Etiqueta: golpe de 1976

  • Fútbol argentino recuerda a víctimas del golpe de 1976: Nunca Más

    Fútbol argentino recuerda a víctimas del golpe de 1976: Nunca Más

    Este 24 de marzo se cumplen 50 años del inicio del golpe cívico-militar de 1976, los principales clubes del fútbol argentino difundieron mensajes institucionales en conmemoración de las víctimas del terrorismo de Estado y ratificaron su compromiso con la memoria colectiva bajo la consigna “Nunca Más”.

    River Plate recordó la fecha al señalar que “no olvida” y reafirmó su compromiso histórico por la Memoria, la Verdad y la Justicia, en homenaje a los 30 mil desaparecidos. El mensaje cerró con la consigna “Nunca Más”.

    Por su parte, Boca Juniors expresó que mantiene viva la memoria de los 30.000 desaparecidos que dejó la última dictadura militar en la Argentina. A medio siglo del golpe, el club remarcó: “decimos Nunca Más”.

    En tanto, San Lorenzo de Almagro publicó un mensaje centrado en la memoria de sus hinchas desaparecidos: “Están presentes. En el corazón de sus seres queridos. En los sueños que no claudican”, indicó.

    El club destacó el homenaje a Osvaldo Balbi, Carlos Horacio Vivas, José Orlando y Luis Zukerfeld, cuyos familiares gritaron “¡presente!” en la tribuna. El texto cerró con el agradecimiento por compartir el recuerdo y la consigna de Memoria, Verdad y Justicia.

    Independiente también se sumó a la conmemoración y afirmó: “A 50 años del Golpe Cívico-Militar, Independiente dice Nunca Más”. Además, convocó a quienes tengan familiares o conocidos desaparecidos que hayan sido socios del club a comunicarse para restituir sus carnets.

    Por su parte, Racing Club de Avellaneda difundió uno de los mensajes más extensos, con una referencia directa a las ausencias en sus tribunas. “Ese agujero en la tribuna. Y este otro. Y aquel de más allá”, describió el club, al recordar a socios e hinchas desaparecidos como parte de su historia.

    La institución remarcó que el dolor persiste, que aún hay identidades por recuperar y delitos de lesa humanidad que deben seguir siendo juzgados. “Por eso esos rostros nos miran. Por eso esos ojos alientan”, concluyó, con un triple “presentes”.

    Los cinco clubes coincidieron en sostener la memoria activa a medio siglo del golpe y en reforzar el reclamo de verdad y justicia frente a los crímenes de la última dictadura.

  • Río Negro conmemora 50 años del golpe con jornadas de memoria

    Río Negro conmemora 50 años del golpe con jornadas de memoria

    La comunidad rionegrina se reunió en una jornada de reflexión para consolidar el compromiso con la democracia, la verdad y la justicia, al cumplirse 50 años del golpe cívico-militar de 1976. En distintas ciudades se realizaron actos, marchas y actividades culturales que pusieron en valor la memoria colectiva y reafirmaron la consigna histórica del “Nunca Más”.

    En Bariloche, el intendente Walter Cortés encabezó el acto central en el Centro Cívico y destacó que la fecha invita a valorar la democracia y la libertad como pilares de la vida en comunidad. Subrayó que la libertad implica responsabilidad colectiva y llamó a fortalecer la unidad, el diálogo y el trabajo conjunto como camino para construir una ciudad más inclusiva. “Una ciudad crece cuando sus vecinos se sienten parte”, expresó, remarcando que el progreso solo es posible desde la generosidad y el respeto.

    En Bariloche el acto central se realizó en el Centro Cívico, destacando la democracia y la libertad como pilares de la vida comunitaria

    En Viedma, el intendente Marcos Castro lideró la conmemoración en la Municipalidad, acompañado por organizaciones de Derechos Humanos, familiares de víctimas y vecinos. El subsecretario de Derechos Humanos, Juan Manuel Chironi, recordó que “acá también pasó”, aludiendo a las huellas que dejó la dictadura en la comarca. Cielo Talmitte, de la Asociación de Familiares y Víctimas del Terrorismo de Estado, advirtió sobre discursos actuales que invisibilizan procesos estructurales y reivindicó el rol de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo como faros de lucha. Castro, por su parte, llamó a mantener viva la memoria en cada espacio y reafirmó la consigna del “Nunca Más”. La jornada incluyó música en vivo y la inauguración de un mural en homenaje a la campaña “Florecerán Pañuelos”, además de una intervención simbólica en el puente Ferrocarretero con el despliegue de un pañuelo gigante visible desde ambas ciudades.

    En Roca, una multitud se movilizó bajo la consigna de Memoria, Verdad y Justicia. Organismos de Derechos Humanos encabezaron la marcha desde la Plaza Manuel Belgrano, acompañados por vecinos, sindicatos, estudiantes y militancia social. La movilización recorrió el centro de la ciudad, reafirmando el compromiso con los derechos humanos y la memoria histórica.

    En Cipolletti, el acto se realizó en la plaza San Martín, donde se descubrió un nuevo monumento con la frase “Memoria, Verdad y Justicia”. La Asamblea Multisectorial distribuyó material informativo sobre los desaparecidos locales y la marcha avanzó hasta la Comisaría Cuarta, señalada como centro de detención ilegal durante la dictadura. Allí se realizaron intervenciones simbólicas antes de regresar al punto de inicio.

    Cada ciudad aportó su voz y su gesto en una jornada marcada por el respeto y el compromiso colectivo. Río Negro reafirmó que la memoria no es solo recuerdo, sino también guía para construir un presente y un futuro más justo, inclusivo y democrático.

  • Río Negro conmemora 50 años del golpe con jornadas de memoria

    Río Negro conmemora 50 años del golpe con jornadas de memoria

    La comunidad rionegrina se reunió en una jornada de reflexión para consolidar el compromiso con la democracia, la verdad y la justicia, al cumplirse 50 años del golpe cívico-militar de 1976. En distintas ciudades se realizaron actos, marchas y actividades culturales que pusieron en valor la memoria colectiva y reafirmaron la consigna histórica del “Nunca Más”.

    En Bariloche, el intendente Walter Cortés encabezó el acto central en el Centro Cívico y destacó que la fecha invita a valorar la democracia y la libertad como pilares de la vida en comunidad. Subrayó que la libertad implica responsabilidad colectiva y llamó a fortalecer la unidad, el diálogo y el trabajo conjunto como camino para construir una ciudad más inclusiva. “Una ciudad crece cuando sus vecinos se sienten parte”, expresó, remarcando que el progreso solo es posible desde la generosidad y el respeto.

    En Bariloche el acto central se realizó en el Centro Cívico, destacando la democracia y la libertad como pilares de la vida comunitaria

    En Viedma, el intendente Marcos Castro lideró la conmemoración en la Municipalidad, acompañado por organizaciones de Derechos Humanos, familiares de víctimas y vecinos. El subsecretario de Derechos Humanos, Juan Manuel Chironi, recordó que “acá también pasó”, aludiendo a las huellas que dejó la dictadura en la comarca. Cielo Talmitte, de la Asociación de Familiares y Víctimas del Terrorismo de Estado, advirtió sobre discursos actuales que invisibilizan procesos estructurales y reivindicó el rol de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo como faros de lucha. Castro, por su parte, llamó a mantener viva la memoria en cada espacio y reafirmó la consigna del “Nunca Más”. La jornada incluyó música en vivo y la inauguración de un mural en homenaje a la campaña “Florecerán Pañuelos”, además de una intervención simbólica en el puente Ferrocarretero con el despliegue de un pañuelo gigante visible desde ambas ciudades.

    En Roca, una multitud se movilizó bajo la consigna de Memoria, Verdad y Justicia. Organismos de Derechos Humanos encabezaron la marcha desde la Plaza Manuel Belgrano, acompañados por vecinos, sindicatos, estudiantes y militancia social. La movilización recorrió el centro de la ciudad, reafirmando el compromiso con los derechos humanos y la memoria histórica.

    En Cipolletti, el acto se realizó en la plaza San Martín, donde se descubrió un nuevo monumento con la frase “Memoria, Verdad y Justicia”. La Asamblea Multisectorial distribuyó material informativo sobre los desaparecidos locales y la marcha avanzó hasta la Comisaría Cuarta, señalada como centro de detención ilegal durante la dictadura. Allí se realizaron intervenciones simbólicas antes de regresar al punto de inicio.

    Cada ciudad aportó su voz y su gesto en una jornada marcada por el respeto y el compromiso colectivo. Río Negro reafirmó que la memoria no es solo recuerdo, sino también guía para construir un presente y un futuro más justo, inclusivo y democrático.

  • fue un plan sistemático para disciplinar a la sociedad”

    fue un plan sistemático para disciplinar a la sociedad”

    A medio siglo del golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976, la memoria sigue siendo un territorio vivo en Neuquén. No solo por lo ocurrido, sino por la persistencia de quienes sostuvieron la lucha en los años más oscuros y también en democracia. Entre esas voces está la de Sara Mansilla, histórica docente neuquina e integrante de la Asamblea por los Derechos Humanos (APDH), quien reconstruye el clima previo al golpe, el terror cotidiano y la vigencia de una consigna que atraviesa generaciones: memoria, verdad y justicia.

    “No digo que era un golpe anunciado, pero sí había una fuerte sospecha de que las Fuerzas Armadas estaban preparando la ruptura de la democracia”, recuerda Mansilla sobre los días previos al 24 de marzo. En ámbitos políticos, sindicales y sociales ya se percibía un escenario de tensión creciente, enmarcado en un contexto regional atravesado por dictaduras coordinadas.

    Para Mansilla, lo ocurrido no fue un hecho aislado ni improvisado: “Fue un proyecto político, un plan sistemático para escarmentar, castigar y disciplinar a la sociedad”. En ese esquema, explica, se construyó la figura del “enemigo interno”, deshumanizando a militantes y ciudadanos hasta convertirlos en “no personas”. Esa lógica habilitó lo peor: torturas, secuestros y desapariciones.

    “Teníamos miedo, mucho miedo. Hacíamos esfuerzos por disimularlo, pero lo sentíamos todo el tiempo”, describió Mansilla.

    El miedo como forma de vida

    En lo cotidiano, la dictadura se tradujo en miedo. Miedo en las casas, en el trabajo, en la calle. “Teníamos miedo, mucho miedo. Hacíamos esfuerzos por disimularlo, pero lo sentíamos todo el tiempo”, relata.

    Docente de vocación, Mansilla transitaba esos años entre la escuela, la universidad y la vida familiar, con hijos pequeños y una realidad que se volvía cada vez más opresiva. “Sabíamos que se estaban llevando gente, pero al principio creíamos que iban a aparecer. No imaginábamos la magnitud del horror”, confiesa.

    Con el paso del tiempo, y gracias a investigaciones, testimonios y el trabajo periodístico internacional, comenzaron a comprender la dimensión del terrorismo de Estado: centros clandestinos, torturas sistemáticas y desapariciones forzadas. “Esto no era poner orden. Era una crueldad inimaginable”, afirma.

    “Tuvimos un paraguas protector enorme”, dijo Mansilla en relación al accionar del obispo Jaime De Nevares durante la dictadura.

    El rol clave de la Iglesia y la APDH

    En medio de ese escenario, Neuquén tuvo una particularidad: el rol determinante del obispo Jaime de Nevares, quien se convirtió en un faro de protección y contención. “Tuvimos un paraguas protector enorme”, destaca Mansilla.

    De Nevares impulsó la creación de la APDH en Neuquén casi de inmediato tras el golpe, junto a figuras clave como Noemí Labrune. La Catedral se transformó en un espacio de encuentro para familiares desesperados que no encontraban respuestas. “Había que abrir las puertas para que la gente supiera que estábamos”, recuerda. Allí se recibían denuncias, se escuchaban historias y se construía, en medio del terror, una red de contención y resistencia.

    Ese compromiso no estuvo exento de riesgos: la Catedral fue atacada y el propio obispo sufrió amenazas. “Fue un hombre excepcional”, resume Mansilla, al tiempo que marca la diferencia con sectores de la Iglesia que, en otros niveles, fueron cómplices del régimen.

    Las Madres de Plaza de Mayo filial Neuquén y Alto Valle en una de las primeras marchas junto al obispo Jaime De Nevares.

    De la búsqueda a la justicia

    Con el retorno de la democracia comenzó otro proceso largo y complejo: el de la justicia. En Neuquén, los juicios por delitos de lesa humanidad arrancaron en 2008 y continúan hasta hoy.

    Para Mansilla, esos procesos tuvieron un valor profundo: “No es solo lo que dicen los organismos o las familias. Es la Justicia la que establece lo que pasó. Es cosa juzgada”.

    Los testimonios fueron clave, aunque implicaron un enorme esfuerzo emocional para las víctimas y sus familiares. “Había miedo, pero también una necesidad enorme de ser escuchados por los jueces, de decir: ‘esto pasó, hagan justicia’”, señala.

    A pesar del paso del tiempo, los juicios cumplieron un rol reparador y también pedagógico para la sociedad. “Los genocidas tuvieron todas las garantías. Eso también habla de la democracia que construimos”, agrega.

    “Las puertas de la Catedral abiertas en plena dictadura: así nació la resistencia en Neuquén”

    La memoria como construcción activa

    Además de su militancia, Mansilla también aportó desde la escritura con trabajos como “Seis mujeres detenidas desaparecidas en Neuquén”, donde busca humanizar a las víctimas.

    “Había que devolverles su identidad, contar quiénes eran, sus historias, sus vidas”, explica. Mujeres jóvenes, trabajadoras, estudiantes, que fueron arrancadas de sus hogares en el marco del plan represivo.

    La memoria, insiste, no es un ejercicio del pasado: “No es solo recordar. Es para que no vuelva a pasar, para seguir buscando la verdad y para que haya justicia”.

    Noemí Labrune, otra de las figuras emblemáticas en la lucha por los derechos humanos en la región. Ni olvido ni silencio: el legado de la APDH a medio siglo del golpe.

    El 24 de marzo, hoy

    A 50 años del golpe, Mansilla observa con esperanza la participación de las nuevas generaciones. “Las marchas están llenas de jóvenes. Van familias enteras. Eso significa que no hay olvido”, sostiene.

    Lejos de las formas tradicionales, los jóvenes encuentran nuevas maneras de expresar la memoria: murales, música, redes sociales, intervenciones culturales. “Son otras formas, pero lo importante es que el mensaje sigue vivo”, destaca.

    Para la referente de derechos humanos, el desafío actual es sostener una memoria activa, crítica y comprometida con el presente. “Si la gente sigue marchando, es porque sabe lo que pasó y no quiere que se repita”, afirma.

    En ese camino, la consigna sigue intacta, pero resignificada en cada generación: memoria para entender el pasado, verdad para reconstruirlo y justicia para que nunca más vuelva a suceder.

    La entrevista con Sara Mansilla

  • fue un plan sistemático para disciplinar a la sociedad”

    fue un plan sistemático para disciplinar a la sociedad”

    A medio siglo del golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976, la memoria sigue siendo un territorio vivo en Neuquén. No solo por lo ocurrido, sino por la persistencia de quienes sostuvieron la lucha en los años más oscuros y también en democracia. Entre esas voces está la de Sara Mansilla, histórica docente neuquina e integrante de la Asamblea por los Derechos Humanos (APDH), quien reconstruye el clima previo al golpe, el terror cotidiano y la vigencia de una consigna que atraviesa generaciones: memoria, verdad y justicia.

    “No digo que era un golpe anunciado, pero sí había una fuerte sospecha de que las Fuerzas Armadas estaban preparando la ruptura de la democracia”, recuerda Mansilla sobre los días previos al 24 de marzo. En ámbitos políticos, sindicales y sociales ya se percibía un escenario de tensión creciente, enmarcado en un contexto regional atravesado por dictaduras coordinadas.

    Para Mansilla, lo ocurrido no fue un hecho aislado ni improvisado: “Fue un proyecto político, un plan sistemático para escarmentar, castigar y disciplinar a la sociedad”. En ese esquema, explica, se construyó la figura del “enemigo interno”, deshumanizando a militantes y ciudadanos hasta convertirlos en “no personas”. Esa lógica habilitó lo peor: torturas, secuestros y desapariciones.

    “Teníamos miedo, mucho miedo. Hacíamos esfuerzos por disimularlo, pero lo sentíamos todo el tiempo”, describió Mansilla.

    El miedo como forma de vida

    En lo cotidiano, la dictadura se tradujo en miedo. Miedo en las casas, en el trabajo, en la calle. “Teníamos miedo, mucho miedo. Hacíamos esfuerzos por disimularlo, pero lo sentíamos todo el tiempo”, relata.

    Docente de vocación, Mansilla transitaba esos años entre la escuela, la universidad y la vida familiar, con hijos pequeños y una realidad que se volvía cada vez más opresiva. “Sabíamos que se estaban llevando gente, pero al principio creíamos que iban a aparecer. No imaginábamos la magnitud del horror”, confiesa.

    Con el paso del tiempo, y gracias a investigaciones, testimonios y el trabajo periodístico internacional, comenzaron a comprender la dimensión del terrorismo de Estado: centros clandestinos, torturas sistemáticas y desapariciones forzadas. “Esto no era poner orden. Era una crueldad inimaginable”, afirma.

    “Tuvimos un paraguas protector enorme”, dijo Mansilla en relación al accionar del obispo Jaime De Nevares durante la dictadura.

    El rol clave de la Iglesia y la APDH

    En medio de ese escenario, Neuquén tuvo una particularidad: el rol determinante del obispo Jaime de Nevares, quien se convirtió en un faro de protección y contención. “Tuvimos un paraguas protector enorme”, destaca Mansilla.

    De Nevares impulsó la creación de la APDH en Neuquén casi de inmediato tras el golpe, junto a figuras clave como Noemí Labrune. La Catedral se transformó en un espacio de encuentro para familiares desesperados que no encontraban respuestas. “Había que abrir las puertas para que la gente supiera que estábamos”, recuerda. Allí se recibían denuncias, se escuchaban historias y se construía, en medio del terror, una red de contención y resistencia.

    Ese compromiso no estuvo exento de riesgos: la Catedral fue atacada y el propio obispo sufrió amenazas. “Fue un hombre excepcional”, resume Mansilla, al tiempo que marca la diferencia con sectores de la Iglesia que, en otros niveles, fueron cómplices del régimen.

    Las Madres de Plaza de Mayo filial Neuquén y Alto Valle en una de las primeras marchas junto al obispo Jaime De Nevares.

    De la búsqueda a la justicia

    Con el retorno de la democracia comenzó otro proceso largo y complejo: el de la justicia. En Neuquén, los juicios por delitos de lesa humanidad arrancaron en 2008 y continúan hasta hoy.

    Para Mansilla, esos procesos tuvieron un valor profundo: “No es solo lo que dicen los organismos o las familias. Es la Justicia la que establece lo que pasó. Es cosa juzgada”.

    Los testimonios fueron clave, aunque implicaron un enorme esfuerzo emocional para las víctimas y sus familiares. “Había miedo, pero también una necesidad enorme de ser escuchados por los jueces, de decir: ‘esto pasó, hagan justicia’”, señala.

    A pesar del paso del tiempo, los juicios cumplieron un rol reparador y también pedagógico para la sociedad. “Los genocidas tuvieron todas las garantías. Eso también habla de la democracia que construimos”, agrega.

    “Las puertas de la Catedral abiertas en plena dictadura: así nació la resistencia en Neuquén”

    La memoria como construcción activa

    Además de su militancia, Mansilla también aportó desde la escritura con trabajos como “Seis mujeres detenidas desaparecidas en Neuquén”, donde busca humanizar a las víctimas.

    “Había que devolverles su identidad, contar quiénes eran, sus historias, sus vidas”, explica. Mujeres jóvenes, trabajadoras, estudiantes, que fueron arrancadas de sus hogares en el marco del plan represivo.

    La memoria, insiste, no es un ejercicio del pasado: “No es solo recordar. Es para que no vuelva a pasar, para seguir buscando la verdad y para que haya justicia”.

    Noemí Labrune, otra de las figuras emblemáticas en la lucha por los derechos humanos en la región. Ni olvido ni silencio: el legado de la APDH a medio siglo del golpe.

    El 24 de marzo, hoy

    A 50 años del golpe, Mansilla observa con esperanza la participación de las nuevas generaciones. “Las marchas están llenas de jóvenes. Van familias enteras. Eso significa que no hay olvido”, sostiene.

    Lejos de las formas tradicionales, los jóvenes encuentran nuevas maneras de expresar la memoria: murales, música, redes sociales, intervenciones culturales. “Son otras formas, pero lo importante es que el mensaje sigue vivo”, destaca.

    Para la referente de derechos humanos, el desafío actual es sostener una memoria activa, crítica y comprometida con el presente. “Si la gente sigue marchando, es porque sabe lo que pasó y no quiere que se repita”, afirma.

    En ese camino, la consigna sigue intacta, pero resignificada en cada generación: memoria para entender el pasado, verdad para reconstruirlo y justicia para que nunca más vuelva a suceder.

    La entrevista con Sara Mansilla

  • El obispo de Neuquén reivindicó a Jaime De Nevares y llamó a sostener la memoria activa

    El obispo de Neuquén reivindicó a Jaime De Nevares y llamó a sostener la memoria activa

    En el marco de los 50 años del golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976, el obispo de Neuquén, Fernando Croxatto, difundió un mensaje en el que convocó a la sociedad a ejercitar la memoria y a asumir un compromiso activo con los derechos humanos, tomando como referencia el legado del histórico obispo Jaime de Nevares.

    “Hoy, después de 50 años, volvemos a necesitar abrir no solamente las puertas del templo, sino también las puertas de nuestro corazón”, expresó Croxatto, en una clara alusión al gesto que tuvo De Nevares en la antesala del golpe, cuando dejó abiertas las puertas de la catedral para dar refugio a quienes eran perseguidos.

    En su mensaje, el obispo calificó al golpe como “uno de los días más tristes, dolorosos y trágicos de la historia argentina” y sostuvo que, a lo largo de estas cinco décadas, la sociedad ha hecho un esfuerzo colectivo por sostener la memoria y aprender de lo ocurrido.

    Croxatto destacó especialmente el rol que tuvo la Iglesia neuquina durante aquellos años, diferenciándolo del comportamiento de otros sectores. “Reconozco y agradezco el testimonio valiente que la Diócesis de Neuquén ofreció desde aquellos años de terror, de la mano del querido padre obispo Jaime de Nevares”, afirmó.

    “Reconozco y agradezco el testimonio valiente que la Diócesis de Neuquén ofreció desde aquellos años de terror, de la mano del querido padre obispo Jaime de Nevares”, dijo Croxatto.

    En ese sentido, recordó que De Nevares “acompañó a familiares de detenidos-desaparecidos, documentó denuncias, abrió sus templos como refugio y exigió, una y otra vez, verdad y justicia”, y subrayó que ese compromiso “no fue un gesto aislado”, sino parte de una opción clara por los sectores más vulnerables.

    El actual obispo también hizo una autocrítica sobre el rol de la Iglesia en ese período. Señaló que “no estuvo a la altura de las circunstancias” y que “el miedo condicionó a muchos al silencio”, aunque remarcó que en Neuquén hubo religiosos y laicos que decidieron no callar y convertirse en la voz de quienes no podían hablar.

    Lejos de limitar el mensaje al pasado, Croxatto puso el foco en el presente y planteó que la defensa de los derechos humanos debe ser una tarea cotidiana. “Nuestro tiempo es hoy. La memoria debe estar acompañada de actos que nos animen a buscar el bien común”, sostuvo.

    En esa línea, enumeró problemáticas actuales que, a su entender, requieren el mismo compromiso: la desigualdad social, la situación de los sectores más vulnerables, el cuidado del ambiente, la protección de los pueblos originarios y la necesidad de fortalecer una democracia basada en el diálogo.

    “El desafío es no quedarnos solo en el recuerdo, sino transformar esa memoria en acción”, planteó el obispo, quien además remarcó que el “Nunca Más” debe seguir siendo una construcción colectiva.

    Finalmente, Croxatto llamó a renovar la esperanza y a trabajar por una sociedad más justa: “La fidelidad a estos tiempos nos exige valentía para decir la verdad y compromiso para sanar las heridas que aún permanecen abiertas”.

    Así, a medio siglo del golpe, el mensaje de la Iglesia neuquina volvió a poner en primer plano la figura de De Nevares y la necesidad de que la memoria no sea solo conmemoración, sino también guía para el presente.

  • Cómo contar la dictadura a las nuevas generaciones

    Cómo contar la dictadura a las nuevas generaciones

    <!– –>

    A cincuenta años del golpe militar del 24 de marzo de 1976, la pregunta por cómo transmitir lo que ocurrió durante la dictadura más violenta y oscura del país a las nuevas generaciones, sigue siendo crucial. No sólo por la magnitud, sino por la dificultad: en el ecosistema en el que vivimos, la información circula fragmentada, veloz y muchas veces distorsionada o descontextualizada. Hay algo más: con 43 años de democracia, no sólo los niños sino también sus padres y madres han nacido en democracia. Y todavía, algo más: ya pasó medio siglo desde el golpe del 76 y aún hay grietas, negaciones, desacuerdos, incluso algo parecido al olvido.

    En ese escenario, “La última dictadura”, el nuevo libro de Marina Franco –una de las más destacadas investigadoras en el tema, doctora en Historia por la Universidad de Buenos Aires y por la Université Paris 7 Denis Diderot-, con ilustraciones de Pablo Lobato, publicado por Pequeño editor, y destinado a lectores desde los diez años, aparece como una herramienta que busca contar, explicar, abrir espacios para las preguntas.

    Con un despliegue a doble página, cada una de ellas aborda un tema central: el proyecto económico, la represión y la censura, la Guerra de Malvinas del 82, el Mundial de 1978, la llamada “teoría de los dos demonios”, el rol de los organismos de derechos humanos y el retorno a la democracia, entre otros. La estructura permite una lectura lineal, como relato histórico, o bien un abordaje temático por capítulos. Y el tema, que está pensado para ser leído un público a partir de los 10 años, incluye hasta a los adultos que pueden participar en el ida y vuelta que se genera con los chicos.

    Marina Franco, autora, entre otros, de «Un enemigo para la nación», un libro que trabaja los años previos al golpe, y «ESMA», un análisis riguroso de las distintas prácticas que se llevaron dentro y fuera del centro clandestino de detención, tortura, y exterminio, parte de una convicción: la historia puede sostenerse por sí misma si se la cuenta con precisión, puede superar grietas, sin alimentarlas.

    -¿Qué decisiones conceptuales y narrativas tomaste para explicar el terrorismo de Estado a los más chicos?
    -Las decisiones que tomé están basadas básicamente en el valor del relato histórico. En este contexto de relativización del valor del conocimiento, de relativización de las dimensiones vinculadas al terrorismo de Estado y a la dictadura. La decisión que tomé es sencilla y compleja: contar la historia. Y eso supone no empezar por consignas, no empezar por conceptos, sino dejar que la propia narración de los hechos históricos, de la verdad histórica, de lo que fue el proceso previo a la dictadura y la propia dictadura, produzcan los sentidos necesarios. En vez de decir no fueron dos demonios, decidí contar la violencia o mencionar la violencia de las organizaciones armadas y después contar la violencia del terrorismo de Estado y todas las dimensiones de lo que fue la represión. Entonces, por sí solo se va produciendo el efecto de que no hay posibilidad de comparar ambas violencias. Y esto como un ejemplo de las tantas decisiones que tomé en relación con dejar que la historia cuente por sí sola en vez de proponer consignas de antemano.

    Me interesa también cómo captar la atención, no sólo en medio de esta invasión audiovisual, sino, y sobre todo, en medio de tanta fake news, o sesgo o descreimiento.
    -Me parece que en este contexto eso es una estrategia y una decisión que puede ser más útil en un momento donde todo está puesto en cuestión y donde las juventudes están bastante descreídas de las consignas y de lo que ellos consideran que son bajadas de línea. En ese sentido, en el libro, los conceptos o las ideas globales sobre el periodo van llegando después de la narración histórica. Es decir, primero se cuenta qué fue la represión, por qué la represión, quiénes eran los desaparecidos, cuánto sabemos o no sabemos sobre cuántos eran los desaparecidos, qué eran los centros clandestinos, qué fueron los vuelos de la muerte, etc. Y después llega la pregunta de si esto fue o no fue una guerra o qué fue el terrorismo de Estado. Es decir, primero dejar que la narración de los hechos construya sentidos y construya preguntas y problemas en la cabeza del lector. Y después llega la afirmación conceptual o la idea que redondea: esto fue terrorismo de Estado.

    -En el libro aparece con fuerza la idea de Memoria, Verdad y Justicia como proceso colectivo. ¿Qué te interesaba destacar para una generación que nació en democracia y que recibe esta historia como herencia?
    -Uno de los desafíos del libro y tal vez la razón por la que me planteé el libro es que para la gente más joven 50 años es muchísimo tiempo, tan lejos como la crisis del 2001 y no necesariamente encuentran un sentido preciso a que esta historia siga contándose. Nosotros, los más grandes o los más sensibles a estos temas, sabemos que es una historia abierta -acaban de aparecer 12 cuerpos que están siendo identificados-, pero eso no es necesariamente obvio para las generaciones más jóvenes y para las que por razones diversas no tienen cercanía o sensibilidad particular con el tema. Entonces me pareció que había que contar esta historia desde algún lugar que mostrara la importancia de la dictadura en el presente y ahí el punto de acceso que yo elegí es la pregunta básica de por qué esta historia sigue hablando de nosotros. La respuesta para mí es una respuesta de historiadora y es que la sociedad en la que vivimos, el país en el que vivimos es el país que supimos construir después de la dictadura. Si tenemos 40 años de democracia con todos sus límites, con todas sus dificultades es gracias a los efectos de la dictadura, a los buenos y a los malos, por supuesto. En ese sentido, el país con reglas de funcionamiento y con una economía neoliberal, el país desigual, el país concentrado, es un país que fue el que la dictadura quiso construir, pero también es el país con una cultura de los derechos humanos, el país con 40 años de democracia y con un aprendizaje del valor de la democracia y el rechazo de la violencia política. Es el país que pudimos construir en reacción a la dictadura y a la represión.

    Nos encontramos ante universos muy heterogéneos y un panorama bastante complejo de la relación de las generaciones más jóvenes -incluyo también a los que tienen 20, 30 y 40- sobre el pasado y sobre lo que se hizo en el pasado sobre la memoria y la historia de la dictadura. Este universo complejo va desde quienes son sensibles al tema y les importa y entienden el peso que tiene esto y cuán abierta es esta historia, a quienes están saturados del tema, y que, sin ningún rechazo político-ideológico, sienten que se habló demasiado y que hay que pasar a otra cosa. También están quienes no saben demasiado y pueden tener alguna curiosidad por entender mejor, o tienen piezas sueltas, por ejemplo, Guerra de Malvinas, Desaparecidos, Madres de Plaza de Mayo, pero no necesariamente esto hace una mirada de conjunto de lo que fue la dictadura. Y creo que a veces eso es un efecto de la mucha política de memoria que se hizo, que no necesariamente ayuda a construir todas las partes de lo que fue la dictadura. Y, desde luego, después están quienes claramente en una posición política-ideológica mucho más nítida sostienen discursos de justificación del terrorismo de Estado, de la dictadura o de lo que solemos llamar negacionismo y memoria completa. Frente a esta heterogeneidad, a mí me pareció que había que volver a contar esta historia justamente construyendo un relato de conjunto, una suerte de rompecabezas donde todas las piezas de lo que fue la dictadura pudieran articular y construir un sentido entre sí.

    -Esto exige otras estragegias, ¿no?
    -Creo que estamos en otro momento histórico, en otro momento memorial vinculado a la dictadura del terrorismo estado, y este momento nos exige nuevas estrategias sí, porque nos muestra que los consensos que creíamos sólidamente construidos y adquiridos, no son tales o no son tan fuertes. Tampoco creo que todo ha pasado a ser discurso negacionista o justificador, en absoluto. Creo que mucho de lo que se construyó está, que hay un piso básico de rechazo a la dictadura, a la violencia represiva, a la violencia masiva del estado, que está y que sigue estando, aunque sea muy mínimo, como piso. Pero creo que después de eso hay una serie de estrategias que hay que modificar en relación con el pasado, porque hay que reconocer que buena parte de la construcción de las políticas de memoria, de justicia y de verdad quedaron asociadas al periodo kirchnerista. Y se hizo muchísimo en esos años, pero que a su vez quedaron tan asociadas a ese gobierno y a ese momento histórico, que para muchos sectores antiperonistas o antikirchneristas, políticas de memoria es lo mismo que antikirchnerismo y por lo tanto hay un rechazo masivo en bloque, no masivo, sino en bloque de ambas cosas.

    Entonces, yo creo que hay que construir sobre nuevas estrategias. ¿Por qué? Porque hay un antiperonismo que rechaza todas las políticas de memoria y la historia de la dictadura contada desde ese lugar, porque hay un rechazo o hay una puesta en cuestión de los conocimientos y de las certezas sobre el pasado y esto atañe a una puesta en cuestión en general del conocimiento.

    El gesto negacionista en general es poner en cuestión todos los saberes adquiridos: ponen en cuestión las vacunas, la dictadura y el valor de conocimiento en general. Y porque además, desde luego hay discursos mucho más claramente ideologizados contra la denuncia y el conocimiento histórico de lo que fue el terrorismo de estado. Frente a este universo hay que construir nuevas estrategias y ahí es donde yo, humildemente porque son mis herramientas, sigo apostando al valor de la historia y de la explicación histórica que es lo que intenté hacer en este libro.

    -¿Cuál es el lugar para los libros infantiles de la conversación pública?
    -Trabajar en chiquitito, cuidadosamente, con mucho respeto por las infancias, por la necesidad de las infancias de preguntar, de entender y de saber sin eslóganes y sin consignas qué sucedió realmente.
    Ahí, siento que tanto la ficción como la no ficción tienen su granito de arena para construir y que no hay una única estrategia sino que hay múltiples estrategias que podemos generar y construir desde la legítima pregunta de los chicos de cuántos fueron los desaparecidos o qué pasó o qué responsabilidades tienen los distintos grupos sociales. Hay que atender legítimamente a esas preguntas sin descartarlas con respuestas automáticas.


    Marina Franco nació en Buenos Aires en 1972, es historiadora especializada en el estudio del terrorismo de Estado y la dictadura cívico-militar, investigadora del Conicet y docente de la Universidad Nacional de San Martín. Este es su primer libro dirigido a jóvenes. Trabaja como investigadora del CONICET y como docente de la Universidad Nacional de San Martín. Recibió varios reconocimientos por sus investigaciones, entre otros el premio internacional Friedrich W. Bessel de la Fundación Humboldt, en Alemania.

    Pablo Lobato, nació en 1970 en Trelew, provincia de Chubut. Es Licenciado en Comunicación Visual y estudió en La Plata. Trabajó en el campo del diseño editorial hasta 2003, cuando comenzó su carrera como ilustrador. Desde entonces, sus ilustraciones han sido publicadas en medios gráficos de todo el mundo, como The New Yorker, Rolling Stone, The New York Times, Time. También ilustró campañas de publicidad para Nike, Adidas, UEFA Europa League, y diseñó personajes para la película Wendell & Wild (2022)


  • 24 de marzo en Neuquén: acto oficial en La Escuelita para recordar el golpe de 1976

    24 de marzo en Neuquén: acto oficial en La Escuelita para recordar el golpe de 1976

    El Gobierno provincial y la Municipalidad de Neuquén realizarán una jornada especial para recordar el inicio de la última dictadura en el país. La ceremonia busca sostener el compromiso social con la verdad y la justicia mediante un encuentro en el sitio histórico de la calle Lastra. La memoria colectiva ocupará el centro de la escena en este aniversario del quiebre del orden constitucional ocurrido en 1976. Las autoridades locales invitaron a los vecinos a formar parte de este homenaje a las víctimas del terrorismo de Estado.

    El punto de reunión para la ceremonia es el señalamiento ubicado en la intersección de las calles J.J. Lastra y Chaco. El programa previsto para la mañana incluye relatos de sobrevivientes y familiares sobre los hechos que marcaron ese período de la historia nacional. La intención de los organizadores apunta a fortalecer los lazos democráticos entre las nuevas generaciones de ciudadanos.

    El acto formal contará con el acompañamiento de referentes de derechos humanos y funcionarios de distintas carteras estatales en el sector del Batallón de Ingenieros de Montaña 6. Durante el cierre de la jornada el grupo Sureras presentará una obra que fusiona raíces del folklore con movimientos de danza contemporánea. 

    Los asistentes podrán recorrer el espacio que hoy funciona como un testimonio físico de los sucesos que transformaron la vida política de la Argentina hace cinco décadas. El respeto por las historias personales marcará el desarrollo de cada intervención prevista en el escenario.

    La jornada concluirá con una invitación abierta para que la ciudadanía mantenga vivos estos valores en los espacios públicos. Los organizadores remarcaron que la vigencia de los derechos humanos constituye la base del contrato social que une a todos los habitantes de la provincia. 

    La Escuelita: Una historia de muerte y horror

    La Escuelita de Neuquén funcionó durante la última dictadura iniciada con el Golpe de Estado en Argentina de 1976, como el principal centro clandestino de detención de la provincia. En el predio del Batallón de Ingenieros de Construcción 181 del Ejército,  fueron llevadas decenas de personas perseguidas por su militancia política, social y sindical, que permanecieron secuestradas en condiciones de aislamiento y sometidas a torturas.

    Este lugar formó parte del esquema represivo organizado por las Fuerzas Armadas en todo el país. Por sus características y el número de víctimas, se convirtió en un símbolo del terrorismo de Estado en la región. Con el paso del tiempo, su historia fue reconstruida a partir de testimonios judiciales y de sobrevivientes. Hoy es recordada como un espacio clave para la memoria, la verdad y la justicia en Neuquén.