Con prórrogas cerradas en once áreas y la llegada de nuevos actores, la provincia busca consolidar su presencia en la Cuenca Neuquina. El Plan Andes de YPF y la mira puesta en los no convencionales marcan el pulso.
La provincia de Río Negro atraviesa una etapa clave en la reorganización de su mapa hidrocarburífero. Con una producción que representa apenas el 2,8% del petróleo y el 1,9% del gas de Argentina, la gestión de Alberto Weretilneck logró renegociar contratos con cinco compañías para extender la vida útil de once áreas, algunas con vencimientos hasta 2037. En este marco, el Gobierno apunta a fortalecer su perfil productivo y a no quedar relegado frente a la potencia vecina, Neuquén, corazón de Vaca Muerta.
A través de la Secretaría de Hidrocarburos, la provincia trabaja en un equilibrio que combina sostenibilidad ambiental, generación de empleo local y atracción de nuevas inversiones. “El objetivo es producir todo lo que nos dé el subsuelo, siempre con mirada de sostenibilidad”, explicó la secretaria Mariela Moya, quien integra el equipo de Energía encabezado por Andrea Confini.
Prórrogas, cesiones y nuevas operadoras
En lo que va del año, se consolidaron prórrogas clave con empresas como Tecpetrol (Grupo Techint), Petróleos Sudamericanos, YPF, Vista y Quintana Energy. Un caso emblemático es el de Estación Fernández Oro, el mayor yacimiento gasífero de Río Negro, que pasó de YPF a Quintana Energy bajo el paraguas del Plan Andes. También se destacan las prórrogas para Agua Salada, Jagüel de los Machos y 25 de Mayo-Medanito, esta última hoy gestionada por Petrolera Aconcagua.
Las prórrogas significan continuidad operativa y compromiso de inversiones, pero el Gobierno provincial sigue de cerca la situación financiera de dos compañías puntuales: President Petroleum y Petrolera Aconcagua. Según admitió Moya, estas operadoras atraviesan dificultades para sostener sus compromisos y se evalúa su futuro en bloques como Puesto Flores-Estancia Vieja y Catriel Viejo.
Un tablero diverso con apuestas de futuro
A la par de los jugadores históricos, Río Negro sigue sumando firmas interesadas en sus activos convencionales y en el potencial no convencional. Madalena Energy, Energycon, Crown Point y Petrolera del Comahue -en sociedad con la estatal Edhipsa- figuran entre los actores que gestionan áreas con posibilidades de exploración y explotación más intensiva.

Uno de los casos más seguidos es el de Phoenix Global Resources (PGR), que se perfila como un actor clave para la parte rionegrina de Vaca Muerta. En las licencias Confluencia Norte y Sur, PGR ya conectó un primer pad de tres pozos y avanza con otro de cuatro, buscando replicar la experiencia exitosa de Neuquén.
El desafío no convencional
Aunque Río Negro no posee la misma escala que Neuquén, el interés por la roca shale crece de la mano de empresas como Capex, que ya trabaja en un proyecto exploratorio en Cinco Saltos Norte para perforar un pozo horizontal orientado a Vaca Muerta. “Cada yacimiento cuenta su propia historia”, destacó Moya, recordando que la administración provincial mantiene la puerta abierta para ajustar los planes según la respuesta geológica.
De fondo, el Plan Andes de YPF sigue siendo un motor para reordenar concesiones, transferir bloques maduros a operadores más ágiles y concentrar esfuerzos en áreas estratégicas para maximizar la producción. Con un promedio de 21 mil barriles diarios de crudo en mayo, Río Negro busca así sostener su aporte a la Cuenca Neuquina y a la balanza energética nacional.
Río Negro, clave para la ruta exportadora
Más allá de los barriles que se extraen del subsuelo, la ubicación geográfica de Río Negro la convierte en un eslabón fundamental para la exportación de la producción de Vaca Muerta. El puerto de Punta Colorada y la infraestructura vial y ferroviaria complementan un esquema que, de sostenerse y profundizarse, permitirá a la provincia potenciar su perfil de productor y corredor logístico.
El nuevo mapa rionegrino del petróleo, entre el convencional y la expectativa por los no convencionales, promete seguir sumando capítulos. La clave, admiten todos los actores, será mantener la confianza de los inversores y garantizar reglas de juego claras que permitan transformar los recursos bajo tierra en empleo, divisas y desarrollo territorial.