De aliada a apuntada: Villarruel y el quiebre del oficialismo libertario
La vicepresidenta Victoria Villarruel presentó este lunes una denuncia penal en Comodoro Py contra el periodista español Javier Negre, director del medio La Derecha Diario, por los delitos de «rebelión», «amenazas», «intimidación pública», «asociación ilícita» y «atentados contra el orden público», según informó Noticias Argentinas.
La denuncia, que sorprendió incluso a integrantes del oficialismo, marca un nuevo punto de ruptura dentro del esquema de poder que llevó a Javier Milei a la presidencia. Villarruel, que fue clave para ampliar la base de apoyo del Gobierno en sectores del conservadurismo católico, ahora enfrenta una embestida directa desde el corazón mediático del mileísmo más duro.
“Traiciones contra Milei”: la respuesta del medio que la apoyó
La respuesta desde La Derecha Diario no tardó en llegar. A través de sus redes sociales y en una nota publicada en su sitio, el medio aseguró que la denuncia es una represalia directa por las críticas que el espacio venía realizando a Villarruel. «Lo único que hicimos fue exponer sus traiciones contra Milei», afirmaron desde el portal.
La tensión venía escalando desde hace semanas, pero explotó públicamente luego de que a Villarruel le impidieran el ingreso al acto en La Rural que encabezó Javier Milei, y de que el diputado José Luis Espert afirmara públicamente que «ya está fuera del proyecto».
Un quiebre que ya no se puede esconder
La denuncia judicial no solo formaliza una interna que venía creciendo, sino que expone una fractura cada vez más visible en el Gobierno. Mientras la crisis económica sigue profundizándose y el malestar social crece, el espacio libertario muestra señales de descomposición política y discursiva.
Villarruel, que había sido una de las voces más sólidas del oficialismo, ahora es señalada como «traidora» por el mismo sector que la impulsó. La batalla ya no es contra la oposición: ahora el fuego es interno.
La vicepresidenta Victoria Villarruel formalizó este lunes dos denuncias penales en los tribunales de Comodoro Py. Lo llamativo no fue sólo el contenido de la presentación, sino el destinatario: no es la oposición, ni algún actor del poder judicial, ni siquiera los organismos de derechos humanos con los que suele chocar. Esta vez, la mira está puesta en su propio espacio político.
Villarruel denunció penalmente por rebelión, amenazas, intimidación pública, instigación a delinquir y asociación ilícita a un conjunto de dirigentes, comunicadores y usuarios de redes sociales cercanos a Javier Milei. Entre los apuntados están el director de La Derecha Diario, Javier Negre, la diputada nacional Lilia Lemoine, el biógrafo presidencial Nicolás Márquez y una serie de cuentas de redes sociales a las que identificó como parte de una “acción coordinada de hostigamiento”.
La causa fue sorteada al juzgado de Sebastián Casanello, con intervención de los fiscales Franco Picardi y Guillermo Marijuan.
En su presentación, Villarruel sostiene que estas acciones forman parte de una campaña sistemática para desacreditarla públicamente, aislarla dentro del oficialismo y socavar su posición institucional. No se trata de un roce ideológico: la vicepresidenta habla de una ofensiva deliberada que busca su desplazamiento, alimentada desde sectores internos que, hasta hace no mucho, compartían escenario, elogios y objetivos.
Del otro lado, las respuestas no tardaron. Negre, desde la trinchera digital, se enorgulleció de la denuncia y la usó como prueba de haber “tocado un nervio sensible”. Desde su cuenta de X (ex Twitter), la diputada Lemoine redobló la apuesta y sugirió que Villarruel busca criminalizar opiniones disidentes.
La imagen es insólita, pero no por eso sorprendente: mientras el gobierno libra una disputa con la oposición, con los sindicatos y con buena parte de los gobernadores, la vicepresidenta litiga contra figuras de su propio armado. Un armado que ya no oculta fisuras, sino que las exhibe como parte del paisaje cotidiano.
Algunos analistas recuerdan que esta escalada no es nueva. En los últimos meses, Villarruel fue dejada afuera de decisiones centrales, marginada de actos oficiales -como la apertura de la Rural- y desautorizada por funcionarios del entorno más cercano de Milei. El propio presidente llegó a calificar como “traidores” a quienes impulsaban un vínculo institucional más fluido con el Congreso.
Pero lo de ahora cruza un límite. Porque judicializar una disputa política interna -aún con razones legítimas para sentirse hostigada- abre una caja de Pandora difícil de cerrar. ¿Hasta qué punto una denuncia penal es un recurso para frenar la violencia digital, y hasta qué punto se convierte en una herramienta para saldar cuentas internas? ¿Cuántas internas más puede digerir un gobierno que hizo del orden, la autoridad y la verticalidad su bandera?
En un contexto donde la política parece vivir entre extremos, los silencios también dicen mucho. Hasta el momento, ni el Presidente ni su entorno más estrecho se pronunciaron sobre la denuncia. La omisión, en estos casos, puede ser más elocuente que cualquier comunicado.
Mientras tanto, en Comodoro Py se inicia una nueva causa judicial. Y en el corazón del oficialismo, una interna que dejó de ser soterrada para ocupar el centro de la escena. No es la primera vez que el poder se fragmenta desde adentro. Pero pocas veces esa fractura fue tan explícita, y tan institucionalmente costosa.
Javier Negre, director del medio La Derecha Diario, fue denunciado penalmente este lunes por la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien en su presentación judicial lo señaló por «rebelión», «amenazas» e «intimidación pública».
La denuncia se conoció a solo días de que Negre arribe a Neuquén capital, como parte de un acto libertario que contará con la presencia del biógrafo de Javier Milei, Nicolás Márquez, y la diputada nacional por la provincia, Nadia Márquez.
De acuerdo a lo informado por Noticias Argentinas, la titular del Senado también lo acusó ante la Justicia por los delitos de «asociación ilícita» y «atentados contra el orden público».
La Derecha Diario respondió la denuncia de la vicepresidenta, quien prácticamente no tiene vínculo con el primer mandatario y hasta fue acusada por el propio Milei de ser una «bruta traidora», durante un evento organizado en Córdoba justamente por el medio.
El portal, de línea netamente oficialista, aseguró que la presentación judicial de Villarruel es una represalia a la decisión editorial de «exponer sus traiciones» al presidente, con el que llegó al poder como compañera de fórmula.
El enfrentamiento entre Villarruel y Negre, sin embargo, no tuvo este lunes su primer capítulo. El periodista y propietario del medio libertario aseguró tiempo atrás que la jefa de la Cámara Alta contrató «consultoras» para atacar a Milei, utilizando el Senado «para bloquear el cambio en Argentina».
El periodista denunciado por Victoria Villarruel, a días de visitar Neuquén
Negre, que es español y comenzó su carrera en el diario El Mundo, está pronto a visitar la ciudad de Neuquén.
Participará este sábado 9 de agosto junto a otros referentes libertarios de un evento para apuntalar las ideas del presidente en la provincia, de cara a las elecciones legislativas de octubre.
Junto a él, estarán el biógrafo del jefe de Estado, Nicolás Márquez, y también la diputada Nadia Márquez, que se perfila en la disputa neuquina como posible primera candidata a senadora por La Libertad Avanza. El evento será a las 18 en el céntrico hotel Tower.
La interna en La Libertad Avanza sumó un nuevo capítulo este lunes, luego de que la vicepresidenta Victoria Villarruel presentara dos denuncias penales en los tribunales de Comodoro Py contra dirigentes, legisladores y comunicadores alineados con el presidente Javier Milei.
Según confirmaron fuentes judiciales, las presentaciones apuntan a una presunta campaña sistemática para hostigarla, desplazarla del espacio de gobierno y desacreditar su figura pública. Las acusaciones incluyen delitos como rebelión, amenazas, intimidación pública, asociación ilícita y atentados contra el orden público.
Entre los denunciados figura Javier Negre, director del portal La Derecha Diario, uno de los medios afines al núcleo duro del mileísmo. Villarruel acusa a este medio de difundir noticias falsas y de atribuirle delitos como “traición a la patria” e incluso un “intento de golpe de Estado”.
En la segunda denuncia, la vicepresidenta apunta a miembros del ecosistema digital libertario, incluyendo a la diputada nacional Lilia Lemoine, al escritor y biógrafo presidencial Nicolás Márquez, y a una red de cuentas en redes sociales que, según afirma, operan como trolls bajo coordinación del oficialismo.
Desde el portal denunciado, respondieron con dureza: “Esto es una represalia porque expusimos sus traiciones contra Milei”, sostuvieron. La diputada Lemoine, por su parte, aún no se expresó públicamente.
Ambas causas recayeron en el juzgado federal de Sebastián Casanello, quien, según trascendió, delegará la instrucción en los fiscales Franco Picardi y Guillermo Marijuan. Se espera que en los próximos días se dispongan medidas para iniciar la investigación.
Mientras tanto, Villarruel viajó a Corrientes, donde se mostró con el gobernador radical Gustavo Valdés, en un gesto que volvió a tensar la relación con el Presidente. Milei no tardó en reaccionar: la responsabilizó públicamente de “romper el equilibrio fiscal” y profundizó la crisis dentro del oficialismo.
Como ya había anticipado el presidente Javier Milei, este lunes se vetó un conjunto de leyes que había aprobado el Congreso Nacional. Entre ellas, aquellas que establecían aumentos en las jubilaciones y una suba en los bonos otorgados, la reincorporación de la moratoria previsional por dos años y la declaración de emergencia en discapacidad.
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A través del decreto 534/2025, la medida establece un freno total a tres iniciativas votadas por diputados y senadores. Según el Poder Ejecutivo, estas normas resultaban «fiscalmente irresponsables» y violaban la Ley de Administración Financiera.
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El veto fue firmado por el Presidente y refrendado por los ministros Guillermo Francos, Federico Sturzenegger, Sandra Pettovello, Mario Iván Lugones, Patricia Bullrich, Mariano Cúneo Libarona, Luis Caputo, Luis Petri y Gerardo Werthein.
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Desde el gobierno sostienen desde el primer día que las normas sobre aumentos en beneficios sociales atentaban contra el superávit fiscal y que su aprobación fue un «intento de golpe institucional» perpetrado por la oposición, en lo que fue un cruce entre Milei, la ministra Bullrich y otros funcionarios contra la vicepresidenta Victoria Villarruel (presidenta del Senado), en aquella jornada cuando se votaron ambas leyes en la Cámara alta .
«La política del superávit fiscal es permanente», había anunciado el presidente ante la Bolsa de Comercio semanas atrás. Si se quisiera dar marcha atrás con el veto, el Congreso deberá contar con dos tercios de los votos.
Qué establecían las leyes que fueron vetadas por Javier Milei
Tras la medida que concretó el Gobierno, cabe aclarar de cuánto serán los montos de los haberes luego de la negativa del Ejecutivo.
Respecto a las jubilaciones, se preveía un aumento de emergencia del 7,2%, creaba un bono permanente que pasaba de $70.000 a $110.000 (actualizable) y establecía transferencias a las cajas previsionales provinciales no transferidas.
Respecto a la moratoria, reinstalaba por dos años el Plan de Pago de Deuda Previsional, permitiendo el acceso a la jubilación sin los 30 años de aportes efectivos, y flexibilizaba las condiciones para acceder a la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM).
En cuanto a la emergencia en discapacidad, declaraba la emergencia nacional en la materia hasta 2026, creaba una nueva Pensión No Contributiva por Discapacidad y establecía una compensación económica de emergencia para los prestadores del sistema, entre otras medidas.
El futuro de las leyes tras el rechazo del Gobierno Nacional
Aunque ambas leyes fueron aprobadas por el Senado a comienzos del mes pasado, el Presidente demoró la firma de los decretos para vetarlas. Esto se debe a una estrategia para postergar el regreso del debate a la Cámara de Diputados, ya que el oficialismo teme no contar con los votos suficientes para sostener su decisión.
Actualmente, el Ejecutivo mantiene intensas negociaciones con gobernadores y bloques parlamentarios aliados para asegurar que el veto cuente con respaldo suficiente y evitar que se alcance la mayoría especial necesaria para rechazarlo.
Para lograr este objetivo, el oficialismo realiza ofertas como el reparto de Aportes del Tesoro Nacional (ATN) e incluso deja abierta la posibilidad de llegar a acuerdos políticos de cara a las elecciones nacionales del 26 de octubre.
En la próxima sesión del Congreso que será este miércoles, se incluirá una amplia agenda y los principales temas que figuran son el financiamiento universitario, la emergencia del Hospital Garrahan y del Sistema Nacional de Ciencia, y el tratamiento de decretos desreguladores que afectan organismos como el INTI, INTA, el Banco Nacional de Datos Genéticos, la Marina Mercante y Vialidad. También se debatirán proyectos de los gobernadores para eliminar fondos fiduciarios, coparticipar el impuesto a los combustibles y modificar el esquema de los Aportes del Tesoro Nacional (ATN).
Argentina se encuentra, una vez más, navegando aguas turbulentas. Con un dólar que oscila peligrosamente cerca de los 1.400 pesos y un Gobierno que prefiere explicar la situación en canales de streaming en lugar de conferencias de prensa formales, la sensación general es de incertidumbre, desconcierto y, para muchos, hartazgo. Es como si los responsables de conducir el país estuvieran más preocupados por la narrativa política que por la estabilidad económica.
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La semana pasada fue una postal de esa contradicción. Mientras el Gobierno insiste en que “todo está bajo control” y repite como mantra que el tipo de cambio “flota”, el mercado dijo otra cosa: presionó, castigó y expuso las debilidades estructurales de una economía que no encuentra un ancla firme. El «modo electoral», como lo han definido desde el oficialismo, lejos de ser un recurso retórico, es hoy una mochila llena de piedras sobre el bolsillo de los argentinos y sobre la capacidad de maniobra del Ejecutivo.
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El propio presidente Javier Milei y su ministro de Economía, Luis Caputo, se vieron obligados a salir a “aclarar” —aunque en la práctica sembraron más dudas— en una ronda mediática que distó mucho de ser institucional. Eligieron canales de streaming con periodistas amigos, sin repreguntas incómodas, sin confrontación con datos duros. En uno de esos shows, Milei llegó a utilizar una marioneta, dibujó un kirchnerista llorando y denunció, sin pruebas, una supuesta conspiración nacional e internacional contra su Gobierno. En esa teoría incluyó a su propia vicepresidenta, Victoria Villarruel, al premio Nobel Joseph Stiglitz y a tres de los bancos más importantes del país: Galicia, Macro y Bapro.
Pero lo que verdaderamente asustó a los agentes económicos no fue la caricatura de enemigo externo que presentó el Presidente, sino la desconexión con la realidad que transmitió ese espectáculo. Porque mientras en cámara gritaban “¡flota, flota, el dólar flota!”, afuera el tipo de cambio se disparaba, la brecha se consolidaba y los mecanismos de intervención del Banco Central se activaban a toda marcha, desmintiendo de hecho el discurso de la flotación libre.
Carlos Melconian, ex presidente del Banco Nación y uno de los economistas de referencia en el país, lo dijo sin eufemismos: “Es humillante lo que vi el otro día a la noche. Un equipo económico teniendo que hacer de coro ahí de cosas que no cree”. Y esa frase resume el clima de escepticismo que se impone en el mercado y entre los propios analistas: el relato oficial no se sostiene con la realidad de los datos.
Tres intervenciones, una certeza: el dólar no flota
Pese a las declaraciones grandilocuentes, la administración Milei-Caputo implementó al menos tres medidas contundentes para contener la presión sobre el tipo de cambio. La primera fue la suba abrupta de la tasa de interés, que pasó de 46% a más del 65% anual para renovar deuda en pesos. Esta medida encareció el financiamiento, redujo la liquidez y encendió alarmas sobre el sostenimiento de la política fiscal. Aun con tasas tan altas, Economía no logró renovar la totalidad del vencimiento: apenas consiguió un 76% de roll over sobre 11,8 billones de pesos.
La segunda herramienta fue la intervención directa del Banco Central en el mercado de futuros, donde incrementó su posición neta abierta a unos 5.000 millones de dólares, según el FMI. Se estima que esta maniobra podría generar pérdidas fiscales por más de 600.000 millones de pesos si el tipo de cambio se mantiene en los niveles actuales. El uso de estos instrumentos, que en esencia son pasivos contingentes, contradice cualquier idea de disciplina monetaria.
La tercera intervención, y quizás la más silenciosa pero no menos relevante, fue la suba de los encajes bancarios. Para las cuentas tradicionales, el efectivo mínimo subió del 36% al 40%, mientras que para las billeteras virtuales el salto fue aún mayor: del 20% al 40%. Esta medida congela recursos que antes generaban intereses para los usuarios y pulveriza el atractivo de las plataformas de pagos digitales, uno de los pocos sectores que mostraba dinamismo en el consumo doméstico.
Lo cierto es que, con estas tres herramientas, el Gobierno intentó frenar una corrida sin admitir públicamente que lo estaba haciendo. Lo negó en los medios y lo gritó en el streaming, pero lo ejecutó en los mercados con una fuerza que confirma el diagnóstico: el dólar, lejos de flotar, está siendo contenido a costa de mayores desequilibrios.
El intento por construir una narrativa de complot —el “ellos contra nosotros” tan típico de la política argentina— pasó por alto hechos fundamentales. A fines de junio, un informe de JP Morgan, lejos de conspirar, advirtió con claridad que el valor del dólar no era sostenible en los niveles en los que se encontraba y recomendó a sus clientes desarmar posiciones en pesos. ¿Es esto una conspiración? ¿O es simplemente un banco de inversión cumpliendo con su deber fiduciario de advertir a sus inversores?
En lugar de responder con argumentos, el Gobierno eligió acusar. Y esa decisión, lejos de calmar, asusta. Porque cuando las decisiones económicas se sustentan más en teorías conspirativas que en fundamentos técnicos, lo que se genera no es confianza sino miedo. Y en economía, el miedo tiene precio: se llama riesgo país, se llama fuga de capitales, se llama caída de la inversión.
¿Un dólar alto como bálsamo?
Pero en esta escena de crisis latente también existen algunos aspectos positivos que merecen destacarse. La suba del dólar, al ubicarse en el techo de la banda, mejora la competitividad de las exportaciones. Esto puede representar un alivio para sectores como el agroindustrial, el minero o el energético, que habían perdido rentabilidad frente a un tipo de cambio atrasado.
Además, para el turismo receptivo —clave en varias economías regionales— esta mini devaluación ofrece un respiro. Con una Argentina más barata en dólares, los visitantes del exterior pueden encontrar incentivos para volver a un país que se había vuelto prohibitivamente caro en los últimos meses.
Incluso, desde el punto de vista del IPC, el salto del tipo de cambio aún no se ha trasladado plenamente a los precios. La inflación de julio se mantendría por debajo del 2% mensual, lo que en el contexto argentino es una rareza. Claro que esto podría ser apenas un ‘delay’ estadístico. Muchos analistas prevén que agosto o septiembre reflejarán el verdadero impacto del movimiento cambiario. Pero, al menos por ahora, el Gobierno puede respirar.
El problema estructural es otro. Aunque el dólar se planche en 1.400 pesos y la inflación parezca ceder, la economía no despega. Con tasas del 60%, ningún proyecto productivo es viable. El crédito al sector privado está paralizado, y sin financiamiento, no hay inversión ni consumo que puedan sostener el crecimiento.
Peor aún: los motores que venían traccionando, como energía, minería y agro, comienzan a mostrar señales de fatiga. La desaceleración es palpable, y el segundo semestre no ofrece perspectivas de recuperación. Si a eso se le suma la incertidumbre electoral —porque el “modo electoral” del que habla el Gobierno no es ajeno al resto de los actores políticos y económicos—, el escenario se vuelve aún más volátil.
Argentina vive un tiempo extraño. Mientras las variables económicas se tensan, el Gobierno apuesta a la comunicación performática y a la simplificación de los problemas en memes, títeres y slogans. Pero la economía real no se deja engañar. El dólar, como termómetro, refleja el calor de un mercado que no cree en la retórica oficial. Y las intervenciones, aunque negadas, están ahí para demostrarlo.
El gran desafío de esta administración —y de cualquier otra que llegue después— será reconstruir la confianza en la política económica. Y eso no se logra con gritos en streaming ni con teorías conspirativas. Se logra con reglas claras, con un Banco Central independiente, con ministros que respondan en conferencias de prensa y no en canales partidarios, y con un presidente que entienda que el humor, por más catártico que sea, no reemplaza a la gestión.
La Argentina no necesita más “personajes”; necesita liderazgo, responsabilidad y rumbo. Porque el dólar podrá “flotar”, pero si no hay timón, el barco igual se hunde.
“Agarrá los pesos y comprá, no te la pierdas campeón”. Con esas palabras ironizaba hace solo 30 días el ministro de economía Luis Caputo acerca del insistente análisis de los especialistas en relación al atraso cambiario que atraviesa desde hace al menos un año la economía.
La arenga tuvo lugar el pasado 2 de julio durante la exposición de Caputo en el Summit IAE. Desde ese día, el tipo de cambio oficial (BNA) aumentó $135 (+10,8%). La primera impresión, es que miles de “campeones” hicieron caso al consejo financiero del ministro.
Naturalmente, existen otros fundamentos más reales y consistentes para explicar la presión que experimentó la cotización de la divisa durante el último mes. La primera y principal es la convulsión que generó en el corto plazo el cambio en la política monetaria por el final de las LEFI, el instrumento del Banco Central (BCRA) con el que los bancos estructuraban hasta el mes pasado su operatoria diaria de liquidez.
La intención del equipo económico estuvo clara desde el inicio: que el BCRA deje de fijar una tasa de interés de política monetaria, y pase a fijar agregados monetarios, permitiendo que la tasa de interés se determine de forma endógena.
En la teoría, se trata de un esquema más consistente con una economía de mercado. En la práctica, la transición a un modelo semejante requiere de una sintonía fina que a todas luces no existió en la implementación.
El equipo económico cometió un error de diagnóstico en relación a la estrategia de los bancos ante el final de las LEFI, suponiendo que se daría un reemplazo natural por LECAPs, algo que finalmente no sucedió. Hubo un evidente fallo en la estrategia de comunicación hacia y con los bancos. El corolario fue exceso de pesos en circulación y volatilidad de tasas de interés (ahora libres).
El contexto de incertidumbre resultante, culminó con la Secretaría de Finanzas necesitando convalidar esta semana tasas de interés de hasta el 65% anual para renovar vencimientos de deuda en pesos por $11,8 Billones que operaban el martes. Ni siquiera eso logró evitar que el tipo de cambio mantuviera su tendencia alcista.
La Secretaría de Finanzas convalidó tasas de interés de hasta el 65% anual para renovar vencimientos de deuda en pesos por $11,8 Billones que operaban el martes. Logró renovar solo el 76%, y $2,8 Billones quedaron «sueltos».
Pero si la mirada se eleva un poco más allá del alboroto financiero de las últimas tres semanas, lo cierto es que hay elementos un poco más profundos que explican la presión sobre el dólar. Al igual que desde hace meses, allí sigue estando la escasez de reservas del BCRA, o la incertidumbre propia de un año electoral en el que se especula con cambios de política económica después de octubre. Allí sigue estando el final de la liquidación de la cosecha gruesa del campo. Allí sigue estando el atraso cambiario.
Pese al denodado esfuerzo oficial por negar una y otra vez el retraso real del tipo de cambio, sobra evidencia empírica para demostrarlo. Sorprendentemente, el grueso de esa evidencia nace de las usinas oficiales de estadística.
El Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM) que publica el BCRA, mide con Base 100 en diciembre de 2015 la evolución nominal de la cotización del peso argentino relativa a las monedas de los principales 12 socios comerciales del país, en función del flujo de comercio de manufacturas.
El día en que Caputo lanzó su arenga a principios de julio, el ITCRM registraba 90,25. La marca es 45% más baja que los 162,18 en que se ubicaba tras la devaluación de diciembre de 2023, y casi idéntica al 90,23 de octubre de 2023 en pleno “plan platita” de Sergio Massa. La traducción es sencilla: el dólar está tan atrasado como lo estaba antes de la devaluación aplicada por la propia gestión Milei.
Tras la corrección cambiaria de estos días, el ITCRM registró 97,95 el último día de julio. Equivale a decir que pese a la suba de las últimas tres semanas, el atraso continúa. Existen no obstante otros dos datos oficiales que revelan el delicado desequilibrio acumulativo que genera el atraso cambiario.
Más que nunca, dólar colchón
La flexibilización de los controles cambiarios implementada en el mes de abril junto al anuncio del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), fue parcial. El acceso al Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) fue liberado para personas físicas, pero sigue vedado para que las empresas puedan enviar remesas y pagos al exterior.
Al mes siguiente de relajar el cepo, el gobierno lanzó una batería de medidas de desmantelamiento en los controles de ARCA sobre el origen de los fondos, con el objetivo de que los argentinos sacaran “los dólares del colchón”, y se animaran a utilizar sus ahorros (incluso aquellos sin declarar), sin temor a ser perseguidos por el fisco en relación a los impuestos adeudados. Además envió al Congreso una serie de proyectos de ley (que aún no han sido tratados), para garantizar a futuro la seguridad de los ahorristas en el uso de los fondos.
El resultado no fue el esperado. A diferencia del exitoso blanqueo de 2024 que logró la exteriorización de unos US$ 19.000 millones, el ingreso de divisas al sistema formal tras los anuncios de mayo fue magro en esta ocasión.
Una lectura lineal pero necesaria, permite afirmar que casi 8 de cada 10 de los US$ 12.000 millones que el FMI desembolsó en abril, se fueron al atesoramiento del 2,5% de la población.
Pero no solo ello, sino que los datos oficiales muestran que el “dólar colchón” está más vivo que nunca. El BCRA publicó esta semana su Balance Cambiario correspondiente al mes de junio. De allí surge que la Formación de Activos Extranjeros llegó a los US$ 4.051 millones en el sexto mes de 2025. El grueso de ese renglón del balance corresponde a la compra de divisas de personas físicas en el MULC.
El dato de junio se suma a los US$ 3.226 millones que “salieron” por el mismo ítem en mayo, y a los $2.010 millones de abril. En total, durante el primer trimestre de flexibilización del cepo, los argentinos metieron al colchón US$ 9.287 millones. Según el BCRA, poco más de un millón de personas son las que compraron dólares en el MULC durante el mes de junio.
Una lectura lineal pero necesaria, permite afirmar que casi 8 de cada 10 de los US$ 12.000 millones que el FMI desembolsó en abril, se fueron al atesoramiento del 2,5% de la población. Dos elementos explican semejante salida. El primero es el incremento natural de la demanda de divisas tras la flexibilización de los controles, luego de cinco años de cepo. El segundo está a la vista: ahora no solo se puede comprar, sino que además está barato.
Miami, allá vamos
El Indec publicó esta semana las “Estadísticas de Turismo Internacional” de junio. El dato saliente es que ese mes, la cantidad de turistas que ingresaron desde el exterior cayó un 4,3% interanual, mientras que la cantidad de residentes argentinos que salieron del país creció un 28,6% respecto al mismo mes de 2024. La tendencia se verificó también en todos los meses previos de este año.
La señal es inequívoca. El precio en dólares del hospedaje o la comida en las playas de Río, los mares turquesa del Caribe o bajo las palmeras de Miami, es muy similar al de una estadía en Bariloche, Las Leñas o Mar del Plata. Un eufemismo para el mismo diagnóstico: atraso cambiario.
Nuevamente, el Balance Cambiario del BCRA correspondiente al mes de junio le pone números a la creciente salida de argentinos para viajar por el mundo. De allí surge que solo en junio la balanza turística arrojó un saldo negativo de US$ 862,5 millones.
En el acumulado de los primeros seis meses del año, el turismo generó salida de divisas por US$ 5.264 millones. La suma es equivalente a los US$ 5.688 millones que salieron en total en los 12 meses del año pasado. Dicho de otra forma, en solo un semestre de 2025 se fue por turismo la misma cantidad de divisas que en todo el año 2024.
Interrogantes
Tras el vencimiento de deuda en pesos del pasado martes donde la Secretaría de Finanzas logró un roll over del 76% dejando “en el aire” $2,9 Billones de pesos, la duda era si esos pesos comenzarían a ejercer todavía más presión sobre el tipo de cambio. En los días subsiguientes, efectivamente se verificó una aceleración del dólar oficial (+6,2% en tres ruedas).
Streaming. La modalidad elegida por el gobierno para brindar su mirada sobre el escenario cambiario.
La reacción del equipo económico en la noche del jueves (día de mayor presión cambiaria), fue visitar dos canales de streaming para esbozar una respuesta oficial. Tanto el presidente Javier Milei como el ministro Luis Caputo fueron ambiguos.
El ministro le quitó importancia al salto del tipo de cambio y señaló que el movimiento registrado el jueves, es parte de la operatoria natural dentro de las bandas cambiarias, dentro de las cuales el dólar “flota”. Minutos después, y con el ministro presente a su lado, el presidente eligió en cambio una explicación menos técnica: acusó a la vice presidenta Victoria Villarruel de una conspiración para generar una “corrida”.
Según datos oficiales, el atraso cambiario significó una salida de divisas de US$ 14.551 millones por turismo y atesoramiento en la primera mitad de 2025.
Lo cierto es que los propios datos oficiales anticipan que el escenario monetario y cambiario, sigue siendo complejo. Tal como sucedió el pasado martes, en el mes de agosto vencen otros $30 Billones. Si el roll over se ubicara en el 76% al igual que el martes, quedarían “sueltos” otros $7 Billones este mes. Implica que episodios cambiarios como los de esta semana, vuelven a ser muy probables.
De inmediato surgen una serie de interrogantes. El primero es hasta cuando podrá el gobierno insistir en la ausencia de atraso cambiario pese a la enorme cantidad de evidencia al respecto. El segundo es que sucedería si el tipo de cambio oficial se acercara definitivamente a la banda superior de flotación, ubicada desde agosto en $1.456. ¿Debería acaso el BCRA comenzar a vender las reservas que no tiene o se implementaría una corrección extraordinaria de las bandas de flotación?
Dos interrogantes son los posibles cambios de política económica tras las elecciones, y en el corto plazo, el posible paso a precios de la corrección cambiaria.
Llegados a ese punto, otro interrogante es si hacía falta esperar a que el atraso cambiario se llevara US$ 14.551 millones en un solo semestre antes de tomar medidas. También huelga preguntar si no convenía al BCRA acumular reservas comprando “dentro de las bandas” cuando el tipo de cambio “navegaba” los $1.180/$1.200 en lugar de hacerlo cuando “flota” en torno a $1.380.
Pero el mayor interrogante entre empresarios, inversores o agentes económicos (y el principal rector de las expectativas), radica en los potenciales cambios de política económica luego de las elecciones de octubre. La forma en que crece ese interrogante y el margen de maniobra para contener la presión en el mercado cambiario, son inversamente proporcionales.
Dicho eso, las pantallas revelan que el dólar subió 11,7% a lo largo de julio, frente a una inflación que cerró junio en 1,6%. La pregunta del millón es si comenzará a registrarse durante agosto, el paso a precios de la corrección cambiaria.
Hablar de los segundos semestres en Argentina es casi un concepto de economía política. La frase se reactualiza con cada Gobierno que intenta inyectar esperanzas en sus bases de sustentación, luego de una primera mitad de año cuesta arriba. Los primeros semestres suelen ser de esfuerzos y correcciones en el programa, y la segunda etapa del año debería tener lugar la cosecha y los buenos resultados del plan. Pero no siempre es así. Centralmente cada dos años, cuando los proyectos políticos que conducen el país deben enfrentarse a elecciones de medio término.
Plebiscitar la gestión no es sencillo y hay experiencias en todos sentidos: buenos resultados electorales que no terminaron de consolidar a los oficialismos y malas elecciones que no generaron mayor turbulencia en los planes de la gestión. Sin embargo, los partidos no peronistas suelen ser los que más ponen en juego en las elecciones de medio término, en un segundo semestre que puede relanzar el rumbo definido u obliga a revisar las bases del plan de gobierno.
El presidente Javier Mieli y su equipo político lo tienen claro y miran en el pasado inmediato, remarcando siempre las diferencias, lo ocurrido con el proyecto político del exmandatario Mauricio Macri. Incluso la idea de segundo semestre remite inmediatamente al fallido gobierno del Pro.
Tras un agitado mes para el dólar que, junto con la inflación y el riesgo país, son indicadores que generan fascinación en los argentinos, el Gobierno inteligentemente salió a hacer una defensa del modelo y eligió un canal de streaming aliado para describir la solidez del plan económico y dejar en claro su ambición política: Milei ratificó que buscará la reelección en 2027, en un mensaje a los mercados y a la oposición de que su proyecto tiene continuidad y coherencia.
Pese a que la oposición naufraga entre reproches internos y condenas del pasado, el presidente sabe que aún con los elevados niveles de aceptación con los que cuenta no será fácil y la carrera contra la percepción de mejora en el bolsillo de la gente de pie puede ser despiadada. El jueves por la noche, en la nota con el conductor Alejandro Fantino, Milei se refirió a las elecciones y dijo que es consciente de que le irá mejor en octubre que en septiembre, en referencia a las elecciones nacionales y a las legislativas de la provincia de Buenos Aires.
Sobre ese planteo, de sinceridad no forzada, también subió al ring al peronismo y a su vicepresidenta, Victoria Villarruel, a quienes acusó de intentar desestabilizar, vía las leyes aprobadas en el Congreso, uno de los pilares del plan económico y de la sustentabilidad política de su gobierno: el superávit. Con esa sospecha, quizás, hasta le subió algunos puntos la categoría al kirchnerismo, que no sale de su laberinto, pese a los encendidos mensajes de la expresidenta Cristina Kirchner desde la prisión domiciliaria.
El segundo semestre ya se hace sentir. Para el sector productivo -el financiero se mueve con otras dinámicas- los segundos semestres pueden ser de stand by. Lo que tenían para hacer lo hicieron en los primeros meses y ahora regulan inversiones, desarrollos y planes de expansión, hasta que se vea el resultado de las elecciones de octubre. Hasta que se sepa si el proyecto económico y político del gobierno tiene apoyo popular y por lo tanto continuidad.
Incluso los que tienen afinidad con los gobierno s de turno esperan. En nuestra región el ejemplo más relevante es Vaca Muerta. Como publicó Río Negro, tras un arranque de año a toda marcha, rompiendo récords, llegó el parate que impacta en actividad, en empleo, en las cuentas provinciales y también en los números de la balanza energética.
La conducción del sindicato de Petroleros Privados, que fue reelecta hace pocos días, se manejó entre algodones por más que el grueso de los 1.200 despedidos que acumula la industria pertenecen a su sector. Sabe, por los datos de las últimas elecciones, que el grueso de sus afiliados votó al actual Gobierno.
El panorama, no solo para el gremio, sino para las autoridades provinciales de la región es complejo porque, por más se intente mantener en las cañerías subterráneas, todo terminará de salir a superficie en el famoso segundo semestre.
No es sencillo, pero un proyecto como Vaca Muerta será un polo de riqueza para la región y el país cuando supere la hipersensibilidad a los momentos políticos. Para eso es necesario que las fuerzas políticas maduren y puedan hacer trascender los planes de Estado más allá del cortoplacismo electoral crónico y que consigan niveles de institucionalidad, para que cada visita a las urnas no sean todos nuevos banquinazos.
La vicepresidenta Victoria Villarruel visitó este viernes la provincia de Corrientes, donde mantuvo una intensa agenda oficial junto al gobernador Gustavo Valdés. El viaje, que incluyó actos conmemorativos y recorridas por obras, se dio en medio de una creciente tensión política con el presidente Javier Milei, con quien mantiene diferencias públicas cada vez más visibles.
La jornada comenzó con una reunión privada en la Casa de Gobierno provincial, seguida por un recorrido por la Plaza 25 de Mayo y la histórica iglesia La Merced, en la ciudad capital. Luego, ambos mandatarios visitaron el complejo cultural y tecnológico “La Unidad”, en el predio donde funcionaba una antigua cárcel.
Homenaje a Cabral y respaldo radical
Más tarde, Villarruel y Valdés se trasladaron al municipio de Saladas, tierra natal del Sargento Juan Bautista Cabral, donde participaron de un acto homenaje, que incluyó el traslado simbólico de los restos del prócer al Museo Histórico y Monumento Nacional que lleva su nombre. La ceremonia concluyó con un desfile cívico-militar en la Plaza Cabral, y fue encabezada por el intendente local Noel Gómez.
Un gesto político en plena disputa con Milei
La presencia de Villarruel en Corrientes adquiere un fuerte significado político. En los últimos días, el presidente acusó a su vicepresidenta de impulsar un “golpe institucional” por no frenar una sesión en el Senado donde se aprobaron aumentos jubilatorios impulsados por la oposición. Esa medida fue posteriormente vetada por el Ejecutivo.
En este contexto, el viaje y la foto con uno de los principales referentes de la UCR fue leído como una señal clara de autonomía política por parte de la vicepresidenta. Analistas interpretan su agenda federal como una estrategia para reforzar su perfil propio dentro de la coalición oficialista.
Mientras tanto, el enfrentamiento entre Milei y Villarruel se mantiene sin señales de distensión.
La expresidenta Cristina Kirchner arremetió este viernes contra Javier Milei en medio de la nueva escalada del dólar. En un extenso posteo en X (ex Twitter), la referente de Fuerza Patria acusó al Gobierno de agravar la crisis económica y responder a intereses del poder económico concentrado.
“Lo único que se te ocurre es echarle la culpa a la amiga de Videla (tu vice)”, lanzó, en referencia a Victoria Villarruel, a quien Milei responsabilizó por “habilitar una sesión ilegal” en el Senado que, según el Presidente, desató una corrida cambiaria.
Ajuste, dólar y déficit
Cristina cuestionó que el Ejecutivo haya tenido que pagar tasas de interés superiores al 65% y que no logró renovar toda la deuda en pesos. Señaló que los salarios y jubilaciones están deprimidos, mientras aumentan despidos, suspensiones y cierres de fábricas y PyMES.
Respecto al manejo del dólar, recordó que “en abril el FMI te dio 12.000 millones de dólares y vos decías que iba a bajar a 900 pesos y que ibas a ‘dolarizar’ a 911”. Y apuntó: “Ahora te van a dar 2000 millones más y el dólar cerró a 1385 pesos”.
También criticó la suba de encajes bancarios al 40%, que según su visión “encarece el crédito y profundiza la caída de la actividad económica”.
El «plan motosierra» y su impacto social
Para la exmandataria, el plan económico libertario es una motosierra contra los bolsillos de los argentinos, mientras que los dólares “vuelan al pago de deuda, al colchón, al exterior o a los amigos del poder”.
Además, subrayó que la economía bimonetaria se profundizó y que el Gobierno “elige buscar culpables en vez de resolver la falta de dólares”, originada por el endeudamiento macrista y la fuga de capitales.
Advertencia geopolítica
Cristina también apuntó al poder económico y mediático y a actores internacionales, a quienes responsabilizó de impulsar su proscripción y de usar a Milei como “títere vende Patria” para saquear los recursos nacionales.
“Cuando no les sirvas más, te van a tirar al basurero de la historia”, advirtió la exvicepresidenta, que cerró con un mensaje final sobre las aspiraciones reeleccionistas del mandatario: “Determinados adminículos se usan una sola vez y luego se tiran…”.