Efectivos policiales apostados en la zona de Villa Meliquina interceptaron una camioneta de alta gama y descubrieron que uno de sus ocupantes era Erich von Waldburg zu Zeil und Trauchburg, un prominente príncipe y empresario alemán, quien terminó demorado por portación ilegal de armamento.
El procedimiento contra la caza furtiva tuvo lugar a escasos 500 metros de la casilla de Guardaparques, sobre la Ruta Provincial 63. Allí, el personal del nuevo destacamento policial divisó una Toyota Hilux gris ocupada por cuatro ciudadanos de nacionalidad alemana. Al realizar la inspección del vehículo, la sorpresa fue mayúscula: en el interior se hallaba un fusil de caza Sauer modelo 202, equipado con mira telescópica de última generación.
La situación del aristócrata se agravó por el estado del armamento. Según informaron fuentes de la investigación a RSM, el fusil se encontraba con el cerrojo colocado y el cargador puesto, situación que técnicamente se denomina «en condiciones de disparo inmediato».
Debido a la hostilidad del terreno, la falta de señal de comunicaciones y la escasa visibilidad nocturna, el operativo contra la caza furtiva debió ser trasladado al Puesto de Control Filo Hua Hum. Ante la dificultad de poder comunicarse por desconocimiento del idioma, un vecino de la Estancia San Jorge ofició como traductor para que el personal policial pudiera avanzar con las diligencias.
Quién es el «Príncipe Cazador»
Erich von Waldburg, de 63 años, no es un turista convencional. Desde 2015 es el jefe de la línea Zeil, una de las ramas más influyentes de la nobleza germana. Su familia administra un imperio que incluye más de 10.000 hectáreas de tierras forestales y agrícolas en Europa, además de poseer importantes extensiones de campo en territorio argentino.
Tras la intervención de la Comisaría 23, se inició una causa penal contra el empresario por transitar con armamento sin la documentación exigida por la ley nacional, agravado por las condiciones de uso inmediato del arma en la vía pública, vinculado a la caza furtiva.
El hecho reaviva el debate sobre los controles a los contingentes extranjeros que llegan a la Patagonia para realizar actividades de caza mayor, muchas veces al límite de las normativas vigentes.









