La caída del consumo ya no es una estadística fría: empieza a sentirse en las calles, en las mesas vacías y en las persianas que bajan. El negocio cervecero, que durante años fue sinónimo de expansión y apuesta segura, atraviesa hoy un momento crítico en todo el país. Y aunque los cierres más visibles se registran en ciudades como La Plata o Mar del Plata, el impacto también se hace notar en Neuquén, donde el movimiento gastronómico muestra señales de desgaste.
Las franquicias de la cadena Antares de todo el país están en alerta tras la confirmación del cierre de locales emblemáticos, golpeada por la caída de ventas, el aumento de tarifas —con subas de servicios que en algunos casos alcanzan el 600%— y alquileres cada vez más difíciles de sostener. En paralelo, gigantes como Cervecería y Maltería Quilmes avanzan con recortes, en un contexto de fuerte retracción del consumo y mayor competencia por el crecimiento de las importaciones.
La novedad del cierre de la sucursal de Antares en La Plata se conoció en las últimas horas. La baja de persianas comprende al local ubicado en 56, entre 11 y 12, por los «costos fijos disparados (un aumento en los servicios básicos que ronda el 600% en los últimos 24 meses), alquileres prohibitivos y caída del consumo», según indicaron sus propietarios.
«Durante 2024, la cervecería ya había bajado las persianas de sus locales en Diagonal 74 (mayo), así como en City Bell y Ensenada (agosto), motivada por la misma crisis de ventas y tarifas», agregaron.
En paralelo, se conoció que el próximo 18 de abril cerrará el local marplatense de Bernardo de Irigoyen 3851, en Playa Grande, también franquicia de Antares.
En sintonía con lo que ocurre con los emprendimientos artesanales, gigantes de la cerveza como Quilmes también vienen dando cuenta de una crisis que es inseparable del menor consumo y la suba de los costos operativos.
A fines de febrero, la firma anunció que avanzará con un recorte de personal en su planta operativa de Zárate, donde más de la mitad de los trabajadores dejarán sus puestos a través de un programa de retiros voluntarios.
De esa forma, la compañía pasará de una dotación de 260 empleados a apenas 80 y reducirá su esquema de producción de tres turnos diarios a uno solo.
La decisión fue acordada con la comisión interna de la planta, que atribuye la medida a una caída del 45% en las ventas respecto de 2025 y a los problemas financieros que la empresa venía arrastrando como consecuencia de la retracción del consumo y la mayor apertura de importaciones. El ajuste, se indicó, busca evitar un escenario más crítico para la operación local.
El comienzo de 2026 encontró a la industria atravesada por una crisis más amplia que impacta en distintos sectores manufactureros. En el caso puntual del negocio cervecero, el avance de las importaciones aparece como un factor determinante en el deterioro del mercado interno.
De acuerdo con un informe del Centro de Investigación en Negocios y Exportación (Cien), elaborado sobre la base de estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), las importaciones de cerveza crecieron 293% tan sólo en el primer trimestre de 2025.
Testimonios en Neuquén
En Neuquén, el fenómeno se traduce en decisiones cotidianas. “Se nota mucho la baja. Antes teníamos el bar lleno casi todos los días; ahora hay semanas muy irregulares”, cuenta Martín, encargado de una cervecería del bajo neuquino. “La gente sigue viniendo, pero consume menos. Donde antes pedían varias pintas, hoy comparten o directamente eligen otras opciones”.
Desde otro local, ubicado en la zona de bares sobre la costa, la lectura es similar. “El problema no es solo que venga menos gente, sino que los costos subieron muchísimo. La luz, el gas, los insumos… todo impacta”, explica Carolina, dueña de un emprendimiento artesanal. “A veces trabajás todo el fin de semana y el margen es mínimo”.
El ajuste también alcanza a los productores. Lucas, que elabora cerveza artesanal en pequeña escala, advierte que el escenario obliga a repensar el negocio: “Nosotros sentimos el golpe por duplicado: vendemos menos y producir es más caro. Muchos colegas están frenando inversiones o achicando la producción”.
El circuito cervecero neuquino, que en los últimos años creció al calor del consumo y se convirtió en un punto de encuentro social, empieza así a mostrar fisuras. Menos clientes, tickets más bajos y costos en alza dibujan un mapa más desafiante.
“Hay que reinventarse todo el tiempo”, resume Martín, casi como una consigna. “Promociones, eventos, lo que sea para sostener el movimiento”.
En ese contexto, la cerveza —históricamente asociada al encuentro— también se vuelve un termómetro de la economía. Y en Neuquén, como en gran parte del país, ese termómetro hoy marca una temperatura más más cercana al crudo invierno.