal: la energía solar empieza a ganar visibilidad en viviendas, sindicatos, comercios y espacios institucionales, mientras la discusión por el acceso en barrios postergados obliga a mirar la energía como un derecho y no solo como un negocio o un insumo productivo.

    En definitiva, Neuquén parece empezar a jugar en dos tableros al mismo tiempo. Uno, el ya conocido, empujado por Vaca Muerta y la renta hidrocarburífera. El otro, todavía en formación, vinculado a una transición energética urbana, más distribuida y más cercana a la vida cotidiana. La tensión entre ambos modelos probablemente defina una parte importante del desarrollo provincial en los próximos años.

  • Vaca Muerta en el ojo del mundo: récord de etapas, precios bajo presión y un mapa geopolítico que juega a favor

    Vaca Muerta en el ojo del mundo: récord de etapas, precios bajo presión y un mapa geopolítico que juega a favor

    Los primeros datos de 2026 confirman que la aceleración no se detiene. En los primeros tres meses del año se ejecutaron 7.379 etapas shale, un ritmo mensual de aproximadamente 2.460 etapas, que supera en un 23% el promedio mensual de 2025. Si ese ritmo se mantiene a lo largo del año, 2026 podría superar las 29.000 etapas y quebrar todos los registros históricos de la formación.

    Para una región —Neuquén— que alberga la segunda reserva de gas no convencional y el cuarto yacimiento de petróleo shale del mundo, estos números no son solo estadística. Son la señal más potente de que la escala industrial de Vaca Muerta está siendo alcanzada, y que su inserción en la geopolítica energética global ya no es una promesa: es un hecho en construcción.


    La estructura del mercado: Halliburton lidera, SLB sorprende, Tenaris escala

    El mercado de fractura hidráulica en Vaca Muerta muestra en 2025-2026 una dinámica competitiva inédita. Por primera vez en la historia de la formación, SLB desafió el liderazgo histórico de Halliburton: en 2025, la empresa de origen francés ejecutó 9.312 etapas shale frente a las 9.030 de su rival norteamericana, marcando un hito en la distribución del mercado.

    Sin embargo, los datos de los primeros meses de 2026 muestran una reversión. Halliburton recuperó la punta con 3.061 etapas (41,5% del total shale), seguida por SLB con 2.109 (28,6%). El tercer lugar corresponde a Tenaris —con 967 etapas y el 13,1% del mercado— cuya incorporación como empresa de servicios de fractura representa uno de los movimientos más relevantes del sector: la siderúrgica argentino-italiana amplió su cadena de valor y hoy compite de igual a igual con operadores históricos.

    Calfrac sigue presente con 828 etapas (11,2%) y SPI completa el tablero con 414 (5,6%).

    En el segmento convencional, el mercado experimenta una contracción estructural —de 2.121 etapas en 2016 a apenas 245 en los tres primeros meses de 2026—, reflejo del desplazamiento definitivo de la actividad hacia los horizontes no convencionales. El Tight Gas, que llegó a representar 1.165 etapas en 2016, registra cero en 2026, un dato que merece una lectura doble: la formación prácticamente dejó de ser relevante en el mix de fractura, en parte porque muchos yacimientos tight evolucionaron hacia categorías shale con nuevas técnicas de completación.


    Las operadoras: YPF sigue siendo el motor, pero el pelotón aprieta

    En el lado de las operadoras, YPF mantiene una presencia dominante e insustituible: 12.495 etapas en 2025 (52% del total shale) y 3.295 en los primeros meses de 2026. La empresa estatal no solo lidera en volumen sino que actúa como traccionador del mercado de servicios, sosteniendo la demanda de equipamiento y fuerza de trabajo que permite que toda la cadena funcione.

    Pero el dato más relevante para los próximos años es el comportamiento del pelotón. Vista Energy —la empresa conducida por Miguel Galuccio— se consolida como la segunda operadora más activa con 2.655 etapas en 2025 y 861 en el arranque de 2026. Pampa Energía sorprende con 1.591 etapas en 2025 y ya acumula 610 en 2026. Pluspetrol CN, que en 2024 era una presencia menor, escaló a 593 etapas en los primeros meses de 2026 —segunda solo después de YPF en ese período—, señal de que el proyecto de Rincón de Aranda avanza con fuerza.

    Tecpetrol (503), PAE (429) y Total (355) completan el cuadro de las grandes operadoras activas. Shell, con 210 etapas en 2026 YTD, sigue presente aunque con menor intensidad respecto a años anteriores.


    El contexto global: la tormenta perfecta que el mundo nunca quiso ver

    Los números de Vaca Muerta adquieren una dimensión radicalmente diferente cuando se los lee frente al escenario energético global de marzo-abril de 2026. Lo que describíamos hace apenas semanas como «volatilidad geopolítica» se convirtió, en pocas jornadas, en el mayor shock de oferta energética desde la crisis del petróleo de los años 70.

    El Brent, entre el pico histórico y la diplomacia de urgencia. El barril de crudo Brent superó los 100 dólares el 8 de marzo de 2026 por primera vez en cuatro años, escalando hasta un pico de 126 dólares  en cuestión de días. El 31 de marzo cotizaba a 110,69 dólares, unos 35 dólares más que en igual período del año anterior.  En las primeras horas del 1° de abril, los futuros del Brent cayeron hacia el nivel psicológico de los 100 dólares, luego de un breakthrough diplomático de último momento que señaló un posible fin a las hostilidades militares entre Irán y las fuerzas occidentales, disipando parcialmente la prima de guerra que había sostenido los precios en niveles récord. 

    La EIA proyecta que el Brent permanecerá por encima de los 95 dólares durante los próximos dos meses, para luego caer por debajo de los 80 dólares en el tercer trimestre de 2026 y rondar los 70 dólares hacia fin de año, con un promedio de 64 dólares proyectado para 2027.  Esa trayectoria, sin embargo, depende casi enteramente de cómo evolucione la crisis del Estrecho de Ormuz.


    La guerra con Irán y el colapso del Estrecho de Ormuz: el shock que cambió todo. El 28 de febrero de 2026 Estados Unidos atacó Irán, matando al Líder Supremo y desencadenando un conflicto militar activo con implicaciones directas sobre el suministro global de energía. Irán respondió donde más duele: cerrando el Estrecho de Ormuz. Desde el 4 de marzo de 2026, las fuerzas iraníes declararon el Estrecho «cerrado«, amenazando y llevando a cabo ataques contra buques que intentaban transitarlo. 

    Las consecuencias fueron inmediatas y brutales. El Estrecho de Ormuz es crítico para el mercado energético global: aproximadamente el 30% del crudo marino del mundo transita por esa vía, junto con cerca del 20% del jet fuel y alrededor del 16% de la gasolina y nafta mundiales.  El jefe de la Agencia Internacional de Energía (AIE) describió la situación como «el mayor desafío de seguridad energética global en la historia». 

    El mundo perdió entre 4,5 y 5 millones de barriles diarios de suministro como consecuencia del conflicto. Para contener el daño, Estados Unidos y sus aliados lanzaron la mayor liberación de reservas estratégicas de la historia —400 millones de barriles—, al tiempo que Washington levantó temporalmente sanciones sobre parte del petróleo ruso e iraní para dar al mercado cierto margen de respiración. 

    El conflicto tuvo un impacto adicional de consecuencias de largo plazo: partes de la mayor planta de GNL del mundo —operada por QatarEnergy en Ras Laffan— sufrieron daños por misiles, y su propietaria advirtió que las reparaciones podrían tomar hasta cinco años.  Esa sola noticia reconfiguró el mercado global de gas licuado para la próxima década.

    Al cierre de esta edición, Irán señaló que estaría dispuesto a detener los combates, siempre que tuviera garantías de que no sería atacado nuevamente.  Trump, por su parte, extendió sucesivamente los plazos para que Irán reabra el Estrecho, postergando hasta el 6 de abril un ultimátum para destruir plantas eléctricas iraníes mientras las negociaciones continúan a través de intermediarios. Los mercados reaccionaron con alivio parcial, pero la fragilidad del escenario es total.

    ¿Qué significa todo esto para Vaca Muerta? La respuesta es compleja pero favorable en el mediano plazo. En lo inmediato, un Brent por encima de 100 dólares es un precio que convierte a cualquier barril producido en Neuquén en altamente rentable. En el mediano plazo, el daño a la infraestructura qatarí de GNL —con reparaciones que podrían extenderse hasta 2030— abre una ventana extraordinaria para que Argentina desarrolle su propia capacidad exportadora de gas licuado. El mundo que emerja de esta crisis va a necesitar proveedores de GNL fuera del Golfo Pérsico con urgencia que antes no existía.


    Ucrania y Rusia: cuatro años de guerra que siguen destruyendo el mapa energético europeo. El conflicto en Ucrania, en su cuarto año de guerra total, sigue siendo el otro gran factor estructural que empuja la demanda global hacia nuevas fuentes de energía. Por primera vez en la guerra, Ucrania enfrenta no solo escasez eléctrica sino también desafíos severos en la producción de gas natural, luego de los masivos ataques rusos sobre las instalaciones gasíferas, que ya destruyeron más de la mitad de la capacidad de generación eléctrica del país.

    La diplomacia energética del conflicto ucraniano tuvo en los últimos meses varios capítulos: en enero, Trump logró que Putin acordara una pausa temporal en los ataques a infraestructura energética, pero Rusia reanudó los ataques masivos tras una breve tregua de apenas dos días entre el 30 de enero y el 1° de febrero.  

    Más recientemente, Zelensky propuso un alto al fuego energético para las festividades de Semana Santa, señalando que Kiev está dispuesto a cesar los ataques a la infraestructura rusa si Moscú hace lo propio.  Rusia respondió al llamado con más ataques de drones Shahed sobre la red energética ucraniana. 

    El impacto geopolítico sobre Europa es directo. Con Ormuz en crisis y la infraestructura gasística ucraniana en ruinas, el continente enfrenta una doble perturbación de suministro simultánea. En ese escenario, el propio Zelensky propuso una tregua energética con Rusia en parte para aliviar la presión de precios generada por la crisis de Irán.  

    La paradoja es elocuente: dos guerras simultáneas en dos hemisferios del mapa energético global se retroalimentan en sus consecuencias sobre el precio de la energía.

    Para Argentina, este escenario de doble shock —Ormuz y Ucrania— no es solo contexto: es el argumento más poderoso que existe para acelerar la infraestructura de exportación de Vaca Muerta. El mundo que necesitaba GNL antes del 28 de febrero lo necesita ahora con carácter de urgencia histórica. La pregunta que sigue siendo la misma, y que sigue sin respuesta satisfactoria, es si Argentina llegará a tiempo.


    El cuello de botella: la infraestructura de exportación como urgencia nacional

    El gran riesgo de Vaca Muerta no está debajo del suelo. Está sobre la superficie. La formación puede producir mucho más de lo que Argentina puede exportar, y esa brecha se expresa en precios domésticos del gas que no reflejan el valor internacional del recurso, en oleoductos saturados en ciertos períodos del año, y en la ausencia de una terminal de GNL con capacidad suficiente para acceder al mercado spot global.

    El proyecto de GNLAK —la planta de licuefacción para exportación— sigue siendo la pieza faltante más crítica del rompecabezas. Mientras Brasil completó su primera unidad flotante de GNL y Qatar inaugura nuevas trenes de producción, Argentina mantiene un debate sobre quién financia, quién opera y bajo qué condiciones se construye la infraestructura que convertiría a Vaca Muerta en un jugador global de gas. Cada mes de demora en esa decisión es un mes de renta que no captura el país.

    Lo que dicen los datos: tres lecturas para los próximos 24 meses

    Primero, el crecimiento de etapas en Vaca Muerta no es un fenómeno coyuntural. Con 23.894 en 2025 y un ritmo 2026 que podría superar las 29.000, estamos ante una curva de aceleración que tiene correlato directo en producción: más etapas significan más pozos completados, más barriles y más metros cúbicos extraídos.

    Segundo, la consolidación del mercado de servicios en torno a cuatro o cinco jugadores globales —Halliburton, SLB, Tenaris, Calfrac, SPI— genera eficiencias pero también concentración. El surgimiento de Tenaris como competidor pleno en fractura es el movimiento más interesante del período: la empresa tiene ventaja de integración vertical que ningún competidor puede replicar fácilmente.

    Tercero, el contexto geopolítico global actúa como viento de cola para Vaca Muerta. Un Medio Oriente inestable, una Europa hambrienta de gas y una Rusia excluida de los mercados occidentales configuran una oportunidad histórica para la que Argentina debería tener respuesta de infraestructura lista —o casi lista— en los próximos 36 meses.

    La pregunta que sigue sin respuesta definitiva no es si Vaca Muerta puede crecer. Los datos demuestran que ya está creciendo. La pregunta es si Argentina es capaz de construir, a tiempo y con las condiciones institucionales adecuadas, la autopista por la que saldrán al mundo los hidrocarburos que el mundo necesita.


    Fuente de datos: Luciano Fucello, Country Manager NCS Multistage — Market Share Fractura Hidráulica Argentina, marzo 2026. Procesamiento y análisis: Desafío Energético.

  • Camuzzi Energía redefine su conducción: el perfil técnico de Sánchez Ramos y los desafíos en la cadena del gas

    Camuzzi Energía redefine su conducción: el perfil técnico de Sánchez Ramos y los desafíos en la cadena del gas

    La designación de Sebastián Sánchez Ramos como gerente general de Camuzzi Energía S.A. (CESA) no es un movimiento menor dentro del entramado energético argentino. Se trata de un perfil técnico con fuerte experiencia en comercialización, transporte y abastecimiento de gas natural, que asume en un momento donde la eficiencia operativa y la integración de servicios comienzan a ser tan determinantes como la propia disponibilidad del recurso.

    Ingeniero industrial, Sánchez Ramos llega a la conducción de CESA con más de dos décadas en el sector. Su paso por el grupo Albanesi —donde durante más de 17 años lideró la provisión de gas para generación eléctrica— le permitió operar en uno de los segmentos más sensibles del sistema energético: el vínculo entre oferta de gas y despacho eléctrico. A eso se suma su experiencia previa en Metrogas, con foco en contratos de suministro, transporte y gestión de grandes clientes, un área clave en un mercado que combina regulación estricta con dinámicas comerciales complejas.

    Camuzzi Energía, como unidad del Grupo Camuzzi, ocupa un rol particular dentro de la cadena de valor del gas. No se trata únicamente de un comercializador, sino de un integrador de soluciones que articula abastecimiento, logística, infraestructura y servicios técnicos. En ese esquema, la compañía opera sobre distintos eslabones críticos: desde la provisión de gas a grandes usuarios hasta el desarrollo de soluciones para zonas sin acceso a redes.

    Uno de los segmentos donde la empresa ha ganado protagonismo es el suministro de Gas Natural Comprimido (GNC) mediante sistemas móviles. Este modelo permite abastecer industrias, proyectos energéticos o desarrollos aislados sin necesidad de infraestructura de transporte tradicional, reduciendo tiempos de implementación y costos iniciales. En regiones como la Patagonia, donde la expansión de redes no siempre acompaña el ritmo de la demanda, este tipo de soluciones se vuelve estratégicamente relevante.

    A nivel técnico, la compañía también consolidó un portafolio orientado a servicios de alto valor agregado. Entre ellos, se destacan las intervenciones mediante sistemas de Hot Tapping y Stopple, tecnologías que permiten realizar perforaciones o bloqueos en ductos en operación sin interrumpir el flujo de gas. Este tipo de prácticas resulta clave en un sistema donde la continuidad del suministro es crítica, especialmente en invierno o en picos de consumo industrial.

    Asimismo, Camuzzi Energía participa en la construcción de plantas, cañerías y en la asistencia técnica para la operación y mantenimiento de gasoductos y estaciones reguladoras. Este enfoque amplía su rol más allá de la comercialización, posicionándola como un actor con capacidad de intervenir directamente en la infraestructura del sistema.

    Otro aspecto relevante es el servicio de calibración y contraste de medidores en laboratorios certificados por el INTI, un punto sensible en términos regulatorios y de control de calidad. En un mercado donde la precisión en la medición impacta directamente en la facturación y en la transparencia del sistema, este tipo de capacidades técnicas adquiere un peso creciente.

    La llegada de Sánchez Ramos se da en un contexto donde el sistema gasífero argentino enfrenta tensiones estructurales: crecimiento de la producción no convencional —principalmente en Vaca Muerta—, necesidad de ampliación de infraestructura de transporte y una demanda cada vez más diversificada. En ese escenario, las empresas que logren integrar servicios, optimizar logística y garantizar confiabilidad operativa tendrán una ventaja competitiva clara.

    El desafío para la nueva conducción no será solo sostener la operación, sino adaptarla a un sistema que exige mayor flexibilidad. La expansión de proyectos industriales, la electrificación de procesos y la necesidad de soluciones energéticas en zonas no interconectadas plantean un escenario donde el gas sigue siendo central, pero su gestión requiere cada vez mayor sofisticación.

    En ese sentido, el perfil de Sánchez Ramos parece alinearse con una lógica de gestión orientada a la eficiencia, el conocimiento técnico y la articulación de distintos segmentos del mercado. Una combinación que, en el actual contexto energético argentino, deja de ser una ventaja y pasa a ser una condición necesaria.

  • YPF, la Ley 26.741 y el fallo en EE.UU.

    YPF, la Ley 26.741 y el fallo en EE.UU.

    Hubo un tiempo en que el debate sobre YPF parecía reducido a una cuenta judicial. La discusión pública quedaba atrapada entre cifras astronómicas, fondos litigantes y especulaciones sobre embargos. P

    ero el reciente fallo de la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito de Estados Unidos alteró ese eje: revocó la condena contra la Argentina por los reclamos contractuales de los accionistas minoritarios, confirmó el rechazo de los planteos contra YPF y devolvió el caso al tribunal inferior para seguir conforme a ese criterio. La Cámara sostuvo, en lo esencial, que esos reclamos por daños no eran cognoscibles bajo el derecho argentino aplicable al caso.

    Ese dato judicial es importante. Pero para una página especializada en energía, lo verdaderamente sustantivo está en otra parte: en lo que expresó la Ley 26.741 y en lo que esa norma significó para la estructura hidrocarburífera argentina. La ley, sancionada en mayo de 2012, declaró “de interés público nacional y como objetivo prioritario de la República Argentina el logro del autoabastecimiento de hidrocarburos”, y extendió ese objetivo a la exploración, explotación, industrialización, transporte y comercialización, con la finalidad de garantizar desarrollo económico, empleo, competitividad y crecimiento equitativo de las provincias y regiones.

    Ese artículo primero no es una formalidad retórica. Es la clave política de toda la arquitectura legal posterior. La ley no se limitó a intervenir sobre una empresa: definió un criterio de política energética. Estableció que los hidrocarburos no podían seguir siendo leídos solamente como activos empresarios, sino como un insumo estratégico del desarrollo. En otras palabras, el autoabastecimiento pasó a ser un objetivo de Estado y no una variable librada exclusivamente a la lógica privada del mercado. 

    A partir de esa definición, el Congreso declaró de utilidad pública y sujeto a expropiación el 51% del patrimonio de YPF S.A. representado por acciones clase D pertenecientes a Repsol YPF S.A., y dispuso además que esa participación expropiada se distribuyera en un 51% para el Estado nacional y en un 49% para las provincias integrantes de la OFEPHI. Ese reparto no fue un detalle secundario: expresó una concepción federal de la política hidrocarburífera y consolidó la idea de que el control de YPF debía articular a la Nación con las jurisdicciones productoras.

    La ley también fijó principios concretos para la política hidrocarburífera nacional. Entre ellos, la promoción del empleo de los hidrocarburos y sus derivados como factor de desarrollo e incremento de la competitividad; la conversión de los recursos en reservas comprobadas y su explotación sustentable; la integración del capital público y privado, nacional e internacional, en alianzas estratégicas orientadas a la exploración y explotación; la maximización de las inversiones y de los recursos empleados para el desarrollo del sector; y la incorporación de nuevas tecnologías y modalidades de gestión para mejorar la productividad. Es decir: la norma no fue un regreso nostálgico al estatismo clásico, sino un intento de reconstruir capacidad de conducción sobre un sector estratégico combinando control público, inversión y escala. 

    Ese punto merece ser subrayado, porque muchas veces el debate quedó atrapado en una falsa dicotomía. La ley no planteó un cierre del sector ni la expulsión del capital privado. De hecho, previó explícitamente la articulación con inversión privada y tecnología externa. Lo que cambió fue otra cosa: quién conducía el proceso, desde qué objetivos y bajo qué prioridades. Con YPF bajo control estatal mayoritario, la Argentina recuperó una herramienta para orientar inversiones, acelerar aprendizaje técnico, asumir riesgo inicial y ordenar un desarrollo de largo plazo en una actividad donde los tiempos del negocio no siempre coinciden con los tiempos de un país. 

    La propia sentencia de la Cámara estadounidense ayuda, aunque sea indirectamente, a reconstruir ese contexto. El fallo recuerda que hacia comienzos de la década de 2010 la producción doméstica de petróleo y gas venía cayendo sostenidamente y que la Argentina había pasado de ser exportadora neta a importadora neta de energía. También señala que el gobierno argentino cuestionaba la gestión de Repsol por privilegiar dividendos para accionistas en lugar de reinvertir para desarrollar reservas y aumentar producción. Es decir, incluso en la reconstrucción judicial del caso aparece la razón estructural que empujó la decisión política de 2012.

    Visto desde hoy, ese contexto no era menor. Un país que pierde producción, cae en reservas y pasa a depender crecientemente de importaciones energéticas no sólo enfrenta un problema sectorial: enfrenta un problema macroeconómico, externo y geopolítico. Cada barco importado, cada dólar que sale para cubrir déficit energético, cada cuello de botella en la oferta interna impacta sobre balanza comercial, reservas, industria y costos sistémicos. Por eso la Ley 26.741 no puede leerse solamente como una norma societaria ni como un episodio del conflicto con Repsol. Fue, en el fondo, una respuesta a una restricción estructural. 

    La centralidad de YPF se vuelve todavía más evidente cuando se la conecta con Vaca Muerta. La ley fue sancionada apenas cuando comenzaba a delinearse con mayor claridad el potencial no convencional argentino. Recuperar el control de YPF significó, en los hechos, dotar al Estado de una empresa capaz de operar como locomotora técnica, financiera y política en ese desarrollo. No porque YPF pudiera hacerlo sola, sino porque podía asumir el rol de operador de referencia, abrir curvas de aprendizaje, asociarse con grandes jugadores internacionales y marcar ritmo de inversión en un recurso que exigía escala, capital, logística e infraestructura. Esa función de empresa testigo fue decisiva para convertir a Vaca Muerta en una realidad productiva y no en una promesa geológica. Esa inferencia se desprende del objetivo legal de promover inversión, reservas, tecnología y productividad, combinado con la centralidad operativa que la empresa asumió después de la reestatización. 

    Hay además un aspecto institucional que el fallo de la Cámara vuelve a poner en valor. El tribunal recuerda que la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner remitió al Congreso un proyecto de ley para autorizar la expropiación del 51% de las acciones clase D de YPF, y que esa legislación fue aprobada por el Poder Legislativo. Ese dato importa porque desmonta una de las simplificaciones más repetidas: la recuperación de YPF no fue una apropiación de hecho resuelta fuera de la institucionalidad, sino una decisión canalizada por una ley formal del Congreso en el marco del derecho público argentino.

    Desde el punto de vista jurídico, la Cámara marca otro límite de fondo. Sostiene que los reclamos por daños por incumplimiento contractual contra la República y contra YPF no son admisibles como cuestión de derecho argentino, y remarca que el régimen de expropiación de derecho público forma parte central del encuadre aplicable. Traducido al lenguaje político: la sentencia reconoce que no toda decisión estatal sobre un activo estratégico puede ser reinterpretada sin más como si fuera el simple incumplimiento de una cláusula de mercado. Eso no convierte a la Argentina en inmune a errores ni borra las controversias sobre la ejecución concreta de la expropiación. Pero sí devuelve la discusión a su terreno real: la capacidad de un Estado para actuar sobre una empresa estratégica por razones de interés público.

    Para la industria energética, este punto no es abstracto. El mundo actual volvió a poner a los hidrocarburos en el centro. La guerra en Ucrania, la reconfiguración del mercado de gas, la puja por cadenas de suministro y la persistencia de la demanda global de petróleo demostraron que la transición energética no eliminó el peso de los fósiles: lo reordenó. En ese contexto, disponer de una petrolera de control estatal con escala, información, músculo operativo y capacidad de asociación sigue siendo una ventaja estratégica para cualquier país con recursos relevantes. En el caso argentino, más aún cuando el desafío no es solo producir más, sino hacerlo con infraestructura, reglas y coordinación suficiente para transformar moléculas y barriles en divisas, industria y capacidad de negociación internacional. Esa lectura es una inferencia razonable a partir de los objetivos expresos de la Ley 26.741 y del contexto energético global reciente. 

    La discusión, por supuesto, no debería idealizarse. Tener YPF bajo control estatal no garantiza por sí mismo eficiencia, inversiones inteligentes ni una estrategia impecable. La empresa puede acertar o equivocarse, como cualquier actor del sector. Pero una cosa es discutir la calidad de su gestión y otra muy distinta es negar la importancia de contar con una herramienta de política energética. La Ley 26.741 apostó exactamente a eso: a que la Argentina no quedara reducida a esperar que decisiones críticas sobre reservas, producción y reinversión fueran tomadas exclusivamente según el interés de accionistas privados.

    Mirado con la perspectiva que da Vaca Muerta, la construcción de nueva infraestructura y la necesidad persistente de divisas, la pregunta central ya no es si YPF debía haber sido pensada como una simple sociedad anónima más. La pregunta es si la Argentina podía darse el lujo de no tener incidencia decisiva sobre su principal empresa energética. La ley respondió que no. Y el fallo de la Cámara estadounidense, al devolver el caso al plano del derecho público argentino y al revocar la condena multimillonaria de primera instancia, vuelve a recordar que esa respuesta no fue un exabrupto, sino una decisión política de fondo sobre el lugar de la energía en el desarrollo nacional.

    En definitiva, para entender YPF hay que salir del expediente y volver al subsuelo. Volver a la ley. Volver al sentido estratégico del autoabastecimiento. Y volver, también, a una verdad incómoda para cierta mirada financiera: en materia energética, no todo puede medirse con la lógica de una planilla de litigio. A veces, una empresa es mucho más que una empresa. A veces, es una de las pocas palancas que le quedan a un país para discutir su lugar en el mundo.

    2026 03 27 US Court of Appeals for the Second Circuit Decision Re Petersen and Eton Park by Adrián Giannetti

  • Medir para competir: nueva edición del Taller de Huella de Carbono para Pymes neuquinas. Entrevista a Julio Caffa, Asesor Ambiental de Centro PyME-ADENEU

    Medir para competir: nueva edición del Taller de Huella de Carbono para Pymes neuquinas. Entrevista a Julio Caffa, Asesor Ambiental de Centro PyME-ADENEU

    []https://www.youtube.com/watch?v=kmZUe355hTQ[/]

    En un escenario energético donde la eficiencia, la competitividad y la sustentabilidad comienzan a entrelazarse como variables inseparables, el Centro PyME-ADENEU vuelve a poner en agenda uno de los temas que marcarán el futuro del entramado productivo regional: la medición de la huella de carbono.

    Hasta el 27 de febrero permanecerá abierta la inscripción —sin costo— para una nueva edición del Taller de Huella de Carbono para Pymes Neuquinas, una iniciativa que busca preparar a las empresas para un mercado cada vez más exigente, donde el desempeño ambiental empieza a convertirse en un factor clave de competitividad.

    La cuarta edición del programa se desarrollará los días 3, 10, 19 y 26 de marzo, de 9 a 11 horas, en el auditorio del Centro PyME-ADENEU (Sarmiento 802, Neuquén), con modalidad presencial y transmisión online para facilitar la participación desde distintos puntos de la provincia.

    La huella de carbono: el nuevo idioma de la competitividad

    La premisa es clara: no se puede reducir lo que no se mide. El cálculo de la huella de carbono permite identificar las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la actividad productiva, optimizar procesos, reducir consumos y mejorar la eficiencia operativa.

    Pero, además, comienza a ser un requisito estratégico.

    “Las operadoras ya empezaron a exigir a sus proveedores que demuestren cómo trabajan en sustentabilidad. Hoy preguntan qué están haciendo; mañana van a pedir el número de huella de carbono y luego la certificación”, explicó Julio Caffa, asesor ambiental del Centro PyME-ADENEU. 

    Según el especialista, este proceso no solo tiene impacto ambiental, sino también comercial:

    “Esto abre puertas a mercados internacionales y a contratos con operadoras, porque cada vez más la huella de carbono se convierte en un requisito para avanzar en las contrataciones”

    Prepararse antes de que sea obligatorio

    El programa apunta a anticiparse a una tendencia global que ya avanza en la industria energética y en las cadenas de valor asociadas. “Hoy todavía no están pidiendo la certificación, pero ese requisito va a llegar. Si las empresas se preparan ahora, cuando llegue el momento será mucho más fácil”, sostuvo Caffa. 

    Durante el taller, las pymes trabajan con el GHG Protocol, estándar internacional que permite calcular emisiones de manera sistemática y comparable. El objetivo es claro: que cada empresa pueda conocer su nivel de emisiones, identificar los procesos más intensivos y comenzar a reducirlos.

    Eficiencia energética, innovación y ahorro

    La reducción de la huella de carbono no es solo una cuestión ambiental. También implica eficiencia económica. “Cuando la empresa identifica qué actividades generan más emisiones, puede mejorar su eficiencia energética, cambiar procesos, incorporar renovables o economía circular. Eso reduce emisiones y también costos”, explicó Caffa. 

    En el mediano plazo, el desempeño ambiental podría incluso influir en decisiones comerciales.

    “Mientras más baja sea tu huella de carbono, más posibilidades tenés de ser contratado. Incluso puede ser un valor agregado frente a otro proveedor”, señaló.

    Sustentabilidad y financiamiento: el círculo completo

    El programa no se limita al cálculo de emisiones. Incluye acompañamiento técnico y acceso a líneas de financiamiento para mejorar eficiencia energética y modernizar equipamiento. “Ayudamos a las empresas a medir, identificar dónde reducir y acompañamos con financiamiento para que puedan hacer esos cambios. La idea es que el proceso cierre y no quede solo en un número”, indicó Caffa.

    Pymes, Vaca Muerta y el desafío de la competitividad

    En el contexto actual de la industria energética, donde el crecimiento se combina con presión por eficiencia y reducción de costos, las pymes buscan herramientas que les permitan sostener competitividad. “Todas las empresas están interesadas en bajar sus consumos y mejorar su eficiencia. El desafío es ayudarlas a dar ese salto de calidad para ser más competitivas”, afirmó el asesor ambiental. 

    Un cambio cultural que ya comenzó

    Más allá de los requisitos del mercado, la sustentabilidad empieza a formar parte de la identidad empresarial. “Cuidar el ambiente debe hacerse por convicción, pero también es una señal que la sociedad valora. Las nuevas generaciones empiezan a elegir empresas comprometidas con el ambiente”, sostuvo Caffa. 

    Cómo participar
    Las empresas interesadas pueden inscribirse hasta el 27 de febrero a través del formulario oficial:
    https://forms.gle/YgSfhNCZbUhZbBt96

    Consultas: [email protected]