En una sala del Hospital Provincial Neuquén “Dr. Eduardo Castro Rendón”, un equipo médico observa en una pantalla tridimensional cómo se enciende y apaga la actividad eléctrica de un corazón infantil. No es una simulación: es la guía precisa que permite detectar y eliminar el “cortocircuito” que provoca arritmias en niños y adolescentes.
La electrofisiología pediátrica —una subespecialidad de alta complejidad— dejó de ser una práctica concentrada exclusivamente en Buenos Aires. En las últimas semanas se realizaron cuatro nuevos procedimientos de ablación en pacientes de entre 6 y 16 años en Neuquén, dos de ellos con el sistema de mapeo tridimensional (3D) incorporado al hospital desde julio de 2025.
Cómo se “apaga” una arritmia
La ablación por radiofrecuencia consiste en introducir catéteres a través de las venas hasta llegar al corazón. Una vez identificado el circuito eléctrico anómalo que desencadena la taquicardia, se aplica energía en la punta del catéter para neutralizarlo.
En términos clínicos, se trata de eliminar el foco eléctrico que genera el ritmo cardíaco anormal. En términos humanos, implica cambiar la vida de un chico que vive con episodios repentinos de taquicardia, medicación crónica y visitas frecuentes a la guardia.
En algunos casos, cuando el circuito está demasiado cerca de estructuras críticas, se utiliza frío en lugar de calor —crioablación—, tecnología que aún no está disponible en la provincia, pero que se proyecta incorporar a corto plazo.
Tecnología 3D: menos rayos X, más precisión
Dos de los casos recientes requirieron el sistema de mapeo tridimensional, considerado tecnología de primera línea. Esta herramienta permite reconstruir en tres dimensiones la anatomía cardíaca y la propagación eléctrica del impulso, lo que mejora la precisión diagnóstica y reduce prácticamente a cero el uso de rayos X.
Entre los casos tratados se encuentra una taquicardia poco frecuente, conocida como taquicardia de Coumel, que exige este tipo de abordaje avanzado para aumentar la tasa de éxito del procedimiento.
La estadística es contundente: en el 99 % de los casos, los pacientes permanecen internados una sola noche y reciben el alta al día siguiente, con seguimiento posterior en el mismo hospital.
Descentralizar para ganar tiempo y calidad de vida
En Argentina existen apenas tres centros pediátricos que realizan ablaciones de esta complejidad, entre ellos el Hospital Garrahan. La concentración de casos genera demoras que pueden extenderse hasta un año.
La posibilidad de resolver estos cuadros en Neuquén evita traslados, reduce el estrés familiar y descomprime el sistema nacional de referencia. Pero, sobre todo, mejora la calidad de vida de los pacientes.
Muchos de estos niños viven polimedicados durante años. La ablación no solo elimina episodios de taquicardia; también les devuelve la posibilidad de hacer deporte, jugar sin restricciones y dejar atrás hospitalizaciones recurrentes.
En cardiología pediátrica, pocas intervenciones pueden hablar de “curación”. Esta es una de ellas, siempre que no exista una cardiopatía estructural asociada.
Un equipo, no solo una tecnología
Detrás de cada procedimiento hay un trabajo interdisciplinario que involucra electrofisiólogos infantiles y de adultos, cardiología pediátrica, terapia intensiva, anestesiología, enfermería, técnicos y personal administrativo.
La electrofisiología exige, incluso en lo técnico, trabajo en dupla: mientras un profesional manipula los catéteres dentro del corazón, otro interpreta en tiempo real la actividad eléctrica desde la computadora.
Con formación especializada, equipamiento de alta complejidad y proyección para incorporar crioablación, el Hospital Provincial Neuquén avanza en su consolidación como centro regional de referencia.
En el mapa sanitario del país, la descentralización no es solo una consigna: en Neuquén, hoy significa que un corazón chico puede curarse sin salir de su provincia.