La guerra de los caños entre Techint y el gobierno no tiene más combates. El consorcio Southern Energy S.A (SESA) ya firmó el contrato con Welspun, la empresa india que construirá, con materia prima china, los caños para los 480 kilómetros de gasoducto del proyecto Argentina LNG, que unirán Vaca Muerta con el Golfo San Matías, donde estarán los dos buques de licuefacción Hilli Episeyo y MKII.
La empresa que conduce Paolo Rocca tiene posición dominante en Argentina al ser la única capaz de construir tubos de más de 30 pulgadas sin costura y no perdió ninguna licitación de este tipo de proyectos en los últimos 70 años. Por lo que es una novedad en el sector, que Tenaris no sea parte de una iniciativa de semejante envergadura.
La historia contará que Southern Energy recibió 15 ofertas de proveedores locales, europeos y asiáticos, seis avanzaron tras la aprobación técnica: cuatro de compañías de China, la de Welspun y la de Tenaris. La del consorcio indio fue la de mejor precio, Techint tuvo el apoyo de YPF y Pampa, el 45% accionario de SESA, para mejorar su oferta, pero el 55% de PAE, Golar y Harbour Energy rechazaron la moción, según publicó Econojournal. La firma nacional hizo un intento para poder seguir en carrera con first refusal sin efecto alguno y la licitación se cerró.
Desde la empresa argentina explicaron que su propuesta incluía tareas logísticas, aranceles, tasa estadística y otros gastos, que no estaban contemplados en las demás oferentes. Luego de conocida la adjudicación, la empresa del grupo Rocca planteó la posibilidad de presentar un recurso judicial por antidumping, competencia desleal.
La respuesta del gobierno fue tajante: «No vamos a pagar más caro los caños». Welspun puso un precio de 203 millones de dólares, Tenaris hizo una primera oferta un 40% más cara, que redujo en 30 millones de dólares y luego un poco más, pero seguía siendo un 25% más caro. Un empresario local dijo a VacaMuerta.ar: «El proyecto termina siendo más barato».
Hay dos posturas: la de favorecer a la industria nacional y la de aceptar la mejor oferta para reducir costos. Ambas entran en tensión con protagonistas claros: Paolo Rocca y Tenaris, el principal fabricante de tubos a nivel mundial. de un lado y Javier Milei, Federico Sturzenegger y el consorcio SASE del otro. «Don Chatarrín de los Tubitos Caros», definió el presidente al empresario a través de su cuenta de X.
En el ring
Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado, fue quien tiró la primera piedra, y la más directa, y defendió la decisión de no darle la licitación de los caños del proyecto de GNL a Techint, pese a tratarse de un proveedor nacional, al señalar que su oferta fue un 40% más cara que la de la competencia internacional.
Según el funcionario, adjudicar en esas condiciones sería indefendible: mayores costos de insumos reducen la rentabilidad del proyecto, desincentivan inversiones, limitan la creación de empleo y pueden terminar trasladándose a precios más altos de la energía para empresas y consumidores. En ese marco, cuestionó la lógica del “compre nacional” y la asoció al llamado “costo argentino”.
Sturzenegger también argumentó que la importación de insumos más baratos tiene efectos macroeconómicos positivos, ya que genera exportaciones compensatorias y mejora la competitividad de otros sectores. Para el ministro, cerrar la economía o aceptar sobrecostos productivos consolida décadas de estancamiento, y va en contra de una estrategia de apertura y eficiencia necesaria para que Vaca Muerta sea viable en el largo plazo.
Finalmente, rechazó la posibilidad de otorgarle a Techint un derecho de “first refusal” tras la licitación. A su entender, cambiar al proveedor luego de conocer las ofertas socavaría la credibilidad del proceso licitatorio, ahuyentaría futuros competidores y terminaría encareciendo los costos del sector. En su conclusión, planteó que el desarrollo de Vaca Muerta requiere respetar reglas claras y contratos, priorizar la competencia y pensar estratégicamente a largo plazo para construir una industria energética competitiva y sostenible. «Es mucho más negocio para todos que esta industria crezca competitiva y sana», concluyó y cerró con el típico ¡VLLC!
En la vereda de enfrente, desde el sector empresarial se preguntan hasta donde la apertura mejora las oportunidades y hasta que punto afecta la industria nacional y cuál es el modelo de desarrollo una economía desarrollista con valor agregado o una primarización basada en los recursos naturales. En este caso particular, aparece un condimento extra que la posibilidad que lleguen insumos de bajo costo con subsidios o ventajas comparativas que no se dan en la producción local, que no solo distorsiona la competencia legítima, sino que amenaza la sustentabilidad de plantas industriales argentinas y los empleos asociados.
En ese sentido, el analista energético, Juan José Carbajales dijo que en algún punto la decisión va a contramano del mundo. «Vemos respuesta nacionales en política industrial. Lo hace Donald Trump, lo hace Brasil en la región, tienen amortiguadores sobre productos de Asia», añadió y remarcó que el impacto en el costo social y productivo es alto, por el precedente que puede sentar para empresas más pequeñas y pymes.
Leonardo Brkusic, director ejecutivo del Grupo Argentino de Proveedores Petroleros, señaló en una entrevista con Radio con Vos que es un escenario complejo y que sería bueno que el caso Techint sirva para tener discusiones más grandes sobre política industrial y en la cual las posturas no sean cerradas. «Es triste ver que un ministro se mofa cuando una empresa argentina pierde una licitación», añadió.
«Desearíamos, como pymes, que esos caños sean producidos en el país. El gobierno hoy por hoy no tiene en agenda una percepción de política industrial y que se entiende por desarrollo», dijo el empresario y agregó que hay poca actividad para el sector pyme y mucho menos poder de negociación ante una política que perdió terreno y ya no cuenta ni con un organismo que organice el sector tras el cierre de la subsecretaria de pequeñas y medias empresa. «No se ve un intención de atender la situación», indicó.
Para Brkusic el cambio de reglas y el RIGI afectan a los empresarios y productores locales que tiene beneficios y exenciones que, si bien potencian la industria, complican al sector industrial nacional. En ese sentido, el líder del GAPP reveló que e 17% de las pequeñas y medianas empresas despidieron personal en 2025, pero resaltó que la expectativa para 2026 con Vaca Muerta es grande porque el mercado se va a mover mucho.
Por último, el representa industrial dijo que es una mirada corta la de pensar en el precio sin analizar como se afecta a la industria local y al empleo. «En el RIGI no se contempló el valor agregado nacional. Argentina tiene la capacidad generada, es uno de los 20 países del mundo con la tecnología necesaria para producir valor agregado», concluyó.
La brecha entre el libre comercio y el proteccionismo es amplio, tiene matices que imperan en el mundo, incluso Estados Unidos y China manejan esos grises de manera constante. En el medio hay un consenso mínimo —pero estratégico— en el que se juega buena parte del futuro del proyecto. Vaca Muerta ya demostró que puede producir más hidrocarburos y atraer inversiones globales; ahora el desafío es más profundo y estructural.
Convertir ese potencial en una palanca de desarrollo que trascienda a Neuquén, que dinamice proveedores locales, escale capacidades industriales y articule al sistema científico-tecnológico nacional. Sin esa capa de integración y valor agregado, el shale corre el riesgo de quedar reducido a un enclave extractivo exitoso, pero insuficiente para transformar de manera duradera la economía argentina.
GNL y más
El Argentina LNG seguirá avanzando, ya con los caños, ahora resta la adjudicación de las obras, las plantas y terminales, que se esperan se lancen en marzo y comiencen en el segundo semestre. Acá se espera otra batalla, pero hay una oportunidades para las empresas locales de todos los tamaños. Además, en febrero podría haber anuncios respecto de nuevos socios comerciales, que se sumen a Eni y ADNOC.
Techint, por su parte, no se quedó con las manos vacías y se aseguró la licitación para la construcción del Duplicar Norte, un oleoducto de Oldelval de 209 kilómetros que unirá la estación de bombeo Auca Mahuida, en Neuquén, con la estación Allen, en Río Negro, integrándose al sistema troncal ya existente y al proyecto VMOS.
Esta obra permitirá ampliar de 20.000 a 55.000 m³/d la capacidad de transporte del sistema que deriva en el Vaca Muerta Oil Sur y en su primera etapa, prevista para fines de 2026 o comienzos de 2027, permitirá transportar hasta 220.000 barriles de crudo por día.
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