Un informe de la UBA y el CONICET advierte que el salario mínimo perdió poder de compra durante diez meses consecutivos y que su valor real se ubica por debajo de niveles de comienzos de siglo. Más allá de los números, el dato vuelve a poner en discusión la relación entre precios, salarios y productividad.
El debate sobre el salario mínimo, vital y móvil (SMVM) volvió a instalarse con fuerza a partir de un informe elaborado por la UBA y el CONICET que sostiene que su poder de compra se encuentra en niveles históricamente bajos, incluso por debajo de registros de comienzos de la década del 2000.
Según el estudio, el salario mínimo acumula diez meses consecutivos de pérdida real y su valor actual se ubica en torno a un tercio del máximo alcanzado en 2011. En términos más amplios, el trabajo advierte que la erosión del poder adquisitivo es persistente y atraviesa distintos ciclos económicos, más allá de las políticas aplicadas en cada período.
El dato no es menor: el salario mínimo no solo funciona como referencia para los ingresos más bajos del mercado laboral formal, sino que también impacta en programas sociales, negociaciones paritarias y esquemas de actualización de ingresos en distintos niveles del Estado. Su deterioro, por lo tanto, excede el universo de quienes lo perciben directamente.
El informe también plantea un cálculo ilustrativo: para recuperar el poder de compra histórico, el SMVM debería ubicarse muy por encima de su nivel actual. Más allá de la cifra exacta, lo que aparece es una brecha significativa entre el salario nominal y su capacidad real de cubrir una canasta básica de bienes y servicios.
La discusión de fondo remite a un problema estructural de la economía argentina: la dificultad para sostener el valor del ingreso en contextos de alta inflación y baja previsibilidad. En ese escenario, los salarios suelen correr detrás de los precios, generando una dinámica de deterioro acumulativo que impacta de manera desigual en distintos sectores.
El caso del salario mínimo expone además otra tensión: su función normativa como “piso” del mercado laboral pierde efectividad cuando el propio piso se debilita en términos reales. Esto obliga a repensar no solo su actualización, sino también su vínculo con la productividad, el empleo formal y la política macroeconómica en general.
En un contexto donde los indicadores sociales y laborales muestran señales mixtas, el dato del SMVM funciona como una alerta adicional sobre la fragilidad del ingreso en la Argentina. Más que una discusión técnica, el tema vuelve a instalar una pregunta de fondo sobre la capacidad del sistema económico para sostener niveles mínimos de bienestar de manera estable en el tiempo.









