Neuquén avanza en un ambicioso rediseño de su infraestructura vial con un objetivo concreto: conectar 20 localidades y 20 lagos a través de rutas pavimentadas. El plan, impulsado por el gobernador Rolando Figueroa, busca reorganizar la matriz de conectividad provincial bajo un esquema de circuitos integrados y no de trazas aisladas.
El proyecto combina 850 kilómetros de rutas nuevas con la repavimentación de otros 600, en una estrategia que apunta a mejorar la circulación, potenciar el turismo y fortalecer la integración territorial. La lógica es clara: dejar atrás los recorridos fragmentados y avanzar hacia corredores que conecten regiones completas.
El norte neuquino aparece como uno de los principales focos de intervención. Allí se concentran obras en ejecución y otras en etapa de licitación que buscan vincular localidades históricamente aisladas. Entre ellas, el eje que une Las Ovejas con Varvarco y su extensión hacia Manzano Amargo, además de los tramos que integran Andacollo, Huinganco y Los Miches.
La planificación no se limita a conectar pueblos. También incorpora corredores estratégicos vinculados al turismo cordillerano. En ese esquema se inscribe la pavimentación del circuito que baja desde el paso internacional Pino Hachado hacia Villa Pehuenia, Aluminé y Junín de los Andes, consolidando un corredor que articula paisaje, producción y servicios.
Uno de los puntos más relevantes del plan es la intervención sobre la ruta provincial 7. El tramo conocido como Cortaderas permitirá acortar en unos 100 kilómetros el vínculo entre el norte y la capital provincial, modificando de manera directa los tiempos logísticos y de acceso.
En paralelo, el gobierno proyecta el desarrollo del acceso noreste, con una conexión que integrará Rincón de los Sauces con la traza de la Ruta Nacional 40, en articulación con Catriel. Este eje no solo mejora la conectividad interna, sino que se inscribe en una proyección mayor: consolidar un corredor bioceánico que vincule la provincia con puertos del Pacífico en Chile.
El trasfondo del plan es económico y estratégico. El crecimiento asociado a Vaca Muerta genera recursos que el gobierno busca redireccionar hacia infraestructura estructural, con impacto en el empleo, la producción y el desarrollo regional.
La apuesta es clara: transformar la red vial en una herramienta de integración y no solo de tránsito. Si el plan se ejecuta en los plazos previstos, Neuquén podría reconfigurar su mapa de conectividad en los próximos años y consolidar un esquema de desarrollo más equilibrado entre sus distintas regiones.









