Quien recorre las calles de Neuquén puede cruzarse con un joven que parece haber vivido varias vidas en apenas tres décadas. Maximiliano Villalobos, a sus 30 años, encarna la dualidad de muchos en la Confluencia: la formación técnica orientada al petróleo, el rigor del campo en Vaca Muerta y el deseo latente de una expresión propia que no entiende de mamelucos ni de turnos rotativos. Esta es la historia de un técnico en hidrocarburos que atravesó el duelo de perder a su padre, enfrentó la soledad de la meseta y utilizó los ingresos de una de las industria más duras del país para cimentar su verdadero refugio: una barbería que se convirtió en marca registrada y una carrera musical que empieza a sonar con fuerza propia.
La música apareció primero, casi como un juego de infancia. A los nueve años, un regalo de su padre marcó el inicio de todo: una guitarra. Ese instrumento funcionó como la llave de entrada a un mundo de sonidos que Maxi exploró en la escuela de música y, sobre todo, en la pequeña iglesia donde sus abuelos lo llevaban de la mano. Allí, entre bancos de madera y cánticos, aprendió los secretos del teclado y educó la voz.
Sin embargo, en el Alto Valle, los sueños suelen tener una forma técnica. Por consejo paterno y por una curiosidad natural hacia la electrónica y las herramientas, cursó sus estudios secundarios en la EPET 7. Esa institución funciona como un semillero; una brújula que apunta directamente hacia los yacimientos de gas y petróleo que sostienen la economía regional.
El joven entendió temprano que el secundario resultaba insuficiente para perforar el blindaje de las grandes operadoras. Con la meta clara de ingresar a la industria, redobló la apuesta y se inscribió en el IFES, donde obtuvo el título de Técnico Superior en Hidrocarburos. Entre cursos de perforación y fractura, el joven neuquino forjó un currículum sólido que finalmente dio frutos cuando Halliburton le abrió las puertas. Pero el destino guardaba una carta inesperada: la pandemia de COVID-19 paralizó el mundo apenas él comenzaba a caminar los pozos. El confinamiento lo mandó de vuelta a casa y lo obligó a una reinvención forzosa.
En ese encierro, mientras el petróleo perdía valor y las cuadrillas se reducían, Maxi tomó las tijeras. Lo que comenzó como un favor para su hermano se transformó en un oficio itinerante. Cortó el pelo a domicilio, transformó rincones de su casa y aprendió que la independencia tenía un sabor distinto. En paralelo, el joven que vivía solo desde los 22 años dedicó sus manos a la construcción. En el quincho que su padre le cedió, levantó paredes, realizó instalaciones eléctricas, tendió cañerías de gas y configuró su propio hogar. Esa etapa de constructor y barbero artesanal fue el preludio de la tormenta más dura que le tocó enfrentar.
El año 2022 marcó un quiebre definitivo. Su padre, quien trabajaba como enfermero en los yacimientos, se descompensó gravemente durante un franco. Un tumor de páncreas galopante consumió su salud en apenas tres meses. Maximiliano lo acompañó hasta el final, viendo partir a su referente a los 49 años.
Esa tragedia natural, lejos de paralizarlo, le quitó el miedo. El dolor actuó como un catalizador: si había perdido lo más importante, ya no quedaba espacio para el temor al fracaso empresarial. Con esa nueva filosofía de vida, ingresó finalmente al corazón de Vaca Muerta. Trabajó en el sector de fracturas para Tenaris y luego se desempeñó en coiled tubing para Superior Energy.
El paso por la industria resultó una experiencia de contrastes profundos. el técnico habitó la soledad del campo mientras atravesaba el duelo. En el silencio de la meseta, recordaba las advertencias de su padre sobre los peligros de la actividad y las inclemencias del clima. El viento, la nieve y las jornadas interminables lejos de los afectos pusieron a prueba su temple. Sin embargo, el petróleo se convirtió en el gran financista de sus sueños. Cada peso ganado con el esfuerzo del operario se transformó en un sillón de barbería, en un espejo, en máquinas de corte de última generación y en instrumentos musicales.
En enero de 2023, con una economía nacional que crujía y un dólar inestable, Maxi decidió apostar todo. Inauguró «Barbermax«, uniendo su oficio con su nombre. El negocio creció con una velocidad que lo sorprendió. Cuando los ingresos de la barbería le dieron estabilidad, tomó la decisión de hacer un «stand-by» en la industria. No lo siente como una renuncia definitiva, sino como una pausa necesaria para dedicarse a lo propio. Hoy, Barbermax cuenta con cuatro barberos, una clientela fiel y un reconocimiento creciente en las redes sociales que lo posiciona como un referente en la capital neuquina.
Pero la historia no termina en el filo de una navaja. La música, ese primer amor de los nueve años, regresó para reclamar su lugar. Bajo el nombre artístico de «Maxi El Barber«, comenzó a grabar canciones propias y reversiones que fusionan el romanticismo con el ritmo de la cumbia. Artistas como Cristian Castro o Luciano Pereyra encuentran una nueva vida en su voz, ahora procesada en estudios de grabación profesionales. Su objetivo para este año apunta a la composición original, buscando ese estilo romántico que lo conecta con sus raíces y con la memoria de su familia.
Ver esta publicación en Instagram
Maximiliano Villalobos mira hoy el horizonte de Neuquén con la satisfacción de quien domina su destino. Agradece a la industria petrolera por las enseñanzas, por la disciplina y, sobre todo, por el capital que le permitió levantar su propio imperio. Mientras proyecta la apertura de una segunda sucursal de su barbería y planea sus próximos lanzamientos musicales, deja la puerta de los yacimientos entornada, pero sus pies permanecen firmes sobre el escenario y el salón de corte. Su vida demuestra que, incluso en la tierra del oro negro, los sueños más brillantes son aquellos que uno mismo se encarga de pulir.







