, , , , , , , , , , , , , , , , , Primo Capraro – al centro- momentos antes del almuerzo tras la inauguración de la Oficina Radiotelegráfica. , ,
Los primeros pobladores dependían de los vapores Cóndor y Helvecia para sobrevivir en una región prácticamente incomunicada. Entre nevadas, derrumbes y largos viajes a caballo, aquellas familias levantaron con enorme esfuerzo los cimientos de la actual Villa La Angostura. Una historia de sacrificio, valentía y trabajo silencioso que explica el origen de la localidad que este 15 de mayo celebra su 94° aniversario. Escribe Yayo de Mendieta.
A principios del siglo XX, mucho antes de que existieran las rutas asfaltadas, la conectividad aérea o los modernos servicios turísticos, los primeros pobladores de lo que hoy es Villa La Angostura vivían prácticamente aislados del resto del país. Rodeados por montañas, bosques y las frías aguas del lago Nahuel Huapi, aquellas familias pioneras dependían casi exclusivamente de la navegación lacustre para mantenerse comunicadas y abastecerse.
El denominado “Camino de la Herradura”, actual Ruta 40, que unía el paraje Correntoso con el entonces pueblo de “San Carlos” —hoy San Carlos de Bariloche — solía quedar intransitable durante buena parte del año. Las intensas nevadas, los deshielos, los derrumbes y el desborde de arroyos y ríos convertían el trayecto en una verdadera odisea.
En ese contexto, los vapores “Cóndor” y “Helvecia” se transformaron en mucho más que simples embarcaciones: eran la única conexión de los colonos con el mundo exterior.
Una vez por semana el sonido del tradicional silbato del vapor anticipaba la llegada de provisiones y noticias para aquellas familias desperdigadas en los lotes pastoriles del perilago. El arribo del barco era esperado con ansiedad, porque significaba la posibilidad de intercambiar productos, recibir medicamentos, harina, azúcar, aceite o simplemente saber qué sucedía más allá de la cordillera.
El lago como camino de vida
En los tiempos fundacionales de la Colonia Agrícola Ganadera Nahuel Huapi, la navegación era el medio más eficaz —y prácticamente el único— para transportar pasajeros y mercaderías por el enorme lago.
Incluso siglos antes de la llegada de los primeros colonos europeos, los antiguos habitantes de la región ya utilizaban canoas para recorrer el Nahuel Huapi. Existen registros de navegación indígena en la Isla Victoria de hace más de seiscientos años. También el misionero jesuita Nicolás Mascardi cruzó el “Naguelguapi”, como él mismo lo escribía, en 1670 para fundar la misión jesuítica en la península Huemul.
El investigador Carlos Ariel Solari sostenía que desde los emprendimientos más ambiciosos hasta los modestos proyectos agrícolas de fines del siglo XIX, todos necesitaban contar con una embarcación propia para garantizar su supervivencia y crecimiento.
Así surgieron primero las balandras y goletas a vela, y luego los vapores que marcaron toda una época: “Cóndor”, “Helvecia”, “Patagonia” y “Nahuel Huapi”, este último conocido popularmente como “Cachirulo”.
La epopeya del vapor Cóndor
El vapor Cóndor fue el primero en navegar las aguas del Nahuel Huapi y lo hizo durante más de cuatro décadas. Botado en 1892, se convirtió en símbolo de la actividad agrícola, ganadera y forestal de la región.
Su construcción fue una verdadera hazaña para la época. Don Carlos Wiederhold encargó la construcción de una embarcación de 60 toneladas en los astilleros Ribbeck, en Chile. Una vez terminada, todas sus piezas debieron trasladarse desde Valdivia hasta Puerto Montt y luego atravesar la cordillera de los Andes rumbo al Nahuel Huapi.
La travesía demandó un enorme sacrificio. La caldera, cadenas, planchas de hierro y motores fueron trasladados utilizando barcos, carretas y varias yuntas de bueyes. El recorrido incluyó Puerto Varas, La Ensenada, Petrohué, Peulla y el cruce cordillerano hasta Puerto Blest.
Los hombres que participaron de aquella epopeya —muchos de ellos chilotes— debieron soportar condiciones climáticas extremas, terrenos abruptos y jornadas agotadoras.
El tramo más difícil fue el cruce entre Peulla y Puerto Blest. Los 17 kilómetros de montaña hasta Casa Pangue demandaron varios días de trabajo intenso. El portezuelo de Los Raulíes, ubicado a unos 1.500 metros sobre el nivel del mar, representó uno de los mayores desafíos.
Finalmente, el Cóndor fue armado y botado en noviembre de 1892 en Puerto Blest.
Décadas más tarde pasó a manos de Ricardo Roth y posteriormente de Primo Capraro . En sus últimos años cumplió funciones turísticas, hasta quedar fuera de servicio en la década del 40.
Su historia refleja también el vínculo histórico entre Villa La Angostura y San Carlos de Bariloche . Durante décadas, el lago Nahuel Huapi no separó a las poblaciones, sino que las unió.
El esfuerzo cotidiano de los primeros pobladores
Las familias que habitaban el entonces “Paraje Correntoso” desarrollaban una vida extremadamente dura. En medio del aislamiento producían carne, leche, verduras, madera, cueros, dulces y hasta trigo. En la Estanzuela La Belluneze, administrada por los hermanos Colletti, llegaron incluso a recibir una distinción en la Exposición Rural de Buenos Aires de 1910 por la calidad del trigo producido en plena cordillera.
Todo se hacía a pulmón y en condiciones climáticas hostiles.
Foto: Con sus botes los pobladores se acercaban hasta el Cóndor con sus mercancías y a la búsqueda de su pedido semanal.
Cuando el vapor llegaba al paraje, los pobladores cargaban sus pequeños botes con mercadería para intercambiar. A cambio de su producción recibían harina, azúcar, aceite, medicamentos, herramientas y ropa.
Pero el clima muchas veces impedía la navegación. Durante el invierno, las nevadas podían paralizar durante semanas la llegada del vapor, profundizando aún más el aislamiento.
Ante una emergencia no quedaba otra alternativa que recorrer a caballo el “Camino de la Herradura” hasta Bariloche, trayecto que podía demandar entre un día y medio y dos jornadas completas, muchas veces con necesidad de acampar en medio del bosque.
El nacimiento institucional de Villa La Angostura
El 15 de mayo de 1932 quedó grabado como una fecha histórica para la localidad. Ese día un grupo de vecinos inauguró oficialmente la Oficina Radiotelegráfica del paraje “Correntoso”, considerada el acto fundacional de la actual Villa La Angostura .
La iniciativa surgió a partir de una propuesta de Exequiel Bustillo , quien había adquirido lotes en la zona y necesitaba mejorar las comunicaciones con Bariloche.
Bustillo mantuvo reuniones con el entonces director de Correos y Telégrafos de Bariloche, el doctor Carlos Risso Domínguez, y juntos impulsaron la instalación de una estación radiotelegráfica en el paraje.
Foto: Un alto en la construcción de los trabajadores que hicieron esta oficina radiotelegráfica. Foto: Archivo de Yayo de Mendieta
El proyecto se concretó gracias al aporte económico y al esfuerzo de los propios vecinos. Primo Capraro se comprometió a construir el edificio aportando mano de obra equivalente a la mitad del costo total, pese a atravesar una gravísima crisis financiera derivada de deudas que el Estado nacional mantenía con él por obras ferroviarias.
La construcción de la oficina se realizó en apenas 90 días. Finalmente, aquella mañana del domingo 15 de mayo de 1932, vecinos y alumnos de la Escuela 104 participaron del sencillo acto inaugural que marcó el inicio institucional de la localidad.
Recién cuatro años después, Exequiel Bustillo bautizaría oficialmente al lugar como “Villa La Angostura”. Junto a su hermano, el arquitecto Alejandro Bustillo , impulsaría además el diseño urbano inicial, la provisión de agua corriente, la primera usina, los muelles, el puente del Correntoso y el primer código de construcción pensado para preservar el entorno natural.
Una historia de sacrificio y perseverancia
A 94 años de aquel acto fundacional, la historia de Villa La Angostura sigue profundamente ligada al sacrificio de aquellos pioneros que debieron enfrentar el aislamiento, las inclemencias climáticas y el abandono estatal para construir una comunidad en medio de la cordillera.
Fueron hombres y mujeres que levantaron sus hogares prácticamente sin caminos, soportando largos inviernos y dependiendo del lago Nahuel Huapi para sobrevivir.
Foto: El camino hacia el paso Samoré que cruzaba por el entonces paraje Correntoso, hoy Villa la Angostura. (Federico Silim)
El esfuerzo silencioso de esas familias permitió sentar las bases de una localidad que hoy es reconocida internacionalmente por su belleza natural y su desarrollo turístico, pero cuya identidad todavía conserva el espíritu de trabajo, solidaridad y perseverancia de aquellos primeros pobladores que hicieron patria en uno de los rincones más aislados de la Patagonia argentina.
Yayo de Mendieta
Villa la Angostura
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