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Se encontró una moneda española de ocho reales acuñada en 1584 en el antiguo asentamiento de Rey Don Felipe, que aporta una prueba concreta sobre la temprana presencia europea en la Patagonia y vuelve a poner en escena una de las leyendas más fascinantes de América: la Ciudad de los Césares. La creencia en la existencia de una misteriosa ciudad repleta de riquezas movilizó durante más de dos siglos a reyes, gobernadores, militares, exploradores y religiosos. Entre ellos estuvo el jesuita Nicolás Mascardi, quien fundó la Misión Nahuelhuapi en 1670 convencido de que aquella ciudad perdida podía encontrarse en las cercanías del gran lago andino. Escribe Yayo de Mendieta.
Durante siglos, la Patagonia fue considerada por Europa como un territorio tan inmenso como desconocido. Sus montañas, lagos, estepas y costas parecían esconder secretos imposibles de comprobar. Entre todos ellos, ninguno despertó tanta fascinación como la legendaria Ciudad de los Césares, una población que, según decenas de testimonios, existía en algún rincón del sur americano y cuyos habitantes vivían rodeados de oro, plata y riquezas inimaginables.
La reciente aparición de una moneda de ocho reales fechada en 1584, hallada por arqueólogos en el sitio de la antigua ciudad Rey Don Felipe, en el Estrecho de Magallanes, vuelve a iluminar esa historia desde una perspectiva completamente nueva.
El descubrimiento fue realizado en el marco de una investigación arqueológica desarrollada en el sitio conocido popularmente como Puerto del Hambre. Lo extraordinario del hallazgo es que la moneda apareció exactamente donde las crónicas de la época señalaban que Pedro Sarmiento de Gamboa la había colocado durante el acto fundacional de la ciudad.
Según los investigadores, la pieza formaba parte de un ritual simbólico mediante el cual los fundadores depositaban una moneda bajo la primera piedra de la iglesia para invocar la protección de la Corona y de Dios sobre el nuevo asentamiento.
Más allá de su enorme valor patrimonial, el hallazgo posee una trascendencia histórica excepcional porque confirma arqueológicamente la existencia de uno de los primeros intentos de colonización española en la Patagonia.
Para muchos especialistas, este descubrimiento ayuda además a comprender el origen de una leyenda que dominó la imaginación de generaciones enteras y que influyó decisivamente en la exploración del sur del continente.
El origen de una leyenda que parecía real
La historia de la Ciudad de los Césares comenzó a tomar fuerza durante el siglo XVI. Lejos de ser considerada una fantasía popular, numerosos documentos oficiales de la Corona Española daban por cierta su existencia. Gobernadores, obispos, militares y funcionarios redactaban informes en los que mencionaban la presencia de una misteriosa población situada en algún lugar de la Patagonia.
Los relatos hablaban de una ciudad ubicada junto a un inmenso lago rodeado de montañas, habitada por hombres blancos e indígenas que convivían en armonía, cultivaban la tierra, criaban ganado y poseían enormes cantidades de oro y plata.
La leyenda se alimentó especialmente a partir de la historia de los sobrevivientes de distintos naufragios ocurridos en el Estrecho de Magallanes.
Uno de los episodios más importantes ocurrió en 1540, cuando una expedición vinculada al Obispo de Plasencia sufrió la pérdida de una de sus embarcaciones en las costas australes. Décadas después aparecieron dos sobrevivientes que aseguraron haber recorrido durante años el territorio patagónico y haber conocido una ciudad extraordinaria.
Según sus testimonios, aquella población estaba asentada junto a un enorme lago y sus habitantes utilizaban oro y plata en objetos cotidianos, vajillas, herramientas y ornamentos. La historia se difundió rápidamente por América y Europa. Poco después surgieron nuevos relatos que parecían confirmar la existencia de la ciudad.
Algunos aseguraban que estaba habitada por descendientes de náufragos españoles. Otros sostenían que sus pobladores eran incas que habían escapado hacia el sur tras la conquista del Perú.
Con el tiempo ambas teorías terminaron fusionándose y dieron origen a la imagen de una comunidad aislada, formada por españoles e indígenas, enriquecida por minas de metales preciosos y protegida por las barreras naturales de la Patagonia.
La Patagonia en los mapas de la Corona
La fuerza de estos testimonios fue tan grande que la Ciudad de los Césares llegó a figurar en mapas oficiales. Cartografías del siglo XVII ubicaban en el extremo austral una supuesta “Provincia de los Césares”. Algunos mapas incluso señalaban la presencia de grandes poblaciones indígenas cerca de lagos cordilleranos.
Gobernadores y funcionarios coloniales enviaban informes a España describiendo pueblos donde abundaban el oro, la plata, las esmeraldas y los animales de carga.
En algunos documentos se afirmaba que los habitantes utilizaban vasos de plata, armas metálicas y piedras preciosas. Otros describían a españoles que vivían mezclados con los pueblos originarios, vestidos como ellos y completamente integrados a la vida patagónica.
A medida que los testimonios se acumulaban, la Ciudad de los Césares dejaba de parecer una leyenda para transformarse en una realidad que simplemente aún no había sido localizada.
Nicolás Mascardi y la búsqueda desde el Nahuel Huapi
Fue en ese contexto cuando apareció una de las figuras más importantes de la historia patagónica: el sacerdote jesuita Nicolás Mascardi. Nacido en Italia, Mascardi llegó a Chile durante la segunda mitad del siglo XVII y pronto comenzó a interesarse por los relatos provenientes del sur.
La oportunidad de internarse en la Patagonia surgió a partir de un hecho particular. Entre los indígenas poyas se encontraba Huageluen, esposa de un importante cacique del Nahuel Huapi, quien había sido llevada cautiva a Chile. Mascardi intervino para devolverle la libertad y acompañarla de regreso a su territorio.
Durante ese viaje, la mujer le aseguró que conocía la existencia de la Ciudad de los Césares y que sabía cómo orientarlo para encontrarla. Aquella afirmación tuvo un impacto decisivo sobre el jesuita.
Convencido de la veracidad de esos relatos, Mascardi emprendió el viaje hacia el gran lago andino y en 1670 fundó la histórica Misión Nahuelhuapi en la actual península Huemul. Desde allí inició una intensa actividad evangelizadora que se extendió durante años y que estuvo permanentemente ligada a la búsqueda de la ciudad perdida. A diferencia de conquistadores y aventureros que buscaban riquezas, Mascardi tenía otra motivación.
Numerosos relatos señalaban que en la Ciudad de los Césares existían habitantes cristianos que conservaban una gran cruz, pero que habían quedado sin sacerdotes para transmitir la fe.
El jesuita creía que su misión consistía en llevarles asistencia espiritual y reincorporarlos al mundo cristiano.
Expediciones hacia lo desconocido
Desde la misión ubicada a orillas del Nahuel Huapi, Mascardi organizó múltiples viajes exploratorios. Recorrió enormes extensiones de territorio acompañado por guías indígenas y estableció contactos con distintos pueblos originarios de la Patagonia.
Los relatos de la época indican que llegó a reunir información procedente de poyas, puelches, tehuelches y otros grupos que aseguraban conocer la existencia de poblaciones desconocidas hacia el sur.
Sin embargo, a pesar de años de exploraciones, la ciudad nunca apareció. Lejos de desaparecer, la leyenda siguió creciendo.
A comienzos del siglo XVIII todavía se redactaban informes oficiales que describían ciudades de piedra, iglesias, calles organizadas y abundantes riquezas escondidas en algún lugar de la Patagonia.
Algunos viajeros afirmaban haber estado allí. Otros aseguraban haber hablado con personas que la habían visitado. Incluso varios caciques indígenas insistían en que aquellas poblaciones existían realmente.
La opinión de los jesuitas
Uno de los análisis más interesantes sobre la cuestión fue realizado por el jesuita José Sánchez Labrador hacia fines del siglo XVIII. Tras décadas de convivencia con pueblos indígenas del sur, el religioso expresó serias dudas sobre la existencia real de la ciudad.
Sin embargo, tampoco descartó completamente la posibilidad. Sánchez Labrador observó que numerosos indígenas aseguraban haber visto poblaciones de hombres blancos en regiones australes. Algunos describían fogatas, construcciones e incluso ganado.
Para el jesuita, la leyenda podía haberse originado a partir de recuerdos transmitidos durante generaciones sobre antiguos asentamientos españoles, naufragios o contactos esporádicos con colonias europeas.
La moneda que conecta la leyenda con la historia
Es precisamente aquí donde el reciente descubrimiento arqueológico adquiere una importancia extraordinaria. La moneda encontrada en Rey Don Felipe confirma que los asentamientos españoles en la Patagonia fueron reales. Confirma también que existieron colonias aisladas, expediciones desaparecidas y poblaciones que quedaron desconectadas de los grandes centros urbanos de América.
Aunque la pieza hallada no demuestra la existencia de la Ciudad de los Césares, sí aporta un elemento fundamental para comprender cómo pudo surgir una leyenda que persistió durante más de doscientos años.
Historias de náufragos, colonias abandonadas, exploradores desaparecidos y contactos ocasionales con pueblos indígenas pudieron combinarse hasta dar forma a una narración que terminó cautivando a todo un continente.
Más de 450 años después de aquellas primeras expediciones, la Patagonia sigue revelando fragmentos de su pasado.
Y mientras la arqueología aporta nuevas certezas sobre los antiguos asentamientos humanos del extremo sur, la figura de Nicolás Mascardi y la búsqueda de la Ciudad de los Césares continúan ocupando un lugar central en uno de los capítulos más apasionantes de la historia del Nahuel Huapi y de toda la Patagonia.
Yayo de Mendieta
De su libro “La Misión Nahuelhuapi 1670-1717”
Villa la Angostura
[email protected]
[]https://www.youtube.com/watch?v=_ouyEHmUE_Q[/]
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