Autor: Neuquén News

  • No pagó la cuota alimentaria y la Justicia lo dejó sin carnet de conducir y sin celular

    No pagó, no respondió y ahora lo siente en carne propia. Un padre de Cipolletti fue sancionado por no cumplir con la cuota alimentaria de su hija: la Justicia le retiró el carnet de conducir y ordenó suspender todas sus líneas telefónicas.

    La decisión no fue de un día para el otro. Todo viene de arrastre, el hombre ya había sido intimado el año pasado para que regularizara la situación, pero hizo caso omiso. Pasó el tiempo, la deuda siguió y la paciencia se terminó.

    Fue entonces cuando la jueza decidió avanzar con medidas fuertes. Primero, ordenó que no pueda manejar: si tenía licencia, debía entregarla; si no, ni siquiera podía tramitarla. Pero además, fue por más: pidió la suspensión de sus líneas de teléfono, una medida que busca presionar directamente para que cumpla.

    Pero eso no fue todo, también se ordenó su inscripción en el registro de deudores alimentarios, lo que complica aún más su situación en distintos trámites. Frente a este escenario, el hombre intentó defenderse. Aseguró que no tiene trabajo fijo, que hace changas y que su situación económica no le permite pagar regularmente. Incluso dijo que había hecho algunos depósitos parciales y pidió una oportunidad para ponerse al día.

    Sin embargo, del otro lado la respuesta fue contundente, la madre de la menor dejó en claro que la cuota sigue vigente y que nunca se pidió formalmente una reducción. Es decir, la obligación sigue tal cual fue fijada. En la misma línea se expresó la defensora de menores, que apoyó las medidas para garantizar el derecho de la niña.

    Pero el golpe final llegó desde arriba. Cuando el caso llegó a revisión, el tribunal no dudó: rechazó el reclamo del padre y confirmó todas las sanciones. Para los jueces, el hombre ya había sido advertido y no reaccionó a tiempo. Además, dejaron en claro un punto clave: las excusas económicas no alcanzan por sí solas. Si quería cambiar el monto, debía pedirlo formalmente, mientras tanto, tenía que pagar.

  • Karina Maureira asumió la vicepresidencia de la Comisión de Prevención de Adicciones y Control del Narcotráfico en el Congreso

    La diputada nacional por Neuquén del espacio La Neuquinidad, Karina Maureira, anunció su nuevo rol como vicepresidenta de la comisión que aborda uno de los temas más sensibles de la agenda legislativa: la prevención de adicciones y el control del narcotráfico.

    Maureira adelantó que llevará al Congreso el modelo de trabajo que se consolida en la provincia, basado en la prevención, el acompañamiento y una respuesta firme frente al delito, en coordinación con el Ministerio Público Fiscal.

    Entre los ejes de su gestión, la legisladora destacó la necesidad de avanzar en políticas para reducir el impacto de las adicciones e intervenir sobre los circuitos del narcotráfico, con el objetivo de generar herramientas concretas que protejan a la sociedad y a los jóvenes.

    “Es un tema sensible que debemos enfrentar como sociedad”, expresó en sus redes sociales.

  • San Patricio del Chañar lanzó «SANPI», su chatbot municipal por WhatsApp

    San Patricio del Chañar se convirtió en la primera localidad del interior neuquino en implementar un chatbot municipal, tras la presentación de «SANPI» durante la Fiesta de San Patricio. El intendente Gonzalo Núñez encabezó el lanzamiento de la herramienta, que funciona a través de WhatsApp y permite a los vecinos acceder a una oficina virtual para consultar cuentas como contribuyente, solicitar libre deuda, iniciar trámites y generar órdenes de servicio con seguimiento administrativo, sin necesidad de concurrir al municipio.

    Núñez destacó el valor de la herramienta para la relación con la comunidad: «Es una herramienta digital que nos permite tener cercanía con el vecino en cualquier momento del día, con una interacción constante que mejora la respuesta del municipio». Agregó además que «permite generar órdenes de servicio y organizar el trabajo según cada situación».

    El intendente también anticipó la proyección del sistema hacia otras áreas: los vecinos podrán consultar normativas e interactuar con el Concejo Deliberante y el Juzgado de Faltas. «La inteligencia artificial llegó al municipio para quedarse», afirmó.

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    Disponibilidad las 24 horas y sin trámites presenciales

    La secretaria de Modernización, Carolina Werro, precisó el alcance del servicio: «La disponibilidad es 24/7 y permite iniciar trámites, solicitar servicios o gestionar documentación sin acercarse al municipio». Werro señaló además que SANPI se integra a otras herramientas digitales que ya fortalecen la atención al vecino en la localidad.

    #NW

  • Una lancha se prendió fuego en el lago Nahuel Huapi: el único tripulante se tiró al agua para sobrevivir

    Una lancha se prendió fuego en el lago Nahuel Huapi: el único tripulante se tiró al agua para sobrevivir

    El fin de semana dejó dos episodios de emergencia en espejos de agua de la región que pusieron a prueba la capacidad de respuesta de los equipos de rescate. En el lago Nahuel Huapi, una lancha se incendió en plena navegación y su único tripulante debió lanzarse al agua para salvar su vida. En Neuquén, dos hombres que practicaban Stand Up Paddle (SUP) en el río Limay fueron arrastrados por la corriente y el fuerte viento, quedando atrapados bajo unas ramas hasta ser rescatados por guardavidas.

    Nahuel Huapi: incendio a bordo y un sobreviviente que se arrojó al agua

    El lago Nahuel Huapi se transformó en escenario de un suceso que alteró la tranquilidad habitual de la zona. Un incendio inesperado a bordo de una embarcación, a pocos metros de la Península San Pedro, derivó en un operativo urgente que mantuvo la atención durante varias horas.

    De acuerdo con información del medio regional Diario Río Negro, la secuencia comenzó cuando, según fuentes municipales, se recibió la primera alerta a las 16:40 por la línea 110. En cuestión de minutos, se sumaron otras siete comunicaciones que advertían sobre la embarcación envuelta en llamas.

    La situación movilizó a la Prefectura Naval Argentina (PNA), a los Bomberos Voluntarios Campanario y a personal de Protección Civil. Los equipos de emergencia se dirigieron al área señalada mientras una densa columna de humo marcaba el punto exacto donde se desarrollaba el incidente.

    Mientras tanto, la búsqueda del tripulante se desplegó tanto en el agua como en la costa. En un primer momento no se logró localizar a la persona vinculada con la lancha, lo que incrementó la expectativa y la tensión en la zona. La intervención de la Prefectura Naval se profundizó con la llegada de más embarcaciones y la colaboración de otras fuerzas de seguridad.

    El desenlace llegó cuando el tripulante fue hallado ileso en la costa. La persona relató que tomó la decisión de abandonar la lancha tras advertir el inicio del fuego en la zona de los motores y que logró salvarse gracias a la proximidad de otra embarcación particular, cuyos ocupantes intervinieron rápidamente.

    “Me arrojé al agua tras advertir el fuego”, contó el sobreviviente a los efectivos.

    En tanto, la lancha siniestrada terminó hundida a unos 100 metros de la costa, sin que se detectaran derrames en el lago, según confirmaron desde la Prefectura Naval Argentina y Protección Civil. La escena, que movilizó también a los bomberos voluntarios de Ruca Cura por prevención, dejó como saldo la rápida actuación coordinada de los equipos de emergencia.

    Hasta el momento, no se reportaron personas heridas y el origen del incendio permanece sin esclarecer. El despliegue permitió contener la emergencia y asegurar que el episodio concluyera sin mayores consecuencias para el tripulante ni para el entorno natural del Nahuel Huapi.

    Neuquén: dos paddle surfers colgados de una rama en el río Limay

    El fuerte viento de este sábado alteró la rutina en el balneario Falher de Neuquén y puso a prueba la capacidad de respuesta de los equipos de rescate. Dos hombres que remaban con tablas de Stand Up Paddle (SUP) quedaron atrapados bajo unas ramas en una zona de difícil acceso, tras ser arrastrados por la corriente. La intervención de guardavidas especializados y la coordinación entre diferentes puestos permitieron que ambos pudieran volver a tierra sin lesiones.

    Según reportó el municipio de Neuquén, el incidente se registró cuando las ráfagas y la corriente del río complicaron la navegación en SUP. Los protagonistas del incidente, vecinos de la capital neuquina, se encontraban remando cuando el viento tumbó una de las tablas y ambos terminaron aferrados a ramas bajo unos árboles.

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    El operativo se activó de inmediato. Desde el puesto de Falher, la guardavida Agustina y su compañero Marcos acudieron en auxilio, con apoyo del personal del puesto canoa del balneario Albino Cotro. La socorrista explicó que al acercarse advirtieron que uno de los hombres permanecía oculto bajo el agua y entre las ramas, lo que dificultó la visualización inicial.

    Uno de los rescatados afirmó en declaraciones recogidas por los propios equipos de rescate: «Queríamos agradecer a los chicos que me sacaron, por mi imprudencia, del río. Y bueno, gracias, nada más».

    El segundo hombre rescatado amplió la descripción del episodio al detallar: «Veníamos remando en las tablas y mi compañero fue contra los árboles, llegó la correntada, un poco de viento y tumbó la tabla, se quedó agarrado y los chicos en diez segundos estaban ahí».

    Ambos rescatados resultaron ilesos y pudieron retirarse por sus propios medios tras el operativo.

  • Controles fronterizos en Cardenal Samoré

    Operativos conjuntos de Aduanas de Chile y Carabineros en el paso internacional Cardenal Samoré derivaron en la detención de dos ciudadanos argentinos y el secuestro de armas, municiones y mercadería irregular.

    En una camioneta procedente de Buenos Aires con destino a Puerto Varas se hallaron 161 municiones calibre .22 sin percutar, ocultas entre el equipaje. Los ocupantes quedaron detenidos y el material fue incautado.

    En otros controles, también sobre vehículos con patente argentina, se decomisaron:
    •     4 municiones calibre 12
    •     8 municiones calibre .22
    •     1 revólver calibre .38
    •     1 pistolón calibre 14

    Todos los elementos fueron retirados de circulación y puestos a disposición de la justicia bajo la Ley 17.798 de control de armas y explosivos.

    En paralelo, se detectó un cargamento de contrabando con 819 unidades de ungüentos y cremas faciales sin registro sanitario, ocultas en un camión. La mercadería fue decomisada.

    Desde Aduanas remarcaron que estos procedimientos forman parte de las fiscalizaciones permanentes en uno de los principales pasos fronterizos entre Argentina y Chile, con el objetivo de prevenir delitos vinculados al contrabando y al ingreso ilegal de productos.

     

  • A 50 años, la memoria sigue vigente

    A 50 años del golpe cívico militar económico, el 66% de la población sigue sosteniendo que la democracia es preferible a cualquier otra forma de “gobierno”.

    El 57% considera como muy importante mantener viva la memoria sobre lo ocurrido durante la última dictadura. Más del 60% está de acuerdo con que la dictadura fue un período de violaciones a los derechos humanos, de crisis económica y falta de libertades.

    En 1976, la provincia de Neuquén tenía, aproximadamente, 170 mil habitantes y la ciudad capital unos 45 mil.

    Era un polo de atracción por el petróleo, la construcción de las represas y la fruticultura. Neuquén capital era un pueblo que comenzaba a sentir la transformación que décadas después la llevaría a ser una de las ciudades más importantes de la Patagonia.

    La población estaba compuesta por personas de distintas provincias y países. La mayoría llegaba atraída por publicidades que hablaban de trabajo en “abundancia”. Otros escapaban de dictaduras que ponían en riesgo sus vidas. En ese marco, dos figuras muy diferentes entre sí comenzaban a destacarse. Una llegaría a tener proyección nacional y la otra fuerte arraigo provincial: Felipe Sapag, varias veces gobernador de la provincia. El otro, un cura, Jaime Francisco de Nevares, que como obispo de la diócesis inquietaría no solo a los sectores más conservadores de la Iglesia, sino también al Ejército y al poder político. Este cura, a poco de arribar a la provincia para asumir como obispo, estableció fuertes vínculos con mapuches, con obreros, con extranjeros exiliados.

    Promediando los 60 y hasta los 80, más o menos, la joven provincia fue escenario de importantes movilizaciones: partidarias, gremiales, barriales y de DD.HH. En casi todas ellas se destacó el acompañamiento y la presencia del obispo Jaime de Nevares.

    De Nevares y los curas Héctor Galbiatti, Magín Páez y Rubén Capitanio, en el año 1976, convocaron a familiares para reclamar por las desapariciones que estaban ocurriendo en la provincia. Estas acciones son las que dan pie para que en Neuquén se creara la delegación de la APDH, con Noemí Labrune a la cabeza.

    Eran tiempos de mucha agitación y movilización. “El Choconazo”, “el frutazo”, las movilizaciones de obreros de la UOCRA, de estudiantes universitarios por la nacionalización de la Universidad, fueron manifestaciones “observadas” con preocupación por las autoridades militares, que no dudaron en declarar a la provincia como de alto riesgo. Y este es un dato a tener en cuenta para entender, un poco, por qué la dictadura se ensañó de tal manera en este territorio.

    El 24 de marzo en Neuquén cayó un día miércoles. Fue un día radiante, “casi peronista”, dicen algunos.

    Hablar de número de secuestrados/desaparecidos de Río Negro y Neuquén es tarea difícil debido a los traslados que hacía el Ejército. Se los detenía en una ciudad y rápidamente se los trasladaba a otras provincias, como Bs. As., Bahía Blanca, el sur del país o centros clandestinos. Por ello, quienes han trabajado en los Juicios por la Verdad hablan de 50 personas desaparecidas/secuestradas en la región, aproximadamente.

    En Neuquén los militares torturaban e interrogaban en La Escuelita, siniestro lugar que estaba atrás del Batallón 161, en la zona conocida por los vecinos como Los Polvorines. También esos tormentos se ejecutaron en la Federal de la calle Santiago del Estero, la Comisaría 14 de Cutral Co, la 4ª de Cipolletti y la delegación de Gendarmería de Junín de los Andes.

    Este 24 de marzo de 2026 se cumple medio siglo de aquel momento en que las FFAA, con el beneplácito de los poderes económicos, eclesiásticos y ciudadanos, se apropiaron de las instituciones a sangre y fuego. Pero en Neuquén hubo hombres y mujeres, como por ejemplo Jaime de Nevares y Noemí Labrune cuya resistencia a los horrores de la dictadura se agigantan. Pero no seríamos justos si no recordáramos, también, a jóvenes muy jóvenes por aquellos días que pusieron en riesgo sus vidas por el sueño de una sociedad más justa: Ana Chaina, Carlos y Patricia Roca, Liliana Paredes, Gloria Sánchez, Luis Velázquez, Betina Labrune, Ana Rigoni, son algunos de los nombres que recuerdo. Seguramente son más, muchos más.

    Es posible que este martes 24 de marzo de 2026 alguien diga: nos faltan el Obispo, Noemí, Inés, Lolin, Oscar, Walter. Es cierto, físicamente no estarán caminando de arriba a abajo la Avenida Argentina, pero estarán más vivos que nunca en otras caras, otras figuras, porque sus gritos de libertad y justicia siguen vivos en la memoria colectiva. Se resisten al olvido.

  • Violeta Parra: la raíz y el desgarro

    Violeta Parra llegó a los ranchos más apartados de Chile con un cuaderno y una curiosidad sin fondo. Golpeaba puertas en aldeas que no aparecían en los mapas, pedía que le cantaran, se sentaba en la cocina de las viejas junto al fogón y escuchaba durante horas. Coplas, tonadas, décimas, versos a lo divino y a lo humano que los campesinos mayores guardaban en la memoria como agua en una vasija de greda: las últimas páginas vivas de una tradición que nadie más se había molestado en registrar. Violeta las transcribía, las grababa con los equipos rudimentarios que podía conseguir, las tocaba en la guitarra, las enseñaba. Las salvaba.

    Nadie le había pedido que hiciera eso. Nadie le pagaba por eso. Lo hacía porque entendía, con esa intuición que no se aprende en ningún conservatorio, que esas canciones eran Chile. No el Chile de los salones santiaguinos, no el Chile de los discursos y las academias: el Chile que araba la tierra, que criaba animales en el frío del sur, que enterraba a sus muertos con canciones que venían de antes de que existiera el país como nación, de antes de la colonia, de la mezcla lenta y violenta que había producido una cultura que nadie había tenido la paciencia de mirar de frente.

    Violeta Clarisa Parra Sandoval nació en 1917 en San Carlos, en la región del Ñuble, séptima de nueve hijos de un profesor de música y una campesina que cantaba. Creció en una pobreza que no era vergüenza sino condición. La casa siempre tuvo música aunque a veces no tuvo comida. Aprendió guitarra de oído, sin método, escuchando a su padre. Aprendió a cantar escuchando a su madre y a las mujeres de su entorno que cantaban mientras trabajaban, como si el canto fuera una herramienta más, tan necesaria como las manos.

    Empezó a actuar en circos y bares de provincia siendo adolescente, junto a su hermano Nicanor, que sería el gran antipoeta chileno. Cantaba música popular, boleros, cuecas urbanas, lo que el público pedía. Pero algo en ese repertorio no la satisfacía. Sentía que debajo de esa música superficial había otra más profunda, más verdadera, que el mundo moderno estaba sepultando bajo capas de radio y moda. Fue a buscarla.

    Sus viajes de recopilación folclórica en los años cincuenta la llevaron a rincones de Chile donde el siglo XX todavía no había llegado con toda su fuerza. Registró más de tres mil canciones tradicionales. El musicólogo Gastón Soublette, que trabajó con ella en esos años, recordó décadas después la ferocidad con que Violeta protegía ese material: no era arqueología, decía ella. Era vida. Era la vida de personas reales que merecían que alguien la recordara.

    Pero Violeta Parra no era solo recopiladora. Era también compositora de una originalidad radical. Sus canciones propias bebían del folclore que había aprendido y lo transformaban en algo completamente nuevo: una voz personal, política, íntima, a veces furiosa, a veces tierna, siempre honesta. Canciones como ‘Run Run se fue pa’l norte’, ‘La carta’, ‘Mazúrquica modérnica’ y decenas más construyeron un lenguaje musical que influyó en toda la generación siguiente de la Nueva Canción Chilena: Víctor Jara, Quilapayún, Inti Illimani, toda esa constelación que transformó la música popular latinoamericana de los años sesenta y setenta.

    Vivió en Argentina, en Brasil, en Francia. En París expuso sus arpilleras en el Museo de Artes Decorativas del Louvre en 1964: fue la primera artista latinoamericana en hacerlo individualmente. Sus bordados eran poemas visuales en lana de colores: crónicas de la vida campesina chilena, escenas de explotación y resistencia, paisajes andinos, figuras que parecían salidas directamente del imaginario indígena que había pasado toda su vida estudiando.

    Volvió a Chile en 1965 con un proyecto que la entusiasmaba más que ningún otro: la Carpa de La Reina, una gran carpa que instaló en un terreno de Santiago para crear un centro permanente de música popular chilena, un espacio donde los artistas pudieran tocar y el público pudiera escuchar sin la mediación del mercado. El proyecto fue un fracaso económico. El público no llegó en la cantidad que Violeta esperaba. Los críticos no la ayudaron. El gobierno no la apoyó. La carpa se convirtió en su hogar y en su calvario.

    Compuso ‘Gracias a la vida’ en 1966, en uno de los períodos más oscuros de su existencia. El amor que la consumía, el músico suizo Gilbert Favre, estaba rompiéndose. La carpa no funcionaba. El dinero se acababa. Y en ese contexto de derrumbe escribió la canción que mejor celebra el placer de estar vivo. Es una de las paradojas más hermosas de la música latinoamericana, y también una de las más amargas: la gratitud extrema que a veces surge en el borde del abismo.

    El 5 de febrero de 1967, en la carpa de La Reina, Violeta Parra se disparó. Tenía cuarenta y nueve años. Dejó una obra tan grande y tan variada —canciones, poemas, arpilleras, pinturas, esculturas en alambre, décimas autobiográficas— que Chile tardó décadas en terminar de comprenderla. Hoy es considerada la artista chilena más importante del siglo XX. En vida, murió en una carpa vacía.

    “Gracias a la vida, que me ha dado tanto.”  — Violeta Parra

  • Juana de Ibarbourou: el cuerpo que celebra el mundo

    Hay poetas que necesitan el sufrimiento para escribir. Juana de Ibarbourou no. O al menos así lo parecía en sus primeros libros, que llegaron al mundo con la alegría y la franqueza de alguien que había decidido que el cuerpo femenino, el deseo, la naturaleza, la tierra húmeda y los ríos y las flores no eran temas decorativos sino el centro mismo de la existencia. En la literatura latinoamericana de principios del siglo XX, donde las poetas solían hablar de amor con distancia y pudor obligatorio, esa decisión era casi escandalosa.

    Juana Fernández Morales había nacido en 1892 en Melo, un pueblo de la frontera uruguayo-brasileña, en el departamento de Cerro Largo. Su padre era español, gallego de origen, con ese amor por la tierra que los gallegos llevan consigo a cualquier continente. Su madre era uruguaya, de familia criolla. Juana creció entre dos culturas y dos lenguas en una casa donde los libros eran bienvenidos y la música era parte del aire. Aprendió a leer temprano, con esa voracidad que no se enseña sino que se tiene o no se tiene.

    Se casó a los dieciocho años con Lucas Ibarbourou, un militar que la llevó de guarnición en guarnición por el Uruguay antes de establecerse finalmente en Montevideo. En cada lugar donde vivieron, Juana escribía. No era una escritura que esperara condiciones ideales: era una necesidad que se imponía sola, como el hambre o el sueño. Guardaba los poemas en cuadernos que nadie veía. Hasta que en 1919, con veintisiete años, publicó ‘Las lenguas de diamante’.

    La recepción fue inmediata y rotunda. Los críticos literarios del Río de la Plata —hombres casi sin excepción, acostumbrados a fijar los estándares— reconocieron en esos poemas algo que no podían ignorar: una voz de una frescura y una sensualidad que no tenían precedente en la poesía uruguaya. Lo que los sorprendía, lo que en algunos producía entusiasmo y en otros incomodidad, era la franqueza con que una mujer hablaba de su propio cuerpo como algo bello, vivo, deseante y digno de ser celebrado. ‘Tómame ahora que aún es temprano / y que llevo dalias nuevas en la mano. / Tómame ahora que aún es sombría / esta taciturna cabellera mía’. Sin metáfora que suavizara. Sin disculpa.

    En 1929, en un acto que no tenía precedente en América Latina, fue proclamada ‘Juana de América’ en una ceremonia solemne en el Palacio Legislativo de Montevideo. Estaban presentes Alfonso Reyes, José Santos Chocano, Gabriela Mistral, intelectuales y diplomáticos de todo el continente. Era el reconocimiento más alto que la cultura latinoamericana podía darle a una escritora viva. Juana Fernández de Ibarbourou —ese era su nombre completo— aceptó el título con la gracia de quien sabe que los títulos son de otros y la obra es propia.

    Publicó varios libros más: ‘Raíz salvaje’, ‘La rosa de los vientos’, ‘Perdida’. A medida que pasaron los años, su poesía se fue oscureciendo. La muerte del marido, la vejez, la sensación de que el mundo que había celebrado con tanta alegría se alejaba, todo eso fue tiñendo su voz de una melancolía que sus primeros libros no anticipaban. El cuerpo que había sido territorio de celebración se convertía en tema de duelo.

    Vivió hasta los ochenta y seis años, en una Montevideo que la había visto crecer y a la que nunca quiso abandonar. Sus últimos años fueron difíciles: la soledad, algunas dificultades económicas, el peso de ser una institución cultural en un país pequeño que a veces amaba más a sus figuras que a las personas concretas que había detrás de ellas. Murió en 1979.

    Sus libros siguen en las escuelas uruguayas, en las bibliotecas del Río de la Plata, en las antologías de poesía latinoamericana que se editan en cualquier parte del mundo hispanohablante. Y esos primeros poemas, los de ‘Las lenguas de diamante’, siguen teniendo la misma capacidad de sorprender: una mujer que en 1919 reclamaba su cuerpo como propio, con una sencillez y una hermosura que el tiempo no ha gastado.

    “Tómame ahora que aún es temprano y que llevo dalias nuevas en la mano.”  — Juana de Ibarbourou

  • Día Mundial del Agua: Argentina frente a una riqueza subterránea estratégica y una crisis que avanza en superficie

    En América del Sur, ese debate adquiere una dimensión estratégica a partir del Sistema Acuífero Guaraní, una de las mayores reservas de agua dulce del planeta. Con más de 1 millón de km² de extensión —de los cuales unos 228 mil corresponden a Argentina— y un volumen estimado de 30.000 km³, este sistema subterráneo abastece a millones de personas y representa una reserva clave frente a escenarios de escasez.

    Sin embargo, la paradoja es evidente: mientras bajo tierra se concentra una de las mayores reservas de agua del mundo, en la superficie Argentina enfrenta una crisis hídrica cada vez más visible.

    Un país con agua… pero con problemas de acceso y gestión

    Argentina no es un país pobre en recursos hídricos. Pero sí presenta una distribución profundamente desigual. Mientras regiones como el Litoral tienen abundancia, otras —incluyendo vastas zonas de la Patagonia y el centro del país— dependen de ciclos cada vez más inestables.

    En los últimos años, la sequía prolongada en la cuenca del Paraná —una de las más severas en décadas— expuso la fragilidad del sistema. A esto se suman:

    • Reducción de caudales en ríos clave
    • Sobreexplotación de acuíferos locales
    • Pérdidas en redes de distribución urbana que superan el 30% en algunas ciudades
    • Falta de infraestructura de saneamiento en sectores vulnerables

    El resultado es un escenario donde el problema no es solo la disponibilidad, sino la gestión.

    El Acuífero Guaraní: una reserva estratégica bajo presión

    El Acuífero Guaraní, compartido con Brasil, Paraguay y Uruguay, fue objeto de un acuerdo internacional en 2010 para su gestión conjunta. El objetivo: evitar su sobreexplotación y garantizar un uso sustentable.

    Sin embargo, distintos estudios técnicos y organismos regionales advierten sobre riesgos crecientes:

    • Contaminación por agroquímicos en zonas de recarga
    • Extracción intensiva para uso urbano e industrial
    • Falta de controles homogéneos entre países
    • Escaso monitoreo en tiempo real

    En Argentina, su explotación es aún limitada en comparación con Brasil, pero la tendencia comienza a crecer, especialmente en provincias del noreste.

    El problema de fondo es estructural: los acuíferos son recursos invisibles. Y lo que no se ve, rara vez se prioriza en la agenda pública.

    Cambio climático: el factor que acelera todo

    El impacto del cambio climático no es abstracto. En Argentina ya se manifiesta en:

    • Mayor frecuencia de sequías prolongadas
    • Eventos extremos de lluvia concentrada
    • Alteración de los ciclos de recarga de acuíferos
    • Retroceso de glaciares, que funcionan como reservas naturales

    Esto implica que incluso reservas como el Acuífero Guaraní podrían enfrentar, a mediano plazo, tensiones en su capacidad de regeneración si no se gestionan adecuadamente.

    Entre el discurso y la realidad

    A nivel global, el acceso al agua es reconocido como un derecho humano. Sin embargo, en la práctica, millones de personas en América Latina —y también en Argentina— aún no cuentan con acceso seguro a agua potable ni a sistemas de saneamiento adecuados.

    El contraste es claro: mientras se firman acuerdos internacionales y se promueven políticas de sustentabilidad, persisten problemas básicos de infraestructura, control y planificación.

    En Argentina, la discusión sobre el agua sigue fragmentada entre jurisdicciones, con escasa coordinación federal y una inversión que muchas veces queda por detrás de otras prioridades.

    Una reserva estratégica que exige decisiones

    El Acuífero Guaraní representa una oportunidad y, al mismo tiempo, una advertencia. No es solo una reserva de agua: es un activo geopolítico, ambiental y económico.

    La pregunta no es si hay agua suficiente. La pregunta es si se está gestionando con la responsabilidad que exige un recurso finito.

    En un contexto global donde el agua comienza a ser uno de los principales factores de conflicto y desarrollo, Argentina enfrenta un desafío concreto: evitar que su riqueza natural se convierta, por falta de planificación, en una crisis anunciada.

    Minería, agua y Ley de Glaciares: una tensión creciente en la agenda ambiental

    En paralelo, la expansión de la actividad minera —especialmente del litio en el noroeste argentino— introduce un nuevo foco de presión sobre los recursos hídricos. La extracción en salares requiere grandes volúmenes de agua, tanto dulce como salobre, en regiones que ya presentan condiciones de alta fragilidad hídrica.

    Provincias como Jujuy, Salta y Catamarca concentran proyectos en zonas donde comunidades locales y especialistas advierten sobre la posible afectación de acuíferos, humedales altoandinos y sistemas de recarga natural.

    En este escenario, la Ley de Glaciares aparece como una herramienta clave para la protección de reservas estratégicas de agua, aunque su aplicación sigue atravesada por tensiones políticas, judiciales y económicas.

    Esa disputa volvió a quedar expuesta en marzo de 2026, cuando la Cámara de Diputados convocó a audiencias públicas para debatir su modificación: la convocatoria oficial fijó el cierre de inscripción para el 20 de marzo, y distintas fuentes reportaron que se anotaron mas de 100 mil personas para defender la norma, un dato que mostró la magnitud del rechazo social a cualquier intento de flexibilización.

    Fracking, agua y pozos sumideros: la discusión que Argentina todavía no resolvió

    En Vaca Muerta, la expansión del shale convirtió al agua en un insumo crítico de la producción. La normativa neuquina exige tratamiento del flowback antes de su reúso o disposición final, pero los propios estudios oficiales muestran que la inyección en pozos sumideros sigue siendo parte del esquema operativo. El punto de fondo no es sólo cuánto agua usa el fracking, sino qué pasa después y qué riesgos existen si fallan el control, la integridad de los pozos o el aislamiento geológico.

    En Argentina, hablar de fracking y agua es hablar, sobre todo, de Neuquén. Allí se concentra el desarrollo no convencional de Vaca Muerta, una actividad que demanda grandes volúmenes de agua para cada etapa de estimulación hidráulica. Un estudio de impacto ambiental presentado en la provincia para un pozo en Bajo del Toro consigna un caudal diario máximo de extracción de 16.800.000 litros de agua dulce para la estimulación, tomado desde el río Colorado. Ese mismo documento indica que el agua residual de proceso se inyectará para su disposición final en un pozo sumidero autorizado. No es una hipótesis militante ni una denuncia partidaria: figura en documentación oficial del propio sistema de evaluación ambiental neuquino.

    Fuente: Neuquén Ambiental

  • La democracia herida: cómo el odio a la política debilita lo que intentamos defender

    En un tiempo donde todo parece discutirse a gritos, pocas frases generan tanto consenso como una que debería alarmarnos: “la política es mala”. La escuchamos en la calle, en los medios, en las redes, en el transporte público o en una sobremesa familiar. La idea de que «todos los políticos son ladrones» se repite con la naturalidad de un axioma, aunque esté más cerca de una consigna que de un análisis.

    Pero, ¿qué sucede cuando ese mantra se instala tan profundamente que comenzamos a creerlo sin discusión? ¿Qué pasa cuando el descrédito no apunta a individuos, sino al sistema mismo?

    Lejos de ser una crítica legítima —que siempre es necesaria en una democracia viva— este discurso repetido y generalizado se ha convertido en una narrativa vacía y destructiva. Una narrativa que no distingue, que no propone, que no participa. Que, al reducir la política a un juego de corrupción y traición, no solo arrastra a los malos sino que anula también a los buenos. Y más grave aún: aleja a quienes podrían transformar lo que no funciona.

    El cinismo como anestesia

    El fenómeno tiene un nombre: cinismo político. Es una forma de desilusión colectiva que se disfraza de lucidez pero en realidad es parálisis. Escepticismo sin propuestas, desconfianza sin alternativas, crítica sin compromiso. El cinismo se instala como una anestesia emocional y política. Frente a él, la participación activa parece ingenua, la militancia es vista como fanatismo, y el debate, como una pérdida de tiempo.

    Este tipo de cinismo es fértil para los autoritarismos. Cuando la política se demoniza, quienes prometen gobernar “sin políticos” aparecen como salvadores. Y cuando la ciudadanía renuncia a construir poder desde abajo, el poder se concentra desde arriba. No es casual que las dictaduras y los populismos autoritarios florezcan allí donde la democracia ha sido erosionada por la desconfianza sistemática.

    Medios, redes y la fábrica de la desafección

    Los medios de comunicación —y en especial las redes sociales— han sido el canal principal de difusión de este relato simplificador. En nombre del rating, muchos medios prefieren amplificar escándalos antes que explicar procesos. Y en las redes, donde el algoritmo premia el enojo, los discursos radicales y antipolíticos se viralizan con facilidad.

    La política, con sus tiempos lentos y sus contradicciones, no compite bien contra la indignación exprés de un tuit. Pero no se trata de demonizar las plataformas: también son herramientas valiosas. El problema es cómo las usamos. La crítica sin fundamento, el insulto generalizado, la cancelación rápida, no solo impiden el diálogo; también consolidan una cultura de la sospecha permanente, donde nadie es confiable y por lo tanto, nadie merece ser escuchado.

    Cuando no hay política, hay poder sin control

    Es importante recordar que la política no es una mala palabra. Es, en su sentido más profundo, el arte de lo común. La forma que una sociedad elige para resolver sus conflictos, para distribuir recursos, para construir futuro. Despreciar la política es, en última instancia, renunciar al derecho a decidir cómo queremos vivir.

    Los partidos políticos —con todos sus defectos— siguen siendo hoy las herramientas más legítimas para la participación democrática. Son imperfectos, sí. Pero ¿qué alternativa viable existe sin ellos? ¿Quién decide, si no decidimos nosotros a través de la política? Allí donde no hay representación, la voluntad de unos pocos se impone por encima de la voluntad colectiva.

    Filosofía y memoria: dos alertas

    La historia está llena de ejemplos donde la apatía ciudadana abrió la puerta al autoritarismo. En la Alemania de entreguerras, en la Italia fascista, en las dictaduras latinoamericanas, siempre hubo una fase previa de desencanto con la política. La idea de que “todos son iguales” fue la antesala de quienes impusieron su verdad única por la fuerza.

    Incluso los filósofos clásicos advirtieron sobre los peligros de la indiferencia. Aristóteles definía al ser humano como un animal político y advertía que quien no participaba de la vida política era, o un dios… o una bestia. Más cerca en el tiempo, Hannah Arendt explicaba que el totalitarismo no se imponía por la fuerza, sino por la indiferencia masiva. Porque una sociedad que renuncia a pensar y a participar es el campo fértil para cualquier forma de dominación.

    Participar sigue siendo el antídoto

    La salida no está en el desprecio sino en la reconstrucción. Hay miles de formas de hacer política sin caer en la lógica de los partidos tradicionales. Desde el activismo comunitario hasta la participación en consejos vecinales, desde el trabajo territorial hasta las nuevas expresiones digitales de organización colectiva. Participar no es solamente votar cada dos años. Es exigir, organizarse, proponer, escuchar, defender ideas. Y, sobre todo, no ceder el espacio público a quienes quieren vaciarlo.

    La democracia no se defiende sola. Y cuando el desprecio por la política se convierte en norma, quienes quieren gobernar sin reglas, sin representación y sin diálogo, encuentran el camino libre. Por eso, ante la desafección y el cinismo, la respuesta no puede ser el silencio. La respuesta es más política. Más participación. Más compromiso.

    Porque si dejamos de creer en la democracia, no es la política la que pierde. Somos nosotros.