Etiqueta: Jeremías Benjamín

  • Del básquet en Pacífico a un escenario en Francia: un neuquino, finalista de un premio de innovación

    Del básquet en Pacífico a un escenario en Francia: un neuquino, finalista de un premio de innovación

    Era el 30 de enero y Jeremías estaba por irse del trabajo cuando recibió un mail. Llevaba meses esperando una respuesta que, a esa altura, ya daba por perdida. Del otro lado, desde Francia le avisaban que su proyecto de fertilizante inteligente era finalista de un premio internacional de innovación.

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    Jeremías Benjamín tiene 29 años. Nació y creció en Neuquén, en el barrio Mudón. Se recibió de Licenciado en Biotecnología y actualmente hace su doctorado en biología en el Instituto de Investigaciones Biológicas de la Universidad Nacional de Mar del Plata, becado por el CONICET.

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    El 2 de abril va a pararse ante 300 personas en Saint-Malo, al norte de Francia, para presentar NanoQlay: un fertilizante de liberación lenta de nitrógeno fabricado a partir de residuos de langostino patagónico. Es el único argentino en competencia y probablemente el más joven de los finalistas.

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    El camino hacia la biotecnología

    Jeremías dio sus primeros pasos en el Jardín Escondido de Alta Barda, la primaria en la Escuela 201 y se recibió de técnico químico en la EPET 14. Los tiempos libres pertenecían al Club Pacífico, donde jugó al básquet desde las categorías infantiles hasta primera. A los 19 años, sin tener claro qué estudiar, se fue a Córdoba.

    La Universidad Nacional de Córdoba ofrecía los primeros dos años comunes a varias carreras, lo que le daba tiempo para decidir. Le gustaban la química y la bioquímica, pero algo no terminaba de convencerlo. La respuesta llegó de manera inesperada: en la residencia donde vivía ese primer año, conoció a unos chicos de Barcelona que estudiaban biotecnología en España.

    «Ahí fue la primera vez que escuché la carrera», recuerda. Empezó a investigar, se fue desencantando de la bioquímica más clásica y cuando terminó el segundo año la carrera de Biotecnología acababa de abrir en la UNC. Se anotó. Egresó en 2021 junto a una camada de apenas 18 o 19 graduados: los primeros biotecnólogos de esa universidad.

    Mar del Plata y el CONICET

    Después de recibirse volvió a Neuquén unos meses. Consiguió una beca del CONICET en un grupo de investigación de Mar del Plata y en marzo de 2022 se instaló en esa ciudad para comenzar su doctorado. Hoy trabaja en el Instituto de Investigaciones Biológicas y en colaboración con el INTEMA (Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales), también de doble dependencia.

    Su tesis se centra en el estudio de nanoarcillas aplicadas al agro. Para entenderlo sin título universitario: las arcillas tienen una estructura natural de capas apiladas y en el espacio entre esas capas se pueden insertar distintas moléculas. «Uno puede hacer como un juego de intercambiar las moléculas que están ahí adentro», explica Jeremías.

    A pesar de que Jeremías es la cabeza del proyecto, cuenta con la ayuda de sus dos directoras: Yamila Mancilla, del área de biología, y Romina Olivier, del área de materiales. También sumaron al equipo de Noelia Foresi, especialistas en nitrógeno, que ayudaron a destrabar una parte de los experimentos que durante un tiempo se había estancado.

    Del océano al campo

    El proyecto que Jeremías va a presentar en Francia se llama NanoQlay: un compuesto de quitosano y nanoarcilla diseñado como fertilizante inteligente de alta eficiencia. El quitosano es un polímero que se puede obtener de las cáscaras de langostino, un residuo que en la costa de Chubut se descarta a cielo abierto y genera problemas ambientales serios, incluso para las ballenas francas.

    El problema que intenta resolver es concreto: con los fertilizantes tradicionales a base de urea, la planta no absorbe todo lo que se aplica. Una parte importante se filtra hacia las napas subterráneas o se volatiliza al aire, generando contaminación en el suelo, el agua y los ecosistemas marinos. Al usar nanoarcillas, el nitrógeno se libera de forma controlada y gradual, reduciendo tanto el desperdicio como el impacto ambiental.

    La lógica circular del proyecto es uno de sus puntos más fuertes. Los residuos de langostino que hoy son un problema en el litoral patagónico podrían convertirse en materia prima del fertilizante. El nitrógeno que lo carga podría obtenerse de aguas residuales. «La posibilidad de incorporar economía circular en varias etapas del proceso está», dice Jeremías. «Termina siendo como una especie de fertilizante más ecológico que lo que se aplica hoy en día”, explica.

    La oportunidad de viajar a Francia

    En octubre del año pasado Jeremías mandó el proyecto a la convocatoria del Grupo Roullier, una empresa francesa con presencia en varios países, entre ellos Argentina. La temática de la edición 2025-2026 era «del océano al campo», y NanoQlay encajaba justo: langostino del mar, aplicación en la agricultura. Mandó el formulario y esperó.

    Enero llegó y pasó casi sin noticias. Tenían puesto en el calendario que los finalistas se anunciaban ese mes, y cuando ya estaba terminando, Jeremías lo daba por perdido. El 30 de enero, justo cuando se estaba por ir del trabajo, llegó el mail con las felicitaciones: era finalista en la categoría joven talento, dedicada a estudiantes e investigadores en etapas tempranas.

    El evento final se realiza el 2 de abril en Saint-Malo. Viaja solo ya que la empresa dispuso que solo participara el líder de cada proyecto. El día anterior los finalistas recorrerán el centro de innovación del Grupo Roullier, donde hay invernaderos de última generación y equipos industriales para producción de fertilizantes. En caso de ganar, el premio incluye financiamiento para continuar el proyecto y asesoramiento directo de la empresa.

    Para Jeremías, el resultado no es lo único que importa. «Incluso si no gano, uno nunca sabe a quién le puede interesar la idea y con quién puede hacer contacto en ese tipo de lugares», dice. «Es una gran oportunidad”.

    El corazón en Neuquén

    A pesar de los estudios y las responsabilidades, Jeremías todavía encuentra tiempo para el deporte y practica MMA de forma amateur. Toda su vida tuvo esa experiencia de prepararse para una instancia competitiva y dice que ahora, por primera vez, la vive desde un lugar completamente distinto. «Lo tomo con la misma emoción y las mismas ganas de ir y ganar«, dice. «Me siento con esa responsabilidad de representar.»

    «Represento al país, a Neuquén, a mi instituto, al CONICET», dice. Eso es lo que le da espalda cuando tiene que pararse solo ante gente con mucha trayectoria industrial. No va a Saint-Malo como un extraño: va respaldado por todo lo que construyó a lo largo de sus 29 años.

    Su ciudad siempre está presente. Tiene a su familia, amigos, y sigue de cerca lo que pasa en el Club Pacífico. Aún no tiene claro si regresará a vivir a Neuquén, pero ve potencial en el Alto Valle y le encantaría que hubiera más desarrollo relacionado a su temática: las manzanas, las peras, los cultivos nuevos. «Estaría bueno que hubiera más iniciativas que apunten a más al agro, no solo al petróleo«, dice. «Creo que en Neuquén están las capacidades para generar buenas ideas y buenos proyectos.»

    Con todo eso detrás, el viaje a Francia adquiere otro peso. El 2 de abril, a miles de kilómetros del barrio Mudón, del Club Pacífico y de la costa patagónica donde se descarta el langostino, Jeremías va a intentar convencer al mundo de que esos residuos pueden cambiar la forma en que se fertiliza el campo: solo, pero con el apoyo de todo un país.

  • El joven neuquino que viajará a Francia para presentar un innovador proyecto

    El joven neuquino que viajará a Francia para presentar un innovador proyecto

    Jeremías Benjamín, un joven becario doctoral del Conicet, viajará a fin de mes a Francia para presentar su proyecto “NanoQlay: un compuesto de quitosano-nanoarcilla en un fertilizante inteligente de alta eficiencia” y competir en los Premios de Innovación Roullier 2025-2026. El joven de 29 años nació en Neuquén y estudió en el sistema público provincial. Hoy es una promesa en el mundo académico y de investigación.

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    Benjamín vivió hasta los 19 años en Neuquén capital, luego continuó sus estudios universitarios en Córdoba y actualmente está radicado en Mar del Plata. Es licenciado en Biotecnología y se desempeña en el Instituto de Investigaciones Biológicas, dependiente de la Universidad Nacional de Mar del Plata y del Conicet.

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    Su propuesta apunta al desarrollo de un fertilizante multifuncional que permita mejorar la eficiencia en el uso de nutrientes en los cultivos y, al mismo tiempo, promover esquemas de economía circular mediante la recuperación de nitratos presentes en aguas residuales.

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    En sus palabras: “Trabajamos con arcillas, aprovechando su estructura de láminas unas encima de otras; adentro de esas láminas hay ciertas moléculas y lo que hacemos es elegir qué moléculas poner ahí, y en este caso incorporamos quitosano, que se puede extraer de la cáscara de langostino, un residuo de la industria pesquera”. De esta manera, se aprovecha un deshecho para beneficio de la agricultura.

    Arcilla para fertilizantes super-eficientes

    El proyecto introduce un material basado en nanoarcillas diseñado para capturar y liberar nitratos de forma controlada, con el objetivo de reducir las pérdidas de nitrógeno que suelen producirse con los fertilizantes tradicionales. Estas pérdidas no solo disminuyen la eficiencia agronómica, sino que también pueden generar impactos ambientales al filtrarse hacia napas de agua o alcanzar ecosistemas marinos.

    La propuesta se vincula con la edición 2025-2026 de los Premios de Innovación Roullier, orientada a proyectos que conecten el océano con la agricultura o la nutrición animal. “La temática de este año era del océano al campo, por eso también pensamos en los langostinos: algo que viene del océano y que termina teniendo una aplicación en la agricultura”, señaló.

    En la categoría talento joven, el proyecto argentino compite con iniciativas de Italia, Portugal y Brasil. El proyecto se enmarca en un enfoque de bioeconomía y economía circular. “La idea es armar proyectos que encajen en esquemas más circulares, donde se puedan aprovechar residuos de otras industrias y minimizar los desechos”, agregó.

    La investigación forma parte de su tesis doctoral, centrada en el estudio de nanoarcillas aplicadas al agro. El trabajo se desarrolla de manera colaborativa entre distintos grupos de investigación del Instituto de Investigaciones Biológicas y del Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (Intema).

    “Yo trabajo en el Instituto de Biología, pero lo hacemos en conjunto con el Intema. Tengo una directora de biología y otra del área de materiales. El proyecto fue colaborativo entre dos institutos y tres grupos de investigación, porque también participó un equipo que trabaja específicamente con nitrógeno y nos ayudó con algunos experimentos”, explicó.

    El viaje a Francia

    La instancia final será el 2 de abril en Saint Malo, Francia, donde los finalistas presentarán sus proyectos ante un jurado internacional durante un evento del grupo Roullier. “Viajo a fines de marzo y lo presentamos el 2 de abril. Es un evento empresarial con un jurado internacional y ese mismo día se anuncian los ganadores”, detalló.

    Consultado sobre la previa, manifestó: “Estoy preparando la presentación. Yo vengo del mundo más académico y esto es más una presentación de negocios, así que hay que afinar cuestiones a las que uno no está tan acostumbrado”. No obstante, destacó el valor de la experiencia más allá del resultado: “Ya la oportunidad de viajar y mostrar el proyecto es muy valiosa. Incluso si no gana, puede haber gente interesada y eso permite ampliar redes de colaboración”.

    Su vida en Neuquén

    Jeremías nació en Neuquén, cursó sus estudios en el sistema público de la provincia y luego continuó en la Universidad Nacional de Córdoba, donde integró la primera camada de egresados de la carrera de Biotecnología. “Viví casi toda mi vida en Neuquén hasta que me fui a estudiar a los 19 años. Siempre es una ciudad a la que vuelvo, tengo a mi familia y muchos amigos ahí”, contó.

    También recordó su paso por las escuelas neuquinas: “Fui al jardín en Alta Barda, a la primaria en la Escuela 201 y egresé de la EPET 14”. Neuquén “es una ciudad que me encanta y que cada vez que vuelvo la veo distinta, porque cambia muchísimo”, recordó. Además, mantiene su vínculo con el club donde jugó durante años: “Jugué al básquet en el Club Pacífico, así que siempre sigo lo que va pasando en el club”.

  • El joven neuquino que viajará a Francia para presentar un innovador proyecto

    Jeremías Benjamín, un joven becario doctoral del Conicet, viajará a fin de mes a Francia para presentar su proyecto “NanoQlay: un compuesto de quitosano-nanoarcilla en un fertilizante inteligente de alta eficiencia” y competir en los Premios de Innovación Roullier 2025-2026. El joven de 29 años nació en Neuquén y estudió en el sistema público provincial. Hoy es una promesa en el mundo académico y de investigación.

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    Benjamín vivió hasta los 19 años en Neuquén capital, luego continuó sus estudios universitarios en Córdoba y actualmente está radicado en Mar del Plata. Es licenciado en Biotecnología y se desempeña en el Instituto de Investigaciones Biológicas, dependiente de la Universidad Nacional de Mar del Plata y del Conicet.

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    Su propuesta apunta al desarrollo de un fertilizante multifuncional que permita mejorar la eficiencia en el uso de nutrientes en los cultivos y, al mismo tiempo, promover esquemas de economía circular mediante la recuperación de nitratos presentes en aguas residuales.

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    En sus palabras: “Trabajamos con arcillas, aprovechando su estructura de láminas unas encima de otras; adentro de esas láminas hay ciertas moléculas y lo que hacemos es elegir qué moléculas poner ahí, y en este caso incorporamos quitosano, que se puede extraer de la cáscara de langostino, un residuo de la industria pesquera”. De esta manera, se aprovecha un deshecho para beneficio de la agricultura.

    Arcilla para fertilizantes super-eficientes

    El proyecto introduce un material basado en nanoarcillas diseñado para capturar y liberar nitratos de forma controlada, con el objetivo de reducir las pérdidas de nitrógeno que suelen producirse con los fertilizantes tradicionales. Estas pérdidas no solo disminuyen la eficiencia agronómica, sino que también pueden generar impactos ambientales al filtrarse hacia napas de agua o alcanzar ecosistemas marinos.

    La propuesta se vincula con la edición 2025-2026 de los Premios de Innovación Roullier, orientada a proyectos que conecten el océano con la agricultura o la nutrición animal. “La temática de este año era del océano al campo, por eso también pensamos en los langostinos: algo que viene del océano y que termina teniendo una aplicación en la agricultura”, señaló.

    En la categoría talento joven, el proyecto argentino compite con iniciativas de Italia, Portugal y Brasil. El proyecto se enmarca en un enfoque de bioeconomía y economía circular. “La idea es armar proyectos que encajen en esquemas más circulares, donde se puedan aprovechar residuos de otras industrias y minimizar los desechos”, agregó.

    La investigación forma parte de su tesis doctoral, centrada en el estudio de nanoarcillas aplicadas al agro. El trabajo se desarrolla de manera colaborativa entre distintos grupos de investigación del Instituto de Investigaciones Biológicas y del Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (Intema).

    “Yo trabajo en el Instituto de Biología, pero lo hacemos en conjunto con el Intema. Tengo una directora de biología y otra del área de materiales. El proyecto fue colaborativo entre dos institutos y tres grupos de investigación, porque también participó un equipo que trabaja específicamente con nitrógeno y nos ayudó con algunos experimentos”, explicó.

    El viaje a Francia

    La instancia final será el 2 de abril en Saint Malo, Francia, donde los finalistas presentarán sus proyectos ante un jurado internacional durante un evento del grupo Roullier. “Viajo a fines de marzo y lo presentamos el 2 de abril. Es un evento empresarial con un jurado internacional y ese mismo día se anuncian los ganadores”, detalló.

    Consultado sobre la previa, manifestó: “Estoy preparando la presentación. Yo vengo del mundo más académico y esto es más una presentación de negocios, así que hay que afinar cuestiones a las que uno no está tan acostumbrado”. No obstante, destacó el valor de la experiencia más allá del resultado: “Ya la oportunidad de viajar y mostrar el proyecto es muy valiosa. Incluso si no gana, puede haber gente interesada y eso permite ampliar redes de colaboración”.

    Su vida en Neuquén

    Jeremías nació en Neuquén, cursó sus estudios en el sistema público de la provincia y luego continuó en la Universidad Nacional de Córdoba, donde integró la primera camada de egresados de la carrera de Biotecnología. “Viví casi toda mi vida en Neuquén hasta que me fui a estudiar a los 19 años. Siempre es una ciudad a la que vuelvo, tengo a mi familia y muchos amigos ahí”, contó.

    También recordó su paso por las escuelas neuquinas: “Fui al jardín en Alta Barda, a la primaria en la Escuela 201 y egresé de la EPET 14”. Neuquén “es una ciudad que me encanta y que cada vez que vuelvo la veo distinta, porque cambia muchísimo”, recordó. Además, mantiene su vínculo con el club donde jugó durante años: “Jugué al básquet en el Club Pacífico, así que siempre sigo lo que va pasando en el club”.

  • Innovador neuquino que presenta un fertilizante inteligente

    Innovador neuquino que presenta un fertilizante inteligente

    La historia de Jeremías Benjamín es la de un joven neuquino que pasó de las aulas del sistema público provincial a uno de los escenarios internacionales más exigentes en materia de innovación científica.

    Con apenas 29 años, el becario doctoral del Conicet viajará a fin de mes a Francia para competir en la final de los Premios de Innovación Roullier 2025-2026, donde presentará su proyecto “NanoQlay: un compuesto de quitosano-nanoarcilla en un fertilizante inteligente de alta eficiencia”. Allí se medirá con iniciativas de Italia, Portugal y Brasil en la categoría Talento Joven.

    Su propuesta busca desarrollar un fertilizante multifuncional capaz de mejorar la eficiencia en el uso de nutrientes en los cultivos y, al mismo tiempo, reducir el impacto ambiental. “Trabajamos con arcillas, aprovechando su estructura de láminas unas encima de otras. Dentro de esas láminas se pueden colocar moléculas específicas y en este caso incorporamos quitosano, que se puede extraer de la cáscara de langostino, un residuo de la industria pesquera”, explicó Benjamín.

    De esta manera, un desecho del océano puede convertirse en un aliado para la producción agrícola.

    “Viví casi toda mi vida en Neuquén hasta que me fui a estudiar a los 19 años. Siempre es una ciudad a la que vuelvo, tengo a mi familia y muchos amigos ahí”, contó.

    Un fertilizante más eficiente y sustentable

    El proyecto introduce un material basado en nanoarcillas diseñado para capturar y liberar nitratos de forma controlada. El objetivo es reducir las pérdidas de nitrógeno que suelen producirse con los fertilizantes tradicionales.

    Ese desperdicio no solo afecta la productividad de los cultivos, sino que también puede provocar contaminación cuando los nutrientes se filtran hacia napas de agua o ecosistemas marinos.

    La propuesta se alinea con la temática de la edición 2025-2026 del certamen, centrada en proyectos que conecten el océano con la agricultura o la nutrición animal. “La temática de este año era ‘del océano al campo’, por eso también pensamos en los langostinos: algo que viene del océano y termina teniendo una aplicación en la agricultura”, señaló.

    El desarrollo forma parte de su tesis doctoral y se lleva adelante en el Instituto de Investigaciones Biológicas de la Universidad Nacional de Mar del Plata y el Conicet, en colaboración con el Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (Intema).

    “Yo trabajo en el Instituto de Biología, pero lo hacemos en conjunto con el Intema. El proyecto fue colaborativo entre dos institutos y tres grupos de investigación”, explicó.

    El proyecto del joven neuquino introduce un material basado en nanoarcillas diseñado para capturar y liberar nitratos de forma controlada, con el objetivo de reducir las pérdidas de nitrógeno que suelen producirse con los fertilizantes tradicionales.

    El desafío de presentar ciencia como negocio

    La final se realizará el 2 de abril en Saint Malo, Francia, donde los finalistas deberán exponer sus proyectos ante un jurado internacional vinculado al sector empresarial. Para Benjamín, el desafío no es solo científico. “Estoy preparando la presentación. Yo vengo del mundo más académico y esto es más una presentación de negocios, así que hay que afinar cuestiones a las que uno no está tan acostumbrado”, contó.

    Sin embargo, destaca que la experiencia ya representa una oportunidad enorme. “Ya el hecho de viajar y mostrar el proyecto es muy valioso. Incluso si no gana, puede haber gente interesada y eso permite ampliar redes de colaboración”, aseguró.

    Un neuquino que no pierde el vínculo con su ciudad

    Antes de dedicarse a la investigación, la vida de Jeremías transcurrió en Neuquén capital. Vivió allí hasta los 19 años, cuando se trasladó a Córdoba para estudiar Biotecnología en la Universidad Nacional de Córdoba, donde formó parte de la primera camada de egresados de la carrera.

    Su recorrido educativo comenzó en el jardín de Alta Barda, continuó en la Escuela 201 y finalizó en la EPET 14.

    “Viví casi toda mi vida en Neuquén hasta que me fui a estudiar. Siempre es una ciudad a la que vuelvo, tengo a mi familia y muchos amigos ahí”, recordó.

    También conserva un fuerte vínculo con el deporte y con el club donde jugó durante años. “Jugué al básquet en el Club Pacífico, así que siempre sigo lo que va pasando en el club”, comentó.

    Hoy vive en Mar del Plata, donde desarrolla su investigación doctoral, pero cada vez que vuelve a su ciudad natal se sorprende con los cambios. “Neuquén es una ciudad que me encanta y que cada vez que vuelvo la veo distinta, porque cambia muchísimo”, dijo.

  • Joven neuquino presentará un fertilizante ecológico en concurso internacional

    Joven neuquino presentará un fertilizante ecológico en concurso internacional

    Jeremías Benjamín, un joven becario doctoral del Conicet, viajará a fin de mes a Francia para presentar su proyecto “NanoQlay: un compuesto de quitosano-nanoarcilla en un fertilizante inteligente de alta eficiencia” y competir en los Premios de Innovación Roullier 2025-2026. El joven de 29 años nació en Neuquén y estudió en el sistema público provincial. Hoy es una promesa en el mundo académico y de investigación.

    Benjamín vivió hasta los 19 años en Neuquén capital, luego continuó sus estudios universitarios en Córdoba y actualmente está radicado en Mar del Plata. Es licenciado en Biotecnología y se desempeña en el Instituto de Investigaciones Biológicas, dependiente de la Universidad Nacional de Mar del Plata y del Conicet.

    Su propuesta apunta al desarrollo de un fertilizante multifuncional que permita mejorar la eficiencia en el uso de nutrientes en los cultivos y, al mismo tiempo, promover esquemas de economía circular mediante la recuperación de nitratos presentes en aguas residuales.

    En sus palabras: “Trabajamos con arcillas, aprovechando su estructura de láminas unas encima de otras; adentro de esas láminas hay ciertas moléculas y lo que hacemos es elegir qué moléculas poner ahí, y en este caso incorporamos quitosano, que se puede extraer de la cáscara de langostino, un residuo de la industria pesquera”. De esta manera, se aprovecha un deshecho para beneficio de la agricultura.

    El proyecto introduce un material basado en nanoarcillas diseñado para capturar y liberar nitratos de forma controlada, con el objetivo de reducir las pérdidas de nitrógeno que suelen producirse con los fertilizantes tradicionales. Estas pérdidas no solo disminuyen la eficiencia agronómica, sino que también pueden generar impactos ambientales al filtrarse hacia napas de agua o alcanzar ecosistemas marinos.

    La propuesta se vincula con la edición 2025-2026 de los Premios de Innovación Roullier, orientada a proyectos que conecten el océano con la agricultura o la nutrición animal. “La temática de este año era del océano al campo, por eso también pensamos en los langostinos: algo que viene del océano y que termina teniendo una aplicación en la agricultura”, señaló.

    En la categoría talento joven, el proyecto argentino compite con iniciativas de Italia, Portugal y Brasil. El proyecto se enmarca en un enfoque de bioeconomía y economía circular. “La idea es armar proyectos que encajen en esquemas más circulares, donde se puedan aprovechar residuos de otras industrias y minimizar los desechos”, agregó.

    La investigación forma parte de su tesis doctoral, centrada en el estudio de nanoarcillas aplicadas al agro. El trabajo se desarrolla de manera colaborativa entre distintos grupos de investigación del Instituto de Investigaciones Biológicas y del Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (Intema).

    “Yo trabajo en el Instituto de Biología, pero lo hacemos en conjunto con el Intema. Tengo una directora de biología y otra del área de materiales. El proyecto fue colaborativo entre dos institutos y tres grupos de investigación, porque también participó un equipo que trabaja específicamente con nitrógeno y nos ayudó con algunos experimentos”, explicó.

    La instancia final será el 2 de abril en Saint Malo, Francia, donde los finalistas presentarán sus proyectos ante un jurado internacional durante un evento del grupo Roullier. “Viajo a fines de marzo y lo presentamos el 2 de abril. Es un evento empresarial con un jurado internacional y ese mismo día se anuncian los ganadores”, detalló.

    Consultado sobre la previa, manifestó: “Estoy preparando la presentación. Yo vengo del mundo más académico y esto es más una presentación de negocios, así que hay que afinar cuestiones a las que uno no está tan acostumbrado”. No obstante, destacó el valor de la experiencia más allá del resultado: “Ya la oportunidad de viajar y mostrar el proyecto es muy valiosa. Incluso si no gana, puede haber gente interesada y eso permite ampliar redes de colaboración”.

    Su vida en Neuquén

    Jeremías nació en Neuquén, cursó sus estudios en el sistema público de la provincia y luego continuó en la Universidad Nacional de Córdoba, donde integró la primera camada de egresados de la carrera de Biotecnología. “Viví casi toda mi vida en Neuquén hasta que me fui a estudiar a los 19 años. Siempre es una ciudad a la que vuelvo, tengo a mi familia y muchos amigos ahí”, contó.

    También recordó su paso por las escuelas neuquinas: “Fui al jardín en Alta Barda, a la primaria en la Escuela 201 y egresé de la EPET 14”. Neuquén “es una ciudad que me encanta y que cada vez que vuelvo la veo distinta, porque cambia muchísimo”, recordó. Además, mantiene su vínculo con el club donde jugó durante años: “Jugué al básquet en el Club Pacífico, así que siempre sigo lo que va pasando en el club”.