Detrás de casi cinco décadas de los eventos deportivos más importantes, siempre estuvo Sergio Dovio, cámara en mano. Testigo de goles, triunfos y medallas, este fotógrafo neuquino por adopción presenció casi todos los grandes acontecimientos deportivos desde 1978 hasta hoy, incluyendo Mundiales de fútbol y Juegos Olímpicos.
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Dovio nació en San Jorge, provincia de Santa Fe, pero su corazón está en Neuquén, desde que a los nueve años se trasladó junto a sus padres. Aquí encontró su hogar, formó su propia familia y comenzó su camino como fotógrafo freelance. Desde entonces recorre el mundo capturando los grandes acontecimientos deportivos, mientras colabora con distintos medios, entre ellos LMNeuquén y LU5.
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Cada viaje, cada imagen, cada instante inmortalizado con su cámara refleja una pasión inquebrantable por el deporte y por documentar su historia. A lo largo de su trayectoria, atesora innumerables recuerdos y anécdotas, porque —como él mismo dice— de deportes tiene muchísimo para contar, ya que pudo “conocer a los más grandes”.
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Su carrera comenzó cubriendo el Mundial de 1978, los Juegos Olímpicos de verano en Moscú en 1980 y los de invierno en 1994. Desde entonces, nunca se detuvo y hoy su recorrido acumula cifras impresionantes: once mundiales de fútbol masculino, un mundial de fútbol femenino, diez Juegos Olímpicos de verano y otros siete de invierno; Copas América; Juegos Panamericanos, Sudamericanos e Iberoamericanos; además de torneos de tenis, Dakar, Fórmula 1 y mundiales de todo tipo de deporte, incluyendo sumo y ajedrez.
“Ser campeón olímpico es lo máximo, excepto en el fútbol, que es más importante ser campeón mundial», expresó. Recordó que en su primer Mundial, en 1978, vio a una pareja joven rezando de espaldas a la cancha; en Qatar, revivió la misma escena durante los penales, al observar a mucha gente orando sin querer mirar lo que sucedía.
“Para mí genera más estrés verlo por televisión que en vivo; en el Mundial estoy enfocado buscando la foto”, reconoció.
Pasión deportiva de chico que se enlazó con la fotografía
Sergio asegura que su pasión por el deporte le fue inculcada, en parte, por su madre, Gloria. Mientras su padre se ocupaba del trabajo y las responsabilidades familiares, ella, entusiasta del deporte, siempre estuvo a su lado. “Nunca me puso un ‘pero’ para acompañarme a mis actividades. Al contrario, me motivaba y me apoyaba”, recordó y contó que desde chico ya jugaba al fútbol y al rugby.
“Aprendí a leer gracias al deporte”, admitió y contó que un pariente solía comprar la revista Goles y, movido por la curiosidad, él buscaba comprender los epígrafes de las fotografías. “Tenía la necesidad de saber lo que decía”, explicó Sergio, dejando en claro que desde muy pequeño el deporte corría por sus venas.
A medida que fue creciendo, esa pasión comenzó a entrelazarse con la fotografía. Empezó filmando partidos y, con el tiempo, esa práctica se transformó en el oficio que lo llevó a conocer decenas de países, más de trescientos estadios y recopilar miles de anécdotas.
Sin embargo, pese a su extensa trayectoria y los reconocimientos obtenidos, evita la ostentación y conserva intacta la humildad. “Yo no vivo de las apariencias, vivo de las experiencias, es lo único que te sirve en la vida”, reflexionó.
El orgullo de retratar a los neuquinos
Después de casi 50 años presenciando infinidad de acontecimientos deportivos, Dovio asegura que «lo que más vale la pena es haber retratado a la mayoría de los deportistas neuquinos de los últimos 47 años. La foto es un documento para toda la vida”.
También destacó el esfuerzo que realizan los atletas para representar a Neuquén y lamentó que “el único agradecimiento que reciben es un aplauso, y muchos después son olvidados”.
En esa misma línea, Dovio señaló que aunque en Argentina el deporte ocupa un lugar importante, llegar lejos resulta muy difícil y son pocos los que lo consiguen.
“El deporte saca muchos problemas: los psicólogos trabajan menos, hay menos borrachos y adictos. El deporte te da organización, y la disciplina te salva”, afirmó. Sin embargo, reconoció que en muchas ocasiones la situación económica limita a las personas, ya que practicar una disciplina no solo implica gastos propios del deporte, sino también en alimentación, indumentaria y otros aspectos esenciales.
Sus cuatro héroes del deporte
Año tras año y en cada competición, Sergio vio a los atletas de todas las disciplinas crecer, desarrollarse profesionalmente, ganar premios, celebrar triunfos y llorar derrotas. No solo retrató miles de hazañas, sino que también pudo conocerlos, conversar y estrechar la mano de ídolos de distintos deportes.
Entre todos ellos, Sergio distingue a cuatro deportistas como sus héroes argentinos. El primero es Lionel Messi, a quien resalta no solo por su talento, sino por su compromiso con el país, tan cuestionado antes de la obtención de la Copa del Mundo.
Sergio asegura que Messi es “la persona que mejor nos hace quedar en el mundo” y lo describe como el ídolo de todos los niños del planeta. “Después de los doce años viene el nacionalismo, pero para los más chicos es el ídolo número uno; trasciende fronteras, hasta los jugadores famosos quieren sacarse una foto con él”, aseguró, haciendo mención, además de su actitud tranquila y respetuosa.
Otro de sus ejemplos es el basquetbolista Luis Scola de quien destacó su entrega incondicional. “Scola ha representado a Argentina cada vez que lo llamaron, ha ido a Panamericanos, Sudamericanos, lo llamás para un campeonato estudiantil y va, porque él representa al país siempre”, aseguró.
De Maradona, el favorito de muchos, remarcó que incluso estando lesionado eligió representar a su país, sin buscar cobrar más ni “convertirse en divo” y agregó que “Diego era una topadora en el campo de futbol”.
Por último, su cuarta heroína es Paula “La Peque” Pareto, la única mujer argentina en obtener el oro individual. Además de su actitud excepcional, al nunca haber lesionado a una rival, la judoca compitió incluso lesionada y con riesgo físico con tal de representar al país.
Una camiseta y una cena inolvidable
Una de sus historias más recordadas comienza en 1998, durante los Juegos Olímpicos de Nagano, en Japón. En esa ocasión, Sergio quiso ingresar a las finales de patinaje artístico, pero Argentina no contaba con representantes y no se lo permitían. Tras varios intentos de conseguir un pase a través del área de prensa sin éxito, decidió pedir hablar directamente con la persona a cargo.
Afortunadamente, gracias a su poder de convencimiento, el jefe del área le permitió entrar y Dovio, para agradecer la gentileza, le regaló una camiseta de Maradona. Al tiempo, el hombre le envió un mail contándole que estaba en Ginebra y que todo el mundo le halagaba la camiseta. Desde ese momento, mantuvieron el contacto y comenzó una especie de amistad.
Unos años más tarde, en 2002, se volvieron a encontrar en los Juegos Olímpicos de Salt Lake City y lo invitó, por ser de los diez periodistas más destacados del evento, a una cena junto a ocho personas más.
Sin saber muy bien de qué se trataba, Sergio asistió a la cita en una habitación del sexto piso. Allí estaban ocho figuras distinguidas por sus aportes a la humanidad, entre ellos Desmond Tutu, Premio Nobel de la Paz; el polaco Lech Walesa; John Glenn, primer astronauta estadounidense; e incluso el famoso cineasta Steven Spielberg.
Como dice el propio protagonista de la anécdota, lo más importante es estar, porque a través de la presencia se generan contactos, nacen vínculos y hasta se entablan amistades impensadas.
Una trayectoria en la fotografía, llena de reconocimientos
El fotógrafo posee el récord latinoamericano de coberturas olímpicas. De manera casi ininterrumpida, estuvo presente en la mayoría de los eventos importantes a nivel mundial. Gracias a esto, obtuvo distintas menciones y premios.
En 2014, el Comité Olímpico Internacional (COI) certificó su labor con el premio Arte y Deporte, por su colaboración con los deportistas amateurs. Al año siguiente, fue distinguido en Buenos Aires con una mención por su exposición «Momento Dorado», y en 2016 la Municipalidad de Neuquén lo reconoció por su muestra fotográfica «Deportistas Destacados del Bicentenario».
Además, el COI lo ha premiado en varias oportunidades por su trayectoria y constancia. En 2016 recibió el galardón de manos del Príncipe de Mónaco, y en 2018 se lo entregó el garrochista ruso Sergei Bubka. La última distinción, en 2024, le fue entregada por Nadia Comaneci, una verdadera eminencia de los Juegos Olímpicos por haberlos popularizado con tan solo 13 años.
Aunque acepta que «la vida se va acortando», todavía tiene muchos proyectos por delante. En los próximos días viajará al Mundial de Atletismo en Tokio y en 2026 celebrará sus 70 años en medio de los Juegos Olímpicos de Invierno en Milán.
«Me voy poniendo viejo, pero sigo yendo a los eventos con entusiasmo, si me tengo que levantar a las 5 de la mañana para ir a ver un remero de Neuquén, me voy con una sonrisa, a mí me apasiona», concluyó.
La visita de Argentina a Ecuador, en el marco de la fecha 18 de las Eliminatorias Sudamericanas, marcará el cierre de la instancia previa al Mundial de Estados Unidos, México, Canadá 2026. Lionel Scaloni plantea las modificaciones para el cotejo que se jugará en Quito, sabiendo que Messi y “Cuti” Romero no estarán en el once inicial.
Con la confirmación de que Argentina cerrará en el primer lugar de las Eliminatorias, y que Ecuador ya está clasificado al Mundial del 2026, el cotejo será de compromiso, aunque Lionel Scaloni estaría pensando en el rodaje juvenil para el cotejo del martes 20hs.
Sabiendo que Messi fue desafectado por descanso, y que Cristián Romero se pierde el juego por suspensión, Scaloni planifica varios cambios. En principio Lautaro Martínez estaría en el ataque junto a Julián Álvarez, mientras que en defensa, Leonardo Balerdi ocuparía la zaga central junto a Otamendi.
El Toro estaría de titular ante Ecuador
Por otro lado, Alexis Mac Allister volvería al 11, y ocuparía el mediocampo remplazando a Franco Mastantuono. El resto de los puestos repetirían con relación al triunfo 3-0 ante Venezuela.
El domingo por la tarde será un nuevo ensayo. El lunes Scaloni hablará en Conferencia de prensa previo al viaje a Ecuador por la tarde noche.
Las Eliminatorias Sudamericanas ya tiene sus 6 equipos clasificados de forma directa al Mundial del 2026, solo queda determinar el 7mo puesto de repechaje donde se lo disputan Venezuela (18) y Bolivia (17).
En las calles de Neuquén, entre plazas y festejos, puede aparecer de sorpresa un visitante muy especial: un enorme robot amarillo que baila, hace reír y despierta la fascinación de todos. Se trata de Bumblebee, el Transformer más querido de la saga que conquistó el cine y las jugueterías, ahora convertido en estrella de cumpleaños y paseos familiares.
Bumblebee mide casi dos metros, tiene ojos que brillan y emite sonidos.
Bumblebee no es cualquier robot: mide casi dos metros, tiene ojos que brillan, emite sonidos y, lo más importante, baila sin parar. Cada vez que llega a una fiesta se roba la atención de grandes y chicos, posa para las fotos de las velitas y hasta logra que los más tímidos se animen a tirar unos pasos en la pista. Cada tanto se lo puede ver paseando en el Paseo de la Costa de la ciudad, porque le encanta encontrarse con la gente.
“Para los adultos es pura nostalgia, porque crecieron con la saga. Y para los chicos, verlo en persona es un sueño cumplido. Nadie se resiste a una foto con él”, cuenta entre risas Pilar, que junto a su compañero Jesús, son los responsables de Planeta Led, el emprendimiento neuquino detrás de este show.
Bumblebee aparece en distintos eventos de la ciudad y causa gran fascinación.
Backstage
Claro que la magia también tiene su esfuerzo: el traje de Bumblebee pesa unos 20 kilos y requiere de una persona con buen estado físico para operarlo porque además de ser pesado, hay que tener la habilidad de moverse de la cintura para abajo, porque la parte de arriba es de una sola pieza, explica Pilar. “Prepararlo lleva unos 30 minutos y el show dura unos 40 minutos. Y, aunque es pesado, lo disfrutamos porque la reacción de la gente lo vale todo”, agrega uno de los integrantes del staff, que opera a Bumblebee.
El robot, fiel a la película, no habla, pero emite los típicos sonidos de una radio rota que intenta sintonizar y solo reproduce fragmentos de canciones… Sí, como sucede en las pelis, lo que lo vuelve aún más gracioso. Además, tiene luces y movimientos que llaman la atención de quienes se acercan.
Tiene luces y movimientos que llaman la atención de quienes se acercan.
Los grandes también quieren una foto con el.
Pilar, comparte una de las anécdotas más tiernas que vivió el staff de Planeta Led con el robot: “En un cumpleaños, un nene de cuatro años se le quedó mirando fijo y, de repente, lo abrazó fuerte diciéndole: ‘¡Viniste a mi cumple! Al final viniste’. Después, la mamá nos contó que dormía abrazado a su muñeco de Bumblebee y que todas las noches le pedía que vaya a su fiesta. A los días, el nene vino junto con su mamá al local con un pedazo de torta y un dibujo para regalárselo. Claro, porque nosotros sabemos dónde vive el Transformer. Y bueno, ese dibujito lo guardamos en la agenda de Bumblebee, porque nos emocionó a todos”.
“Ver la cara de los niños es impresionante, no solo para los operadores del robot sino para todos los que estamos ahí con ellos trabajando. Porque lo miran con esa dulzura y esa ingenuidad de los niños, con la que le dicen: “Yo te vi en la película, yo te fui a ver al cine” y eso nos encanta”, agrega.
«Ver la cara de los niños es impresionante», aseguran los integrantes del staff de Planeta Led.
Un mundo de luces
Bumblebee es solo una parte del universo creativo de Pilar y Jesús, estos dos jóvenes emprendedores que decidieron que en Neuquén también se podían vivir shows a la altura de las grandes ciudades. Así nació Planeta Led, un emprendimiento pionero en la región con robots luminosos, osos gigantes, personajes cabezones como Messi, el Dibu Martínez o Daddy Yankee y también clásicos como Luis Miguel y Freddie Mercury; pistolas de humo y un túnel de luces infinito que sorprende a todos.
La última incorporación fue un Teddy gigante de 2,5 metros, tan tierno como irreverente, que se roba aplausos con sus salidas inesperadas. Y claro, junto con el gran Bumblebee, son una de las atracciones más pedidas.
Distintos personajes cabezones como Messi o Freddie Mercury cobran vida.
La nueva atracción de Planeta Led es un Teddy gigante de 2,5 metros.
“Siempre buscamos traer lo que vemos en Buenos Aires, porque no nos gusta que digan que acá en Neuquén no se consigue nada. Queremos que en Neuquén también se disfrute lo nuevo y lo distinto que hay en las grandes ciudades. Estamos muy pendientes de ver qué es lo que se está usando, qué es lo nuevo, cuáles son las tendencias. Y apenas podemos, lo traemos”, explica Pilar que trabaja junto a un equipo de 10 personas, de lunes a lunes, para que la fiesta nunca pare.
La pistola led de humo CO2 dispara la fiesta.
Alta fiesta
Emprender en el mundo del entretenimiento no es sencillo. Se trabaja todos los fines de semana, siempre hay faltazos a reuniones familiares y juntadas con amigos, conlleva mucho sacrificio. Pero la recompensa está en la energía de cada show. Porque, al final del día (o de la noche), lo que queda son las caras de asombro de los chicos y la emoción de los grandes cuando Bumblebee irrumpe en la escena y vuelve realidad la ilusión de muchos.
“Como todo, este trabajo tiene su parte difícil porque te perdés un montón de momentos porque trabajamos todos los fines de semana. Pero la verdad es que siempre estamos muy agradecidos a Planeta Led porque hemos logrado un montón de cosas. Porque nosotros no solo alquilamos atracciones; nos metemos en la fiesta, bailamos con la gente y la pasamos bien junto a ellos. Eso marca la diferencia”, resume Pilar.
Bumblebee irrumpe en la escena y vuelve realidad la ilusión de muchos.
¿Y qué es lo que más festejan los neuquinos?, había que preguntar. “Después de la pandemia, se festeja todo. Hasta una separación. Al neuquino le gusta la joda, el cotillón, la diversión. Y ahí entramos nosotros con robots, luces y humo. Es ese toque extra que convierte una fiesta en inolvidable”, concluye Pili que, obvio, siempre es el alma de la fiesta.
La selección argentina se impuso 3-0 frente a Venezuela en el estadio Monumental, por la penúltima fecha de las Eliminatorias Sudamericanas rumbo al Mundial 2026.
Lionel Messi fue la gran figura de la noche: abrió el marcador y selló la goleada en lo que fue su último partido oficial como local por los puntos. El segundo tanto lo convirtió Lautaro Martínez, delantero del Inter de Milán.
Con el triunfo, Argentina consolidó su liderazgo en las Eliminatorias y confirmó su condición de candidato rumbo al Mundial de Estados Unidos, Canadá y México 2026.
Claro que me gustaría conocer a quien frotó la lámpara para sacar al genio que pergeñó esta película, la mejor, jamás vista en la historia del cine. Porque tiene de todo. Es épica, pero tiene tramos conmovedores, románticos, tristes, emotivos, dramáticos, y por supuesto, al menos para mí, final feliz. De lo que no tengo dudas es que luego de esta historia ya no podrá inventar nada igual.
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Te lleva por lugares que nunca hubieses imaginado conocer, territorios inexplorados en donde los sentimientos se mezclan de tal modo que no entran en una clasificación convencional. Genio el anónimo ser que inventó esta maravilla y afortunados nosotros, no muchos, que en el contexto universal tenemos la posibilidad de asistir a la función.
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Porque lo que hasta ahora no les dije, es que, una vez terminada la película, como en Misión Imposible, se autodestruirá. Entonces, a partir de allí, nunca nadie jamás en la historia de la humanidad podrá volver a verla. Habrá fragmentos, se contarán mil historias, se recordará por siempre. Pero así, en vivo, ahora, tal y como la estoy viendo, nadie volverá a hacerlo.
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También debo decir que siento la alegría de estar viendo esta obra maestra, pero a la vez, la enorme tristeza de darme cuenta de que se están proyectando los minutos finales. Siento el honor de haber sido uno de los elegidos para disfrutarla y el horror de saber que pronto el cartel de THE END gobernará la pantalla.
Estoy en el momento en que el héroe entra por última vez en el castillo monumental para despedirse de su amada. Tiene como misión comunicarle que se preparará para la batalla final, aunque no le asegura que pueda hacerlo. Apenas cruzar el umbral del pórtico, de sus ojos asoman destellos diamantinos y en su barbada cara aparecen muecas que pretenden disimular el impacto emocional que le provoca este último encuentro. Pero es un héroe que no se puede permitir estas flaquezas y, por lo tanto, saca a relucir su hidalguía, abraza largamente a esa fiel seguidora y le deja dos perlas como ofrenda postrera.
La misión de reclutar a un chico llamado Messi
Esta historia comenzó hace más de veinte años, al menos así lo narra la película, cuando el rey Humberto advirtió que tras los mares, un espadachín de cualidades notorias sobresalía por sobre el resto de los guerreros. Entonces, decidió enviar a su general José a reclutarlo.
Lo que parecía una misión complicada, finalmente no lo fue porque nuestro héroe tenía claro que combatiría para este bando cuando llegasen las guerras. Mientras, otras batallas las daría en la tierra que lo cobijó y le permitió crecer. Así fue como en poco tiempo se sumó como un soldado más a las tropas de José. De inmediato mostró las condiciones por las que venía precedido. No debió transcurrir mucho tiempo para que fuese ascendido a capitán.
Y comenzó a ganar batallas. Por supuesto, también a perderlas. Y en el condado aparecieron las primeras voces agoreras, con críticas infundadas sobre su dedicación y entrega en las batallas en tierras al otro lado del mar, pero el escaso compromiso para las lides lugareñas.
Lo compararon con D10s, aquel otro guerrero que dejó su marca indeleble que vivirá por siempre con su imagen en los escudos de los soldados de nuestro condado. Pero ese D10s lo entendió, lo protegió y pidió que no lo comparen, que él ya había hecho su camino y ahora era el tiempo de este héroe. Ese que creció allá lejos, pero que siempre mantuvo giros idiomáticos, costumbres y amistades que lo ligaban a estas tierras. Habitaba en aquel mundo nuevo y deslumbrante, pero vivía en este condado porque sentía que este era su lugar.
Muchos no lo entendían así. Decían que había ganado mil batallas, pero ninguna guerra. Que cuando marchaban hacia la arena no cantaba el motivador himno de guerra, que no tenía voz de mando, que le faltaba energía en momentos decisivos. Tanto insistieron aquellas voces destructivas que lo hicieron dudar y por algún momento flaqueó.
Fue entonces cuando la plebe del reino levantó la voz para hacerlo recapacitar. El clamor se hizo sentir con tanta fuerza en la bastedad del territorio que el guerrero reflexionó y se (nos) dio una nueva oportunidad.
Pasaron varios generales. Algunos lucharon con valor hasta quedar a las puertas de la victoria. Otros, sin pena ni gloria. Muchos soldados fueron cuestionados y alejados, otros renacieron de entre las cenizas. Mientras, una nueva generación de gladiadores se estaba gestando en el seno de este suelo feraz.
La llegada del general Leónidas
Ocurrió un proceso traumático. Y apareció el general Leónidas. Toda una incógnita que de inmediato provocó la fácil reacción de aquellos que rechazan todo lo que no provenga de la escuela de formación a la que adhieren. Que no tiene nombre, que es un arribista, que rompió códigos, que le falta experiencia, que hace años que no vive en estas tierras y que, por lo tanto, será un nuevo fracaso en la tarea de impedir que otras potencias nos dominen.
Leónidas formó una plana mayor cuyo principal objetivo fue proteger a nuestra primera espada. Lo arropó, lo cuidó y lo mimó. Pero, por sobre todo, lo entendió e hizo que los otros soldados lo entiendan. Y consiguió que el resultado fuese obtener un ejército compacto, convencido de sus objetivos y prácticamente invencible. Y entonces, todo el condado se enamoró de esos valientes luchadores. Y todos empujaron para que por fin y después de muchos años se pudiese ganar una guerra.
Fue una fría noche de julio cuando el lancero de caballería, el ángel guardián, el repudiado y perdonado, nos hizo sacar de adentro todas nuestras frustraciones para desahogarnos en un grito que resonó por todo el condado. Grito de guerra ganada, de emoción contenida. Ese quijotesco ángel, vapuleado, burlado y ridiculizado nos demostró de lo que era capaz, pero por encima de todo tuvo la grandeza de perdonarnos. Siguió enfrentando a los molinos de viento, sabiendo que lo que faltaba no era una utopía, que todavía quedaban cosas por contar y él tenía palabras importantes para escribir en este libreto.
Un final de película
Ahora sabíamos que nos esperaba la Gran Guerra. Aquella que comenzamos con sufrimiento, pero que nuestro mismo héroe, ese gigante que peleó por su talla haciendo sacrificios enormes para superar esa dificultad, se encargó de enderezar de inmediato ante los aturdidos aztecas. Hasta llegar a aquella batalla final, épica, heroica, inolvidable. Porque el duelo final fue con los colonialistas blancos que para mantener su imagen de superioridad étnica mandaron a la guerra a los negros. Aquella epopeya gloriosa en donde su principal escudero atajó todas las lanzas y flechazos que le tiraron, donde el ángel volvió a decir presente y todos y cada uno de los soldados cumplieron al pie de la letra la estrategia de la plana mayor de Leónidas.
Debo confesar que nunca sentí lo que ocurrió en esta parte de la película. Por primera vez lloré por la alegría de haber triunfado, pero más lloré porque el vencedor fue aquel estigmatizado ganador de muchas batallas, pero perdedor de guerras. Lo vi feliz y lloré. Lo sentí pleno y no pude contenerme.
Aquel gesto con cruzando los brazos varias veces a la altura de la cintura, como diciendo “ya está”, “ya cumplí”, también lo sentí mío. Gloria a ese humilde capitán que de quien primero se acordó fue de aquellos que no pudieron lograrlo junto a él después de tantos intentos. ¿Cómo no derramar una lágrima en su honor y a esos gladiadores que superando adversidades nos mostraron el camino posible?
Por eso, quien pergeñó esta película no dejó ningún condimento afuera. Por eso que no quiero que termine, aunque esto sea inexorable. Se destruirá inmediatamente al finalizar y solo nos quedará la memoria y algunas imágenes para contarla. Fuimos afortunados quienes la vimos.
Porque no tengo dudas que se trata de una película. Porque ni el mejor escritor de la tierra pudo haber imaginado esto en la vida real.
A la Patagonia se la conoce como tierra de leyendas y lugares considerados míticos como la isla grande de Tierra del Fuego, en el Fin del Mundo. Quienes recorrimos el sur argentino en profundidad sabemos que ciertos rincones elevan aún más esa categoría, para los que al menos yo, ya no encuentro palabras con las cuales calificarlos.
Uno de ellos es la Península Mitre, el extremo oriental fueguino, separada de la Isla de los Estados por el turbulento estrecho de Le Maire. El mismísimo sitio donde se produjo el primer encuentro entre los colonos europeos y los pueblos que habitaban ancestralmente esta isla.
Con una superficie terrestre de casi 3500km2 (unas 17 veces la capital federal) y más de 5000kms2 marítimos, fue declarada Sitio Ramsar por ser un humedal de importancia internacional para la conservación de la biodiversidad y el sustento humano y desde 2019 Área Natural Protegida Provincial, ya que alberga una de las mayores concentraciones de turberas del hemisferio sur. Aunque se llama «península», no está completamente separada por un istmo. Raro.
Llegar no es fácil, son aprox. 125kms en vehículo desde Ushuaia hasta el puesto de prefectura de Moat, donde termina la ruta J, luego se debe seguir a pie poco más de 30 kms, según el sendero que uno tome hasta Bahía Slogget en la desembocadura del Rio López, antiguo límite occidental de la región.
En este extremo del mapa, donde los vientos azotan la tierra y el mar parece infinito, la Patagonia guarda leyendas vivas, y de eso les quiero hablar.
En 2015, llegué en mi autito hasta Moat, allí, mientras conversaba con personal de la Armada, por la ventana y soportando una leve llovizna vi llegar a un gaucho a caballo rodeado de vivaces perros que parecían custodiarlo. “Ese es El Paisa Andrade, un gaucho que vive solo, dentro de Mitre”, me dijeron. Sentí una gran alegría, yo conocía algo de su historia, pero tener la suerte de encontrarlo justo en el momento que realizaba una de sus esporádicas salidas del interior de la península fue una casualidad inmensa, casi como llegar al glaciar Perito Moreno el día que rompe su puente natural. “Soy muy afortunado”, pensé.
Salí a recibirlo, me presenté, y me encontré con una persona muy amable, de rostro duro pero amigable, hombre curtido por las inclemencias de un clima que no se anda con chiquitas. Vestía un camperón y un gorro con orejeras gris, vaqueros azules, camisa, pullover de lana y botas de goma. Conversamos un buen rato mientras él seguía con sus tareas, desensillar, ordenar sus cosas, sus animales, tomar mate. Usaba un precario refugio de viejas chapas oxidadas y tablas mal clavadas a metros del puesto de la Armada. Me ofreció llevarme por una semana hasta sus dominios australes. No me animé, en parte por no tener señal para advertir a mi familia que no podría comunicarme por largos días y en parte porque no me daba el cuero realmente. No tenía la más mínima preparación física, muchos de uds ya me conocen. Ahí mismo, en las oficinas de la Prefectura, nos sacamos la primera foto juntos. Ilustra la nota.
Con el tiempo tuvo teléfono con WhatsApp y conseguía señal de internet en Moat. Desde entonces solemos comunicarnos. Lo vi personalmente alguna vez más. En 2020 una increíble tormenta me frustró la travesía hacía sus dominios. Lo volví a encontrar en Moat en 2022. “Me gustaría que se conozca tu historia”, le dije hace poco. Le gustó la idea.
NOTA: Quiero aclarar que las respuestas que acá transcribo entre comillas, son declaraciones 100% textuales.
Su historia
El Paisa Luis Andrade, nació un 20 de septiembre a orillas del Paraná, en Goya, Corrientes y hoy acusa 64 años. Le sale el futbolero de adentro y me dice, “Me encanta el futbol, soy de Independiente, antes era fanático, después se me fue pasando, tengo un banderín firmado por el chivo Pavoni.
Entre Pelé, Maradona y Messi elige a… “Bochini papá, Bochini, ¡grande el Bocha!”. Tengo la esperanza de comunicarme con el Bocha para que sepa que tiene un admirador en el Fin del Mundo, donde termina la tierra. Un caminante que anduvo por acá me dijo que trataría de hacerme el contacto”.
Amante de la buena música, “me gusta toda sí, siempre que este bien hilvanada y buena letra”. Como buen gaucho admira a El Pampa, “Larralde, Larralde si toda la vida me gustó y me sigue gustando, tengo toda su obra, “Herencia pa´ un hijo gaucho” y demás y sus conferencias de prensa las tengo grabadas por ahí, cada tanto lo escucho, un hombre muy cabal para mí”.
Luego comienza a desgranar su apasionante vida,
“Llegué a estas tierras luego de vagabundear por el país. Anduve por Darregueira, provincia de Bs. As., me vine a dedo, con plata por supuesto, había renunciado a la represa hidroeléctrica– trabajó en Piedra del Águila, y también en Alicurá –, traía fondo de desempleo cobrado, quería conocer la Ruta 40, que era tan famosa, y ahí pasé por El Bolsón, me enamoré de ese pueblito, si yo siempre pienso el día que abandone acá buscaría instalarme ahí, pero son deseos nomás, por ahora continuamos acá, así que siempre quedé con eso en la cabeza”.
Mientras lo escucho pienso que en algún momento también recorrí por primera vez La 40 y tuve sueños de quedarme por allí, quizás con propósitos diferentes claro.
Los primeros años
En 1986 llegó a la isla, tuvo un “aserraderito” en Tolhuin y en 2006 o 2007, no recuerda bien, llegó a Mitre.
“Vine con un compinche amigo mío de Tolhuin que administró durante un par de años la estancia Bahía Slogget, me pidió que lo acompañe, y como hacía años que no andaba a caballo y en parte para conocer, me decidí a acompañarlo. Luego él no quiso continuar porque estaba abandonando mucho lo de él. Hice un arreglo y vine con otra persona, pero no duró ni un mes, acusó que le dolía la cintura, yo ya veía que no tenía el entusiasmo, no le agradó, así que quedé solo de nuevo, luego fui a buscar a otra persona, todas duraban poco, iban y venían casi siempre en el tiempo de rodeo, en vacaciones, después ya no”.
Si bien ahora habita el sur, llegó por el lado Norte al Rancho e Lata. Hace una pausa y continúa.
“luego a 2 días de viaje había una veranada que era Rio Udaeta, donde solía quedarme desde octubre a mayo aproximadamente y luego volvía a Rancho e Lata, Punta Ibarra que son campos de invierno, donde traíamos vacas a invernar. Anduve en muchos lugares, esto, esta estancia es muy grande se llama Bahía Slogget. Anduve también por Rancho e Cuero, Rancho e Nylon, Corral de Aguante, Corral de la Yegua, Rancho Julián, Puesto La Playa”,
Me cuenta Don Luis, que comienza a entusiasmarse,
“Los primeros días, los primeros años diría, fueron difíciles, como toda persona que empieza en un lugar que no conoce, no estaba adaptado al clima, por eso con el patrón, la persona que yo había arreglado, me dijo “bueno vamos a hacer un contrato enseguida, por 3 años…5 años…con prórroga, como quiera”. Le dije que me diera un año para probar si me gustaba, si me hallaba, quería ver qué cantidad de animales había y si me adaptaba, y así me quedé, pero si, no me gustaba el viento, en la costa mucho viento. Hoy día ya no es tanto, o será que me adapté más al clima, pero hoy ya estoy mucho más tranquilo. Antes esos viajes hasta Moat para ir a buscar las cosas eran una tortura, una tortura eran, y hoy día ya para mi es un trámite más ya, no significa gran cosa para mí, pero me costó sí, me costó bastante, bastante me costó”.
Ahora el entusiasmo es mío y le pregunto: ¿cómo era la vida cuando llegaste a la península?, piensa y comienza a desenterrar lejanas vivencias.
“Era fatal y más para mí que era la primera vez que andaba en la costa. 16…20 grados bajo cero, escarcha, tempranamente tenía que herrar caballos, aunque sea dos para salir a buscar provistos o en caso de accidente tener como moverme, si no, no se podía salir, con caballo liso no salís a ningún lado, y la escarcha perduraba, empezaba a escarchar y no se iba hasta la primavera. Hoy día hace años que no escarcha, con ese tema del calentamiento global y parece ser que es cierto porque pasan años redondos sin herrar con ganchos, ni escarcha siquiera ya, ha cambiado totalmente acá, 100 x 100 un giro de 360 grados ha dado acá del tiempo que llegue al momento que estoy ahora«.
Sacrificio y adaptación
En mis dos viajes a la Península Mitre experimenté la rudeza de vivir allí, y de solo imaginarme como habrá sido para él en esos tiempos, me perturba.
“No había nadie acá, estaba solo y en la costa sur, que cruzaba el Rio López hacia adentro. El único que estaba en la zona sur, en Casa Vieja, era Pati– (Vargas, otro gaucho solitario) –. Estaba casi toda la península abandonada, incluso Puerto Español (en Bahía Aguirre). Solo había personal de la Armada en Buen Suceso y en la zona norte, en Policarpo que estaba Adolfo Imbert. En un momento quedé solo solo, se había ido Pati y la gente de la Armada de Buen Suceso, que volvió cuando se perdió una persona. Me había dejado guacho guacho, estuve solo completamente”.
¿Qué hiciste en esos primeros tiempos?
“Lo primero que hice esos primeros tiempos fue sobre todo conocer el campo, la tabla de mareas, entrar en cañadones, conocer ríos, pasos, entrar en los cerros, por atrás de la cordillera, donde recorrían, donde andaban los animales para poder sacarlos, experimentando y conociendo el lugar, así que me lo pasaba afuera, eh?, me echaba 3 o 4 atados de cigarros en el bolsillo y hasta que no los terminaba no me volvía, sabía andar semanas enteras, sin comida me quedaba, me entusiasmaba demasiado. Comiendo huevo de avutarda, carneando algún mamón ahí, así me lo pasaba, pero tenía un alma de conocer, siempre fui así, conozco mucho de mi país, porque siempre me gustó, soy así del estilo Diego Promenzio, una cosa así, jajaja”.
Se ríe, y asombrado por tal comparación, me río yo también…
Adaptarse a un lugar así no es nada sencillo, ¿Qué fue lo que más te costó?
“Lo que más me costó como no había estos medios de comunicación que hay ahora, nada, no podía marcar una tabla de marea, a veces llegaba a los pasos que tenía que pasar y estaba la marea arriba, como no los podía pronosticar de otra manera, no tenía los conocimientos, tenía que volverme para atrás, muchas veces con cargueros, y le erraba a los horarios, eso fue lo que más me costó, fatal eso. Hoy día ya no porque con estos medios de comunicación, teléfono mismo, ya tengo la tabla, marco y ya sé mañana a qué hora tengo que salir, a qué hora sube a qué hora baja, cuanto lo que va a subir, cuanto lo que va a bajar, bueno uno ya sale ahí más tranquilo y más seguro, antes, los primeros tiempos, como no existía este medio, me costó muchísimo, para que vamos a negar”.
Pienso que deben haber sido días muy difíciles, pero que seguramente también habrá habido días mejores, le digo, y continúa,
“El mejor día que recuerde fue una vez que me vinieron a festejarme un cumpleaños. Vinieron varias gentes que ya habíamos empezado a transitar el tema del turismo yo y empezaban a llegar acá y bueno se notificaron cuando era mi cumpleaños y se unieron entre todos y todos pusieron un poquito de todo y se vinieron a festejar mi cumpleaños y hasta me regalaron un teléfono. Ese, cálculo fue el mejor día, pero tuve muchos momentos lindos con la gente que me aprecia y gente que yo también aprecio. Viene gente muy cercana, muy amable y muy linda acá por eso que no me he ido de acá”.
Y si hubo de los buenos, debes haber sufrido de los otros, ¿no?
“El peor día fue una vez que me largué ahí en Slogget, la Vuelta de La Piedra que hay que largarse con marea baja, me largué con marea baja pero tenía viento en contra y yo no lo tenía bien estudiado porque el mar varía, me arrinconó contra la barranca el mar, los perros pasaban por arriba mío, me llevaba el caballo para adentro cuando las olas rompían contra la barranca me llevaban el caballo 30…40 metros para adentro y cuando venían esas olas bajas trataba de disparar, pensé que no salía, estaba más muerto que vivo, esa vuelta fue el peor día de mi vida, que putee hasta dios y a maría santísima, quien me manda a huevear así si no tenía obligación”.
La naturaleza salvaje de estos lares, lo puso rápidamente en su lugar y le hizo entender que nadie puede someterla. Y que incluso el mar, las barrancas, el frío o el viento pueden ser sus aliados o sus enemigos.
Se nota que la pasó mal y me deja una reflexión.
“Hay que respetar el mar ese si es jodido, tiempo después mató unos caballos, se salvó un amigo mío, pero le ahogó 13 perros y yo le había explicado el tema ese unos días antes, pero se largó igual. El mar es muy jodido hay que tener mucho cuidado a la naturaleza, peligrosísima, ese fue el peor día, no me olvido jamás, tenía una impotencia, pensé que no salía, me quedaban 200 metros que eran eternos, pero gracias a dios estoy acá para contarlo y para que nunca más me suceda”.
Enamorado de su lugar en el mundo, su labor diaria allí, la percibe de una manera muy especial.
“Mas que un trabajo lo defino como una responsabilidad y unas ganas de encontrarme con gente de tanto tiempo que estuve solo porque los primeros años acá eran fatales, no había un cristiano ni por joda, la única vez que veía una persona era por revistas, era impresionante, pasaban meses redondos sin ver un alma acá, años redondos te diría, en esos momentos tenía el deseo de encontrarme con alguien que después se fue haciendo cotidiano con el turismo y la promoción que se le está haciendo a la península, más el documental que hicieron esos chicos (se refiere al famoso y galardonado documental “Península Mitre”, de Los Gauchos del Mar), porque esto era poco conocido y quien iba a venir acá tan a trasmano, donde cuesta tanto traer las cosas?, era impensable ver gente por acá. Jamás me imaginaba, sabía andar solo caminando a caballo, por cualquier lado que anduviera el campo o la playa nunca traía eso en la cabeza que iba a ver una persona adelante mío porque no sucedía, después empezó a pasar eso”.
¿Sentiste miedo alguna vez estando allí?:
“No, no, miedo en la península no, tranquilidad, podes dormir tranquilo con las puertas y las ventanas abiertas, aparte siempre estas protegido de tus perros, no, no, no. Y si viene gente a cualquier hora de la noche como han sabido caer por ahí con luces de linterna por ahí son caminantes, gente toda re piola, que le ha agarrado la noche y sabían que había un rancho cerca y le seguían dando a luz de linterna con tal de llegar, no, no, no, acá no hay por qué temer, gracias a Dios. Donde hay es en las ciudades grandes, pero acá no, hay una tranquilidad enorme”.
¿Sufriste algún accidente que recuerdes especialmente?
“Si, el accidente que todo el mundo sabe, que estuve tres meses solo, me entablillé solo, con tablas que tenía de cajón para hacer fundas de cuchillo, me entablillé con harina. Me quebró un caballo, me dio vuelta arriba de un palo y me quebró, estaba solo en pleno invierno en la península, no tenía medio de comunicación, nada, la pasé muy mal yo esa vuelta, estuve un mes sin moverme, quemé hasta los bancos, las camas, las tablas de picar carne, la de sacar botas, todo lo que tenía alrededor porque no podía salir, mis perros sin comida, les desclavé los cueros que tenía ahí estaqueado y se los tiré, ya se estaban muriendo los perros de hambre, estuve muy mal esa vuelta, me iba a matar yo. Decí que vi mi pata porque tenía azul desde la punta de la uña, hasta los huevos arriba, negro, después vi que empezó a ponerse rosado y empezó a cambiar el color, empecé a agarrar ánimo, me iba a liquidar, había medido el arma de la punta de los pies hasta debajo de la boca, y miraba mis perros le corrían las babas en puerta, ya les había hecho toda la comida que tenía, le herví todo, le daba todos los días, y yo tenía pastillas y salmuera, me echaba en la pata, fría, caliente, no podía dormir del dolor, me la colgaba con soga, ahhh no sabes lo mal que estuve paisa, no tenés ni idea”.
No puedo imaginar una situación más adversa, el sufrimiento de un ser humano casi olvidado por el mundo que, luchando por sobrevivir sin muchos medios, a fuerza del característico coraje correntino, logró así también ayudar a sus compañeros de cuatro patas.
“Y por amor a mis perros, que los miraba muertos de hambre ahí, no me maté, aguanté, cuando vi que cambió el color no tenía nada para comer, me quedaba más o menos un cuarto de paquete de arroz, eso fue lo último que me comí ahí, así hervidos, sin nada, no tenía sal, comí pan del indio, no tenía sabor a nada eso, hasta que agarré, pude montar a caballo y me vine hasta Punta Ibarra, el puesto donde estoy ahora, acá había algo pa´ comer, azúcar, así que estuve un par de días más acá y de ahí emprendí viaje para Moat. Los milicos estaban preocupados ahí. Me dijeron que habían mandado a Pati a ver que El Paisa que hace tanto tiempo que no viene, No, dice, si ese se fue a la veranada. Dice que vino hasta la Mata Caballos”– una bajada muy empinada y peligrosa en zona de acantilados – “y miró hacia Punta Ibarra, este rancho donde estoy ahora y no había humo y se volvió, puras mentiras, ni vino, pero bueno, zafé de esa, pasé por la parte más angosta del embudo, paisa he?”
El Pan de Indio en Tierra del Fuego es un hongo comestible que crece en los árboles nativos del sur como el Ñire, la Lenga y el Coihue, son una buena fuente de agua mientras se recorre el bosque. Fue consumido por los pueblos originarios Yámanas y Haush. Lo probé alguna vez, la verdad no tiene gusto a nada. Se asemeja a una pelota de golf.
Esta comarca es tan grande …me pregunto si habrás podido recorrerla toda y si hay alguna zona que te cautive más.
“Si, si, prácticamente toda la península, y yo conozco más afuera de la península. Mi zona favorita acá es siempre la costa sur, porque la costa norte es mucho viento y es mar abierto. Acá tenés un poco el canal (Beagle) que más o menos algo te protege, y no es tanto pero allá en la costa norte es permanente el viento y es todo claro, limpio y da de lleno el viento”.
Es imposible describir este lugar, un entorno que abruma, que es dramático, salvaje y prístino a la vez. Pero la naturaleza en esta zona imagino debe proporcionar placeres que cuesta disfrutar en otros lados, ¿no?.
“Acá aspiras aire puro, al que es medio ermitaño y le gusta un poco la soledad, le viene de perillas, yo los primeros años vivía en soledad y me gustaba, ahora ya no, aprendí a convivir y siempre hay algún otro que viene y me pone contento y me da más energía, más ganas de vivir y bueno, ya te vas acostumbrando, aparte vas sumando cositas, compromiso con gente, acá te hablan de un año pal otro.
Si bien disfrutabas de esa soledad, si se quiere forzosa, ¿cuánto tiempo fue lo máximo que pasaste sin ver otro ser humano en Mitre?
“Los primeros años que llegué pasaban años completos, posiblemente pueda haber andado alguno o alguna persona en la costa, pero como no estaba en la costa yo, estaba 10 kms para arriba sobre el rio López, en el Rancho e´ Lata, capaz que justo cuando yo venía, esa persona ya había pasado o bien no había pasado nadie, pero si, era muy difícil encontrar una persona”.
Don Luis recuerda también días de ansiedad y deseos de tabaco.
“En un momento que venía del Rancho e´ Lata, sin cigarro por supuesto viajes largos, me quedaba dos días todavía para llegar a Moat, con la esperanza de manguearle un cigarro a los milicos ahí, o bien esperar al patrón, en ese tiempo no tenía teléfono, nada, había que usar la radio, que te confirmen la fecha, cuando iban a venir, no era fácil, esperar un par de días más, era muy complicado, ahora con estos teléfonos y el internet en Moat, antes no había internet en Moat tampoco. Ahora tengo hasta yo en Punta Ibarra, mira lo que son las cosas, se simplificaron todas las cosas, así que venía siempre cabizbajo, porque costaba todo, muchísimo más que ahora por supuesto. De repente iba llegando a la playa y vi dos personas ahí en el Rancho e´ La Playa, que alegría que me dio, y ahí nomás a los muchachos también le dio alegría ver una persona a caballo, y ya nos empezamos a hablar y ya le pedí un cigarro, era 5, 2 estaban ahí y 3 andaban por la draga, me dieron un atado de cigarro y un encendedor, faaaaa, el hombre más feliz de la vida, ¿eh?”.
Poco a poco las cosas fueran cambiando para el Paisa y la zona.
“Y después esos encuentros empezaron a ser más frecuentes, pero no tanto, no te voy a decir que todas las semanas no, no, cada seis meses, 7 u 8 meses por ahí chocaba algún otro y después ya bueno, con ese documental que se mandaron estos chicos, Los gauchos del Mar, esto ya empezó, porque antes esto no le conocían demasiado, ese documental fue el que lo promocionó más”.
Estos gauchos acuáticos, Joaquín y Julián Azulay, son dos hermanos surfers marplatenses que hacen espectaculares documentales laureados internacionalmente, donde se los ve domando olas alrededor de los sitios más icónicos del mundo. Algo así como el programa de Tv “MDQ” pero más serio.
¿Cómo transcurre un día típico tuyo en la península?
“Un día mío en la península es siempre igual, siempre agitado, atar, largar algún perro, ir a ver los caballos y empezarme a preparar, las distancias son lejísimas acá. El día se te va, no te das ni cuenta acá. Muy, muy, muy agotador también, termino en las tardes, con la leña, acarrear la leña, la comida, el pan, todo te lleva su tiempo. Los animales, 50% de mi día es para atender los animales”.
Cada gesto parece calculado y medido. No hay mucho lugar para el ocio en Mitre, cada acción tiene su propósito y cada minuto cuenta. La soledad tiene peso y la naturaleza marca el ritmo de la vida. Las jornadas se despliegan con precisión salvaje.
¿Y Podrías volver a vivir en una ciudad?
“Si, si, si, totalmente, puedo vivir en una ciudad, es más te cuento, soy re cariñoso con los pibes, todo y eso que en veces yo he matado toros salvajes, me han matado los perros, los he matado a garrotazos, a pesadumbre, le miraba yo que me mataba un perro o un caballo así, lo miraba o si tenía un lunar lo dejaba identificado en mi mente, lo perseguía por meses, el día que lo encontraba, era re hereje yo, lo mataba a pesadumbre, en el campo tenés que ser así, temperamental en estos laburos con ariscos porque si no, no te metas porque no vas a servir. Vadear ríos y enlazar, atar toros salvajes, andar con los caballos, tenés que ser enérgico y decidido. Y yo llego al pueblo y soy una dulzura tremenda con los nenes, me gusta comprarle golosinas, entretenerlos, jugar con ellos, o sea, los dos polos, ternura encima y la brutalidad por otro lado, que yo mismo en veces solo acá me pregunto, es difícil, pero es lindo estar solo, te analizas bien tu vida y sabés hasta donde te da el rollo”.
La fría rudeza y la cálida ternura personificadas en un solo ser humano.
La comida en Mitre
¿Cómo manejás el tema de la comida en un lugar tan aislado?
“Mi alimentación consiste en carnes, acá vegetales, todo un poco, un poco de fruta, por ahí hacemos una pizza, ahora traje cocina a gas y por ahí nos damos algunos gustitos, por ahí siempre los turistas traen alguna trucha, la hacemos al roquefort, traen cositas y las mezclamos acá. Hacemos con batata frita los pescaditos, preparamos de todas formas, no, no es problema, es como en el pueblo, no hay gran diferencia. El asunto es que cuesta cargar las cosas nomás, pero bueno acá siempre se le da una buena utilización y sirve para una buena alimentación, eso si”.
Eso de subsistir a más de 100kms de un supermercado debe tener sus bemoles, ¿no?.
“Y acá subsisto… siempre precario, ¿no? Pero bueno…teniendo animales salvajes y acarreando yerba, lo más cerca que tengo es Prefectura ahí donde voy a buscar las provistas. Los primeros años siempre escaseaba alguna cosa, nunca estaba completo, es imposible estar completo acá, semejante distancia donde hasta traer un paquete de yerba incomoda, tenés que hacerlo todo a caballo, días de lluvia, viajes largos. El primer puesto que tengo para traer cosas son 7 horas a caballo, con carguero, tratar de venir despacio, no romper nada, es muy sacrificado acá, no es fácil, los senderos no son derechos ni planos ni mucho menos, variables, turba, enterrás los caballos, vas por las piedras, subidas bajadas, un monte es muy accidentado”.
Con el tiempo las cosas fueron cambiando un poco en su vida, y me cuenta: “Una vez apareció un caminante que me dijo: ¿no me puede llevar la mochila y yo le pago unos mangos?, bueno le dije, tengo un carguero. Y después otro y otro y empezaron a preguntarme que me hacía falta, y me acercaban víveres a Moat y ahí se fue poniendo mejor esto al menos para mí, ¿no?”
Palabras sencillas, pero que reflejan la austeridad y el ingenio de quien vive al margen de la civilización. La comida, al igual que todo en estos confines, es funcional, rápida, y siempre ligada al trabajo y la supervivencia.
Las estancias patagónicas son tan vastas que una sola casa no alcanza. En su inmensidad suelen levantarse varios ranchos o puestos, refugios distribuidos que son punto de apoyo en medio de una soledad donde la distancia se mide en horas a caballo y cada río o montaña marca una frontera natural. La que lo acobija El Paisa no es la excepción.
¿Sé que habitas más de un rancho, como se llaman y donde está ubicado cada uno?.
“Bueno si, en realidad los ranchos son varios, pero son 3 nomás los que ocupo yo, es este Punta Ibarra, Rancho Julián, que puse en memoria de un muchacho que se ahogó en el López. Le pedí permiso a la familia para poner el nombre de él y me autorizaron. Además, era amigo mío el chico este, así que bueno, Rancho Julián, que es más precario que este, más chico pero acogedor, el lugar es muy lindo, la gente quiere mucho ese lugar, siempre me dicen, pero yo abandoné ahí porque están los bagualeros, así que no, más adelante voy a ver una vez que se retire esta gente voy a ver que hago ahí, y justo es el paso ahí, el paso para cruzar el Rio López, justo, justo, ahí está el paso”.
También me describe su famoso “Rancho e Lata”.
“Este queda aproximadamente 10kms arriba sobre el Río López, de la costa, 10kms más o menos, en línea recta con GPS, de ahí ponele las vueltas un poquito más, pero bueno es ahí donde está el casco, pero ya ese rancho es lindo, grande, tiene cocina a leña con horno, un rancho que es grande, pero que queda muy retirado para mí ya, como que estoy abandonando ya ese rancho.
Por el Rancho e´ Lata está el otro paso que se hace por atrás de Puerto Español, que se llama el Valle de la Muerte. O sea, Rancho Julián va por la costa y de Rancho e´ Lata por atrás de la Cordillera. Son dos ranchos intermedios que están espectacular para los que transitan a pie por esos lados. Estoy habitando más este rancho que es Punta Ibarra, que me queda más cerca de Moat”.
Don Luis enumera sus refugios como si fueran parientes queridos, en su relato, los ranchos no son simples construcciones de madera y chapa, ni lugares donde dormir o guardar herramientas, cada uno es un capítulo de su vida, cada rancho guarda una historia, una memoria y hasta una pérdida. En ellos se lee la vida del Paisa. Sus ranchos, pienso, son testigos mudos de la soledad más extrema del fin del mundo.
La Selección Argentina volvió a los entrenamientos tras golear a Venezuela y ya piensa en la visita a Ecuador, duelo que marcará el final a su participación en las Eliminatorias rumbo al Mundial 2026.
Cabe destacar que la edición papel del próximo lunes del Diario RÍO NEGRO, llegará con un poster gratis de Lionel Messi en su despedida de la Selección en Argentina.
El capitán argentino disputó su último partido por las Eliminatorias Sudamericanas el pasado jueves en el triunfo 3-0 ante Bolivia en el Monumental, marcando su despedida del equipo argentino antes de Mundial 2026.
En el próximo encuentro que se disputará el martes ante Ecuador de visitante, Lionel Messi no será parte del encuentro, Lionel Scaloni todavía no planteó un equipo probable pero si empiezan a pedir pista varias figuras del seleccionado que fueron preservados ante la Vinotinto en el Monumental.
Pensando en la visita a la Tri de Sebastián Beccacece, que también logró asegurar su clasificación a la cita mundialista del próximo año, se espera que Lautaro Martínez y Alexis Mac Allister se metan dentro del once titular.
El Toro ingresó en el segundo tiempo y en su primera intervención marcó el 2-0 parcial, mientras que el volante de Liverpool no sumó minutos al llegar tarde desde Inglaterra y a pocos días de terminar el proceso de recuperación de una molestia muscular, una variante seguro dentro de una mitad del terreno de juego donde se espera que haya una fuerte rotación.
Después del contundente triunfo 3-0 frente a Venezuela, la Selección Argentina retomó los entrenamientos con la mente puesta en el encuentro contra Ecuador, que se disputará como visitante y marcará la última fecha de las Eliminatorias Sudamericanas, donde el equipo ya aseguró el primer puesto.
Para este compromiso, Lionel Scaloni tendrá que hacer al menos dos modificaciones en el equipo titular. Una de ellas es obligada por la ausencia de Lionel Messi, quien no viajará con el plantel, y la otra por la suspensión de Cristian Romero en la defensa.
Las opciones en el centro de la defensa son limitadas, ya que en la lista actual sólo figuran Nicolás Otamendi, Leonardo Balerdi y Juan Foyth. Por eso, Scaloni no descarta convocar a un futbolista más para cubrir esa posición ante Ecuador.
El entrenador reconoció en conferencia de prensa: “Estamos justos en esa posición, veremos si convocamos a uno”, dejando abierta la posibilidad de incorporar un defensor central de urgencia.
Entre los posibles convocados, el que tiene mayor ventaja es Facundo Medina, defensor del Olympique de Marsella, quien estuvo en las últimas listas pero fue excluido de la prelista reciente. Esto lo posiciona como el candidato principal para ser llamado nuevamente.
Además, hay otros cinco nombres en consideración. En el fútbol argentino, podrían sumarse Kevin Lomónaco y Lucas Martínez Quarta, ambos con convocatorias recientes. Desde Europa, Marcos Senesi, que viene destacándose en Bournemouth, y Mariano Troilo, nuevo jugador del Parma, también están en el radar.
Por último, aparece Aaron Anselmino, de 20 años y con debut en Borussia Dortmund. Su convocatoria podría ser doble, tanto para entrenar y jugar con la selección mayor como para sumarse al plantel Sub 20 que se prepara para el Mundial de Chile, previsto entre septiembre y octubre.
En cuanto al once inicial que Scaloni podría presentar en Ecuador, la formación sería: Emiliano Martínez; Nahuel Molina, Nicolás Otamendi, Leonardo Balerdi y Nicolás Otamendi; Rodrigo De Paul y Leandro Paredes; Nicolás Paz, Franco Mastantuono, Thiago Almada y Julián Álvarez.
“Atención grupo, despacio que hay controles”, avisa por handy el que va adelante. “Gracias, entonces yo me las tomo por ese caminito alternativo que estoy viendo”, bromea el último de la caravana de rodanteros del Alto Valle, el del Motorhome número 12. Se trata de un grupo de viajeros que los une la pasión por disfrutar la vida y que se dirige a Brasil en doce vehículos reciclados.
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“Se nos hace corta la ruta y mirá que el viaje es demasiado extenso. Lo que pasa es que estamos conectados por Handy y cada uno cuenta su vida, anécdotas, chistes, cantamos…”, revela Omar Vásquez, el panadero que no quiere que su conciencia le “pase factura” dentro de unos años por “haber trabajado todo el tiempo sin disfrutar la vida”.
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Lo tiene tan en claro al concepto que hace tiempo prioriza el relax y las escapadas en casilla rodante con su pareja Angélica o con amigos, como en esta oportunidad, por sobre las obligaciones cotidianas. Conduce uno de los 12 vehículos reciclados de Río Negro y Neuquén que se dirigen a Brasil en una «experiencia fascinante».
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“Estamos contentos de poder haber emprendido este sueño que teníamos. Salimos a rodar y nuestro destino es Brasil”, agrega el vecino del Barrio Obrero que hace las veces de vocero del grupo y resalta un momento por demás emotivo que vivieron este jueves por la noche, con motivo de la despedida de Lionel Messi de la selección argentina en partidos oficiales en el Monumental.
“Nos encontró en la frontera de Uruguay y Brasil, ahí vimos el partido ante Venezuela, lo pusieron en un bar. Cantamos el himno y fue todo muy bonito, emocionante. Terminamos de verlo, descansamos y este viernes ya retomamos viaje para Florianópolis y de ahí a Camboriú, a San Francisco Del Sur que será nuestra base. Ahí haremos unos 4 ó 5 días y ya iremos volviendo”, avisa el histórico comerciante que comenzó de joven con las andanzas ruteras.
Ana, una abuela de 75 años oriunda de Fernández Oro es la más audaz del grupo: viaja sola en su vehículo y “no le tengo miedo a nada, imáginate que fui camionera”.
“Va chocha y tenés que ver las anécdotas que cuenta”, la destaca el propio Omar.
También integra el contingente Claudia, la mujer que es famosa en la zona por salir con sus nietos en motorhome a pasar los fines de semana por algún lugar natural de la región.
Y así detrás de cada uno de ellos hay una historia asombrosa, particular. De aventureros, de gente que se animó a dejar la zona de confort, de vecinos conscientes de que la vida “es hoy”, de abuelos con ganas de divertirse en lugar de quedarse tristes y aburridos en casa.
“La estamos pasando muy lindo, toda gente mayor, anteayer a orillas del Río Paraná nos comimos un asado, entre mate y vino. Espectacular. Algunos hacían el asado y otros pescaban, una maravilla, eso es lo lindo de todo esto”, agrega, exultante, Don Omar.
Y se despide con un mensaje para aquellos que están a tiempo de imitarlos y que quizá por no descuidar sus compromisos lo posponen y se resignan a la rutina y el estrés: “Esto es tan lindo, al llegar a cierta edad… ojalá que todos puedan hacer algo similar, es un hobby hermoso y no se gasta mucha plata. Es viajar y disfrutar, yo empecé con un Renault 12 y ahora puedo tener mi Motorhome”, reflexiona con evidente emoción.
“Estamos por llegaron a Pelotas, un lugar de playa, donde paramos y ahí vamos a seguir subiendo mañana”, culminan los integrantes de la agrupación Neuquén Roda. A ellos, justamente, les sobra coraje y ganas de disfrutar.