El reconocido músico neuquino Naldo Labrín recordó cómo fue su infancia en un predio que el gobierno nacional puso en venta y que fuera expropiado a su familia por el Ejército Argentino.
En una publicación realizada en su cuenta de Facebook, el artista contó el desgarro que sufrió cuando debieron abandonar el lugar donde nació él y sus cuatro hermanos, en un carro y con muy pocas pertenencias. “Nunca olvidé esa escena y han pasado más de 70 años”, señaló Labrín.
En ese predio, ubicado sobre la calle Luis Beltrán, detrás de un supermercado, había una casa de adobe donde residía la familia Labrín, con un padre que era efectivo de la Policía del Territorio y una madre que asistía a los cinco hijos.
“Todo terminó a mis 5 años, el Ejército expropió nuestra quinta y en un breve tiempo debimos irnos sumidos en una profunda tristeza”, sostuvo en su publicación, que comenzó con el siguiente párrafo: “Detrás de Jumbo hay un predio de 10 hectáreas cercada con alambre y troncos de cemento, pertenece al Ejército. Pero no es verdad, era la quinta de mis padres y allí nacieron mis 4 hermanos y allí naci yo (fuí el último) éramos una familia humilde, mi padre era de la Policía de territorio y vivíamos de su magro sueldo; pero él cultivaba la tierra, arando en contra turno y durmiendo poco; mi madre atendía y educaba 5 hijos, demandantes, cómo todo niño, de cosas que no habían, y en un fuentón lavaba un montón de ropa a puro jabón que refregaba sobre una tabla rota atada con alambre”.
Y luego agregó: “La casa de adobe tenía una cocina y dos habitaciones, el invierno era duro, pero en verano lo pasábamos debajo de la gran higuera pegada a la casa y ese patio era la felicidad para mí, pues en él almorzábamos y de noche el mate cocido con pan casero era nuestra cena, pero todo sucedía ahí; de noche, mi padre tomaba un poco de vino y nos contaba historias de campo en su niñez, había sido domador de caballos en su juventud y terminó con un uniforme recibiendo órdenes de fajina. Llegó hasta tercer grado (mi madre hasta segundo) pero por una condición de su origen criollo se interesaba de todo, todo lo sabía y lo que no lo inventaba; nos íbamos a dormir temerosos con la impronta de cada personaje de sus historias”.
La publicación de Naldo Labrín señala luego que “Diría que, a nuestro modo, la alegría acompañaba nuestra pobreza, y yo no sabía que lo era, porque veía que cada mañana era un nuevo día de sorpresas. Todo terminó a mis 5 años, el Ejército expropió nuestra quinta y en un breve tiempo debimos irnos sumidos en una profunda tristeza. Al partir, mi padre sacó las chapas del humilde rancho, las colocó sobre el piso del carro y sobre ellas íbamos todos amontonados con las pocas pertenencias que teníamos”.
El momento más desgarrador del recuerdo es cuando “En la Tranquera lo paró un oficial tratándolo de ladrón, mi madre lloraba, nosotros también y mi padre, de pie sobre el carro, apuró el caballo y salimos. Mientras nos íbamos, miré para atrás largo rato, allá quedaba el rancho de adobe, el patio, la higuera, todo el universo de mi niñez. Nunca olvidé esa escena y han pasado más de 70 años”.
Tras señalar que “Wilde y Rilke sostenían que la patria es la infancia, puede ser, porque sentía que algo del pecho me arrancaron. Nunca se hizo nada en ese predio, solo se lo cercó, nos lo quitaron por «razones de Estado» se dijo, aún la razón no está develada”
Finalmente, Naldo Labrín confiesa que “Hace un año, quien era candidato y hoy es gobernador, me pidió implementar la Universidad de las Artes, un antiguo y fuerte sueño mío, de inmediato pensé que ese lugar, donde nací, era ideal para levantar allí la Universidad, comencé a averiguar los trámites de cesión de Nación a Provincia por el lugar, era posible, me emocionaba que esa tierra de mi infancia, se llenara de guitarras, violines, flautas, de danza, de teatro y pintores. Esta mañana me comunica que el presidente Milei puso en venta ese lugar…”