Mientras las negociaciones entre Estados Unidos, Irán y Pakistán, el presidente Donald Trump realizó un importante anuncio en su red social respecto al estrecho de Ormuz, punto clave para el paso de buques que trasladan petróleo a distintas partes del mundo.
Inició el operativo para despejar el estrecho de Ormuz
El mandatario anunció que el Ejército norteamericano inició el proceso para despejar el estrecho que Ormuz y que los 28 buques de Irán fueron destruidos.
El comunicado lo realizó a través de un posteo en su cuenta de Truth Social donde afirmó: «Un gran número de petroleros completamente vacíos, algunos de los más grandes del mundo, se dirigen ahora mismo a Estados Unidos para cargar el mejor y más «dulce» petróleo (¡y gas!) del mundo».
«Tenemos más petróleo que las dos siguientes economías petroleras más grandes juntas y de mayor calidad», afirmó en su publicación y agregó: «Los estamos esperando. ¡Rápido cambio! Presidente DJT».
La delegación de la República Islámica, encabezada por el presidente del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf, mantuvo una reunión con el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, tras haber celebrado un encuentro previo con el jefe del Ejército, el general Asim Munir. El objetivo del encuentro fue coordinar los detalles técnicos del inicio del diálogo con la administración norteamericana.
La comitiva iraní concretó la cita con Sharif a las 13 hora local, después de las consultas de alto nivel realizadas la noche anterior con la cúpula militar paquistaní.
El ejército de Fuerzas de Defensa de Israel intensificó su ofensiva en Líbano al anunciar que en las últimas 24 horas atacó más de 200 objetivos vinculados al movimiento islamista proiraní Hezbollah, en una nueva escalada del conflicto en la región.
Israel golpea con fuerza a Hezbollah en territorio libanés
Según un comunicado militar, la operación incluyó bombardeos sostenidos contra infraestructura del grupo en territorio libanés, mientras la aviación israelí continúa respaldando a las tropas desplegadas en el sur del país.
La ofensiva se produce en la antesala de contactos diplomáticos entre Israel y el gobierno de Líbano en Washington, en un intento por contener la violencia.
En paralelo, el conflicto se enmarca en un escenario regional más amplio: este sábado, Estados Unidos, Irán y Pakistán iniciaron negociaciones trilaterales en Islamabad para buscar una salida a seis semanas de enfrentamientos que han impactado en la economía global.
De acuerdo con fuentes de la Casa Blanca, las conversaciones se desarrollan de manera directa entre las partes, un cambio significativo respecto de los recientes intercambios indirectos entre Washington y Teherán.
La simultaneidad entre la intensificación militar israelí y los esfuerzos diplomáticos internacionales refleja la complejidad de un conflicto que, lejos de estabilizarse, suma nuevos frentes y actores.
A simple vista, un aula estadounidense parece igual a cualquier otra del mundo: maestros que enseñan, estudiantes que escuchan, escritorios ordenados en filas. Pero debajo de esa aparente normalidad se esconde una arquitectura del miedo que habla más de una sociedad que cualquier estadística.
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Las aulas deberían ser uno de los últimos refugios de cualquier sociedad. Sin embargo, en algunos países ya dejaron de serlo hace tiempo. Y en Argentina, aunque todavía en una escala menor, comienzan a aparecer señales que obligan a dejar de mirar hacia otro lado.
En Estados Unidos, el sistema educativo convive desde hace años con una realidad difícil de procesar: escuelas diseñadas no solo para enseñar, sino también para resistir ataques armados. Escritorios que funcionan como escudos, puertas reforzadas, cámaras de vigilancia permanente y protocolos de emergencia que forman parte de la rutina escolar. Todo eso, para poder dar una clase de matemáticas.
Los datos son contundentes. En 2023 se registraron 352 tiroteos en escuelas, el número más alto del que se tenga registro. Aunque en los años siguientes hubo una leve baja en la cantidad de episodios, la letalidad se mantuvo alta. En 2025, al menos 32 personas murieron en estos hechos, mientras que en lo que va de 2026 ya se contabilizan múltiples ataques con víctimas fatales y heridos.
Detrás de esas cifras hay un fenómeno estructural que Estados Unidos no logró resolver: una cultura profundamente arraigada en torno a las armas, un marco legal que garantiza su portación y un sistema político que, pese a cada tragedia, no consigue avanzar en regulaciones efectivas. El resultado es conocido: una sociedad donde los simulacros de tiroteo son tan habituales como los de incendio.
Durante años, Argentina observó ese escenario como algo lejano. Incluso, como una anomalía ajena a su propia realidad social. Pero esa distancia comenzó a reducirse.
El 30 de marzo de 2026, en San Cristóbal, provincia de Santa Fe, un adolescente de 15 años ingresó armado a una escuela y abrió fuego dentro del aula. Un estudiante de 13 años murió y al menos ocho personas resultaron heridas. Fue el primer caso letal de este tipo en más de dos décadas en el país.
El hecho no quedó aislado. En los días posteriores, se registraron nuevos episodios: un alumno armado en Tucumán que fue reducido antes de disparar y otro caso en Entre Ríos con un arma de fabricación casera. A la par, aparecieron amenazas en redes sociales que obligaron a activar protocolos judiciales y preventivos.
No se trata de una casualidad. Los antecedentes recientes ya mostraban señales de alerta. En Florencio Varela, una estudiante ingresó a su escuela con un arma y municiones; en Mendoza, una adolescente disparó dentro de un aula en medio de una crisis emocional; en Escobar, un grupo de alumnos organizó un ataque a través de WhatsApp antes de ser detectado.
Hay un elemento que se repite con inquietante regularidad: las armas no provienen del mercado ilegal en la mayoría de los casos, sino del entorno familiar. Muchas veces pertenecen a integrantes de fuerzas de seguridad. Es decir, el propio Estado aparece, indirectamente, como origen del problema.
A esto se suma un factor nuevo: la influencia de comunidades digitales que glorifican la violencia y replican modelos de ataques como el de Columbine. En el caso de San Cristóbal, las autoridades detectaron vínculos con estas “culturas subdigitales”, donde la violencia no solo se consume, sino que se admira.
La comparación con Estados Unidos todavía muestra diferencias enormes en escala. Pero la tendencia en Argentina es clara: más episodios, menor edad de los involucrados y mayor circulación de discursos violentos en entornos digitales.
El problema no está en la arquitectura de las escuelas, sino en lo que ocurre fuera de ellas. En la falta de controles efectivos sobre las armas, en las debilidades del sistema de salud mental, en la fragmentación social y en la incapacidad de anticipar conflictos que escalan hasta niveles extremos.
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Estados Unidos llegó a blindar sus aulas después de décadas de inacción. No como una política preventiva, sino como una respuesta tardía a una realidad ya instalada.
Argentina todavía no está en ese punto. Pero empieza a ver señales que, si no se abordan a tiempo, pueden llevar en esa misma dirección.
El desafío no es menor: evitar que la excepción se convierta en regla. Porque cuando una sociedad empieza a discutir cómo reforzar las puertas de las escuelas, probablemente ya haya fallado en todo lo demás.
Pakistán oficializó su rol de mediador internacional al recibir de forma consecutiva a los representantes de Irán y Estados Unidos, marcando un punto de inflexión en la diplomacia global.
La delegación de la República Islámica, encabezada por el presidente del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf, mantuvo una reunión con el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, tras haber celebrado un encuentro previo con el jefe del Ejército, el general Asim Munir, con el objetivo de coordinar los detalles técnicos del inicio del diálogo con la administración norteamericana.
La comitiva iraní concretó la cita con Sharif a las 13:00 hora local, después de las consultas de alto nivel realizadas la noche anterior con la cúpula militar paquistaní. Los medios de comunicación iraníes informaron que las negociaciones entre Irán y Estados Unidos para poner fin a la guerra en Oriente Medio comenzaron, aunque aún no estaba claro el formato de las conversaciones.
Las agencias de noticias Fars y Tasnim afirmaron que «se decidió iniciar las negociaciones» tras «los avances logrados durante las conversaciones preliminares y la reducción de los ataques del régimen sionista en el sur de Beirut, en el Líbano», en referencia a Israel.
Pakistán oficializó su rol de mediador internacional este sábado al recibir de forma consecutiva a los representantes de Irán y Estados Unidos, marcando un punto de inflexión en la diplomacia global.
Pakistán activa el diálogo entre Irán y Estados Unidos
La delegación de la República Islámica, encabezada por el presidente del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf, mantuvo una reunión con el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif.
Esto ocurrió tras haber celebrado un encuentro previo con el jefe del Ejército, el general Asim Munir, con el objetivo de coordinar los detalles técnicos del inicio del diálogo con la administración norteamericana.
La comitiva iraní concretó la cita con Sharif a las 13:00 hora local, después de las consultas de alto nivel realizadas la noche anterior con la cúpula militar paquistaní.
De manera inmediata, el mandatario local recibió al vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, quien permanece instalado junto a su delegación en el hotel Serena de la capital, complejo designado como sede oficial de las negociaciones.
Esta secuencia de encuentros bilaterales precede a lo que las autoridades describen como el comienzo formal de las tratativas de paz en suelo islámico.
Según confirmó oficialmente la oficina del primer ministro, «al dar comienzo hoy las Conversaciones de Islamabad, el primer ministro de Pakistán, Muhammad Shehbaz Sharif, mantuvo una reunión con Su Excelencia JD Vance, vicepresidente de los Estados Unidos».
Pese al hermetismo sobre la hoja de ruta inmediata, los movimientos diplomáticos en Islamabad confirman la puesta en marcha de un canal de comunicación directa entre las potencias en conflicto.
Pakistán dio un paso decisivo en el escenario internacional al posicionarse como mediador en uno de los conflictos más sensibles de la actualidad. La recepción consecutiva de delegaciones de Irán y Estados Unidos en Islamabad no solo marca el inicio de un proceso de diálogo, sino que también redefine el rol del país asiático en la diplomacia global.
La jornada estuvo atravesada por una intensa agenda de reuniones de alto nivel. Por un lado, la delegación iraní encabezada por Mohamad Baqer Qalibaf mantuvo encuentros con las máximas autoridades políticas y militares de Pakistán, en un movimiento orientado a coordinar los aspectos técnicos del diálogo. Casi en paralelo, el vicepresidente estadounidense JD Vance fue recibido por el primer ministro Shehbaz Sharif, consolidando una secuencia diplomática cuidadosamente planificada.
La simultaneidad de estos contactos no es casual. Representa la apertura de un canal de comunicación directa entre dos potencias enfrentadas, en un contexto de alta tensión internacional. Islamabad se convierte así en el escenario donde comienzan a delinearse posibles caminos hacia una distensión.
El valor estratégico del encuentro radica en su capacidad de generar un espacio de negociación en medio de un conflicto que ha tenido impacto global, especialmente en materia energética y geopolítica. La elección de Pakistán como sede también refleja un cambio en los equilibrios diplomáticos, con nuevos actores que asumen roles protagónicos en la búsqueda de soluciones.
Aunque todavía no se conocen detalles concretos sobre la hoja de ruta de las conversaciones, la puesta en marcha de este proceso ya constituye un avance significativo. La posibilidad de establecer un diálogo sostenido entre Washington y Teherán abre expectativas en la comunidad internacional, que sigue de cerca cada movimiento.
El 8 de abril de 2026, Estados Unidos e Irán aceptaron un alto el fuego de dos semanas mediado por Pakistán. La pausa llegó a apenas dos horas de que expirara el ultimátum de Trump para destruir centrales eléctricas y puentes iraníes. Es una buena noticia, pero conviene no engañarse: aunque los combates cesen, sus consecuencias no van a deshacerse.
Tras cinco semanas de guerra, el mundo energético, militar y geopolítico que existía antes del 28 de febrero ya no existe. Y no va a volver.
40 instalaciones energéticas dañadas en nueve países
La dimensión de los daños físicos es el primer motivo para el pesimismo. El director de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Fatih Birol, calificó la situación como la mayor crisis de seguridad energética de la historia, equiparando su impacto al de las dos crisis petroleras de los años 70 y la crisis del gas de 2022 juntas. Al menos 40 activos energéticos en nueve países han sufrido daños graves.
La lista es demoledora. En Irán, las instalaciones de South Pars y la isla de Jarg han sido bombardeadas. En Arabia Saudí, la planta de Ras Tanura –con 550 000 barriles diarios de capacidad– fue alcanzada por drones. En los Emiratos Árabes Unidos, la refinería de Ruwais (una de las mayores del mundo), el campo de gas de Shah y el puerto de Fujairah han sufrido daños. En Catar, el complejo de Ras Laffan, responsable de aproximadamente el 20 % del gas natural licuado (GNL) mundial, fue atacado con misiles en varias oleadas. Y en Kuwait, las refinerías de Mina Al Ahmadi y Mina Abdullah fueron golpeadas, junto con plantas de desalinización y electricidad. De hecho, Kuwait declaró “fuerza mayor” (exime de responsabilidad por incumplimiento, cubriendo eventos como desastres naturales, guerras o actos gubernamentales) y redujo su producción a consumo doméstico.
Y aquí viene el punto clave: estas instalaciones no se reparan pulsando un botón. Los cierres forzados de producción provocan corrosión y daños estructurales que requieren reparaciones previas al reinicio. Como señaló un investigador de la Universidad de Columbia, el proceso puede ser lento y costoso. El centro de investigación Brookings fue más directo: los ataques iraníes a Ras Laffan, Yanbu y Fujairah estaban diseñados precisamente para prolongar la escasez más allá de la reapertura del estrecho de Ormuz. Las instalaciones dañadas tardarán meses o años en repararse.
El petróleo: de 65 a 128 dólares y sin vuelta rápida
Antes de la guerra, el barril de Brent cotizaba entre 64 y 70 dólares. El 2 de abril alcanzó los 128 dólares, un alza del 93 %. Tras el anuncio del alto el fuego, está bajando un 15 %. Los 90 dólares por barril suponen un alza del 30 % con respecto al nivel previo a la guerra.
La Administración de Información Energética de EE. UU. (EIA) publicó el 7 de abril su previsión actualizada: no espera una normalización por debajo de 76 dólares el barril hasta 2027. La guerra ha provocado que Arabia Saudita, Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos, Catar y Bahréin redujeran de forma conjunta alrededor de 7,5 millones de barriles diarios de producción de crudo en marzo, según la EIA. Se espera que esta histórica interrupción del suministro empeore antes de mejorar, aumentando a 9,1 millones de barriles diarios en abril.
Es la mayor interrupción de suministro en la historia del mercado petrolero, según la AIE. Esa reducción equivale a la producción combinada de Kuwait, Catar, Emiratos y Bahréin desapareciendo del mercado de un día para otro.
Sin vuelta atrás
¿Por qué no volverán los precios al nivel anterior? Por cinco razones estructurales:
La AIE liberó 400 millones de barriles de reservas estratégicas; rellenarlos absorberá producción durante meses.
El mercado ha visto que Ormuz puede cerrarse, una percepción que se traduce en una prima de riesgo permanente.
Los seguros marítimos para cruzar el estrecho se multiplicaron por 50 o más, y según los aseguradores no bajarán hasta que haya una suspensión verificada de hostilidades.
Con más de 40 instalaciones dañadas, la oferta física tardará en recuperarse.
La inversión en rutas alternativas (oleoductos terrestres, terminales fuera de Ormuz) costará un dinero que repercutirá en el precio del barril.
Ormuz: de canal rutinario a punto de riesgo permanente
El estrecho de Ormuz transportaba el 20 % del petróleo mundial. Desde el 2 de marzo, los tránsitos diarios cayeron de 138 buques a cifras de un solo dígito. Unos 2 000 buques y más de 20 000 marineros quedaron varados. Irán creó un canal alternativo al norte de la isla de Larak, cobrando dos millones de dólares por tránsito en yuanes.
El coste de asegurar un petrolero para cruzar el estrecho pasó de una fracción de porcentaje del valor del buque a entre el 3,5 % y el 10 %. Para un superpetrolero de 100 millones de dólares, eso significa entre 3,5 y 10 millones por viaje, frente a unos 200 000 dólares antes de la guerra.
¿Se fiarán los países de que no vuelva a ocurrir? Difícilmente. La consecuencia será una reestructuración permanente: más oleoductos terrestres, más reservas estratégicas regionales, más inversión en defensa aérea propia por parte de los estados del Golfo. Todo eso cuesta dinero. Y ese dinero acabará en el precio de la energía.
Arsenales agotados: años para recuperarse
El coste militar directo de la guerra para Estados Unidos se estima en unos 28 000 millones de dólares en 39 días. El Pentágono ha solicitado 200 000 millones adicionales al Congreso. Pero el problema no es solo el dinero: es el agotamiento de las reservas de armamento.
En los primeros días se consumió aproximadamente el 10 % del inventario de misiles de crucero y el 25 % de los interceptores THAAD (siglas en inglés de Defensa de Área de Gran Altitud Terminal). La producción anual de misiles Patriot PAC-3 es de solo 172 unidades. Según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), la producción de 2026 no cubrirá el consumo, y las municiones desviadas al teatro iraní crean riesgos en otros frentes como Ucrania y el Pacífico occidental. Reponer inventarios llevará años, no meses.
Un dato revela la asimetría del conflicto: el coste de interceptar un dron iraní con un misil estadounidense es 106 veces mayor que el coste del propio dron.
Más allá de la energía: fertilizantes, alimentos y la señal a China
El impacto no se limita al petróleo. El Golfo produce alrededor del 12 % de los fertilizantes nitrogenados mundiales. Con las plantas de gas paradas, esa producción está interrumpida. El impacto en la cosecha 2026-2027 y en los precios de alimentos podría ser severo, especialmente para países importadores netos.
Y hay una dimensión estratégica que no debería pasar desapercibida: si Estados Unidos ha agotado arsenales críticos en Irán, ¿qué señal envía eso a Pekín respecto al estrecho de Taiwán? El CSIS lo advirtió explícitamente.
Para Europa, y para España en particular, la vulnerabilidad es clara. La dependencia del GNL catarí (con Ras Laffan dañado), la subida del precio del gas en el mercado TTF (mercado de referencia del gas en Europa) y la inflación energética importada golpean a una economía que apostó por el gas como energía de transición. Esa transición se ha encarecido dramáticamente.
Y para Irán (90 millones de personas), la inflación alimentaria interanual alcanzó el 112,5 % en marzo de 2026. La reconstrucción con sanciones, industria destruida y liderazgo decapitado será un factor geoeconómico durante décadas.
El mundo del 27 de febrero ya no existe
Este alto el fuego –si se consolida– pondrá fin a los combates. Pero no deshará sus consecuencias. El estrecho de Ormuz ha dejado de ser un canal rutinario para convertirse en un punto de riesgo permanente. Los arsenales occidentales necesitarán años para reponerse. Los estados del Golfo invertirán masivamente en defensa y rutas alternativas. Y países como China, India y los europeos acelerarán su búsqueda de independencia energética, no por idealismo verde, sino porque han visto lo que puede pasar cuando no la tienes.
El 28 de febrero de 2026 no fue solo el día en que comenzó una guerra. Fue el día en que acabó la ilusión de que el petróleo siempre fluye.
Enrique Parra Iglesias, Profesor Titular de Universidad, Universidad de Alcalá
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.
Líbano e Israel acordaron celebrar una reunión el martes en Washington, con mediación de Estados Unidos, para discutir un Alto el fuego y una fecha para iniciar las negociaciones.
Según la oficina del presidente libanés Joseph Aoun, las negociaciones para un alto el fuego entre Líbano e Israel comenzarán durante una reunión el próximo martes en el Departamento de Estado, reportaron NBC News y la Agencia Xinhua.
La fecha de la reunión se fijó esta noche en una llamada telefónica entre la embajadora del Líbano en Estados Unidos, Nada Hamadeh Mouawad, el embajador de Israel en Estados Unidos, Yehiel Leiter, y el embajador de Estados Unidos en el Líbano, Michael Issa, según informó la oficina del mandatario libanés._
Estados Unidos actúa como mediador entre el Líbano e Israel. El comunicado indica que la llamada forma parte de los esfuerzos diplomáticos destinados a lograr un alto el fuego e iniciar negociaciones.
La escalada en Medio Oriente suma nuevos focos de tensión diplomática, militar y económica, con Estados Unidos, Irán e Israel como protagonistas centrales. El presidente Donald Trump elevó el tono al advertir sobre un posible ataque contra Irán si fracasan las negociaciones previstas en Islamabad, mientras desde Teherán condicionan cualquier diálogo a un alto el fuego en Líbano y al desbloqueo de activos.
Crece el riesgo de escalada en Medio Oriente
En paralelo, el vicepresidente JD Vance se mostró moderadamente optimista sobre las conversaciones, aunque dejó abierta la puerta a un endurecimiento de la postura estadounidense. La tensión también impacta en la economía: la inflación en Estados Unidos trepó al 3,3% anual, impulsada por la suba de los combustibles.
Sobre el terreno, Israel asegura haber destruido miles de objetivos del grupo Hezbolá en Líbano, mientras el movimiento libanés respondió con el lanzamiento de misiles contra una base en Ashdod. En este contexto, el primer ministro Benjamin Netanyahu sumó fricciones diplomáticas al acusar a España de “hostilidad”.
La comunidad internacional intensifica las gestiones para evitar una nueva ola de bombardeos en Beirut, al tiempo que crece la preocupación humanitaria. La ONU alertó sobre el aumento de la inseguridad alimentaria en Líbano, mientras la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja envió ayuda de emergencia a Irán.
En el plano energético, la incertidumbre también se hace sentir: aeropuertos europeos advierten sobre una posible escasez si persisten las interrupciones en el estrecho de Ormuz, clave para el transporte global de petróleo, cuyos precios se mantienen por debajo de los 100 dólares, pero bajo presión.
En un contexto de máxima tensión internacional, delegaciones de Irán y Estados Unidos iniciaron este viernes en Islamabad una ronda de negociaciones que busca abrir una salida diplomática al conflicto que escaló en las últimas semanas en Medio Oriente.
La comitiva iraní está encabezada por el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, y cuenta además con la participación del canciller Abbas Araghchi, el secretario del Consejo de Defensa Ali Akbar Ahmadian, el titular del Banco Central Abdolnaser Hemmati y otros miembros del Legislativo.
Por parte de Estados Unidos, la delegación incluye a los enviados especiales Steve Witkoff y Jared Kushner, quienes buscarán avanzar sobre una propuesta iraní de diez puntos que abarca garantías de no agresión, el control del estratégico estrecho de Ormuz, el reconocimiento del derecho a enriquecer uranio, el levantamiento de sanciones, compensaciones económicas y la retirada de tropas estadounidenses.
Desde Teherán, las autoridades fijaron como condiciones iniciales un alto el fuego en Líbano y la liberación de activos iraníes en el exterior.
El presidente estadounidense, Donald Trump, calificó la iniciativa como una “base de trabajo” y anunció una pausa de dos semanas en las hostilidades tras gestiones con el gobierno de Pakistán. En la misma línea, Israel respaldó la suspensión de los ataques, aunque condicionó su apoyo a la apertura inmediata del estrecho de Ormuz y aclaró que la tregua no se extenderá al frente libanés.
Antes de partir desde la base aérea Andrews, el vicepresidente J. D. Vance sostuvo que existen “directrices claras” de la Casa Blanca para encarar el diálogo y expresó expectativas positivas, aunque advirtió que cualquier intento de “engañar” a Washington podría endurecer la postura estadounidense.
El encuentro en Islamabad representa el primer intento concreto de retomar el canal diplomático tras la escalada iniciada hace más de un mes, cuando una ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán frustró negociaciones indirectas que se desarrollaban con mediación de Omán en torno al programa nuclear iraní.
Pese a la fragilidad del escenario, Trump se mostró optimista y aseguró que los líderes iraníes “son mucho más razonables” en privado que en sus declaraciones públicas, en lo que aparece como una señal de cautela pero también de apertura a un posible entendimiento.